“Reparar a los vivos”, de Maylis de Kerangal

«Una hora después, la muerte se presenta, la muerte se anuncia, mancha movediza de 
contorno irregular que vela una forma más clara y más amplia, ahí está, es ella.»

El joven Simon Limbres ingresa en el hospital de Le Havre tras sufrir un grave accidente de tráfico cuando volvía con sus amigos de practicar surf. Poco tiempo después el joven muere, pero su corazón sigue palpitando y podría seguir viviendo en el cuerpo de otra persona.

Este es el punto de arranque de Reparar a los vivos (Réparer les vivants), la novela de Maylis de Kerangal. Con ella, la escritora francesa ha obtenido un gran éxito de crítica y de lectores, siendo la gran revelación francesa en el primer semestre de 2014. Obtuvo siete prestigiosos premios: Premio France Culture-Télérama, Gran Premio RTL-Lire, Baileys Women’s Prize for Fiction (anteriormente Orange), Premio literario Charles Brisset, Premio Relay des Voyageurs, Premio Paris Diderot-Esprits libres, Premio de los Lectores L’Express-BFMTV.

La novela se apoya en un gran trabajo previo de investigación y documentación y tiene mucho de realidad. Como la propia autora ha declarado, conoció a un enfermero coordinador de trasplantes, el equivalente al Thomas Rémige de la novela, encargado de recoger el consentimiento de las familias, en pleno duelo. «Quedé conmocionada. Hay una forma de heroísmo discreto en los donantes de órganos que me parece mucho más interesante que algunas figuras espectaculares de las que se nos habla sin cesar», ha afirmado la escritora francesa.

«Sean y Marianne se han acomodado el uno al lado del otro en el canapé, intrigados aunque conmocionados, y Thomas Rémige se ha sentado en una de las sillas bermellón, con la historia de Simon Limbres entre las manos. Sin embargo, por más que esos tres seres compartan el mismo espacio, participen del mismo tiempo, nada tan alejado en este planeta como esas dos personas sumidas en el dolor y ese joven que se ha colocado entre ellos con el objetivo –sí, con el objetivo– de obtener su consentimiento para la extracción de los órganos de su hijo. Allí están un hombre y una mujer atrapados en una onda de choque, a un tiempo proyectados fuera del suelo y arrollados en un temporalidad dislocada –una continuidad quebrada por la muerte de Simon pero una continuidad que, cual pato sin cabeza corriendo por el corral de una granja, continuaba, una locura–, una temporalidad cuyo dolor tejía la materia, un hombre y una mujer que concentraban sobre sus cabezas la tragedia plena del mundo, y ahí está ese joven con la bata blanca, involucrado y cauto, preparado para sostener esa entrevista sin quemar etapas, pero que ha abierto una cuenta atrás en un rincón de su cerebro, consciente de que un cuerpo en estado de muerte encefálica se degrada, y de que hay que actuar con rapidez: atrapado en esa torsión.»

El resultado es una gran novela. Una novela que está muy bien escrita. Que trata una historia dura, pero apasionante. Muy recomendable.

La historia ha sido llevada al cine con el mismo título por Katell Quillévéré, con Emmanuelle Seigner, Tahar Rahim, Anne Dorval, Alice Taglioni, Monia Chokri y Bouli Lanners en el reparto.

Tráiler de la película

Todo comienza de madrugada en un mar tempestuoso con tres jóvenes surfistas. Unas horas más tarde, en el camino de vuelta sufren un accidente. En el hospital Havre, la vida de Simón pende de un hilo. Mientras tanto, en París, una mujer espera un trasplante providencial que le pueda prolongar su vida. Thomas Remige, un especialista en trasplantes, debe convencer a unos padres en estado de shock de que ese corazón podría seguir viviendo en otro cuerpo. Y salvar, tal vez, una vida. (FilmAffinity)

SINOPSIS

Le Havre. Simon Limbres regresa con sus amigos de una adrenalínica sesión de surf. La camioneta en la que viaja choca contra un árbol. Poco después de ser ingresado en el hospital, el joven muere, pero su corazón sigue latiendo. Thomas Remige, un especialista en trasplantes, debe convencer a unos padres en estado de shock de que ese corazón podría seguir viviendo en otro cuerpo. Y salvar, tal vez, una vida.

Éste es el contundente arranque de la novela, que mantiene al lector en vilo hasta las últimas líneas. En El intruso, un espléndido ensayo autobiográfico, Jean-Luc Nancy narraba en primera persona la experiencia de vivir con un corazón ajeno. Kerangal aborda aquí el tema en una no menos espléndida ficción literaria. En Reparar a los vivos, Maylis de Kerangal sutura con enorme maestría las palabras y las frases del cuerpo ficcional, en un relato de precisión quirúrgica sobre un trasplante cardíaco, cuya prosa sin duda acelerará nuestras pulsaciones.

«Considerar que Reparar a los vivos es sólo un texto impecable sobre un milagro de la cirugía sería un gran desprecio, ya que este libro es una verdadera novela, una gran novela, una novela extraordinaria, que sitúa a Maylis de Kerangal entre los grandes escritores de principios del siglo XXI» (Bernard Pivot, Le Journal du Dimanche).

«La escritora no separa nunca la técnica de la poesía, la cotidianeidad de la metafísica, la intimidad herida de la acción colectiva. Maylis de Kerangal pertenece a esa familia de escritores de alta escritura, aquellos que nos vuelven más humanamente humanos» (Lydia Flem,Le Monde).

«Cavando más hondo el surco que ya había labrado en Corniche Kennedy y Nacimiento de un puente, Maylis de Kerangal abre su arte a una amplitud nueva, y nos entrega con Reparar a los vivos una novela donde la fuerza proviene de la delicadeza. Algo reservado sólo a los grandes» (Alain Nicolas, l’Humanité).

«Maylis de Kerangal se integró en el colectivo de escritores Inculte en 2006. Lo que nos une, confirma la escritora francesa, es una serie de cuestiones comunes sobre lo que se escribe hoy, lo que escribimos, lo que leemos –lo contemporáneo, las fuentes y las influencias, la inscripción de la oralidad, lo extranjero en la propia lengua, la auscultación de los materiales de escritura» (Elisabeth Philippe, Le Magazine Littéraire).

«Una escritura precisa, ardiente» (Marine Landrot,Télérama).

MAYLIS DE KERANGAL

Maylis de Kerangal (Toulon, 1967) ha trabajado en el mundo editorial y es autora, entre otras, de las novelasJ e marche sous un ciel de traîne, La Vie voyageuse, Corniche Kennedy y Tangente vers l’est, y del libro de relatos Ni fleurs ni couronnes. En Anagrama ha publicado la novela Nacimiento de un puente, traducida a ocho idiomas y galardonada con los premios Médicis, Franz Hessel y Gregor von Rezzor.

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

    «Pierre Révol nació en 1959. Guerra Fría, triunfo de la revolución cubana, primer voto de las suizas en el cantón de Vaud, rodaje de Al final de la escapada de Godard, aparición de El almuerzo desnudo de Burroughs y de la obra mítica de Miles Davis Kind of Blue, el más grande disco de jazz de todos los tiempos, según Révol, quien gusta de decir gansadas, alabando el año en que nació. ¿Algo más? Sí –adopta un tono de desapego para mitigar el efecto de sus palabras, se lo imagina uno evitando mirar a su interlocutor, haciendo algo distinto, hurgándose el bolsillo, marcando un número de teléfono–, fue el año en que se redefinió la muerte. Y en ese instante no le disguta la amalgama de estupor y de terror que observa en los rostros de quienes lo rodean. Acto seguido añade, alzando la cabeza y esbozando una vaga sonrisa: lo cual, para un anestesista-reanimador, dista de ser baladí.»

[…]

    «De nuevo el dédalo, los pasillos que se suceden, de nuevo las siluetas trajinando, la ecografía, la espera, los goteros revisados, los tratamientos administrativos, las tensiones tomadas, los cuidados prodigados –aseos, escaras–, las habitaciones ventidadas, las sábanas cambiadas, los suelos fregados, y de nuevo Révol y sus zancadas desgarbadas, de nuevo los faldones de su bata blanca planeando en su espalda, el minúsculo despacho, y las sillas gélidas, de nuevo el sillón giratorio y el sulfuro removido en el hueco de la mano en el instante preciso en que Thomas Rémige llama a la puerta y sin esperar entra en la habitación, se presenta a los padres de Simon Limbres, expone su profesión –soy enfermero, trabajo en el servicio–, y se coloca junto a Révol, empujando un taburete hasta el escritorio. Ahora están los cuatro sentados en ese cubículo, y Révol advierte que debe apresurarse porque el ambiente se ha hecho asfixiante. Así que mira uno tras otro a ese hombre y a esa mujer, los padres de Simon Limbres –de nuevo, la mirada como empeño de palabra–, mientras afirma: el cerebro de Simon no manifiesta ninguna actividad, el electroencefalograma de treinta minutos que acaba de realizarse presenta un trazado plano, Simon está en una situación de como irreversible.»

 

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“El silencio de las sirenas”, de Adelaida García Morales

No hace mucho que leí Los últimos días de Adelaida García Morales, un novela publicada a finales de septiembre del pasado año 2016, en la que la escritora Elvira Navarro reconstruye, valiéndose de la ficción, la última etapa de la vida de la escritora pacense Adelaida García Morales, fallecida en septiembre de 2014, y conocida, sobre todo, por ser la autora de El sur, la novela que inspiró la famosa película del mismo nombre de Víctor Erice.

Después de acabar el libro, me quedé con ganas de leer alguna de las obras escritas por García Morales, y comencé por El sur seguido de Bene. El libro me resultó muy interesante, por eso decidí continuar con la lectura de otra de sus primeras novelas: El silencio de las sirenas.

Adelaida García Morales comenzó a escribir El silencio de las sirenas, título que procede de un cuento de Kafka, en 1979. Interrumpió su escritura en 1980 a causa de un problema familiar y no la reinició hasta 1985. Ese mismo año se publicó la novela, con una buena acogida por parte de críticos y autores reconocidos y obteniendo los premios de novela Herralde e Ícaro.

Como ocurriera en sus obras anteriores, Adelaida vuelve a escribir sobre temas muy de su gusto, como son la soledad, la pena, la muerte o el amor; destacando en ésta, el ideal de amor platónico que le inspiró el filósofo Eugenio Trías. María, una joven maestra que llega a una localidad de La Alpujarra, nos cuenta la extraña e intensa historia de amor que vive Elsa, una joven forastera que conoce en la aldea.

El libro está escrito en Capileira, un pueblecito situado en la comarca granadina de La Alpujarra, donde la autora se había trasladado a vivir con su entonces pareja, Víctor Erice. En las páginas de su novela, Adelaida refleja, de forma magistral, la dureza y la belleza de estas tierras, y el carácter huraño y hasta hostil de sus gentes. 

«Pero después, con el paso del tiempo, vi que estos pueblos que desde lejos, cuando te vas acercando a ellos, parecen dormir en las faldas de las montañas o encaramados en sus cimas, después, cuando de alguna manera te han hecho suyo, aunque sólo sea con esa dudosa aceptación que aquí tiene el forastero, levantan a tu alrededor un auténtico griterío. Poco a poco vas comprendiendo que esa aparente quietud puede ser cualquier cosa menos paz. Pasiones violentas mueven los hilos de esas vidas que en un principio parecían tan serenas. Detrás de sus miradas reservadas, hoscas, late siempre una desconfianza hostil, el recuerdo de un odio antiguo aún no olvidado, el amor imposible que destrozó la vida… Y poco a poco vas descubriendo en los ojos huidizos de estos aldeanos una indiferencia cruel, una curiosidad despectiva y, también, el dolor de muchas separaciones, el dolor de un pueblo que agoniza. Y empiezas a ver la enfermedad por todas partes, enfermedad que aquí no se cura porque no hay dinero para prolongar las vidas inútiles.»

Como ocurriera con El sur, Erice, también quiso adaptar esta novela a la gran pantalla, pero el proyecto no se llevó a cabo.

El silencio de las sirenas es una gran novela, escrita con gran sensibilidad y que se lee de un tirón. Muy recomendable.

SINOPSIS

En el ambiente misterioso de una perdida aldea de Las Alpujarras, donde parece flotar todavía la magia de los antiguos dominadores musulmanes, una joven forastera vive una extraña, desmesurada y desesperada historia de amor con un hombre al que apenas conoce y que reside en la lejana Barcelona. Éste es, en síntesis, el hilo narrativo de El silencio de las sirenas, la obra ganadora del III Premio Herralde de Novela.

Aunque el personaje central y su pasión sean sublimemente románticos, Adelaida García Morales cuenta esta historia por medio de la voz interpuesta de María, la maestra del pueblo, lo cual le permite establecer una medidísima relación de distancia y, a la vez, complicidad con los hechos contados y demuestra que es cierto lo que ya se intuía tras la lectura de El Sur seguido de Bene: que nos encontramos ante una narradora, de una sensibilidad exacerbada, dotada de un talento muy personal. Con esta historia apasionada, Adelaida García Morales no sólo confirma la calidad de su obra, sino que da un paso adelante que la sitúa entre las más interesantes revelaciones de la narrativa española de los años ochenta.

«Si El Sur, aquel maravilloso e inquietante relato, anunciaba una nueva presencia en nuestra literatura más reciente, El silencio de las sirenas no hace sino confirmar la solidez de un estilo, la naturalidad narrativa de esta autora» (Amalia Iglesias, El Correo Español-El Pueblo Vasco).

ADELAIDA GARCÍA MORALES

Adelaida García Morales, nació en Badajoz en 1945, pero se crió en Sevilla, de donde eran sus padres. Se licencia en Filosofía y Letras en 1970 en Madrid y allí también estudia escritura de guiones en la Escuela Oficial de Cinematografía.

Trabajó como profesora de secundaria de lengua española y filosofía, fue modelo, actriz, formando parte del grupo de teatro Esperpento, y traductora en Argelia. Vivió durante cinco años en La Alpujarra, Granada.

Comienza a escribir El silencio de las sirenas en 1979. El Sur, su obra más famosa, la comienza en 1981, año en que gana el Premio Sésamo con Archipiélago, y el director Víctor Erice la convierte en una película en 1983. Su siguiente novela Bene, obra complementaria de El sur, se publica junto a esta en 1985. Y en ese mismo año publica El silencio de las sirenas, que obtiene los premios de novela Herralde e Ícaro. Posteriormente publicó La lógica del vampiro (1990), Las mujeres de Héctor (1994), Mi tía Águeda (1995), cuya protagonista es una mujer que rememora una infancia marcada por la muerte de su madre y los años pasados bajo la tutela de su intolerante y desabrida tía, y Nasmiya (1996). También en 1996 publicó Mujeres solas, su único volumen de poesía, al que siguieron los cuentos El accidente (1997) y La carta (1998), que formaba parte de la obra colectiva Vidas de mujer, las novelas La señorita Medina (1997) y El secreto de Elisa (1998), El legado de Amparo, cuento incluido en Mujeres al alba (1999), las novelas, publicadas en 2001, Una historia perversa y El testamento de Regina, y el cuento La mirada, incluido en Don Juan (2008)

Las creaciones de la autora se ajustan a los modelos de la literatura femenina, en el sentido de que los hombres ocupan un lugar secundario en el mundo íntimo de los personajes principales, casi siempre mujeres, que indagan en sus recuerdos con objeto de recuperar una identidad genuina, plena e independiente. En ocasiones, como ocurre en Nasmiya, se trata de un combate denodado por el reconocimiento de sus derechos: la protagonista, casada con un musulmán y convertida al islamismo, se enfrenta a su marido y al universo cultural que representa cuando aparece en el hogar una segunda esposa.

Falleció en 2014 de una insuficiencia cardíaca en Dos Hermanas, Sevilla, donde residía junto a uno de sus hijos.

«Adelaida no fue una persona común; tampoco una fantasmagoría. Logró cierta fama literaria, aunque efímera. Escribió siempre desde un dolor verdadero. Su herida primordial era muy profunda, venía de lejos. Nunca logró integrarse en la sociedad de su tiempo, y eso la honra. Vivía en precario en todos los planos de la existencia. Lo sé porque convivimos durante mucho tiempo; también porque, tras nuestro divorcio, me mantuve siempre próximo a ella.»

Victor Erice

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

  «… La muerte me amenaza desde todas partes. ¡Qué escándalo envejecer y morir! El sonido del viento siempre me lleva muy lejos y me ayuda a descansar, como cuando era niña. Ni siquiera el Dios único tiene poder para acercarte a mí. O quizás sólo se lo impida la indiferencia. El mundo parece ser el mismo en todas partes, pero no es así. Pues aquí, en esta aldea, marginada de la historia y lejos de los que rigen los destinos humanos, me parece haber caído en un mundo otro, enigmático y cruel. Aquí pasan los días las hojas de un libro. Tengo la impresión de estar tocando ya el final con una mano. Soy demasiado débil y mi desesperanza, en cambio, es demasiado grande para esta soledad de las montañas. Me siento subida a una extraña plataforma aérea, lanzada ya hacia la muerte. Y tú, Agustín, me destruyes. Mira cómo me haces enfermar: débil por ti, enloquecida por ti, que sólo me das tu silencio. Pero ya he aprendido a escuchar tu voz sin que me hables, y eso es lo peor. Pues ahora sé que tu silencio no es silencio, ni tu indiferencia, indiferencia. O quizá sólo sea mi esperanza disparatada que me hace inventar un fantasma, tú, con los sentimientos que deseo.»  
[…]
    «Elsa, atrapada en lo que en un principio quizá fuera sólo un juego, había perdido el control. Ahora se hallaba inmersa en un marasmo que la sobrepasaba, enredada en una red que ella misma había tejido pero que ya ni siquiera lograba comprender. Por primera vez me preocupé seriamente y advertí la gravedad de la situación. Ensayaba a solas diferentes discursos para hacerle reflexionar, pero durante los momentos en que me hallaba junto a ella no era capaz de decir ni de pensar nada. La intensidad de su dolor, de su desesperanza, de su amor, todo a un tiempo, me abrumaba. La suya era una historia fracasada ya desde el principio. En ningún momento observé en ella el menor interés en que aquello, fuera lo que fuese, alcanzara alguna manera de éxito. Parecía que su único deseo era el de contemplar, el de ser espectadora de una historia de amor supuestamente suya. Algo así como tirarse al agua sin mojarse.» 

 

“El asesinato de Sócrates”, de Marcos Chicot

«Qué terrible es la diferencia entre el gobierno de la justicia y la tiranía de los más convincentes.»

El asesinato de Sócrates es la última novela del escritor madrileño Marcos Chicot, con la que ha sido finalista del premio planeta 2016.

La narración se inicia en la Esparta del año 437 antes de Cristo. Tras el parto, una madre ve como su hijo le es arrancando literalmente de los brazos.  

      «El niño sacó una manita y la apoyó en la piel mojada de su madre. Su cabeza se movió hacia ambos lados como si olfateara con torpeza. Deyanira rozó con el dorso de un dedo su pequeña mandíbula y el recién nacido separó los párpados. Sus ojos eran grises como los de su madre, pero tan claros que parecían transparentes.

       Deyanira lo contempló extasiada.

    —Lo siento. —Los dedos de la partera envolvieron a su hijo y lo apartaron.

    —No. —Deyanira mantuvo las manos alrededor de él, pero tuvo miedo de hacerle daño y cedió—. ¡No! —La partera le dio la espalda y se alejó—. ¡Decidle que es su hijo!

     La mujer cruzó la puerta y desapareció de su vista.

   —¡Decidle que es su hijo!

    Intentó ponerse de pie y el mundo se convirtió en negrura. Notó que su cabeza golpeaba contra el suelo de tierra. Tomó aire y trató de gritar mientras se desvanecía.

   —¡Es tu hijo, Aristón!… Es tu hijo…»

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El gran protagonista de la novela es el filósofo griego Sócrates, un personaje que marcó una época y que ha sido considerado el padre de la filosofía occidental. La trama de la historia se desarrolla en el siglo más apasionante de la Grecia Clásica y en ella se mezclan personajes históricos con otros de ficción.

En más de una ocasión, el autor de El asesinato de Pitágoras ha destacado el paralelismo existente entre la decadencia de Grecia y el momento actual. En su pasada visita a la Feria del Libro de Badajoz, Chicot afirmó que muchas de las cosas que están ocurriendo en la actualidad ya sucedían en la Grecia de Sócrates.

Nos encontramos ante una novela histórica, bien escrita, amena y fácil de leer. La historia se apoya en un gran trabajo previo de documentación histórica, que trata de reflejar de un modo riguroso el momento histórico en el que transcurre la acción.

SINOPSIS

«El asesinato de Sócrates recrea magistralmente la época más extraordinaria de nuestra historia. Madres que luchan por sus hijos, amores imposibles y soldados tratando de sobrevivir se entrelazan de un modo fascinante con los gobernantes, artistas y pensadores que convirtieron Grecia en la cuna de nuestra civilización. A lo largo de las páginas de esta absorbente novela, brilla con luz propia la figura inigualable de Sócrates, el hombre cuya vida y muerte nos inspiran desde hace siglos, el filósofo que marca un antes y un después en la historia de la humanidad.»

Leer el primer capítulo de la novela

MARCOS CHICOT

000069372_1_Foto_autor_(c)_NINES_MINGUEZ_201610201739Marcos Chicot (Madrid, 1971). Es licenciado en Psicología Clínica, Psicología Laboral y Económicas. Está casado y tiene dos hijos: Lucía (2009) y Daniel (2012).

En lo literario, Chicot se dio a conocer en el año 1998 con la novela Diario de Gordon, obra que le valió el prestigioso Premio Francisco Umbral. Desde entonces ha seguido dentro de la novela y el relato, con incursiones en la literatura juvenil, aunque sin duda es conocido para el gran público gracias a su libro de 2013, El asesinato de Pitágoras, finalista del Planeta y que ha sido publicado en más de 20 países. En 2014 refrendó su éxito con la novela La Hermandad.

En 2016 logró el segundo puesto en el Premio Planeta gracias a su obra El asesinato de Sócrates.

Pertenece a la organización Mensa, y dona el 10% de lo que obtiene con sus novelas a organizaciones de ayuda a personas con discapacidad.

OTRO FRAGMENTO DE LA NOVELA

     «–Pero, Sócrates – intervino uno de los jóvenes que asistía por primera vez– , ¿qué puedes enseñarnos tú entonces, de qué sirve que nos hagas desconfiar de todo lo que sabemos?

    –Ay, querido amigo, yo sólo puedo enseñaros lo que sé. Mi pequeña sabiduría consiste en haber aprendido que los hombres creen saber sin que eso sea cierto. No obstante, quizá podríamos aprovecharnos también de cierta habilidad que creo tener para la enseñanza; y aún hay otra destreza que aprendí de mi madre, Fainarate, que era comadrona. Se trata de la mayéutica, el arte del alumbramiento. Mi madre ayudaba a las mujeres a dar a luz, y yo hago lo mismo con las almas de aquellos que aceptan que los interrogue. El primer conocimiento que hay que alumbrar, no obstante, es la conciencia de nuestro desconocimiento. Es como si quisiéramos pintar un cuadro en una tabla que unos niños hubieran llenado de garabatos. Lo mejor será limpiar primero la tabla, y sólo después empezar a pintar en ella.

     Otro de los jóvenes, sorprendido ante las palabras de Sócrates, se apresuró a replicar.

    –¿Qué conocimiento vamos a adquirir con tus enseñanzas, si manifiestas que no sabes nada?

     Sócrates le respondió con énfasis.

   –El verdadero conocimiento no se aprende, se llega a él mediante conclusiones propias, si bien un maestro puede guiarnos a través del proceso de razonamiento,. Saber que lo que creíamos que era cierto no lo es ya es estar por delante de quienes están llenos de verdades sólo aparente. Y no debes dudar de que indagar es avanzar en el conocimiento, aunque todavía no se haya alcanzado la meta.»

 

 

Feria ayer. III

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  “Vista de la calle Albarracín con el castilo al fondo”, Feria, [195-]

    Esta fotografía, de una calle de la villa de Feria, debió de ser realizada a mediados del siglo pasado.

Albarracín

     «Próximos a los escarpes rocosos, adaptándose al terreno en apretada articulación y caprichosa conjunción de sencillos volúmenes, con amplio dominio visual sobre la llanura se encuentra el Albarracín. Ocupa el extremo norte del conjunto urbano y lo limita el camino del Venero que transcurre por la ladera de la sierra. No es preciso advertir la clara procedencia arábiga de este término, que se une a otros topónimos como prueba del rastro de lo mudéjar y morisco por este lugar, pero que a la hora de buscar el sentido de su aplicación resulta de difícil interpretación. Sea por derivación del árabe al-barrán, que hace referencia al espacio exterior, que está fuera del poblado, es decir, parte del conjunto que está extrarradio del núcleo urbano, donde vivía el que no tenía vecindad; o aplicado como lugar, donde se cría y abunda el albarraz, hierba piojera, según el Diccionario de Autoridades, llamada así por el efecto que causa y es usada a tal fin, es lo cierto que fue aplicada para denominar todo el paraje en el que se desarrolló el tejido formado por las actuales calles de Ana Ponce de León, Albarracín y su travesía, que va a unirse al callejón del Venero. En tal sentido, como lugar o paraje amplio, fue utilizado este nombre antiguamente…»

Fragmento de La villa de Feria, T. II, página 28, de José Muñoz Gil

“Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses” de Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros

Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros (Cáceres, 1899-1972) fue un gran conocedor y divulgador de la tierra de Extremadura, “región de historia, arte, tipismo y realidades, que fue largo tiempo ignorada de muchas gentes”, llegando a publicar numerosos trabajos de investigación histórica relativos a temas extremeños.

Dentro de esta gran labor de divulgación, la editorial Espasa Calpe publicó, en 1961, el libro titulado Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses, su obra más conocida y difundida. En 1981, la Caja de Ahorros de Cáceres reeditó la obra, con motivo del 75 Aniversario de la fundación de la misma. A través de sus 653 páginas y más de 600 fotografías, el Conde de Canilleros realiza un amplio recorrido por Extremadura, ofreciéndonos toda una serie de interesantes datos de carácter geográfico, histórico, artístico, monumental, arqueológico y social.

Panorámica de Feria retoque. 1

Muñoz de San Pedro fue un gran investigador y divulgador de los temas referentes a la gesta extremeña en América. Utilizó el título de un libro de García Serrano para subtitular su propia obra. Sobre este particular, escribe en los preliminares de la misma:

    «Un escritor de nuestro tiempo, Rafael García Serrano, tuvo la fortuna de encontrar un título definitivo para un libro suyo sobre una conquista americana: Cuando los dioses nacían en Extremadura. Nada más adecuado, como símbolo de la región extremeña, que ese título, pregonero de una gloria impar, de un monopolio en el nacimiento de aquellos auténticos dioses, superadores en realidades absolutas de las hazañas míticas de las olímpicas deidades helénicas.

    Extremadura, con sus terrenos primitivos, que le dan ancestral prestigio geológico y telúrico; con sus contrastes geográficos, con su tradición agrícola y ganadera, con sus remotas civilizaciones, con su historia gloriosa y sus tesoros de arte, tuvo su momento crucial y decisivo, su apoteosis universal, en la conquista de América. Aquí nacieron los dioses, todos los grandes dioses conquistadores del inmenso continente, desde Vasco Núñez de Balboa a Pedro de Valdivia, desde Hernán Cortés a Francisco Pizarro, desde Sebastián de Belalcázar a Pedro de Alvarado, desde Francisco de Orellana, el titán del Amazonas, a Hernando de Soto, el soñador del Misisipí…»

El Conde de Canilleros realiza una exhaustiva descripción de la región extremeña. En su obra, que está dividida en dos partes: la Alta Extremadura y la Baja Extremadura, hace un recorrido por todas sus localidades, comenzando por la provincia de Cáceres, que divide en trece comarcas, y continuando con la de Badajoz, dividida en catorce comarcas. Como expresa el propio autor:

    «Desde el feliz hallazgo de García Serrano, Extremadura será ya siempre la tierra en la que nacían los dioses. Y esta tierra, en una visión necesariamente compendiada, es la que vamos a recorrer, lector amigo, a través de sierras y llanuras, por ilustres ciudades históricas y campesinas aldeas labradoras, entre viejos castillos y modernos pantanos, atentos a un ayer único y glorioso, sin olvidar un futuro de infinitas posibilidades, que acaso pueda hacer el milagro de que la tierra en la que nacían los dioses sean el futuro paraíso de la patria []

   Queremos mencionar íntegramente la toponimia extremeña, todas las localidades, sin excepción. Muchos pueblos no aportarán más que su nombre o, si acaso, cualquier escueta noticia. Ésta es la Extremadura aldeana y olvidada, que también tiene derecho a figurar alguna vez en las páginas impresas, porque, además, no faltará alguien que cifre su ilusión en leer aquí cualquiera de esos nombres. La oscuridad que en ellos se encierra la compensarán crecidamente tantas ciudades y pueblos cargados de arte, de historia, de interés […]

   Nuestro propósito no es trazar rutas turísticas, sino adentrarnos en Extremadura, perdernos en sus confines e ir descubriendo lo que nos salga al paso, sea historia o leyenda, arte o tipismo, pretérito o presente… Captar las estrofas de este poema que es lo extremeño, en el que rimen la oveja merina trashumante y el recio castillo, la torre y el granero, el hidalgo y el gañan, la encina y el pantano, la sierra y la llanura, el sol y la espiga, el ayer y el mañana…» 

En fin, un trabajo magnífico, muy recomendable. Un libro que puede encontrarse disponible en el catálogo de algunas de nuestras bibliotecas públicas y también en alguna librería de segunda mano.

En este enlace puede accederse al libro, en formato digital, gracias a Biblioteca Virtual Extremeña

SINOPSIS

MUÑOZ DE SAN PEDRO, Miguel, Conde de Canilleros
  Extremadura : (la tierra en la que nacían los dioses) / Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros
  Madrid : Espasa-Calpe, 1961
  653 p. con 1 lám., 1 map. pleg.

Miguel Muñoz de San Pedro (1899-1972) prolífico autor de estudios históricos y literarios sobre Extremadura. Luchó con todos sus medios para divulgar la riqueza de su patrimonio histórico-artístico y literario.

El autor toma el título de su extenso libro, 653 páginas, Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses del escrito por Rafael García Serrano Cuando los dioses nacían en Extremadura.

Esta descripción histórico-geográfica de nuestra región, en la que menciona todas sus localidades, está dividida en dos: la Alta Extremadura y la Baja Extremadura.

Comienza por la provincia de Cáceres que la divide en trece comarcas, que no se corresponden con las regiones naturales. A continuación lo mismo hace con la provincia de Badajoz, pero esta vez la distribuye en catorce comarcas.

Finaliza esta obra con un colofón en el que el autor expresa su opinión de que con este libro ha querido realizar un recorrido por Extremadura “región de historia, arte, tipismo y realidades”. Hay que decir que lo ha conseguido con creces en un momento en que nuestra región era, en el mejor de los casos, ignorada y, en el peor, vilipendiada.

En efecto, está escrito en un momento en que escaseaban los estudios sobre Extremadura, recordemos que en aquel momento nuestra región carecía de Universidad, por la que tanto luchaba el autor de este libro. Con este manual pretendió divulgar la historia, el arte y las costumbres más características de la región. El libro se convirtió en libro de referencia tanto de intelectuales como de políticos extremeños y alcanzó una gran divulgación. Pues además de estar escrito en una bella prosa literaria también contaba las necesidades que acuciaban a su tierra natal.

La única crítica que se puede hacer a este ameno libro es que todas las ilustraciones están en blanco y negro, pero esto en vez de quitarle valor al libro lo que hace es convertirlo en un sobrio ejemplar. El blanco y negro está en la línea de la austeridad que, según la tradición, es una de las características de los extremeños.

García Rueda Muñoz de San Pedro en Extremadura tierra de libros

LA VILLA DE FERIA EN “EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACÍAN LOS DIOSES”

Dentro de la la Segunda parte de la obra, en su apartado VI, titulado La poderosa casa de Feria, encontramos información referente a la villa de Feria, ilustrada con excelentes fotografías de Luis Olivenza. De esta información destacamos:

     «Lo dice la copla, reflejando una realidad geográfica que evoca el poderío del linaje:

¡Madrecita, quién tuviera
la tierra que se divisa 
desde el castillo de Feria!

     Como a su homónimo el Médicis florentino, el gran prócer extremeño Lorenzo Suárez de Figueroa, primer conde de Feria, se le puede llamar Lorenzo el Magnífico. Tuvo por antecedente a su abuelo de igual nombre, maestre de Santiago, que asentó las bases del engrandecimiento, culminado en el nieto, de la poderosa casa de Feria, que impone sobre los ámbitos del distrito de Zafra el recuerdo de su grandeza.

     Aquí ya el suelo, en general, salvo los manchones de Barros, no es hondo y jugoso, sino duro y esquivo, para vencerle en constante lucha. Derivaciones de la orografía Mariánica, que alcanzan sus mayores alturas en sierra Vieja y en la de los Santos, dan diversos relieves al amplio secano, en el que impera la encina, alternando con los cereales, la viña y el olivar. En los llanos emerge la piedra pizarrosa; en la sierra, la caliza marmórea.

    Dos puntos centran complementariamente el recuerdo de los Suárez de Figueroa: Feria, que es el castillo, lo guerrero, y Zafra, que es el alcázar, lo señorial.

El castillo

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     El castillo de Feria, más o menos lejano, nos vigila en nuestro avance y nos atrae hacia su cumbre[…]

    Ya no queremos demorar el ir al castillo que simboliza el poderío guerrero de los Suárez de Figueroa. La villa que no fue ni puede ser otra cosa que el complemento indispensable de la fortaleza, tiene el orgullo de haber dado a condes y duques su nombre de Feria. Ellos le dieron a cambio, por armas heráldicas, las cinco hojas de higuera de los Figueroas, que timbran castillos, iglesias, conventos y palacios de tantas localidades, alternando muchas veces con el cuartelado escudo –primero y cuarto, mano alada con espada; segundo y tercero, un león–  de los Manuel, descendientes del infante de este nombre, hijo de Fernando III el Santo, apellido de la esposa del primer conde de Feria.

Los más salientes edificios de la villa son el sencillo y blasonado Ayuntamiento y la parroquia de San Bartolomé, de cuadrada torre y de una nave, cubierta con bóvedas de crucería, que puede datar de fines del siglo XV o principios del XVI. Una de las portadas de este templo, que tiene indudable empaque, se adorna de tallos, hojas, flores, centauros, leones, aves fantásticas y hornacina con imágenes, componiendo un conjunto bello y de interés.

    El castillo, en lo alto, es un hito señero de historia. En 1241 ganó a los moros este baluarte el maestre de Santiago don Pedro Gómez Mengo; pero era otro bien distinto, porque el actual fue obra del primer conde de Feria, a quien concediera Enrique IV en 1460 el condado, convertido por Felipe II, en 1567, en ducado para el quinto conde, don Gómez Suárez de Figueroa.

    Lorenzo el Magnífico, soberbio prerrenacentista, rico y poderoso, puso en sus vastos territorios la afirmación de su grandeza, hermanando los conceptos de defensa y señorío. El alcázar-fortaleza de Zafra tenía una complementaria red de baluartes, que aseguraba los dominios, formada por los castillos de Nogales, Benquerencia, Villalba de los Barros y Los Arcos, presididos por este de Feria.

   Los hoy deteriorados recintos se agarran a las rocas del cerro, con las torres redondas de su línea defensiva y la central mole cuadrada, altísima e imponente, de la del homenaje. Muros de mampostería, ventanas góticas y blasones, venciendo el dolor del abandono, se enpeñan en mantener firme una bella grandeza del siglo XV, en la cumbre desde la que se divisan tantos castillos, tierras y pueblos que fueron de la gran casa, la más importante de toda Extremadura, que tomó nombre de esta pequeña, campesina e histórica villa de Feria.»

MIGUEL MUÑOZ DE SAN PEDRO, CONDE DE CANILLEROS

20170627122448_00001Miguel Muñoz de San Pedro (Cáceres, 1899-1972). Abogado, historiador y literato, autor de numerosos libros, artículos y conferencias. Su actividad literaria, presidida por el estilo modernista, se reparte entre poesías y comedias: Lises de fuego y A través de la aurora (1923); Romance feudal (1935). Pero donde verdaderamente destaca es en la investigación histórica. Entre su ingente producción, dedicada exclusivamente a temas extremeños cabe destacar la biografía Diego García de Paredes, el Hércules y Sansón de España (1946); Don Gutierre de Sotomayor, Maestre de Alcántara (1949); El capitán Diego de Cáceres Ovando (1952); Diego García de Paredes, fundador de Trujillo de Venezuela (en colaboración con el H. Nectario, 1957).

Otras relativas a la conquista de las Indias son Vieja biografía de Don Pedro de Alvarado (1947); Relación del descubrimiento del reino del Perú, que hizo Diego de Trujillo (1949); Expedición de Hernando de Soto a Florida (1924); Tres testigos de la conquista del Perú (1954); Francisco de Lizaur; Informe sobre el lugar de nacimiento de Hernando de Soto (1962); y Doña Isabel de Moctezuma (1965); mereciendo especial atención sus estudios dedicados a los Pizarros: Las últimas disposiciones del último Pizarro de la Conquista, y Francisco Pizarro debió apellidarse Díaz o Hinojosa (1950); Doña Isabel de Vargas, esposa del padre del Conquistador del Perú (1951); Información sobre el linaje de Hernando Pizarro (1966); Informe sobre el nacimiento de Francisco Pizarro (1969); y La sombra de Doña Isabel de Mercado (1970).

Dentro de su labor de divulgación extremeña publicó Extremadura (la tierra en la que nacían los dioses) (1961); Cáceres (1969); y Badajoz (1971).

Otros trabajos suyos son: Recuerdos (sobre diversas personalidades conocidas por él y publicados en la revista Alcántara entre 1947 y 1972); Crónicas Trujillanas del siglo XVI (1952); La esposa de Donoso Cortés: los García-Carrasco y La ciudad de Cáceres: estampas de medio siglo de pequeña historia (1953); Coria y el Mantel de la Sagrada Cena (1961); Reflejos de siete siglos de vida extremeña en cien documentos notariales (1965); La Real Audiencia de Extremadura (1966); Cómo se hizo Cáceres (1966); La antihistoria extremeña (1969); y Broza, la Encomienda Mayor (1970).

Correspondiente de las Reales Academias de la Historia y de la Española de la Lengua (de ésta, el único representante en toda la región), Director del Museo Arqueológico y de Bellas Artes de Cáceres y Cronista Oficial de la ciudad, fue nombrado a su muerte Presidente de Honor perpetuo de los Congresos de Estudios Extremeños.

José Miguel Lodo de Mayoralgo  en Gran Enciclopedia de Extremadura

 

 

“El sur seguido de Bene”, de Adelaida García Morales

«El sufrimiento peor es el que no tiene un motivo determinado. Viene de todas partes y de nada 
en particular. Es como si no tuviera rostro.» 

A finales de septiembre del pasado año 2016 se publicó la novela titulada Los últimos días de Adelaida García Morales. En ella, su autora, Elvira Navarro reconstruye, valiéndose de la ficción, la última etapa de la vida de la escritora pacense Adelaida García Morales, fallecida en septiembre de 2014. García Morales nació en Badajoz en 1945. Aunque escribió algo más de una docena de libros, es conocida, sobre todo, por ser la autora de El sur, la novela que inspiró la conocida película del mismo nombre de Víctor Erice, entonces marido de Adelaida.

La curiosidad me llevó a leer el citado libro de Elvira Navarro, una novela que me ha parecido muy interesante y fácil de leer. Y me quedé con ganas de leer alguna de las novelas de la, tristemente desaparecida, escritora extremeña, por eso me animé a empezar por alguno de sus primeros relatos.

En 1885 se publicó el libro titulado El sur seguido de Bene, un volumen que incluía El sur y Bene, dos novelas cortas complementarias entre sí y de marcados tintes autobiográficos. En los dos relatos, García Morales nos ofrece, a través de la mirada de una adolescente, la visión de un mundo adulto lleno de misterio y de terribles verdades. Y en ambos escribe sobre la soledad, la pena, el amor y la muerte; temas muy del gusto de la autora nacida en Badajoz.

El sur seguido de Bene es un libro escrito con un estilo sencillo, directo y austero. Muy recomendable.

Adelaida García Morales escribió El sur entre junio y julio de 1981. Cómo se señala en el epílogo de Los últimos días de Adelaida García Morales, el relato se nutre de las vivencias dramáticas que marcaron la infancia y adolescencia de la autora: la áspera relación con su madre (la escritora llegó a afirmar que nunca se sintió querida por ella), la depresión de su padre (del que se sentía fascinada y con el que tuvo una relación obsesiva), la nostalgia con la que es evocado el sur sevillano, de donde los progenitores de la escritora fueron arrancados porque el padre encontró trabajo como ingeniero de minas en Extremadura; la familiaridad de Adelaida con el péndulo debida a la profesión de su padre. La casa de su niñez en Badajoz inspiró la casa donde el personaje de El sur Gloria Valle vive con su hijo.

En diciembre de 1982, Víctor Erice comenzó el rodaje, en escenarios naturales de La Rioja, de la adaptación de El sur que se vería interrumpido por problemas económicos. La película se estrenó incompleta, obteniendo un notable éxito del público y de la crítica. Esto hizo que el productor de la película, Elías Querejeta, se negara a terminarla por considerar que el filme quedaba bien así, con el sur solo evocado.

La Gaviota” es un caserón situado en las afueras de una ciudad del norte de España. En ella viven Agustín, médico y zahorí, su mujer, maestra represaliada por el franquismo, y su hija Estrella. La niña, desde su infancia, sospecha que su padre oculta un secreto. (FilmAffinity)

SINOPSIS

Este volumen incluye dos novelas cortas, la primera de las cuales, El Sur, dio origen al guión de la película del mismo título dirigida por Víctor Erice. Tanto esta historia como la que se cuenta en Bene se caracterizan por su magnetismo narrativo, basado en la especial habilidad de Adelaida García Morales para rodear de un aura de misterio a ciertos personajes masculinos en torno a cuya ausencia teje cada una de las narraciones. Ausencia física pero presencia de sombra, añorada en un caso, ominosa en el otro, cuyo peso se hace sentir doblemente a causa de su misma realidad fantasmagórica.

Moviéndose en un territorio que bordea las simas del incesto y del mal contempladas desde la pureza amoral de la adolescencia, estos dos relatos adentran al lector en regiones poco transitadas por nuestra literatura, y situaron a su autora en un lugar destacado.

«El Sur es uno de los relatos de amor más originales, de más poderosa sencillez, que ha dado nuestra literatura actual.» Ángel Fernández-Santos

«El Sur es un bello relato que mantiene su poder y fascinación con absoluta autonomía… Bene es una novela que roza la maestría.» Luis Mateo Díaz

ADELAIDA GARCÍA MORALES

Adelaida García Morales, nació en Badajoz en 1945, pero se crió en Sevilla, de donde eran sus padres. Se licencia en Filosofía y Letras en 1970 en Madrid y allí también estudia escritura de guiones en la Escuela Oficial de Cinematografía.

Trabajó como profesora de secundaria de lengua española y filosofía, fue modelo, actriz, formando parte del grupo de teatro Esperpento, y traductora en Argelia. Vivió durante cinco años en La Alpujarra, Granada.

Comienza a escribir El silencio de las sirenas en 1979. El Sur, su obra más famosa, la comienza en 1981, año en que gana el Premio Sésamo con Archipiélago, y el director Víctor Erice la convierte en una película en 1983. Su siguiente novela Bene, obra complementaria de El sur, se publica junto a esta en 1985. Y en ese mismo año publica El silencio de las sirenas, que obtiene los premios de novela Herralde e Ícaro. Posteriormente publicó La lógica del vampiro (1990), Las mujeres de Héctor (1994), Mi tía Águeda (1995), cuya protagonista es una mujer que rememora una infancia marcada por la muerte de su madre y los años pasados bajo la tutela de su intolerante y desabrida tía, y Nasmiya (1996). También en 1996 publicó Mujeres solas, su único volumen de poesía, al que siguieron los cuentos El accidente (1997) y La carta (1998), que formaba parte de la obra colectiva Vidas de mujer, las novelas La señorita Medina (1997) y El secreto de Elisa (1998), El legado de Amparo, cuento incluido en Mujeres al alba (1999), las novelas, publicadas en 2001, Una historia perversa y El testamento de Regina, y el cuento La mirada, incluido en Don Juan (2008)

Las creaciones de la autora se ajustan a los modelos de la literatura femenina, en el sentido de que los hombres ocupan un lugar secundario en el mundo íntimo de los personajes principales, casi siempre mujeres, que indagan en sus recuerdos con objeto de recuperar una identidad genuina, plena e independiente. En ocasiones, como ocurre en Nasmiya, se trata de un combate denodado por el reconocimiento de sus derechos: la protagonista, casada con un musulmán y convertida al islamismo, se enfrenta a su marido y al universo cultural que representa cuando aparece en el hogar una segunda esposa.

Falleció en 2014 de una insuficiencia cardíaca en Dos Hermanas, Sevilla, donde residía junto a uno de sus hijos.

«Adelaida no fue una persona común; tampoco una fantasmagoría. Logró cierta fama literaria, aunque efímera. Escribió siempre desde un dolor verdadero. Su herida primordial era muy profunda, venía de lejos. Nunca logró integrarse en la sociedad de su tiempo, y eso la honra. Vivía en precario en todos los planos de la existencia. Lo sé porque convivimos durante mucho tiempo; también porque, tras nuestro divorcio, me mantuve siempre próximo a ella.»  Victor Erice

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

     «Mañana, en cuanto amanezca, iré a visitar tu tumba, papá. Me han dicho que la hierba crece salvaje entre sus grietas y que jamás lucen flores frescas sobre ella. Nadie te visita. Mamá se marchó a su tierra y tú no tenías amigos. Decían que eras tan raro… Pero a mí nunca me extrañó. Pensaba que entonces tú eras un mago y que los magos eran siempre grandes solitarios.
[…]
     Yo entonces no sabía nada de tu pasado. Nunca hablabas de ti mismo ni de los tuyos. Para mí eras un enigma, un ser especial que había llegado de otra tierra, de una ciudad de leyenda que yo había visitado sólo una vez y que recordaba como el escenario de un sueño. Era un lugar fantástico, donde el sol parecía brillar con una luz diferente y de donde una oscura pasión te hizo salir para no regresar nunca más. No sabes qué bien comprendí ya entonces tu muerte elegida. Pues creo que heredé de ti no solo tu rostro, teñido con los colores de mamá, sino también tu enorme capacidad para la desesperación y, sobre todo, para el aislamiento. Aun ahora, cuanto mayor es la soledad que me rodea mejor me siento. Y, sin embargo, me encontré tan abandonada aquella noche. Nunca olvidaré la impenetrable oscuridad que envolvía la casa cuando tú desapareciste. Yo tenía quince años, y miraba a través de los cristales de mi ventana.»
El Sur

 

    «Anoche soñé contigo, Santiago. Venías a mi lado, paseando lentamente entre aquellos eucaliptos donde tantas veces fuimos a merendar con Bene, ¿recuerdas? También ella aparecía en mi sueño. Vestía un traje gris de listas y un delantal blanco, su uniforme. Aparecía muy triste, clavando su mirada en el suelo, entre sus pies, con sus manos juntas, como una colegiala. Tú y yo caminábamos lentamente, y ella permanecía muy quieta a lo lejos. No llevaba la cesta de la merienda y parecía ocultarse de alguien o de algo, quizás de aquellos gritos tan desagradables que tía Elisa, tan dulce y correcta para todos los demás, le dirigía por cualquier insignificancia. Tú habías vuelto para quedarte conmigo aquí, en esa vieja casa donde los dos nacimos y donde yo vivo ahora, envuelta en las sombras de los que os habéis marchado.
[…]
     Vivíamos en Extremadura, en una casa grande y aislada que distaba unos tres kilómetros de la ciudad. Yo no dejaba pasar ninguna oportunidad de salir al exterior, pues estaba cansada de apostarme en la cancela y, a través de sus barrotes, contemplar la carretera, casi siempre vacía. Allí fuera empezaba el mundo, donde yo imaginaba que podrían ocurrir las cosas más extraordinarias […] A veces pasaban largas caravanas de gitanos silenciosos y cansados. Conducían sus pesados carromatos, y yo no sabía nunca a dónde se dirigían ni de dónde venían. Siempre ha existido una gran pobreza en Extremadura, pero entonces, a principios de los años cincuenta, la miseria se hacía presente por todas partes.»
Bene

 

“San Antonio de Padua”, de Cándido de Viñayo

«El santo de todo el mundo»

En este libro, Cándido de Viñayo nos acerca a la vida y milagros de San Antonio de Padua, uno de los santos más populares y milagrosos de la iglesia, desde su nacimiento, ocurrido en Lisboa, cerca de la catedral, hasta su muerte en la ciudad italiana de Padua, lugar donde está enterrado y se veneran sus reliquias. Y lo hace en un estilo riguroso, pero ameno y sencillo a la vez, permitiéndonos descubrir las razones por las cuales es un santo tan popular y tan querido por todos. Un santo con una vida corta, pero muy intensa, que podría compararse con una ruta de luz que va ascendiendo siempre hasta llegar a la meta de la gloria.

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    «Se representa joven, vestido de hábito franciscano, con un lirio y un libro en las manos. Lo que más destaca de él es el Niño Jesús que ordinariamente sotsiene en sus brazo.»

Cándido de Viñayo nos descubre las cualidades tan especiales de las que estaba adornado el santo lisboeta, que se hizo célebre en su tiempo por su elocuencia, por su santidad, y por el don de hacer milagros. Hizo tantos que la gente por donde pasaba le llamaba El Sembrador de milagros.

    «De este modo, Fray Antonio, iba por todas partes esparciendo el perfume de su bondad, con lo que aliviaba los dolores, conformaba los ánimos y conquistaba las almas para Dios. Sus palabras, sus confesiones, sus milagros, sus hermosos ejemplos de virtud, todo, todo se convertía en suavísimas redes con que atraía y cautivaba los corazones en los que prendía el fuego del amor de Dios, en que ardía el suyo.»

San Antonio sigue ejerciendo su influencia bienhechora después de muerto y continúa derramando una lluvia de gracias sobre sus devotos. El pueblo cristiano busca siempre en él consuelo, protección, y el remedio de todas sus necesidades. A él recurren las mozas casaderas, también quienes han perdido algún objeto, y es invocado casi para cualquier necesidad.

     «Esas gracias caen sobre la tierra como lluvia del cielo que alivia el dolor y hace alegre la vida. Así, por intercesión de San Antonio, según reza su responsorio, son desterrados la muerte y el error, huyen el demonio y la miseria, los leprosos y demás enfermos quedan sanos; el mar se calma, son redimidos los cautivos, los miembros paralizados recobran sus flexibilidad y las cosas perdidas son halladas. Por doquier se nota algo así como un divina fragancia que conforta los corazones.»

 Responsorio de San Antonio

  Si buscas milagros, mira:
muerte y error desterrados,
miseria y demonios huidos,
leprosos y enfermos sanos.
  El mar sosiega su ira,
redímense encarcelados;
miembros y bienes perdidos
recobran mozos y ancianos.
  El peligro se retira,
los pobres van remediados;
cuéntenlo los socorridos,
díganlo los paduanos.
  El mar sosiega su ira,
redímense encarcelados;
miembros y bienes perdidos
recobran mozos y ancianos.
  Gloria al Padre, Gloria al Hijo,
Gloria al Espíritu Santo.
    El mar sosiega su ira,
redímense encarcelados;
miembros y bienes perdidos
recobran mozos y ancianos
    Ruega a Cristo por nosotros,
Antonio glorioso y santo,
para que dignos así
de sus promesas seamos.
           Amén

El libro, bellamente ilustrado, se complementa con una serie de apéndices en los que figuran, entre otros, el Ejercicio de la Novena de San Antonio, la bendición de las flores de San Antonio o el canto popular de los pajaritos. Muy interesante

SINOPSIS

«Todo santo es un hombre antes que un santo, y un santo puede llegar a serlo cualquier hombre». ¿Cómo era el hombre Antonio de Padua?

En tus manos, lector, tienes escrita con sencillez la vida del santo más popular de la Iglesia: San Antonio de Padua.

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Los hombres de hoy son positivistas y prefieren contabilizar más que simbolizar.

Se contabilizan las obras socio-benéficas, más que los milagros; la asistencia y el servicio a la humanidad, más que la oración; los trabajos en favor del prójimo que dicen relación a la comida, al vestido, a la casa y a la cultura, más que lo que trasciende los sentidos…

Aquí estamos frente a un hombre a quien se presenta con un lirio y un libro en la mano: es el lisboeta san Antonio de Padua.

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Decía Chesterton, el escritor inglés, que “todo santo es un hombre antes que santo: y un santo puede llegar a serlo cualquier hombre”. ¿Cómo era el hombre Antonio?… A san Antonio le conocen las gentes por las letrillas de la “Verbena de la Paloma”, por el “santo casamentero”, por la “Canción de los pajaritos”, por la imagen que cada pueblo tiene en la Iglesia en la que se representa al santo con el niño y el azucenón de trapo.

Ni como el hombre ni como santo, Antonio de Padua fue esa gentil figura estilizada y blandengue que la tradición nos ha ofrecido o que la devoción del pueblo ha cargado de leyendas y dulces atributos. Las primeras pinturas que se conservan de él y que se remontan al siglo XIII –cuyos autores debieron recoger la descripción verbal de quienes lo trataron– , nos muestran la figura de un hombre más bien bajo, fuerte y rechoncho; así lo ven Giotto, la escuela paduana del siglo XVI y el artista polaco Mateo Bertowicz. Donatello ya lo estiliza un poco más, así como Bordone, discípulo de Tiziano, en el siglo XVI… y Vanucci que ya comienza a adelgazarlo.

Rubens, Van Dick, Ribera, Murillo, Gercino y Tiépolo no idealizaron la figura del fraile portugués e, incluso, el Greco –cosa rara– no estiliza la figura de san Antonio. Goya tuvo la genialidad de hacer una balconada paralela al plano de la cúpula en san Antonio de la Florida… Allí san Antonio es de mediana estatura, no muy gordo pero tampoco el tipo dulzarrón que nos dan algunos artistas modernos. Sólo debido a la imaginación popular se explica el que los artistas comenzaran a idealizar su imagen. Mil veces representado por el arte; desde el siglo XIII hasta hoy, cada artista lo ha visto a su modo; sin embargo, todos coinciden en una nota singular; su simpatía.

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Se conserva una descripción literaria que lo describe así: “Tenía el color moreno, porque los españoles, vecinos de los moros, son todos de color moreno. Su estatura era inferior a la mediana, pero corpulento e hidrópico. Su fisonomía era delicada y tenía tal expresión de piedad, que, desde luego, sin conocerle se adivinaba en él carácter apacible y bueno”.

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Si hubiera vivido hoy san Antonio, hubiera sido un hombre de constantes viajes. Su vida le refleja inquieto, viajero y emprendedor: no duda un momento de marchar de Lisboa a Marruecos; y después Italia y Francia conocen la medida de sus sandalias: predicador ambulante, popular, profesor de teología, escritor, metido de lleno en los conflictos de su Orden, y siempre en una actividad sorprendente dados los medios de comunicación de su época. Por los datos que conocemos de su vida podemos trazar estos rasgos temperamentales: apacible y emprendedor, amable y audaz, sociable y valiente. Es decir, datos que no están muy de acuerdo con ese tipo de santo que la leyenda conoce lleno de beatíficas suavidades para solaz de mujeres piadosas.

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La obra literaria de san Antonio como escritor es fecunda: en los escritos, lo mismo que en la pupila del ojo, se refleja la persona: a través de ellos adivinamos que san Antonio tenía un carácter humorístico, de fina ironía… y no exento de dureza cuando debía proclamar la verdad frente a los enredos humanos. La bondad del santo nunca puede confundirse con la tontería: “Los fariseos de hoy sólo quieren escuchar lo que les halaga. ¿Quiénes escuchan las palabras de vida? Los pobrecillos, los ignorantes, los rústicos, las viejecillas… Estamos llenos de palabras vacías. Vacíos de obras, y por lo tanto, malditos del Señor como la higuera”…. Sus predicaciones son de un verismo que en nada se parece a esa bonancible y mórbida piedad que le atribuyen. Fustiga y levanta ampollas en el alma de los oyentes.

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Como buen latino, Antonio de Padua era un hombre de sangre ardiente, le correspondió un lote de pasiones fuertes. La castidad no le fue fácil ni venció la lujuria con un manojo de lirios. Ahora nos explicamos que ese azucenón que lleva en la mano tiene más de cilicio que de flor, más de freno que de agua de rositas. “En el freno -escribe él mismo- hay dos cosas: la correa y el hierro. El hierro se pone en la boca del caballo. Con la correa se le frena y se le lleva por todas las partes….” Lo demás es fácil de adivinar. Así era su temperamento. Su bondad, su mirada amable, sus milagros, la flor de sus manos, en nada deben reblandecer ante nosotros su santidad. Lector, encontrarás en este libro la vida del santo más popular de la Iglesia: San Antonio de Padua.

Fermín de Mieza.

SAN ANTONIO Y EXTREMADURA

Crecí oyendo rezar a mi mayores la Novena de San Antonio. Hasta hice algunas copias de la misma, entonces no se conocían apenas las fotocopiadoras, para que algunas vecinas y amigas de mi madre o de mi abuela, que se habían interesado por ella, pudiesen también honrar al Santo.

Mi abuela tenía gran devoción por San Antonio, quizás por compartir el nombre con él. Mi madre heredó de la suya esa pasión por el Santo, manteniendo viva la fe y continuando con la tradición. Le reza y le invoca continuamente, sobre todo cuando ha extraviado alguna cosa. Eso sí sin dejar de buscarla:

«San Antonio bendito,
que en Padua fuiste criado,
en Lisboa bautizado.
Por el cordón que ceñiste,
por tu cuerpo virginal, 
San Antonio bendito,
que yo vea
lo que mi corazón desea.»

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No sé si la cercanía con Portugal ha podido influir, pero lo cierto es que San Antonio de Padua es muy querido y también frecuentemente invocado en estas tierras. No hay iglesia que se precie que no tenga su imagen del Santo. Además, en Extremadura hay erigidas ermitas con la advocación de este santo en una decena de localidades. Sin embargo, si hiciéramos caso a la tradición popular de estas tierras rayanas, aunque santo, no se libraría de ciertas manías mundanas. Por nuestros pueblos, aún se puede escuchar a nuestros mayores decir aquello de:  «San Antonio bendito dijo en La Raya:

    —De Portugal, ni el polvo. ¡Fuera sandalias!»

O esto otro muy parecido:

     «San Antonio bendito dijo en la raya:

     —De esta tierra, ni el polvo. ¡Vamos a España! (Y se sacudió las sandalias.)»

Esta manía de renegar de su tierra, que el folclore extremeño le atribuye a San Antonio, no es privativa del Santo portugués. Israel J. Espino recoge en su libro titulado 50 lugares mágicos de Extremadura la siguiente leyenda sobre San Juan Macías, hijo de Ribera del Fresno, cerca de Badajoz. Se cuenta que cuando partió de su pueblo hacia tierras lejanas para predicar el evangelio se sacudió el polvo de las abarcas en un piedra y dijo: «De Ribera, ni el polvo.»

Bromas aparte, es una santo muy querido y frecuentemente invocado en nuestra tierra extremeña. Sirvan como muestra las siguientes cancioncillas:

«San Antonio bendito
dam'un marido
que no fume tabaco
ni beba vino,
ni vaya a la taberna
con suh amigoh» .
...
«¡San Antonio bendito!
Tres cosas te pido:
salvación y dinero
y un buen marido.
-Ya te lo he dado
jugador de las cartas
y enamorado». 

OTROS FRAGMENTOS DEL LIBRO

El Santo de todo el mundo

     La lluvia de gracias que San Antonio de Padua, desde su muerte, ha continuado derramando en todo tiempo sobre sus devotos, ha hecho que su devoción se haya propagado de una manera increíble por todo el pueblo cristiano y hasta entre los mismos protestantes.
     No es extraño que León XIII hiciese de él la afirmación que podemos ver en la siguiente anécdota.
     Se hallaba, en cierta ocasión, un ilustre clérigo arrodillado a los pies del Santo Padre. El sabio Pontífice, dirigiéndole una des us penetrantes miradas, le pregunta:
     –¿De dónde eres, hijo mío?
     –De Padua, Santísimo Padre.
     –¿De Padua? ¡Que felicidad! ¿Amas mucho a vuestro Santo, a vuestro San Antonio?
     ¡Ah, Santo Padre! ¿Y no le he de amar, si he nacido y crecido junto a su tumba y tengo la dicha de llevar su nombre?
     –Hijo mio, –concluyó el Pontífice– aún no lo amas lo bastante. Es necesario amarle y hacer que sea amado, porque sábelo bien, San Antonio no es sólo el Santo de Padua; es el Santo de todo el mundo.
     Tenía razón el ilustre Pontífice Leon XIII: San Antonio es el Santo de todo el mundo; el Santo honrado por toda clase de gentes, el Santo venerado en todos los pueblos de la cristiandad, el Santo invocado en todas las necesidades.
[…]
     La obra del Señor es la Creación
que bien mirada lleva al que la contempla
al conocimiento de su Creador.
     Si grande es la hermosura de la criatura,
¡cuánto mejor será la del Creador!
El artífice resplandeciente en su obra…
     “Esto no lo entienden
quienes se hallan entregados a la vida
de los sentidos,
ni consideran las obras de las manos
del Señor
taladradas con clavos en la cruz.
     “Clavado de pies y manos en la cruz
venció al demonio y al mal
y liberó al humano linaje…”
                                       San Antonio de Padua