“Mi maravillosa librería”, de Petra Hartlieb

La editorial Periférica, dentro de su interesante colección Largo recorrido, viene ofreciendo a los lectores una serie de interesantes novelas pertenecientes al genero de libros que tratan de otros libros. Novelas, como El bibliótafo, de Leon H. Vincent, o La librería ambulante y La librería encantada, de Christopher Morley, muy recomendables, y llenas de reflexiones y anécdotas en torno al mundo de la lectura y de los libros.

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En Mi maravillosa librería, esperaba tropezarme con algún librero al estilo de los entrañables Roger y Helen Mifflin, los protagonistas de las novelas, anteriormente citadas, de Leon H. Vincent. Pero me he encontrado con una novela llena de historias y personajes reales. La autora, Petra Hartlieb, nos cuenta cómo su marido y ella dejan sus trabajos, cómodos y bien remunerados, en Hamburgo para hacerse cargo de una vieja librería, que acababa de cerrar, en Viena.

   «Hemos comprado una librería. En Viena. Escribimos un email con unas cifras, ofreciendo una cantidad que no teníamos, y al cabo de unas semanas llegó la respuesta: acaba usted de comprar una librería… Hemos pujado con un dinero que no tenemos, y por una librería que está en una ciudad donde no vivimos. Y la hemos conseguido. ¿Y ahora qué? Pues ahora tenemos que apechugar con el asunto.»

Petra Hartlieb, la jefa de Hartliebs Bücher, nos describe el duro trabajo que supone, en estos tiempos de crisis, mantener una pequeña librería situada en un barrio algo periférico de Viena, siempre en lucha contra la dura competencia de los grandes centros comerciales y el gigante Amazon.

Gracias al tesón y a la enorme capacidad de trabajo de Petra y de su marido, a unos competentes trabajadores, y a la inestimable ayuda de amigos y de compañeros de trabajo que comparten esa misma locura por los libros, logran hacer de su pequeña librería de barrio un centro indispensable de la vida cultural en la capital vienesa.

    «Los pequeños libreros siempre han sabido, que con los libros no se gana dinero de verdad […] Uno no puede hacerse rico con los libros (muchas de las pequeñas empresas familiares lo saben desde hace generaciones). La diferencia entre nosotros y los grandes es banal y un poco cursi: nosotros vivimos nuestro sueño, y haciéndolo pretendemos financiar más o menos nuestra vida; ellos quieren obtener beneficios, y que éstos sean cada vez mayores […]

     Pero todo esto no nos importa nada, pues nosotros amamos los libros (por no decir que somos unos locos de los libros), aunque no vaya absolutamente nada con nuestro tiempo, marcado por la obsesión de crecer y la borrachera del beneficio. También vendemos, de acuerdo, pero no podríamos imaginarnos a nosotros vendiendo otra cosa que no fuesen libros.» 

Por el momento, Hartliebs Bücher sigue adelante. Han logrado poner en marcha otra librería más, y emplean ya a doce personas. Todo un éxito en los difíciles tiempos que corren.

El libro está escrito en un estilo divertido, ameno y sencillo. Y resulta muy interesante, entretenido y fácil de leer. Además de las peripecias referidas al montaje y mantenimiento de la librería, la historia está aderezada con jugosas anécdotas relacionadas con el trabajo diario.

Un libro que es todo un homenaje a los libreros, esos locos vendedores de historias, que tratan de hacer compatible la literatura con la economía.

    «Cada pocos años hay un libro que me hace contener un poco la respiración en las primeras viente páginas. Me obligo a leer despacio, de manera que el lenguaje pueda entrar en mí poco a poco, a pesar de que estoy deseando pulírmelo de un tirón para saber rápidamente si va a seguir en la misma línea, para saber si mantiene lo que promete. Y cuando esto sucede me convierto en misionera: quiero que las personas que son importantes para mí, y las demás también, lean inmediatamente ese libro. Inmediatamente.

    Estos son los momentos de la vida en que estoy al cien por cien segura de tener el trabajo correcto, de que no hay otro sino éste, y de que no hay nada más importante que transmitir esta historia al mayor número de personas. Me encantaría regalar estos libros; de hecho me contraría venderlos, ganar dinero con ellos». 

SINOPSIS

Petra Hartlieb tiene ahora una gran familia, un perro y una librería. Diez años atrás, estando de vacaciones en Viena, su ciudad de origen, supo de una bonita librería de barrio que cerraba sus puertas y estaba a la venta. Lo que en principio se planteó como una especie de broma (¿por qué no la compramos nosotros?), provocó en pocas semanas un cambio radical de vida, de ciudad y de oficio. Pero no fue fácil, tuvo que luchar contra un sinfín de contratiempos; no estaba preparada para convertirse en empresaria, y tampoco lo estaba para ser al mismo tiempo librera, esposa y madre. Este libro cuenta la historia de un desafío: cómo conseguir que una librería pequeña, tradicional y de barrio se convierta en el núcleo indispensable de la vida en comunidad de una ciudad europea en el siglo XXI.

Una estupenda historia sobre cómo conseguir aquello que amamos. Una historia llena de divertidas anécdotas y emociones sin fin, que logra, gracias a una escritura ágil, directa y muy empática, que todos seamos partícipes de las alegrías y los problemas de Petra. Es, además, una maravillosa descripción de la vida diaria de muchas librerías y en muchos países: un mundo en miniatura en el que, de algún modo, habitamos todos aquellos que amamos los libros.

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Petra Hartlieb nació en Múnich en 1967 y creció en Austria, donde estudió Psicología e Historia. Posteriormente trabajó como periodista y crítica literaria en Viena y Hamburgo. En 2004 recuperó con su marido una antigua (y hoy mítica) librería vienesa, que rebautizó con su propio nombre. Junto a Claus-Ulrich Bielefeld ha escrito una serie de novelas policíacas que publica la prestigiosa editorial suiza Diogenes.

FRAGMENTO DE LA NOVELA

      Hay que jugar a las adivinanzas cada vez que se quiere averiguar el tipo de libro que una clienta desea, cuando entra en la tienda y dice:

  –Recomiéndeme un buen libro.

  ¿A qué se refiere en realidad? ¿Qué es para esta señora «un buen libro»? Quizá algo situado entre Elfriede Jelinek y Cecelia Ahern, ¿pero cómo lo averiguo sin resultar ofensiva? ¿Qué le pregunto: con un cierto nivel de exigencia literaria o, más bien, entretenido? ¡Qué tontería! ¿Por qué algo que tenga un buen nivel literario no puede ser también entretenido? Pero está claro que resulta importante averiguarlo esto, pues hay libros que dejarían muy insatisfechas a ciertas personas. La cosa se vuelve aún más difícil cuando lo que quiere la gente es hacer un regalo. Hay quien entra en la librería igual que en una floristería o una tienda de vinos, diciendo que quiere regalar un libro, pero sin la menor idea de cómo debe ser éste.

   –Un regalo para una señora que cumple cincuenta años.

   –¿Qué cosas le interesan a esa señora?

  Intento explicar a una clienta que es como si llegase a una tienda de ropa de cuatro plantas y, en la entrada de la planta baja, le dijese al segurata de la puerta: «Me gustaría algo de ropa». ¿Un abrigo de piel, unos calcetines, un sujetador, un traje de caballero, un bikini? Hay mucho para escoger, y no todo es intercambiable. Con los libros pasa lo mismo, y habría que intentar conocer, aunque sea de modo aproximado, el gusto de quien va a recibir el regalo[…]

    Hay libros que me parecen magníficos pero que me resultan muy difíciles de explicar (es imposible contar de qué van). Lo intento unas pocas veces, y a la segunda frase ya me doy cuenta de que la atención del oyente se va hacia otro lado, que sus ojos se han ido al siguiente libro, y a menudo no sé bien a qué se debe. Esto se nota ya desde la primera vez en que se habla del libro con un cliente para venderlo: el libro está ahí delante, pues hay varios ejemplares apilados, lo he leído, me ha gustado mucho y he pedido a una cantidad no pequeña de ejemplares al comercial. Pero no puedo transmitirlo. Por suerte, están los maravillosos clientes fijos, que ya tienen tanta confianza que a veces basta con que les digas: «Lléveselo. Es un libro estupendo.»

 

 

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Un pensamiento en ““Mi maravillosa librería”, de Petra Hartlieb

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