“El monarca de las sombras” de Javier Cercas

«La gente cuenta leyendas. Los literatos fantasean. Sólo la muerte es segura.»

Después de algo más de quince años de la publicación de Soldados de Salamina, el escritor extremeño Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) vuelve nuevamente a la contienda civil española con El monarca de las sombras, una novela con muy poca ficción. En ella nos cuenta la historia de Manuel Mena, natural del municipio cacereño de Ibahernando, falangista y alférez del ejército rebelde durante la Guerra Civil Española, que falleció a los 19 años en la batalla del Ebro.

«Se llamaba Manuel Mena y murió a los diecinueve años en la batalla del Ebro. Fue el 21 de septiembre de 1938, hacia el final de la guerra civil, en un pueblo catalán llamado Bot. Era un franquista entusiasta, o por lo menos un entusiasta falangista, o por lo menos lo fue al principio de la guerra: en esa época se alistó en la 3.ª Bandera de Falange de Cáceres, y al año siguiente, recién obtenido el grado de alférez provisional, lo destinaron al Primer Tabor de Tiradores de Ifni, una unidad de choque perteneciente al cuerpo de Regulares. Doce meses más tarde murió en combate, y durante años fue el héroe oficial de mi familia.»

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Mena era tío de la madre de Javier Cercas, Blanca Mena, que por aquellos entonces era una niña de siete años y a la que el episodio de la muerte del joven le dejó una profunda huella. Ella es, según su hijo, la verdadera protagonista del libro, y la que desde pequeño le hablaba de esta historia familiar.

El monarca de las sombras es un libro que su autor había tenido en su cabeza desde que tenía uso de razón. Que siempre había querido escribir, pero que se resistía a hacerlo por considerar que su tío abuelo, Manuel Mena, peleó por una causa injusta y murió en el lado equivocado de la historia.

    «Estábamos sentados frente a frente, con los abrigos puestos, él de cara a la fachada del restaurante y a una granja que tapaba la visión de la autovía, y yo de car a la carretera vieja de Ibahernando, por la que no circulaba un solo coche […] Ya casi habíamos terminado con la ensalada y la moraga cuando David volvió a sacar el asunto de mi novela.

    –No puedo creer que hayas abandonado la idea.

   –Pues es verdad –dije. Repetí los argumentos que había esgrimido antes, quizá añadí algún otro–. Además –rematé–, nunca he escrito sobre mi pueblo: ni siquiera sabría cómo hacerlo.

   –¿Por qué no escribiendo sobre Manuel Mena? –preguntó–. Al fin y al cabo, no eres tú el que ha elegido ese tema; es el tema el que te ha elegido a ti. Y ésos son siempre los mejores temas.

   –Puede que tengas razón, pero este caso es distinto. No digo que Manuel Mena no me interese. La verdad es que siempre me interesó. Quiero decir que siempre quise saber qué clase de hombre era. O qué clase de adolescente, más bien… Siempre quise saber por qué se marchó a la guerra tan joven, por qué luchó con Franco, qué hizo en el frente, cómo murió. Ese tipo de cosas.»

Para poder contar esta historia, Cercas ha llevado a cabo un gran trabajo previo de documentación e investigación histórica. El monarca de las sombras está muy bien escrito, con pasajes verdaderamente magníficos, resultando además muy ameno e interesante.

Con la escritura de este libro, el autor de Ibahernando afronta y asume ese pasado político de su familia que tanto le avergonzaba y de paso se reconcilia con su propio pasado.

Empezar a leer la novela

 

SINOPSIS

El monarca de las sombras narra la búsqueda del rastro perdido de un muchacho casi anónimo que peleó por una causa injusta y murió en el lado equivocado de la historia. Se llamaba Manuel Mena y en 1936, al estallar la guerra civil, se incorporó al ejército de Franco; dos años después murió combatiendo en la batalla del Ebro, y durante décadas se convirtió en el héroe oficial de su familia. Era tío abuelo de Javier Cercas, quien siempre se negó a indagar en su historia, hasta que se sintió obligado a hacerlo.

El resultado de esa indagación es una novela absorbente, pletórica de acción, de humor y de emoción, que nos enfrenta a algunos de los temas esenciales de la narrativa de Cercas: la naturaleza radiante, poliédrica y misteriosa del heroísmo, la terca pervivencia de los muertos y la dificultad de hacerse cargo del pasado más incómodo. Exploración a la vez local y universal, personal y colectiva, novela belicosamente antibelicista, El monarca de las sombras da una vuelta de tuerca inesperada y deslumbrante a la pregunta sobre la herencia de la guerra que Cercas abrió años atrás con Soldados de Salamina.

JAVIER CERCAS

es0000923754Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) estudió Filología Hispánica en Barcelona y en la actualidad ejerce la docencia en la Universidad de Girona, donde enseña Literatura Española. También es un colaborador habitual de medios como el periódico El País.

Cercas es conocido tanto por sus novelas como por su labor periodística y de ensayo. Con su obra Soldados de Salamina (2001) –adaptada al cine en 2003– logró un gran éxito de crítica y ventas.

Su primer libro, El móvil (1987) fue una antología de cuentos, siendo sus novelas El inquilino (1989) y El vientre de la ballena (1997) sus siguientes publicaciones, que consiguieron un éxito moderado. Sin embargo, con Soldados de Salamina (2001) Cercas alcanzó un gran éxito, no sólo a nivel nacional sino internacional. Gracias a esta novela, Cercas ha ganado premios tan importantes como el Salambó, el Ciutat de Barcelona, el Librero o el Grinzane Cavour.

Tras este importante éxito, las siguientes novelas de Cercas han alcanzado el favor de la crítica y habría que destacar títulos como La velocidad de la luz, La verdad de Agamenón o El impostor. Al mismo tiempo, Cercas ha destacado como traductor, acercando al público en español la literatura contemporánea catalana.

En 2009, Cercas publicó Anatomía de un instante, una novela periodística, casi un ensayo, sobre el golpe de estado español del 23F, con el que alcanzó los primeros puestos de ventas en no-ficción durante meses. En 2010 su obra fue premiada con el Premio Nacional de Narrativa, reconociendo de esa manera la calidad literaria de su obra.

Javier Cercas es uno de los autores españoles más traducidos, ha sido publicado en 20 idiomas y alabado por la crítica en Francia, Inglaterra y Estados Unidos.

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

   –No le des mas vueltas, Javi –habló–. Tío Manolo se sintió obligado a hacer lo que hizo. Eso es todo […]
   Me pregunté si tenía razón y si todo era tan simple. Dejé pasar unos segundos. Anuncié:
   –Tengo que decirte una cosa, mamá.
   –¿Qué cosa?
   Pensé: «Que tío Manolo no murió por la patria, mamá. Que no murió por defenderte a ti y a tu abuela Carolina y tu familia. Que murió por nada, porque le engañaron haciéndole creer que defendía sus intereses cuando en realidad defendía los intereses de otros y que estaba jugándosela por otros. Que murió por culpa de una panda de hijos de puta que envenenaban el cerebro de los niños y los mandaban al matadero. Que en los últimos días o semanas o meses de vida lo sospechó o lo entrevió, cuando ya era tarde, y que por eso no quería volver a la guerra y perdió la alegría con que tú lo recordarás siempre y se replegó en sí mismo y se volvió solitario y se hundió en la melancolía. Que quería ser Aquiles, el Aquiles de la Ilíada, y a su modo lo fue, o al menos lo fue para ti, pero en realidad es el Aquiles de la Odisea, y que está en el reino de las sombras maldiciendo ser en la muerte el rey de los muertos y no el siervo de un siervo en la vida. Que su muerte fue absurda».
    Dije otra vez:
   –Nada.
   Fue sólo entonces cuando volvía a pensar en mi libro sobre Manuel Mena, en el libro que llevaba toda la vida postergando o que siempre me había negado a escribir, y ahora se me ocurre que pensé en él porque de golpe comprendí que un libro era el único sitio donde yo podía contar a mi madre la verdad sobre Manuel Mena, o donde sabría o me atrevería a contársela. 
    […]
    Comprendí que la historia de Manuel Mena era mi herencia o la parte fúnebre y violenta e hiriente y onerosa de mi herencia, y que no podía seguir rechazándola, que era imposible rechazarla porque de todos modos tenía que cargar con ella, porque la historia de Manuel Mena formaba parte de mi historia y por lo tanto era mejor entenderla que no entenderla, asumirla que no asumirla, airearla que dejar que se corrompiera dentro de mí como se corrompen dentro de quien tiene que contarlas las historias fúnebres y violentas que se quedan sin contar, escribir a mi modo el libro sobre Manuel Mena era, pensé en fin, lo que siempre había pensado que era, hacerme cargo de la historia de Manuel Mena y de la historia de mi familia, pero también pensé, pensando en Hannah Arendt, que ésa era la única forma de responsabilizarme de ambas, la única forma también de aliviarme y emanciparme de ambas, la única forma de usar el destino de escritor con el que mi madre me había escrito o en el que me había confinado para que ni siquiera mi madre me escribiese, para escribirme a mí mismo.

 

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