“Reloj sin manecillas”, de Carson McCullers

«Sin duda la vida se compone de innumerables milagros cotidianos,
 la mayor parte  de los cuales pasan inadvertidos.»

Reloj sin manecillas (Clock without hands) es la última novela que publicó, en 1961, Carson McCullers, considerada una de las escritoras estadounidenses más importantes del pasado siglo. La obra fue recibida con opiniones encontradas por parte de la crítica, pero salieron en su defensa autores tan prestigiosos como Grahan Greene o Gore Vidal.

La novela refleja muy bien las injusticias y los problemas raciales a los que tenía que enfrentarse la sociedad sudista americana de los años cincuenta del pasado siglo. En ella McCullers nos acerca a la vida de cuatro personajes, muy dispares entre sí, que tratan de encontrarse a sí mismos.

«Resultaba extraño que Malone, a quien gustaba la poesía pegadiza, pensara en aquellas frases aprendidas de memoria: “El mayor peligro, el de perderse a sí mismo, puede pasar calladamente, como si nada; las demás pérdidas, las de un brazo, la de una pierna, la de cinco dólares, la de una esposa, etcétera, no pueden pasar inadvertidas”. La incongruencia de aquellas ideas, funestas y vulgares como su propia vida, sonaba como el metálico repiqueteo del reloj de la ciudad, sin cadencia ni sabor.»

El escritor extremeño Jesús Carrasco, autor del prólogo de está edición del libro, escribe de la novela:

«En junio de 1961, pocos meses antes de la publicación en Estados Unidos, Carson fue invitada a escribir una nota de autor en The New York Times Book Review a propósito de Reloj sin manecillas. Allí decía: “Cuando mi primer libro, El corazón es un cazador solitario, fue publicado, algunos de mis amigos sureños sintieron que yo era algún tipo de renegada o desviada dados mis sentimientos hacia los negros. El interés principal de mi nuevo libro no es hablar de los prejuicios o la injusticia en el sur. Simplemente trata sobre personas que luchan, se rebelan y aman en sus diferentes formas en busca de sí mismos”.

Y esas personas, en este libro, son el anciano juez Clane, un supremacista blanco incapaz de entender que sus viejas ideas («–¿Cómo te sentaría ver a un tosco negro compartir su pupitre con una delicada niñita blanca?», comenta durante una conversación) fueron derrotadas con la rendición del general Lee cien años antes, Jester Clane, su nieto, un joven inflamado por lo que su abuelo llama ideas comunistas, que ha de rebelarse contra su estirpe, la de caballero del sur, dilucidar su propia sexualidad y arrojar luz sobre la turbia muerte de su padre. El enigmático Sherman Pew, negro de ojos azules, libérrrimo personaje, excesivo; catalizador en la novela de las tensiones raciales, sexuales y culturales de su tiempo. Y, por último, J. T. Malone, el farmacéutico desahuciado con aires tolstoianos en la primera línea del texto y que, al final de su vida, como la propia Carson diría, habrá de tomar conciencia de su gris existencia y del vacío en el que ha dejado marchar sus días. Es decir, habrá de asumir, como los demás, la responsabilidad ineludible que deriva del hecho de ser humanos y de estar vivos. La responsabilidad, por ejemplo, para afrontar la soledad, para tomar decisiones morales y para, finalmente, modelar una identidad verdaderamente propia. Ésta es la idea que alumbra y la que subyace en cada uno de los personajes protagonistas de Reloj sin manecillas. Todos ellos solos e impelidos a tomar el timón de sus existencias. Todos ellos obligados a asumir de manera radical la responsabilidad de estar vivos. Justo lo que hizo Carson McCullers cuando decidió dejar el piano, cuando se separó de su marido, cuando renunció a suicidarse con él o cuando dio su cara blanca por el pueblo negro.»

La novela está muy bien escrita, resulta muy interesante, y es fácil de leer. Muy recomendable

LEER PRIMER CAPÍTULO DE LA NOVELA

SINOPSIS

La última novela que escribió Carson McCullers relata los destinos cruzados de cuatro memorables personajes, cuyas vidas son fiel reflejo de las injusticias sociales, la soledad espiritual y la naturaleza confusa del amor en el turbador Sur estadounidense de los años cincuenta.

Ésta es la historia del viejo juez Fox Clane, encarnación del patriarcal carácter sureño; su nieto adolescente Jester, hijo de un malogrado enemigo de la discriminación racial, y Sherman Pew, un chico negro de ojos azules que ejerce una fascinadora atracción sobre ambos. Junto a ellos se desarrolla el drama personal del farmacéutico J. T. Malone, quien, desahuciado por los médicos, descubre que el verdadero peligro del hombre no es morir sino perderse a sí mismo en vida. Malone, quien, desahuciado por los médicos, descubre que el verdadero peligro del hombre no es morir sino perderse a sí mismo en vida.

Carson McCullers es una de las grandes maestras de la literatura norteamericana, un clásico indiscutible que supo iluminar como nadie la fragilidad y el silencioso esplendor de la existencia. En Reloj sin manecillas, «con más profundidad que nunca, Carson McCullers examina el corazón humano, con una comprensión que va más allá del conocimiento, y una comprensión que va más allá del sentimiento», Tennessee Williams

CARSON MCCULLERS

000005189_1_mccullersNació en Columbus, Georgia, en 1917, y murió en Nueva York, en 1967, de un ataque al corazón, a la temprana edad de cincuenta años. Su producción narrativa comprende los siguientes títulos: El corazón es un cazador solitario, convertido inmediatamente en un clásico de la novela contemporánea, Reflejos en un ojo dorado, Frankie y la boda, La balada del café triste y Reloj sin manecillas. Póstumamente ha aparecido su autobiografía, Iluminación y fulgor nocturno. «El mudo» y otros textos, publicado en la colección Únicos, incluye el esbozo de «El mudo» —primer título que recibió El corazón es un cazador solitarioy ensayos sobre literatura. Está considerada, junto a William Faulkner, como una de las mejores representantes de la narrativa del Sur de Estados Unidos.

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

    «Sentado, con el almirez en la mano, todavía le quedaba la suficiente serenidad para sorprenderse ante aquellas emociones contradictorias que habían hecho cambiar tan violentamente su corazón, en otro tiempo tan tierno. Se encontraba entre el amor y el odio, pero qué era lo que amaba y qué lo que odiaba permanecía poco claro. Por primera vez, sabía que la muerte estaba próxima. Pero el terror que le ahogaba no estaba causado por el conocimiento de su propia muerte. Se debía a algún misterioso drama que estaba desarrollándose, aunque Malone no sabía de qué se trataba. Su terror se debía a la incertidumbre de lo que ocurriría en aquellos próximos meses –¿cuánto tiempo?– que devorarían sus días contados. Era un hombre que escudriñaba un reloj sin manecillas.» 
[…]
    «Además –continuó el Juez, tú y yo poseemos nuestras propiedades y nuestra posición, y se nos respeta. Pero, ¿qué posee Sammy Lank, aparte de montones de hijos? Sammy Lank y otros blancos pobres como él, no tienen más que el color de su piel. La clave de todo el asunto es que no tienen medios, propiedades, ni a nadie por debajo de ellos. Es triste admitirlo, pero la naturaleza humana, todos los hombres, tienen que tener a alguien por debajo de ellos, alguien a quien poder desdeñar. Y Sammy y los que son como él, solamente pueden sentirse superiores a los negros. ¿Comprendes, J. T.? Es una cuestión de orgullo, el orgullo de nuestra sangre, el orgullo de nuestro linaje blanco. Pero, ¿qué posee Sammy Lank, excepto montones de trillizos de rostros blancos, gemelos, y una mujer, gastada por tantos embarazos, que se sienta en el porche a oler rapé?» 

 

 

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