“Lolita”, de Vladimir Nabokov

    «Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.

    Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.»

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Así, de esta manera tan sugerente, arranca Lolita, la famosa novela de Vladimir Nabokov. Publicada en París en el año 1955, es la novela más famosa del escritor ruso, nacionalizado norteamericano. No exenta de polémica, está considerada por la crítica como uno de los clásicos más provocadores de la literatura mundial moderna. La trama de la novela se desarrolla en los Estados Unidos de finales de los años cuarenta del pasado siglo, y trata del amor prohibido de Humbert Humbert, un hombre de mediana edad, por su hijastra, de doce años.

    «Ahora creo llegado el momento de introducir la siguiente idea: hay muchachas, entre los nueve y los catorce años de edad, que revelan su verdadera naturaleza, que no es la humana, sino la de las ninfas (es decir, demoníaca), a ciertos fascinados peregrinos, los cuales, muy a menudo, son mucho mayores que ellas (hasta el punto de doblar, triplicar o incluso cuadruplicar su edad). Propongo designar a esas criaturas escogidas con el nombre de nínfulas.»

Lolita es una gran novela, una de las mejores del siglo XX. Absolutamente recomendable.

«Lolita es una de las novelas más perfectas del siglo XX»

Muñoz Molina

«Entre las más sutiles y complejas creaciones literarias de nuestro tiempo. Lo cual no significa, por cierto, que no sea un libro provocador»

Mario Vargas Llosa

La novela ha sido llevada a la gran pantalla con el mismo título en dos ocasiones, en el año 1962 por Stanley Kubrick (con Sue Lyon como protagonista) y en el año 1997 por Adrian Lyne (con Dominique Swain).

Tráiler de Lolita dirigida por Stanley Kubrick

Humbert Humbert, un profesor cuarentón, llega a Ramsdale (New Hampshire) y alquila una habitación en casa de la viuda Charlotte Haze que tiene una hija de once años. Humbert se enamora perdidamente de la chiquilla y concibe un perverso plan: casarse con la madre para poder estar siempre cerca de la irresistible Lolita. (FilmaAffinity)

Tráiler de Lolita dirigida por Adrian Lyne

VLADIMIR NABOKOV

thumb_15595_autores_bigVladimir Nabokov (1899-1977) nació en San Petersburgo, en una acomodada familia aristocrática. En 1919, a consecuencia de la revolución rusa, abandonó su país para siempre. Tras estudiar en Cambridge, se instaló en Berlín, donde empezó a publicar sus novelas en ruso con el pseudónimo de V. Sirin. En 1937 se trasladó a París y en 1940 a los Estados Unidos, donde fue profesor de literatura en varias universidades. En 1960, gracias al gran éxito comercial de Lolita, pudo abandonar la docencia y poco después se trasladó a Montreux, donde residió, junto con su esposa, Véra, hasta su muerte.

SINOPSIS

La historia de la obsesión de Humbert Humbert, un profesor cuarentón, por la doceañera Lolita es una extraordinaria novela de amor en la que intervienen dos componentes explosivos: la atracción “perversa” por las nínfulas y el incesto. Un itinerario a través de la locura y la muerte, que desemboca en una estilizadísima violencia, narrado, a la vez con autoironía y lirismo desenfrenado, por el propio Humbert Humbert. Lolita es también un retrato ácido y visionario de los Estados Unidos, de los horrores suburbanos y de la cultura del plástico y del motel. En resumen, una exhibición deslumbrante de talento y humor a cargo de un escritor que confesó que le hubiera encantado filmar los pic-nics de Lewis Carrol.

FRAGMENTO DE LA NOVELA

        Jueves. Día muy cálido. Desde un punto ventajoso (ventanas del cuarto de baño) vi a Dolores descolgando ropa en la luz tamizada por los manzanos, tras la casa. Salí. Ella llevaba una camisa a cuadros, blue jeans, zapatillas de goma. Cada movimiento que hacía en las salpicaduras de sol punzaba la cuerda más secreta y sensible de mi cuerpo abyecto. Un rato después se sentó junto a mí en el último escalón de la entrada trasera y empezó a recoger guijarros entre sus pies –guijarros, Dios mío, y después un vidrio curvo de botella de leche parecida a una boca regañosa– para arrojarlos contra una lata. Ping. No acertarás otra vez…, no podrás –qué agonía– otra vez. Ping. Maravillosa piel, oh, maravillosa: suave y tostada, sin el menor defecto. La crema produce acné. El exceso de sustancia oleosa que alimenta los bulbos pilosos de la piel produce, cuando es excesiva, una irritación que abre paso a infecciones. Pero las nínfulas no tienen acné aunque se atiborren de comida pingüe. Dios mío, qué agonía ese tenue lustre sedoso en sus sienes que se intensifica hasta el brillante pelo castaño. Y el huesecillo a un lado de su tobillo cubierto de polvo. «¿La hija de McCoo? ¿Ginny McCoo? Oh, es un espanto. Mala. Y coja. Casi se muere de parálisis». Ping. La vírgula brillante de su antebrazo al bajar. Cuando se puso de pie para llevarse la ropa, pude admirar desde lejos los fondillos descoloridos de sus blue jeans recogidos. Más allá del jardín, la blanda señora Haze, completada por una cámara fotográfica, creció como una cuerda de fakir y después de varias alharacas heliotrópicas –ojos tristes hacia arriba, ojos alegres hacia abajo– tuvo el descaro de retratarme mientras parpadeaba sobre los escalones. Humbert le Bel.

 

 

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