«El árbol de la ciencia”, de Pío Baroja

     «Fuera de aquellos momentos, en los demás, el estudio, las discusiones, la casa, los amigos, sus correrías, todo esto, mezclado con sus pensamientos, le daba una impresión de dolor, de amargura en el espíritu. La vida en general, y sobre todo la suya, le parecía una cosa fea, turbia, dolorosa e indomable.» 

El árbol de la ciencia es una obra del gran novelista español Pío Baroja, publicada en 1911. Junto con La dama errante (1908) y La ciudad de la niebla (1909) forma esta novela la trilogía de La raza. El libro es casi una autobiografía de la juventud de su autor; tanto por lo que se refiere a sus ideas e inquietudes como a algunas de sus experiencias personales; aunque está escrita en 1911, la acción y su desarrollo se sitúan en los mismos años en que Baroja fue estudiante de medicina y después medico rural, o sea desde 1887 hasta 1896, que vuelve a Madrid.

Como se señala en el Diccionario literario Bompiani, El árbol de la ciencia «es la breve historia de Andrés Hurtado desde que comienza los estudios médicos hasta el día –no muy lejano– de su muerte. Es una vida vulgar, como tantas, sin un atisbo de felicidad, una Facultad agria, una familia sin ternura y unos amigos sin generosidad. Éste es el ambiente próximo. El remoto una visión de España que merece especial comentario. Estas circunstancias tan poco propicias, condicionan el vivir de Andrés Hurtado: carente de fe, incierto en sus pasos, amargado de todo. Por eso, como nave desarbolada, se deja arrastrar por la vida.

España se refleja en una galería riquísima de tipos y tipejos a los que habitualmente le falta toda idea de bondad grandeza. Si éstas son las gentes, su presencia colectiva no vale mucho más: el caciquismo la dirige y la cobardía o el aprovechamiento obedecen. No hay espíritu, la inteligencia está embotada por politiquerías y toreros; en las clases dirigentes no se encuentran otra cosa que un yo hipertrofiado. Una España envejecida o, peor aún, con una religión en la que los más ya no creían, una ciencia trasnochada, y unos valores levantados sobre bases de arena. Sólo están vivas la mentira, la envidia, la inmoralidad o las ideas menos nobles. Así cuando un hombre del tiempo quería conocer “el árbol de la ciencia” no permitía otros que los frutos del desconsuelo. La vida de Andrés cruzaba amargada sobre una superficie de la patria y de la contemplación de las tierras y el trato con las gentes; “la vida en general, y sobre todo la suya, le parecían una cosa fea, turbia, dolorosa e indomable”. Por aquellos días, los pecados individuales y los colectivos habían llevado a España al desastre. Algo después, toda esta conciencia de fracaso, fraguaba en la individualidad de Andrés Hurtado que moría por no haber sabido vivir.»

      «Si en Francia o en Alemania no hablaban de las cosas de España, o hablaban de ellas en broma, era porque nos odiaban; teníamos aquí grandes hombres que producían la envidia de otros países: Castelar, Cánovas, Echegaray… España entera, y Madrid sobre todo, vivía en un ambiente de optimismo absurdo. Todo lo español era lo mejor.

  Esa tendencia natural a la mentira, a la ilusión del país pobre que se aísla, contribuía al estancamiento, a la fosilificación de las ideas.»

El árbol de la ciencia está considerado como un clásico imprescindible de la literatura española y está cargado de referencias históricas, científicas, literarias y filosóficas. Para Azorín esta novela resume mejor que ninguna el espíritu de Baroja. El propio autor considera que, entre sus novelas de carácter filosófico, ésta es la mejor que había escrito; «probablemente es el libro más acabado y completo de todos los míos.»

    «El árbol de la ciencia es el corte que hace don Pío para la biopsia de la sociedad española de comienzo del siglo XX, y su protagonista representa y sintetiza la lucha entre el pensamiento y la acción, en la que vence el pensamiento. El árbol de la ciencia es una de las novelas más duras de don Pío, y sirvió para que le calificaran de impío clerófobo y deshonesto. De ella se han impreso más de un millón de ejemplares y ha sido pasto agradable para ácratas, inconformistas y revolucionarios. Su narración rápida y directa, junto con Camino de perfección, que se llamó modernista, cambió el rumbo de la novela española y desde que vio la luz ha levantado fuertes pasiones.»

Pío Caro Baroja

     «Salió la luna; la enorme ciudad, con sus fachadas blancas, dormía en el silencio; en los balcones centrales encima del portón, pintado de azul, brillaban los geranios; las rejas, con sus cruces, daban una impresión de romanticismo y de misterio, de tapadas y escapatorias de convento; por encima de alguna tapia, brillante de blancura como un témpano de nieve, caía una guirnalda de hiedra negra, y todo este pueblo, grande, desierto, silencioso, bañado por la suave claridad de la luna, parecía un inmenso sepulcro.»

SINOPSIS

El árbol de la ciencia recoge las principales ideas que forjaron el universo literario de Pío Baroja, como la medicina, el dolor y la omnipresente concepción pesimista respecto al ser humano, y todo ello atravesado por pinceladas autobiográficas. Por eso, esa es una de las mejores novelas del autor vasco y la que mejor refleja su mundo filosófico y social. En estas páginas, salvo cierta ternura hacia la figura femenina, Baroja presenta, a través de una narración lineal y sin ambages, la atmósfera desolada de aquella mezquina sociedad de la España de principios de siglo.

     «Uno tiene la angustia, la desesperación de no saber qué hacer con la vida, de no tener un plan, de encontrarse perdido, sin brújula, sin luz adonde dirigirse. ¿Qué se hace con la vida? ¿Qué dirección se le da? Si la vida fuera tan fuerte que le arrastrara a uno, el pensar sería una maravilla, algo como para el caminante detenerse y sentarse a la sombra de un árbol, algo como penetrar en un oasis de paz; pero la vida es estúpida, sin emociones, sin accidentes, al menos aquí, y creo que en todas partes y el pensamiento se llena de terrores como compensación a la esterilidad emocional de la existencia.»

Para Azorín esta novela resume mejor que ninguna el espíritu de Baroja. Y efectivamente: sus principios filosóficos y sociales, la reacción frente a la miseria y el dolor, y los elementos autobiográficos hacen de esta obra muestra privilegiada del mundo del autor. Narra en ella la vida de Andrés Hurtado desde el comienzo de sus estudios de medicina. Médico, como Baroja, el protagonista de El árbol de la ciencia asiste impotente a los desafueros de una sociedad mezquina y envilecida. Entre el determinismo fisiológico y la rebelión moral hay la búsqueda de un camino propio.

PÍO BAROJA

Pío Baroja fue uno de los grandes exponentes de la llamada Generación del 98, conocido por su producción novelística, entre la que destacan títulos como Memorias de un hombre de acción (1935) y Zalacaín el aventurero (1908), que fue llevada al cine en dos ocasiones.

Nacido en San Sebastián, Baroja estudió Medicina en Madrid y, tras un corto período trabajando como médico rural, volvió a la capital iniciando sus colaboraciones periodísticas en diarios y revistas como Germinal, Revista Nueva o Arte Joven, entre otras.

La postura política de Baroja fue evolucionando de una izquierda militante a un escepticismo que no le libró de problemas con la censura franquista al reflejar la Guerra Civil en Miserias de la guerra A la desbandada, esta última todavía sin publicar.

La obra de Baroja combina tanto novela como ensayo y memorias. Memorias de un hombre de acción apareció en forma de 22 volúmenes a razón de uno por año entre 1913 y 1935. Además, Baroja agrupó su obra en varias trilogías, como Tierra vasca La juventud perdida.

Baroja fue un novelista influyente y entre sus admiradores se cuentan autores nacionales, como Camilo José Cela, e internacionales, como lo fueron Ernest Hemingway John Dos Passos.

Debido a su postura política y opciones personales, como su reconocido ateísmo, Baroja no disfrutó de demasiados reconocimientos en vida, aunque fue miembro de la Real Academia de la Lengua desde 1935.

FUENTES

  • Baroja, Pío. El árbol de la ciencia. Barcelona, Bibliotex, 2001
  • Baroja, Pío. El árbol de la ciencia. Madrid, Cátedra, 2004
  • Diccionario literario Bompiani

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