“La ermita de los bienaventurados Mártires de Feria”, de José Muñoz Gil

«La ermita de los Mártires, un testimonio vivo, donde se guarda el sentimiento de todo un pueblo»

En este libro, titulado La ermita de los bienaventurados Mártires de Feria, José Muñoz nos ofrece una completa crónica sobre el origen y desarrollo de la ermita de los Mártires y su primera cofradía, y de la devoción y culto a Nuestra Sra. de Consolación. Una obra que surgió gracias a la propuesta que la Junta Directiva de la Asociación de Ntra. Sra. de Consolación le hizo al autor para que escribiera un libro, en el que narrase la historia de la ermita, los motivos por los que fue erigida, sus fundadores, colaboradores, y su trayectoria hasta el momento actual.

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MUÑOZ GIL, José
    La ermita de los bienaventurados Mártires de Feria  / José   Muñoz Gil
    Feria : Hermandad Ntra. Sra. Virgen de Consolación, 1995
   149 p. : fot., il. ; 24 cm

Es un libro escrito con la intención de dar a conocer una pequeña parcela de la historia de Feria. Para ello, Muñoz tuvo que recurrir a la consulta de numerosas fuentes documentales y a la recopilación y manejo de una gran cantidad y variedad de información. El resultado es una excelente y completa monografía sobre la Villa de Feria, escrita en un lenguaje sencillo y que resulta amena y fácil de leer.

Como nos indica el propio autor en la introducción, este estudio está dirigido a los «amantes de nuestro pueblo y a los devotos de nuestras tradiciones religiosas, para que conociendo el pasado, se entienda, se ame y se respete lo que queda en el presente. Creo que así, a la vez de historiar una de nuestras instituciones pasadas, pueda entroncar, a la vez con el presente vivo».

En el prólogo de la obra, el historiador Alberto González expresa lo siguiente: «El libro de José Muñoz Gil ofrece una doble dimensión. De un lado, se trata de un estudio riguroso y serio, muy bien estructurado metodológicamente, realizado con el mayor rigor científico, en el que destaca la concienzuda labor de investigación en los archivos y fuentes locales llevada a cabo a lo largo de mucho tiempo por el autor para el acopio de los numerosos e interesantes datos que constituyen el armazón principal del libro.

De otro, ofrece una crónica vivida y fresca, ricamente expresiva de la vida cotidiana de la villa en los tiempos pretéritos, vista desde la óptica de sus manifestaciones religiosas populares, en la que, como complemento enriquecedor y jugoso de los contenidos puramente documentales, José Muñoz añade la sal y la pimienta de numerosas referencias antropológicas, sociológicas y culturales, así como significativas anécdotas, producto de su profundo conocimiento de las realidades que trata, o incluso de su propia experiencia personal como miembro muy arraigado en la sociedad de su entorno; referencias cuyo valor en orden a ofrecer una visión completa del asunto que analiza no resulta, por otra parte, de dimensión científica menor que la del dato documental.»

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                                                        Interior de la ermita

Como ejemplo del gran trabajo que nos ofrece José Muñoz en su libro, tomamos un fragmento del mismo, referente a una leyenda sobre la Virgen, que reproducimos a continuación:

    «La Virgen de Consolación, la de la imagen vieja, era tenida por muy milagresa y tras el cambio, según decían las que conocieron llegar a la nueva imagen, aunque ésta era más guapa, siguieron añorándola por tener más fe en ella, de manera que los vecinos no querían a ésta otra. Aquella imagen había sentido la inquietud de los vecinos en aquellos difíciles tiempos de la Guerra de Cuba, sustentando una de las leyendas marianas, en la que se pone de manifiesto su papel de protectora y consoladora; la leyenda sigue la pauta de las aplicadas a la Virgen, como mediadora divina, y se mantiene aún en las personas de edad avanzada que la recuerdan bajo un esquema único, aunque con elementos variantes accidentales.
    La explosión de la Guerra de Cuba, a finales del s. XIX, fue un hecho que se vivió, como en toda confrontación bélica, con especial preocupació y temor en todos los pueblos; la movilización de muchos vecinos, el lejano lugar en que se desarrollaba y la incertidumbre de un viaje a ultramar, siempre incierto, hizo volver los ojos de los fieles devotos, una vez más a Ntra. Señora, tras los ponderados temores.
  Este hecho y estas circunstancias dieron lugar a su intervención, transmitiéndose esta leyenda que transcribimos según la hemos recogido de Dª Mercedes Leal:
   “Corrían los años en que se desarrollaba la Guerra en Cuba; aquellos días, cuando la confrontación era más violenta, algunos vecinos fueron reclutados y embarcados para hacer frente a la rebelión, quedando tristes y desconsoladas todas las familias y consternado todo el pueblo. Ante tal desgracia y conociendo los innumerables beneficios concedidos por la Virgen, los fieles devotos acudieron en su ayuda para que guiase a aquellos pobres hombres. Al poco tiempo los vecinos comprobaron que por aquellos días había desaparecido la Virgen de su oratorio, encontrando, los que a ella acudían, que permanecía cerrada, manteniéndose así una larga temporada. Cuando volvieron a abrir la ermita, los devotos encontraron de nuevo a la imagen en su lugar y extrañados por su desconocida ausencia le preguntaban:
    – ¿Dónde has estado, “so galocha”, “gandalla”?
    Al comprobar que traía el manto sucio y quemado, comprendieron que había estado en el fragor de la batalla, proteguiendo con su manto a sus devotos, que regresaron a sus casas sanos y salvos”.
    Esta leyenda tardía, que se registra a finales del s. XIX, no viene a explicar, por supuesto, el origen y aparición del culto y advocación de la Consolación, ya que, como bien hemos podido ver, le precede en más de dos centurias; más bien puede interpretarse como una reafirmación popular y un reconocimiento a su fama protectora, escogiendo para ello el mismo arquetipo de leyenda que en otros lugares se ha aplicado a diversas vírgenes. Esta misma leyenda la encontramos aplicada, con pequeñas variaciones, a Ntra. Señora de Ceclavín o, al más cercano, Niño Jesús, de La Lapa; éste se vestía con traje militar de la época para afianzar más la realidad de los hechos, vestimenta que le fue retirada hace algunos años ante el descontento de los vecinos.
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«La nueva imagen, de bello rostro, de mirar dulce y sereno, ofrece complacida a su hijo, sostenido en su brazo izquierdo, mientras éste imparte la bendición. Pasado los primeros momentos y olvidada aquella que fuera promotora de milagros y leyenda, ésta fue conquistando los corazones de los vecinos, haciéndose depositaria de sus penas y necesidades, centrándose en ella la más fuerte devoción mariana de la Villa.»

    Aún, después de retirada del culto, a esta antigua imagen se le tuvo un respeto y un misterioso recuerdo. Dicen las viejas del lugar que su efigie fue encerrada en un arca y colocada en el órgano de la Parroquia; cuando alguien preguntaba el lugar donde se encontraba, todos señalaban el arcón, pero nadie se atrevió a abrirlo para comprobarlo; de esta manera la que fuera tantas veces invocada, quedaría siempre gloriosa en el recuerdo, sin menoscabo de su imagen deteriorada y rota; sin saber cuál fue su paradero, aún se dice que anda perdida, entre baúles viejos, somo si fuera un deseo de poseerla para siempre, una manifestación más del pueblo que se resistía a perder la que fuera objeto de su fe.»

 

SINOPSIS DE “LA ERMITA DE LOS BIENAVENTURADOS MÁRTIRES DE FERIA

Por encima de la interpretación científica de las realidades materiales, la ermita de los Mártires tiene una lectura más sencilla, más entrañable; es un testimonio vivo, donde se guarda el sentimiento de todo un pueblo. No hay que buscar en ella grandes obras de arte, ni sucesos o milagros relumbrantes, sino el hecho común de la expresión espontánea a través de siglos, aunque también se haya convertido en uno de los hitos referenciales, que, junto con la iglesia y el Castillo, conforman parte de la personalidad urbanística de la Villa.

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                                              La ermita de los Mártires

Ella es un testigo donde se guarda y expresa el comportamiento de hombres y mujeres de Feria ante el hecho religioso, manifestado en múltiples formas y maneras, según las necesidades espirituales del momento y según las posibilidades económicas. En ella se condensa, parte de la cultura, el culto y la tradición de generaciones que nos han precedido y ahora han quedado materializados en sus realidades arquitectónicas, iconográficas y en cualquier objeto que forme parte de ella, en los que hay que entrever un significado más profundo que la pura satisfacción de la visión artística. Esto es lo que hemos pretendido transmitir en estas páginas.

La ermita, pues surge como una necesidad espiritual, para cubrir unas necesidades a través de lo sobrenatural, tomando San Sebastián como titular, para buscar en él patrocinio y poder contra los males contagiosos, en un momento en que ante estos azotes sólo hay dos soluciones, o la desesperanza o la protección divina.

Más, a medida que va pasando el tiempo, se va superponiendo otra devoción mariana, que fue incrementándose a medida que se hace menos necesaria y urgente la intercesión del Santo. Si las necesidades colectivas quedaron cubiertas con la protección de Los Santos Mártires y con el Cristo, en la Consolación se buscaría el refugio de las penas personales.

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                     Vista de Feria desde los portales de la ermita

La fama de favorecedora y milagrosa que gozó su imagen se fue afianzando, imponiéndose por necesidad social la celebración de misas votivas, procesiones y rogativas, para implorar en momentos de difíciles situaciones: guerras, sequía, enfermedades, y, como expresión popular, los favores recibidos se testimonian con promesas y exvotos. De esta manera, la Virgen asumió el protagonismo de la ermita.

En definitiva, la ermita de los Bienaventurados Mártires es una realidad histórica, salida de la necesidad espiritual de nuestros antepasados, hecha realidad gracias a las ilusiones de aquellos primeros priostes y mayordomos, que cumplían los deseos de los vecinos para practicar dos de sus cultos preferidos. Esta ermita nuestra es como es, salida de artífices populares. Tantos maestros de obras, tantos carpinteros, pintores y cereros, hojalateros y sastres fueron suficientes para que llegara así hasta nosotros.

JOSÉ MUÑOZ GIL

20140930131136_00001.1Nació en Feria (Badajoz) en 1935. Inició los estudios en el Seminario Diocesano de Badajoz en el que cursó hasta 1º de Teología.

Posteriormente en Madrid estudió tres años en el Facultad de Filosofía y Letras (1959-1962), para después dejarlo y continuar con al carrera de Magisterio.

Profesor de EGB por oposición desde el año 1964. Impartió la docencia en los colegios públicos de La Parra y de Feria, siendo en este último, su pueblo natal, donde desempeño los cargos de Director y Jefe de Estudios, y en el que continuó la enseñanza hasta su jubilación en 1996.

En 1975 fue nombrado Alcalde, cargo que ocupó durante 16 años, perteneciendo a la Comisión Provincial de Patrimonio, ya que en 1970 fue declarada la villa de Feria Conjunto Histórico Artístico.

Colaborador en la Revista Alminar, de ámbito regional, ya desaparecida. Autor de numerosos artículos, orientó sus investigaciones sobre hechos históricos locales.

Presidente de la Hermandad de la Santa Cruz de 1967 a 1970. En el año 1980 realizó el rescate y adaptación de los textos y coplas de La Entrega, incorporando más tarde los Juegos Florales, Concursos de Cruces, Certamen Poético, nuevos estatutos, creando en 1996 la Comisión para la Protección Patrimonial que colabora con la Junta Directiva para fomentar y enriquecer los aspectos culturales de nuestras Fiestas declaradas de Interés Turístico. También se encargó de recuperar El Descendimiento para la tarde del Viernes Santo.

El Ayuntamiento de Feria, por el amor demostrado a su pueblo y por los estudios realizados sobre su historia, costumbres y tradiciones, acordó nombrarle Cronista Oficial en 1991.

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Interviene en el Comité Ejecutivo del Congreso Conmemorativo del VI Centenario del Señorío de Feria (1394-1994), donde presenta una comunicación titulada La tradición popular de las Cruces de Feria.

En 1995 asistió al I Congreso sobre el Patrimonio Cultural de Extremadura, celebrado en Badajoz, donde presentó el trabajo Las ciudades declaradas conjuntos históricos artísticos y el tipismo singular de algunos municipios.

Fue autor del libro La ermita de los bienaventurados mártires de Feria: historia, culto y tradición, publicado en 1995.

En 1998 colaboró, entre otros, en el libro Los carnavales en Extremadura, de Javier Marcos Arévalo, con el trabajo Los candelarios y otras manisfestaciones carnavalescas en torno a la Candelaria de Feria.

En noviembre de 2000 figura en las actas del XXVI Congreso de la Asociación Española de Cronistas Oficiales (A.E.C.O.) con un documento titulado El extremeño fray Francisco de Guzmán: Primer Comisario General de Indias.

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           Muñoz, en su pueblo, con un grupo de escolares, allá por 1965

En el año 2001 su labor investigadora culminó con la publicación de su obra La villa de Feria, en dos tomos.

Participó también en la Revista de Estudios Extremeños, con la publicación del trabajo Algunos aspectos de la medicina popular en Feria (2003).

Fue nombrado en el año 2006 Hermano de Honor de la Hermandad de la Santa Cruz.

Y por último, días antes de que nos dejara definitivamente, el 10 de septiembre de 2006, concluyó el tercer volumen sobre la villa de Feria titulado Historia de Feria en el siglo XX.

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