“El guitarrista”, de Luis Landero

 

«Nómadas siempre, hasta la muerte.»

La novela El guitarrista, del escritor extremeño Luis Landero, apareció en el año 2002, tras la publicación de sus tres primeras novelas: Juegos de la edad tardía, Caballeros de fortuna y El mágico aprendiz; y de su extraordinario libro, mitad ensayo y mitad autobiografía: Entre líneas, el cuento o la vida.

En El guitarrista, Landero nos cuenta la historia de Emilio, un joven que trabaja por las mañanas como aprendiz en un taller mecánico y que estudia por las tardes en una academia. Emilio considera que su vida es «un mal negocio» y se siente atrapado en una existencia rutinaria y gris, «extraviado en un tiempo que era un amontonadero de días grises e iguales». Hasta que, un día, aparece su primo Raimundo, un guitarrista de flamenco, que le contagia su optimismo y su amor por el arte.

   «–¡Qué dices, primo! –dijo Raimundo escandalizado–. La vida es lo más grande que existe. Te levantas por la mañana y parece que el día no va a acabar nunca. La vida es muy bonita y tiene muchas cosas. No se apura con un trago ni dos. Nos moriremos, y estaremos todavía comenzando a vivir. Tú lo que tienes que hacer es encontrar tu identidad.
   –¿Y qué puedo hacer yo para eso?
   –Ser guitarrista. ¿No te gustaría ser guitarrista?
   –¿Yo? Pero eso es muy difícil.
   –Eso depende del maestro. Yo sé el secreto de atajar camino y de llegar a ser figura en poco tiempo. Y tú vales para artista.»

 

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El guitarrista supuso un importante cambio, en la trayectoria literaria de su autor, respecto a sus obras anteriores. No sólo porque está narrada en primera persona, sino porque además Landero se apoya en muchos datos reales de su propia vida para desarrollar su novela. Cuestiones que se ponen de manifiesto desde el mismo arranque del libro:

   «Hace mucho tiempo (cuando yo ni siquiera sospechaba que algún día llegaría a ser escritor) fui guitarrista, y aún antes trabajé de aprendiz en un taller mecánico: al taller se bajaba por una rampa en espiral, y ya la primera vez que entré allí tuve la sensación de haber caído en la trampa de la hormiga león, esas larvas que parecen garrapatas o arañas y que viven en el suelo, junto a los caminos, donde excavan unos conos de arena muy bien cernida y granulada por cuya pendiente resbalan sin remedio las víctimas, y cuanto más intentan escapar más resbalan, y cuanto más resbalan tanto más se afanan en huir.»

Luis Landero nació en el seno de una familia campesina extremeña, que emigró al madrileño barrio de la Prosperidad a finales de la década de los cincuenta. De joven, al mismo tiempo que asistía a una academia nocturna, trabajaba como mecánico en un taller de coches y de chico para todo en una tienda de ultramarinos. También aprendió a tocar la guitarra y llegó a participar en alguna gira como guitarrista de flamenco. Por ejemplo, la gira que cuenta en la novela la hizo cuando tenía 18 años. Como el propio Landero ha afirmado sobre su novela en una entrevista: «Los mimbres son reales, aunque el cesto no lo sea. No me identifico con Emilio, el protagonista, pero hay cosas en él que viví o vi vivir. Trabajé en un taller, la guitarra fue una salida al sórdido mundo laboral…»

Además, estamos ante su novela más ligera y sencilla hasta ese momento. Una novela que también está muy bien escrita, fácil de leer, y que te atrapa desde la primera página. Muy recomendable.

SINOPSIS

Una extraordinaria novela de formación con tintes autobiográficos.

Con El guitarrista los lectores percibirán una inflexión, tal vez un nuevo registro, no sólo por la narración en primera persona, sino por el componente autobiográficos que se adivina en el arranque de esa extraordinaria novela de formación.

Entre los oficios más variopintos en los que trabajó de joven, Landero aprendió a tocar la guitarra y participó en alguna gira internacional como guitarrista de flamenco. De hecho, era profesional a los dieciséis años, pero, como el mismo ha contado, la literatura se cruzó en su camino y dejó la guitarra a los diecinueve para estudiar en la universidad.

Emilio, un adolescente obligado a trabajar por las mañanas como aprendiz de mecánico en un lóbrego taller y a estudiar por las tardes en una academia, vive esos años decisivos como «un laberinto de instantes, de promesas» en sus encuentros con los tipos a los que su madre alquila una habitación. Pero, un día, aparece su primo Raimundo, que vuelve de París y le cuenta sus éxitos como guitarrista de flamenco. Emilio se deja arrastrar por el señuelo de la vida bohemia que éste le promete y aprende a tocar la guitarra con la esperanza, que no la convicción, de escapar del taller y las clases. Lo que no puede imaginar es que su recién adquirida pericia con las cuerdas le pondrá en contacto con la mujer de su patrón, Adriana, una joven despampanante y extrañamente fatal, a quien se ve obligado a dar clases de guitarra. Emilio intuye que su vida puede caer en una trampa aún más traicionera que la del propio taller, pero gustoso acepta por una vez el reto que se le presenta.

LUIS LANDERO

Landero_bigLuis Landero nació en Alburquerque, Badajoz, un veinticinco de marzo de 1948, en el seno de una familia campesina extremeña, que emigró a Madrid a finales de la década de los cincuenta. A los quince años escribía poemas, al mismo tiempo que trabajaba como mecánico en un taller de coches y chico de recados en una tienda de ultramarinos. Inició y terminó sus estudios en Filología hispánica en la Universidad Complutense, ha enseñado literatura en la Escuela de Arte Dramático de Madrid y fue profesor invitado en la Universidad de Yale (Estados Unidos). Se dio a conocer con Juegos de la edad tardía en 1989 (Premio de la Crítica y Premio Nacional de Narrativa 1990), novela a la que siguieron Caballeros de fortuna (1994), El mágico aprendiz (1998), El guitarrista (2002), Hoy, Júpiter (2007, XV Premio Arzobispo Juan de San Clemente) y Retrato de un hombre inmaduro (2010), todas ellas publicadas por Tusquets Editores. Traducido a varias lenguas, Landero es ya uno los nombres esenciales de la narrativa española. Ha escrito además el emotivo ensayo literario Entre líneas: el cuento o la vida (2000), y ha agrupado sus piezas cortas en ¿Cómo le corto el pelo, caballero? (2004). Absolución, su novela más trepidante, es una delicada historia de amor, una cuenta atrás que no da tregua, y un inspirado relato de aprendizaje y sabiduría a través de un elenco de personajes inolvidables. El balcón en invierno (2014) está basada en hechos y vivencias reales, en la que su autor ha decidido revelarnos la verdadera historia de una parte muy importante de su vida: la de su infancia en una familia de labradores en su Alburquerque natal y la de su adolescencia en un barrio de Madrid. La vida negociable es su última novela.

Su obra sigue entusiasmando a miles de lectores tanto en España como en el extranjero, donde ha sido traducido a numerosas lenguas. Extremadura reconoció su labor con el Premio a la Creación en el apartado de Literatura en el año 2000 y en 2005 se le concedió la medalla de Extremadura.

FRAGMENTO DE LA NOVELA 

    «Sí, la vida era un mal negocio, para el topo y también para el hombre. Aquella conjetura se me imponía como una evidencia deslumbrante y, en cierto modo, hasta prometedora. Quizá es que yo necesitaba una certeza así para entregar mi fe y mi pasión de adolescente al noble empeño de la fatalidad. Nacer, crecer, atarearse, soñar, morir, ser olvidado. Ése era, pues, el argumento de la vida. Me olía las manos, y allí, en aquel olor donde la carne se hacía tiempo y acontecer, estaba en esbozo la historia de mis trabajos y mis días, tal como en las enciclopedias venía contada en unas líneas la vida entera de los héroes. Con este olor yo deambulaba por Madrid, extraviado en un tiempo que era un amontonadero de días grises e iguales, y de modo que aquello era como bañarse no ya dos veces en el mismo río, sino mil y mil veces en las mismas aguas infectas del mañana, del hoy y del ayer.
    Sí, aquélla fue mi primera crisis de conciencia. No ya el taller mecánico, la vida misma era caer sin remedio en la trampa de la hormiga león, y nuestra recompensa no era mayor que la del topo en su afanoso laberinto de sombras.»

 

 

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6 pensamientos en ““El guitarrista”, de Luis Landero

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