Tierra vieja”, de Antonio Pérez Henares

«No somos más que nadie, pero menos que nadie tampoco»

Tierra Vieja es la última novela del escritor y periodista de Guadalajara Antonio Pérez Henares, publicada en 2022. Se trata, sin duda, de su obra más personal y que está escrita desde el corazón.

En esta novela histórica, Pérez Henares, hijo, nieto y bisnieto de labradores, nos traslada a las fronteras de la extremadura castellana de los siglos XII y XIII y nos muestra la vida de la gente del pueblo, sencilla y trabajadora que, con una mano en la lanza y la otra en la estiba del arado, crearon y consiguieron el objetivo de perseverar en esa tierra, ensanchando los límites de Castilla y León.

   «En esto último era donde quería estar, y cuanto antes, el Juanillo y en lo primero andaban el Julián y el Valentín. Pero en realidad estaban todos en lo mismo. Con una mano en la estiba del arado y la otra en la empuñadura de una lanza. En no pocos casos, y dependiendo de la estación o la necesidad, era el mismo quien, según tocaba, estaba en las dos cosas. Labrar la tierra y combatir por mantenerla y ensancharla.»

Para escribir esta historia, el escritor alcarreño ha vuelto la vista a la tierra que le vio nacer, de la que se siente muy orgulloso, y considera que de esta manera ha pagado la deuda que tenía con las gentes y con los pueblos de estas tierras.

«Hay un canto a la tierra. Yo soy hijo, nieto, bisnieto de labradores. He visto segar a mano, arar con arado, con mulas. Una oda al respeto que se debería ofrecer a esta profesión y los lugares que algunos consideran, erróneamente, la España vaciada.

Tierra Vieja pone en valor la vida en rural ante una visión urbana sobre la tierra totalmente paternalista y soberbia. Desde la urbe dan lecciones de cómo se tiene que vivir en el campo, no hay respeto hacia gente que cuida todo un territorio», ha afirmado el escritor y periodista alcarrreño.

  «La vida del labrador era eso, un acabar para empezar. Cuando se salía de eras y se metía en los atrojes la cosecha, había que ponerse a preparar la nueva siembra. Parar lo que se dice parar solo se paraba por obligación o porque el tiempo no dejaba salir al campo. Entonces se aprovechaba para remendar lo que se había ido rompiendo y no se tuvo tiempo de componerlo, hacerse con aquello que se había echado de menos o limpiar un rincón o trasladar algo de sitio. La lluvia, además de ser bien recibida, proporcionaba aquellos ratos más sosegados y hasta había tiempo para quedarse apoyado en un quicio y a cubierto, y ver caer el agua. Fuera en las cuadras, en el zaguán o en la fragua, los días metidos en agua también servían para descansar por mucho que se aprovechara para poner una herradura, enderezar una telera del arado, zurcir un tirante de la yunta, repasar una collera o curarle a la mula un rasponazo. Y ver llover. Que era bonito ver llover bajo techado.»

Una historia escrita con una magnífica prosa y en la que utiliza un vocabulario muy rico, en el que abundan los términos propios de las faenas agrícolas. Apoyada en un gran trabajo previo de documentación histórica, refleja muy bien cómo era la forma de vida en los difíciles años de la Reconquista y repoblación de los territorios de la extremadura castellanaEn fin, estamos ante una buena novela, que se lee con ganas.

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SINOPSIS

España nunca quedará vacía mientras recordemos su historia.

Se han contado los relatos de los reyes, de los nobles, de las batallas y de los grandes guerreros, pero quienes repoblaron la tierra yerma fueron hombres y mujeres que, con una mano en la estiba del arado y la otra en una lanza, arriesgaron sus vidas por repoblar las tierras perdidas. Entonces, cuando una peligrosa tropa acechaba —y junto a ella la muerte— ellos dibujaron las fronteras que hoy heredamos.

   «Era una tierra vieja. Desde luego que lo era. Había sido roturada ya antes. Había sido hendida por el arado, descuajados los chaparros, desbrozado el arbusto, tirado el surco, sembrado el trigo y plantada la vid y la higuera. Pero luego, una y otra vez, habían llegado el hacha y el fuego. Había sido talada, arrancada la cepa de raíz y socarrada. Baldía de nuevo y vuelta a ser cultivada después para volver a ser arrasada hasta la entraña. Pero, aun así, algo había quedado en ella, algo que siempre pugnaba por rebrotar. Y los hermanos lo habían sabido hallar y ayudado a renacer.»

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   «—Nos la hemos ganado, Antonio. Nuestros abuelos, nuestros padres y nosotros. Es nuestra tierra. Nos pertenece.
    El Pequeño asintió a las palabras de su hermano mayor.
    El Antonio tardó en contestar. También lo hizo asintiendo con la cabeza a lo dicho por su primo, pero luego añadió con la boca:

     —Pero no, Jesús. Somos nosotros quienes le pertenecemos a ella.»

En esta novela de prosa evocadora y exhaustivo rigor histórico, Antonio Pérez Henares nos traslada, a galope entre el siglo XII y el XIII, a las fronteras de la extremadura castellana por las sierras, las alcarrias, el Tajo y el Guadiana. A través de sus personajes —cristianos y musulmanes, campesinos y pastores, señores y caballeros—, nos muestra la historia de los que sembraban y segaban, de los que levantaron las ermitas e hicieron brotar pasiones, amistades, rencores, pueblos y vivencias. Aquellos que dieron humanidad a la tierra y se convirtieron en la semilla de nuestra nación.

Esto es Tierra vieja y ellos, sus héroes

ANTONIO PÉREZ HENARES

perezhenaresAntonio Pérez Henares es autor, entre otras obras, de las novelas La tierra de Álvar Fáñez y El rey pequeño, de la Tetralogía Prehistórica, compuesta por NublaresEl hijo de la garzaEl último cazador y La mirada del lobo, así como de La canción del bisonte. En 2020 publicó Cabeza de Vaca, una recreación de la fascinante vida y epopeya de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, que obtuvo un gran reconocimiento de la crítica y los lectores.

Ejerce el periodismo desde los dieciocho años, cuando comenzó en el diario Pueblo. Fue director del Tribuna y director de publicaciones de Promecal. Ahora colabora puntualmente en un buen número de periódicos, pero hace un tiempo decidió dejar de participar en las tertulias televisivas donde había obtenido gran notoriedad.

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