“Réquiem por un campesino español”, de Ramón J. Sender

     «A veces, Dios permite que muera un inocente.»

   Réquiem por un campesino español es la obra más conocida de Ramón J. Sender y una de las mejores novelas cortas que se han escrito en lengua española. Se publicó en México, bajo el título de Mosén Millán, en 1953. Se cuenta que el novelista aragonés la escribió, durante el año 1952, empleando tan sólo una semana.

  En Réquiem por un campesino español se narra, con un lenguaje sencillo y directo, una conmovedora historia de traición y de culpa ocurrida en un pueblo aragonés durante la guerra civil española.

    Mosén Millán, el cura del pueblo, se dispone a oficiar una misa por el alma de Paco el del Molino, un joven campesino del pueblo asesinado hace justamente un año, que había sido su monaguillo, al que había bautizado, confirmado, dado la primera comunión, había casado, y al que acabaría traicionando y asistiendo en el momento de su fusilamiento.

   Mosén Millán vive atormentado por la culpa. Acabó traicionando a Paco. Reveló el paradero del joven, que se había escondido, a los asesinos y consiguió que se entregara, ante la promesa, incumplida, de éstos de que respetarían su vida.

   «Usted me prometió que me llevarían a un tribunal y me juzgarían.

   –Me han engañado a mí también. ¿Qué puedo hacer? Piensa, hijo, en tu alma, y olvida, si puedes, todo lo demás.»

   Y recuerda también el episodio en el que Paco le acompañó a dar la extremaunción a un pobre moribundo:   «Pensaba que aquella visita de Paco a la cueva influyó mucho en todo lo que había de sucederle después. “Y vino conmigo. Yo lo llevé”, añadía un poco perplejo». Aquella experiencia pudo haber contribuido a despertar en el joven su espíritu rebelde.

    «Cuando Dios permite la pobreza y el dolor -dijo- es por algo.

   Qué puedes hacer tú? –añadió–. Esas cuevas que has visto son miserables pero las hay peores en otros pueblos.»

   En Réquiem por un campesino español, Sender critica duramente a los poderosos, representados por los tres ricos del pueblo, responsables de la muerte de Paco y que son los únicos asistentes en su misa de réquiem; y a la iglesia, personificada por Mosén Millán.

   La novela fue censurada en España durante la dictadura y estuvo prohibida hasta 1974.

   Ha sido incluida en la lista de las 100 mejores novelas en español del siglo XX del periódico El Mundo.

   La novela fue adaptada al cine con el mismo título por el director Francesc Betriú en 1985. Los actores principales de la película fueron: Antonio Banderas, Antonio Ferrandis, Fernando Fernán Gómez, Terele Pávez, Ana Gracia, Emilio Gutiérrez Caba y Conrado Sanmartín, entre otros.

Escena de Réquiem por un campesino español

Mosén Millán se dispone a celebrar una misa de réquiem por Paco el del Molino. Mientras espera que la gente llegue, va recordando la vida del joven campesino. Paco había sido asesinado el año anterior por unos forasteros. En el crimen participaron activamente los ricos del pueblo y, de forma pasiva e involuntaria, el propio cura. Respetado y querido por sus vecinos, Paco fue nombrado concejal del Ayuntamiento y como tal intentó llevar a cabo algunas reformas en el sistema arrendatario de las tierras de la localidad. Esta fue precisamente la causa de que le mataran.

Lo buscaban en los montes,
pero no lo han encontrado, 
a su casa iban con perros
pa que tomen el olfato; 
ya ventean, ya ventean
las ropas viejas de Paco.
Las luces iban po´el monte
y las sombras por el saso.
En la pardina del monte
allí encontraron a Paco;
date, date a la justicia,
o aquí mismo te matamos.
Ya los llevan, ya los llevan
atados brazo con brazo.
Ya lo llevan cuesta arriba
camino del camposanto.
Ahí va Paco el del Molino,
que ya ha sido sentenciado,
y que llora por su vida,
camino del camposanto.
En las zarzas del camino
el pañuelo se ha dejado,
las aves pasan aprisa,
las nubes pasan despacio.
las cotovías se paran
en la cruz del camposanto.
Y al llegar frente a las tapias
el centurión echa el alto.
Aquél que lo bautizara,
Mosén Millán el nombrado,
en confesión desde el coche
le escuchaba los pecados.
Entre cuatro lo llevaban
adentro del camposanto,
madres, las que tenéis hijos,
Dios os los conserva sanos,
Y el Santo Ángel de la guarda…
y rindió el postrer suspiro
Al Señor de lo creado. – Amén.

Romance de Paco el del Molino que aparece inserto en la novela. El monaguillo que acompaña a Mosén Millán en la sacristía va recordando fragmentos de este romance, creado por la gente del pueblo en torno a la persecución y muerte de Paco.

SINOPSIS

   Réquiem por un campesino español recoge un dramático episodio de la guerra civil en un pueblecito aragonés. Mosén Millán se dispone a ofrecer una misa en sufragio del alma de un joven a quien había querido como a un hijo. Mientras aguarda a los asistentes, el cura reconstruye los hechos: el fracaso de su mediación, con la que creyó poder salvar al joven, pero que sólo sirvió para entregarlo a sus ejecutores. El relato es de una perfecta sobriedad y de una sencillez no por ello menos profunda y estremecedora. La narración sobrecoge por su ajustado realismo, por la eficacia de sus símbolos y por el profundo conocimiento de los mecanismos de la conciencia, puesto de manifiesto a través de la evocación del sacerdote. Sin duda, Réquiem por un campesino español es una de las mejores obras de Ramón J. Sender y un libro definitivo sobre nuestra guerra civil, alejado de cualquier panfletarismo.

RAMON J. SENDER

   20140909102742_00001Ramón José Sender (Chalamera de Cinca, Huesca, 1901 – San Diego, California, 1982) puede ponerse, sin duda alguna, a la altura de los mejores escritores españoles del pasado siglo. Nacido en el seno de una familia acomodada, en su juventud ya se destacó por sus ideas izquierdistas. Aún menor de edad, empezó a publicar cuentos y artículos en diversos diarios aragoneses y madrileños. En 1922 tuvo que hacer el servicio militar en Marruecos, donde llegó a ser alférez. Esta experiencia le sería útil para escribir su primera novela: Imán (1930). Meses antes del estallido de la Guerra Civil obtuvo el Premio Nacional de Literatura de 1935 gracias a una de sus obras maestras, Mr. Witt en el Cantón. La guerra lo dejó viudo y le obligó a exiliarse, primero a México y después a Estados Unidos, donde fue profesor universitario. Entre su abundante obra, además de las mencionadas, destacan las conocidas Crónica del alba (1942-1966), El rey y la reina (1949), Réquiem por un campesino español (1953) o Carolus Rex (1963).

FRAGMENTO DE LA NOVELA

   «Un día, mosén Millán pidió al monaguillo que le acompañara a llevar la extremaunción a un enfermo grave. Fueron a las afueras del pueblo, donde ya no había casas, y la gente vivía en unas cuevas abiertas en la roca. Se entraba en ellas por un agujero rectangular que tenía alrededor una cenefa encalada.
   Paco llevaba colgada del hombro una bolsa de terciopelo donde el cura había puesto los objetos litúrgicos. Entraron bajando la cabeza y pisando con cuidado. Había dentro dos cuartos con el suelo de losas de piedra mal ajustadas. Estaba ya oscureciendo, y en el cuarto primero no había luz. En el segundo se veía sólo una lamparilla de aceite. Una anciana, vestida de harapos, los recibió con un cabo de vela encendido. El techo de roca era muy bajo, y aunque se podía estar de pie, el sacerdote bajaba la cabeza por precaución. No había otra ventilación que la de la puerta exterior. La anciana tenía los ojos secos y una expresión de fatiga y de espanto frío.
    En un rincón había un camastro de tablas, y en él estaba el enfermo. El cura no dijo nada, la mujer tampoco. Sólo se oía un ronquido regular, bronco y persistente, que salía del -pecho del enfermo. Paco abrió la bolsa, y el sacerdote, después de ponerse la estola, fue sacando trocitos de estopa y una pequeña vasija con aceite, y comenzó a rezar en latín. La anciana escuchaba con la vista en el suelo y el cabo de vela en la mano. La silueta del enfermo -que tenía el pechó muy levantado y la cabeza muy baja- se proyectaba en el muro, y el más pequeño movimiento del cirio hacía moverse la sombra.
    Descubrió el sacerdote los pies del enfermo. Eran grandes, secos, resquebrajados. Pies de labrador. Después fue a la cabecera. Se veía que el agonizante ponía toda la energía que le quedaba en aquella horrible tarea de respirar. Los estertores eran más broncos y más frecuentes. Paco veía dos o tres moscas que revoloteaban sobre la cara del enfermo, y que a la luz tenían reflejos de metal. Mosén Millán hizo las unciones en los ojos, en la nariz, en los pies. El enfermo no se daba cuenta. Cuando terminó el sacerdote, dijo a la mujer:
    -Dios lo acoja en su seno.
    La anciana callaba. Le temblaba a veces la barba, y en aquel temblor se percibía el hueso de la mandíbula debajo de la piel. Paco seguía mirando alrededor. No había luz, ni agua, ni fuego.»
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