“El fuego invisible”, de Javier Sierra

«La vida es sólo una visión. Nada existe como creemos. En realidad, todo es un sueño. Tu sueño.»

El fuego invisible es la última novela del escritor turolense Javier Sierra, con la que ha ganado el Premio Planeta 2017.

El protagonista de la historia es David Salas, un joven y prometedor profesor del Trinity College de Dublín que se encuentra en Madrid con Victoria Goodman, escritora de éxito y vieja amiga de la familia que dirige una escuela de literatura experimental. Salas, junto con el resto de los miembros de esta escuela, tratará de seguir el rastro del grial en la Península Ibérica.

portada_el-fuego-invisible_javier-sierra_201710200912

Javier Sierra ha introducido el mito del grial en la trama de la historia como un recurso para atrapar al lector, pero de lo que verdaderamente trata su novela es de cómo encontrar el origen de las grandes ideas, de dónde surge la inspiración.

El propio autor ha asegurado que el propósito supremo del libro es provocar al lector, empujarlo hacia la búsqueda de esa chispa creativa que todos llevamos dentro.

      –¿Te acuerdas del día que me preguntaste por el origen de mis historias?¿Por la fuente de mis ideas?

    –S-sí claro – tartamudeé otra vez.

    –Pues nacen de esa energía que está en todo y que a todos nos une. Y de la capacidad que tenemos cada uno de nosotros de conectarnos con ella durante los instantes fugaces que dura la inspiración. En ese momento surge un fuego, un ardor invisible, que te enciende por dentro.»

Además, El fuego invisible es un libro que nos habla de otros libros: El forastero misterioso, de Mark Twain; El cuento del grial, de Chrétien de Troyes o La lámpara maravillosa, de Valle Inclán; entre otros, y que nos transporta a iglesias y colecciones de arte románicas. Como el mismo Sierra nos advierte al final del libro, todas las fuentes literarias y históricas mencionadas en la novela están documentadas. También lo están las referencias al grial y sus distintas ubicaciones e hipótesis.

En fin, un libro bien escrito, bien documentado y que se deja leer. Recomendable.

SINOPSIS

David Salas, un prometedor lingüista del Trinity Collage de Dublín, se encuentra, después de aterrizar en Madrid para pasar sus vacaciones, con Victoria Goodman, una vieja amiga de sus abuelos y con su joven ayudante, una misteriosa historiadora del arte. Ese hecho trastocará sus planes y lo empujará a una sorprendente carrera por averiguar qué ha sucedido con una de los alumnos de la escuela de literatura que regenta lady Goodman. Para su sorpresa, la clave parece esconderse en el mito del grial y su vinculación con España.
Remotas iglesias románicas de los Pirineos, colecciones de arte en Barcelona, libros antiguos y extraños códigos en piedra se alinean en una trama llena de intriga que nos hará pensar sobre el origen de toda inspiración, literatura y arte verdaderos.

Leer el primer capítulo de la novela

JAVIER SIERRA

000011477_1_Sin_tituloJavier Sierra (Teruel, 1971) es un apasionado contador de historias. Su mirada se detiene siempre en los detalles ocultos, en los misterios que no hemos sido capaces de resolver, y los comparte tanto en su trabajo literario como en radio y televisión. Es autor de diez obras, seis de ellas novelas de gran éxito internacional. Sus títulos La cena secreta, La dama azul, El ángel perdido, El maestro del Prado o La pirámide inmortal se han publicado en más de cuarenta países y es uno de los pocos escritores españoles que han visto sus obras en lo más alto de las listas de libros más vendidos en Estados Unidos.

La clave de su éxito pasa por investigar a fondo los arcanos que aborda y aplicarles la dosis justa de sentido común, imaginación y “visión trascendente”. “Esa que nos convirtió en humanos en la noche de los tiempos y nos llevó a inventar el arte”, asegura.

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

    «En el fondo no eres lo que piensas que eres. Estás hecho de la misma energía invisible que el resto del universo, sólo que de algún moto tu energía es autoconsciente y se las ingenia para entrar a formar parte temporalmente de los sueños de los demás.
    –No.. No sé si te comprendo, abuelo.
    –¿Te acuerdas del día que me preguntaste por el origen de mis historias?¿Por la fuente de mis ideas?
    –S-sí claro – tartamudeé otra vez.
    –Pues nacen de esa energía que está en todo y que a todos nos une. Y de la capacidad que tenemos cada uno de nosotros de conectarnos con ella durante los instantes fugaces que dura la inspiración. En ese momento surge un fuego, un ardor invisible, que te enciende por dentro.» 

[…]

Meister_aus_Tahull_001

    «Hay algo que el hombre moderno no comprende –respondió más seria que nunca–. Estas maravillas se pintaron en iglesias tenebrosas, en edificios de muros de piedra maciza con ventanucos que apenas dejaban pasar la luz del sol. Nos cuesta imaginar cómo debían de ser en el siglo XII. Sus paredes estaban completamente cubiertas de pinturas y los fieles iban descubriéndolas a la luz de las velas, envueltos en un silencio sepulcral. Cuando la vista se les acostumbraba, los apóstoles, la Virgen y su cuenco, y hasta Nuestro Señor Jesucristo, debían de parecerles criaturas vivas, No olviden que quienes entraban ahí no sabían leer ni escribir. No habían visto nunca un manuscrito iluminado, ni una una pintura mural, ni seguramente conocían el mundo más allá del valle donde malvivían. Pero allí dentro, bajo la mirada de estas figuras sin párpados, los fieles sabían que estaban en la antesala del cielo. Se sentían abrumados por el peso de lo divino. Estoy segura de que la mayoría no llegó nunca a pensar que aquello era una representación. Lo tomaron como algo real. Y, de algún modo, lo era.»

 

Anuncios

Antonio Rodríguez-Moñino y el folclore literario de Extremadura

El insigne bibliógrafo y bibliófilo extremeño Antonio Rodríguez-Moñino sintió una temprana atracción por el folclore literario de Extremadura. Siendo todavía un muchacho de quince años, allá por 1926, empezó a recoger gran cantidad de coplas, canciones, refranes y dichos populares, referidos a los rasgos característicos de los pueblos de Extremadura y de sus habitantes. Fruto de este trabajo, en 1993, se publicó el libro titulado Dictados tópicos de Extremadura: materiales para una colección folclórica, su trabajo más importante y el más extenso hasta ese momento sobre Extremadura, en el que podemos encontrar, como expresa la mención de responsabilidad de la obra, una colección de casi quinientos documentos, «recogidos, ordenados, comentados y concordados por Antonio R. Rodríguez-Moñino».

20170925104104_00002

Hacer clic en la imagen para acceder al contenido del libro

En palabras del propio Rodríguez-Moñino, «se entienden por Dictado tópicos unos documentos folclóricos que, afectando cualquier forma literaria, se refieran a nombres de pueblos, apodos colectivos de sus habitantes, características y relaciones entre unos y otros, o simplemente sean referencias calificadas de los mismos.

Ha tenido esta rama del folclore distintas denominaciones, verbigracia, geografía popular, canciones de lugares, toponimia folclórica y dictados tópicos. Nosotros hemos preferido esta última, siguiendo la opinión del maestro don Ramón Menéndez Pidal, quien la cree más acertada que las restantes.»

diccionariogeograficoblog

Hacer clic en la imagen para acceder al contenido del libro

Pero el autor de Calzadilla de los Barros no se dio por satisfecho con este libro y, en los años 60, completaría su trabajo de recopilación de estos documentos folclóricos con un segundo proyecto, titulado Diccionario geográfico popular de Extremadura: colección de nombres de pueblos, gentilicios, refranes, cantares, romances, apodos, pasquines, relaciones, dictados tópicos, etc. de las provincias de Cáceres y Badajoz, que se publicó en diferentes números de la Revista de Estudios Extremeños entre 1960 y 1964. En la citada obra se recoge una colección de más de mil documentos. A los recopilados en su libro Dictados tópicos de Extremadura añade los aportados por los folcloristas D. José Ramón y Fernández Oxea y D. Bonifacio Gil en sus trabajos sobre Nuevos dictados tópicos, publicados en la Revista de Estudios Extremeños. Como escribe el propio Rodríguez-Moñino: «En el presente volumen se ha recopilado lo ya impreso en colecciones anteriores, acrecentándose con el resultado de nuestras búsquedas y con la comunicación de personas conocedoras de Extremadura.

Hemos incluido asimismo una gran cantidad de textos extensos (romances, relaciones, etc.) en los cuales se narran hechos relativos a pueblos de la región.»

Este interés de Rodríguez-Moñino por el folclore literario extremeño ha permitido que todos estos materiales hayan podido llegar hasta nosotros, evitándose así la posible perdida de muchos de ellos. Un magnífico trabajo al que podemos acceder fácilmente gracias a las nuevas tecnologías.

Haciendo clic en las imágenes de la portadas de los libros, situadas más arriba, o en los siguientes enlaces podemos acceder al contenido de estos dos valiosos documentos:

            TONÁ DE LA RAMBLA 

  Atención que ya comienza
la tonada de la rambla,
en Almendralejo trigo,
en Villafranca cebada,
en los Santos buenas mozas,
pero están muy lastimadas
de subir aquellas cuestas
a llevar el pan a Zafra,
en Zafra los mercaderes
donde está el oro y la plata,
en Valencia los reondos
membrillos de buena casta,
en Burguillos, campanillos
para dar campanilladas,
en Jerez los Caballeros,
señores de casta y fama,
en Fregenal, barateros
de cuchillos y navajas.
En Bodonal leñadores
de a dos reales la carga,
en Segura madereros
y aserradores de tablas,
en Fuentes el vino tinto
pero le hallo yo una falta,
que lo bautizan los zorros
como a personilla humana.
En Cabeza Vaca jarros
que con tres hacen la carga,
en Cumbres, revendedores
de los peros y castañas
en la Fuente del Maestre
la condición de la cabra,
en Jabugo buen tabaco,
en Galaroza castañas,
en Valverde del Camino
la mejor moza de España,
en Calzadilla chorizos
en la Fuente, buenas casas,
de Olivenza portugueses
y castillos en la Zarza,
en Campanario, candelas
y en Alanje buenas aguas,
pa curar los moradores
que son tontos como en Zafra.
En Don Benito arrieros
son en hechos y en palabras
y en Puebla de Sancho Pérez,
cárceles para cristianas,
que a tos los que iban allí
mataban y acuchillaban.
Mérida del acueducto
donde estuvo Santa Olalla,
pero donde hay buenos músicos
es cerca de Santa Marta,
y las mujeres bonitas
en Mirandilla, Miranda.
En Llera están los palacios
que guerreros los guardaban,
tórtolas y codornices
en el Valle de Santa Ana,
y aquí estoy en Badajoz
el mejor pueblo de España
esperando algunos cuartos
por la tona de la Rambla
que empieza en Almendralejo
y acaba en esta montaña.

LA VILLA DE FERIA EN LAS OBRAS DE RODRÍGUEZ-MOÑINO

Hemos incluido la información sobre la villa de Feria que aparece en el Diccionario geográfico popular de Extremadura, ya que esta obra recoge también la documentación que aparecía en los Dictados tópicos de Extremadura, con muy ligeras variaciones, y la incrementa con nuevos materiales:

FERIA. Provincia de Badajoz. Partido judicial de Zafra

499. La Coscorrita

  Feria está en un monte pedregoso, desde donde se domina una vastísima
extensión del magnífico terreno, al cual alude el número. Comparándolo 
con el pan, llaman a la tierra el miollo (miga),
y al pueblo la coscorrita (corteza) 
  Martínez, Refranes, coplas y dichos locales pág. 118.
  Rodríguez-Moñino, Dictados tópicos de Extremadura, 4.

500. Coritos

  Así llaman también de los vizcaínos y montañeses, ignoramos con qué 
fundamento. «¿Será quizás por el suelo montuoso?»
  Martínez, Refranes, coplas y dichos locales pág. 118.
  Rodríguez-Moñino, Dictados tópicos de Extremadura, 18.

501

  A mi suegra la llevé
a Feria de Extremaúra
y no la puede vendé
po' causa la mataúra.
  García Plata, Guijos y rebollos, pág. 92.

502

  Camino de Feria va
un hombre de mala facha,
por cierto que es el miguero
y nadie le ponga tacha
que va a Feria por dinero. 
  Miguero es el que prepara las migas y hace los recados en los cortijos y majadas. 
 Rodríguez-Moñino, Dictados tópicos de Extremadura, 202.

503

  El castillo de Feria,
como es tan alto,
desde allí se divisa
Fuente de Cantos.

504

  El castillo de Feria
se está cayendo
y entre cuatro coritos
lo están cogiendo.
  Rodríguez-Moñino, Dictados tópicos de Extremadura, 241.

505

  El castillo de Feria
se está cayendo
y una cinta encarnada
lo está teniendo.
  Rodríguez-Moñino, Dictados tópicos de Extremadura, 240.

506

  El castillo de Feria
y el de los Santos
tienen una porfía:
¿cuál es más alto?

507

  Madrecita, quién tuviera 
la tierra que se divisa
desde el castillo de Feria.
  Rodríguez-Moñino, Dictados tópicos de Extremadura, 325.

508

  ¿Quién me compra una guadaña
de un corito que se ha muerto?
Traigo cachapos y y piedras
y los demás instrumentos.
  Gil, Cancionero popular de Extremadura, pág. 79.  

MÁS MATERIALES FOLCLÓRICOS SOBRE FERIA O SUS HABITANTES.

Presentamos a continuación una representación de dichos y otra serie de documentos de diversa índole referentes a la localidad, a sus lugares, a sus habitantes, etc., que hemos recogido de diversas fuentes, especialmente de la tradición oral.

  ¡Adiós, castillo de Feria,
qué lejos te vas quedando!
La salida ha sido hoy,
la llegada, no sé cuándo.

          ***
  Al entrar en Feria, 
lo primero que se ve
es el escudo de Falange
y la calle El Pozo al revés

     ***
  Al entrar en Feria, 
lo primero que se ve,
las mujeres en la calle
y la casa por barrer.

     ***

  Alturas de Feria, ducado en pie
sobre cabeza de vasallos. 
  Donoso Cortés, Juan

     ***

Torre del homenaje del Castillo de Feria. Dibujo de Arturo Redondo

  Corito y se ahorcó,
su cuenta le traería.
    Frase con la que los pueblos comarcanos apostillan al referirse a la forma
de ser del corito de Feria, resume todo un compendio de su remoto carácter 
y pone de manifiesto su condición serrana con que siempre estuvo marcado.
  Muñoz Gil, La villa de Feria, Tomo I, pág. 378

     ***

  El salón de la Capota
es el salón de la muerte;
el que baja las tres gradas,
no sale hasta el día siguiente.

     ***

          EMPORIVM vulgo Feria
  Aggredere o magnos aderit iam tempus honores
Emporium caput, et magnum Ducis incrementum
Tu decus omne tuis et castro et turre superba
Nascuntur steriles in uestris montibus orni
Virginibus mos esse tuis fertur dare cornu
Nupturis, puteis dum lympham cornibus hauris.

                   FERIA
  Avanza ya –se acerca tu tiempo– a los más altos honores, 
Feria señera, que acreces el renombre del Duque. 
Tú eres prez de los tuyos, por tu fortín y tu torre gallarda. 
En tus montes se crían los estériles fresnos. 
Cuéntase que es costumbre regalar a tus núbiles mozas 
Una cuerna, pues con cuernas sacas de los pozos el agua. 
  Cock, Breve Descripción de Zafra, muy noble Plaza Fuerte
de la Beturia Turdetana y del Ducado de Feria. 

           ***
  La luz de este pueblo es una guarrería,
se apaga de noche y se enciende de día.
Por eso la gente, no quiere pagar,
las cinco pesetas menos un real. 
  Martínez de Azcona, El pueblo que viví: Feria:
en los años centrales del siglo XX, pág. 18
     ***

  La mujer de Feria
y el hombre de cualquier sitio.

     ***

  La señora el bacalao 
tiene moño de coguta.
¡Miste qué coño moño,
que a todo el mundo le gusta!

     ***

   —Señá Citana,
cuélguese el candil del ombligo,
a ver adónde le llega el pabilo

    ***

  —Señá Fulana,
de parte del Gobernador:
Que ponga usted a su hija
en el topetón

       ***

  Si Sierra Vieja trae capa, 
no dejes la tuya en casa.

    ***

  Virgen de la Consolación, la que estás en la ladera,
mándanos, por Dios, el agua pa regar la sementera. 

          ***
  Ya vienen los Reyes
por la Rayaera
y le traen el vino
a la tía Ligera.

         ***

ANTONIO RODRÍGUEZ-MOÑINO

D. AntonioNacido en Calzadilla de los Barros (Badajoz), Rodríguez- Moñino fue considerado por el gran hispanista francés Marcel Bataillon como el “Príncipe de los bibliófilos”. Desde la década de los treinta del siglo pasado, cuando obtuvo una cátedra de Lengua y Literatura de Instituto en una severa oposición, este sabio extremeño participó intensamente en la vida intelectual española. Antes de licenciarse en Filosofía y Letras y Derecho ya había comenzado su carrera docente junto a Gerardo Diego. Rodríguez- Moñino destacó por su erudita producción filológica e histórica desde muy joven y su labor educativa no le impidió que su prolífica actividad académica decayera. No es extraño, por tanto, que se convirtiese en técnico de la Junta de Protección de Tesoro Artístico del gobierno republicano durante la guerra, lo que le permitió encargarse de la salvaguarda de una parte importante del patrimonio bibliográfico español.

Esta ocupación le transformó en un indeseable colaboracionista a ojos del régimen franquista, que le desalojó de su cátedra. Como no podía ser de otra forma, el estigma que le persiguió durante el resto de su vida. Con todo, su patriotismo le impidió exiliarse a Estados Unidos para salvar su situación en aquellos años de posguerra, donde fue reconocido como miembro de número de la Hispanic Society of America. Su amistad con algunos libreros le facilitó la provisión de importantes tesoros bibliográficos que fueron conformando una cuantiosa biblioteca personal en un contexto sombrío. La posguerra fue para Rodríguez- Moñino una época de exilio interior dominado por el miedo y la incertidumbre. Su incesante producción editorial, como lo demuestran los doce tomos de Las fuentes del Romancero General o la edición del Cancionero General de Hernando del Castillo, se transformó en su particular válvula de escape ante su situación personal. A todo ello debemos sumar sus esfuerzos en la editorial Castalia, que se perfilaba como el acabado ejemplo de rigor intelectual.

Su participación en tertulias, como la popular del café Lyon, y el apoyo de personalidades de la talla de Gregorio Marañón, Dámaso Alonso, Camilo J. Cela o José M. de Cossío aliviaron sus circunstancias. Pero no pudieron evitar que en 1960 el gobierno impidiera su entrada como miembro de número en la Real Academia Española. Poco después, en 1966, y cuando ya era un profesor en la universidad norteamericana de Berkeley, se resolvió su expediente de depuración, iniciado al final de la contienda, que le inhabilitaba para cualquier cargo directivo, condenándole a un traslado forzoso fuera de la provincia de Madrid. Sin embargo, sus valedores en la Real Academia consiguieron su ingreso en 1968. Por fin podía ser reconocido en su propio país, como lo habían hecho en Estados Unidos con un libro-homenaje editado como respuesta de la depuración franquista.

Para entonces una extensa obra le certificaba como uno de los grandes maestros de la bibliografía hispana, una disciplina que se había ido transformando durante décadas con sus aportaciones y su exhaustividad. Por desgracia, no pudo disfrutar de su nueva condición durante demasiado tiempo. Falleció en Madrid dos años después de su nombramiento, mientras terminaba de elaborar el Diccionario de pliegos sueltos poéticos (siglo XVI), que se convertía en el colofón póstumo de una vida consagrada a los libros.

Su pasión amorosa por los libros, su honradez intelectual y su perseverancia biográfica continúan siendo valores necesarios para nuestra época. El rescate y reconocimiento de la personalidad incansable de un liberal conservador como Rodríguez- Moñino es necesaria. Su biblioteca es un espacio único que, por disposición testamentaria de su viuda María Brey Mariño, en quien siempre encontró una estrecha colaboradora, se incorporaron al fondo de la Real Academia Española en octubre de 1995. Son cerca de 17.000 volúmenes de su biblioteca personal junto a la valiosa correspondencia que mantuvo con escritores e hispanistas. Dentro de este rico legado se encuentran alrededor de 200 manuscritos, entre los que destacan ejemplares del Siglo de Oro, 450 impresos de los siglos XVI y XVII, que en algunos casos son únicos, una serie de pliegos sueltos, láminas de cobre, dibujos y estampas de autores entre los que se encuentran ejemplares de Goya o Durero. Este legado es el principal testimonio de una constante tenacidad para sobreponerse a las adversidades y de la invencible pasión bibliófila de este extremeño. Una precoz pasión que había nacido en la biblioteca de la universidad agustina de San Lorenzo del Escorial donde realizó sus estudios.

Joseba Louzao en Nueva Revista de política, cultura y arte

“Cicatriz”, de Sara Mera

«Sólo si escribes podrás justificar tu existencia en el futuro.»

Cicatriz es la cuarta novela de la escritora madrileña afincada en Sevilla Sara Mesa. En ella nos cuenta la particular relación que se establece entre dos jóvenes personajes, Sonia y Knut, que se conocen a través de un foro de internet. A pesar de la gran distancia que los separa, entre ambos protagonistas, muy distintos pero complementarios, se establece una relación inquietante y obsesiva que marcará profundamente sus vidas.

¿Qué roles crees que jugamos cada uno en esta relación? Pienso que, unas veces, el de madre e hijo; otras, el de padre e hija. Ser como hermanos estaría bien si no tuviéramos que preocuparnos por ciertas cortapisas incestuosas. Lo que sí tengo claro es que nuestra relación nunca podrá ser «normal», tanto para lo bueno como para lo malo.

La novela ha obtenido un importante éxito de lectores y de crítica. En diciembre de 2015 fue reconocida con el el Premio Ojo Crítico de Narrativa. El jurado destacó la obra, «por ser un libro sensible, oportuno y narrativamente inteligente. Capaz de dar la vuelta al concepto estereotipado de la seducción presentándolo en sus facetas más agrias: la posesión, la vanidad, la necesidad de sentirse fetichizado por el otro o la putrefacción de los amores platónicos. Sara Mesa pone el dedo en la llaga de la cultura como herramienta de desclasamiento y en la avaricia del amor».

Cicatriz es una novela con una gran carga psicológica; muy bien escrita; aparentemente sencilla, pero con los elementos necesarios para mantener atrapado al lector desde la primera página. Una buena novela. Muy recomendable.

LEER PRIMER CAPÍTULO DE LA NOVELA

SINOPSIS

Sonia conoce a Knut en un foro literario de internet y, a pesar de los setecientos kilómetros que los separan, establece con él una particular relación marcada por la obsesión y la extrañeza. Entre la atracción y la repulsión, no puede evitar sentirse fascinada por este personaje insólito y perfeccionista, que vive fuera de toda norma social y que la corteja a través de suntuosos regalos robados. «Le gustaba ir siempre bien vestido, incluso para ir a robar una simple lata de conservas. Tan joven y hablando de escritores del XIX. Filosofando. Cuestionándolo todo. Teorizando sobre el individuo y el grupo, y la hipocresía social, y los chivos expiatorios, y Dios y el destino, la virginidad y el sexo. Solía decir que no hay placer comparable a pensar. Y no, no era petulante ni vanidoso. Era simplemente… exhaustivo.» Su necesidad de poner distancia cuando Knut se vuelve demasiado absorbente, pero también su irrefrenable curiosidad y el ansia de vivir experiencias más allá de una existencia excesivamente reglada, llevarán a Sonia a una doble vida secreta en la que quedará atrapada durante años sin posibilidad de exculparse.

En esta inusitada historia, Sara Mesa recupera temas que ya aparecieron en sus primeras obras narrativas, dándoles forma a través de un estilo conciso y eléctrico en un mundo –frío, escasamente comunicativo– cuyas reglas establecen únicamente los propios personajes que lo habitan. Cicatriz no es sólo una inquietante historia de amor descompensado protagonizada por dos seres muy distintos pero a la vez complementarios, es también una reflexión sobre la sociedad de consumo y los robos a gran escala en grandes almacenes, la sumisión y el poder, la anulación del deseo y la carnalidad, el refugio de la infancia, la fantasía como alternativa, la culpa y la expiación, la escritura y la vocación literaria. La autora de la celebrada Cuatro por cuatro (que fue finalista del Premio Herralde de Novela), en vías de publicación al francés, se confirma con Cicatriz como una de las voces más singulares e imprescindibles de su generación.

«En una atmósfera que evoca los laberintos carcelarios de Piranessi y la asfixia del subsuelo dostoievskiano, Sara Mesa nos asoma a un mundo donde anidan la impostura, el acoso que nace del desdén y el desprecio, la provocación implacable, la turbiedad que acabará concretándose en dinero -transacciones-, la sumisión ante el poder, la culpa y su obligada expiación… un mundo que el lector reconoce de inmediato, porque es el nuestro, el de la sociedad de consumo… y del espectáculo» (Ana Rodríguez Fischer, Babelia, El País).

«Lo más curioso de este relato es el espléndido tono alcanzado por la narradora, una mezcla entre un discurso epistolar y narrativo que soporta el personaje femenino… Sara Mesa explora algunas de sus mejores cualidades esbozadas en obras anteriores, y acentúa esa visión de una sociedad que participa del consumo y del espectáculo y, en igual proporción, el desprecio, la provocación diaria, y sobre todo, la impostura en su sentido más amplio» (Pedro M. Domene, Heraldo de Aragon).

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

   «Sonia apura la cerveza y vacila antes de abrirse otra. Verdú se va a dar cuenta, piensa, pero la saca de la nevera y se promete a sí misma que conseguirá reponerlas antes de que vuelva. Oye el sonido de la televisión al fondo, las risas de su hijo frente a la pantalla, y continúa pensando embotada, confusa. El placer de sentirse obsequiada, agasajada, de ser objeto de la devoción de Knut, todo eso la está cegando, se dice. Él se está construyendo una imagen de ella y ella le está dejando hacer. Al final terminará dañándole. Pero cómo evitarlo. Ella no le ha pedido nunca nada, musita. Lo dice en voz alta, para sí, como si se defendiera en un juicio en el que los dos estuvieran en el banquillo de los acusados: No nunca le pedí nada.
    Mete los dos botellines en una bolsa de basura, coge la llave y el monedero.» 
[…]
   «Sonia lo lee y siente un nudo de inquietud en el estómago. Hasta entonces todo se había jugado en el plano de la irrealidad. Ahora, se da cuenta, Knut está buscando la manera de hacer real esa irrealidad. Sonia es consciente de su culpa. Si ni siquiera le gustaron sus besos, ¿cómo se ha metido en esta historia? Fue ella misma quien, irresponsablemente, con ese no-sé-por-qué que él tanto le censura, lo ha alentado a llegar hasta ese punto: ella la que finge entusiasmo, la que le ha mandado fotos con la lencería y los zapatos, quien propuso la cita y quien, finalmente, fijó la fecha, aun sabiendo que todo era una farsa. Se siente bloqueada, furiosa consigo misma y, también, ligeramente asqueada.»

 

SARA MESA

   Cuentos-Microrrelatos-Rafael_Chirbes-Michel_Houellebecq-Literatura-Critica_literaria-Autobiografias-El_Estilo_98251173_561600_1706x1280Sara Mesa (Madrid, 1976) desde niña reside en Sevilla. Es una galardonada autora de poesía, relatos y novelas.Tras la aparición de El trepanador de cerebros, su primera novela, Mesa logró un gran éxito con Cuatro por cuatro, obra que llegó a ser finalista del Premio Herralde de Novela y que supuso su debut en la editorial Anagrama, donde desde entonces ha publicado títulos tan interesantes como Planeta equivocado, Cicatriz, Mala letra o Un incendio invisible. A día de hoy es considerada como una de las voces más interesantes de su generación.

“Cuando los dioses nacían en Extremadura” de Rafael García Serrano

«Quien me quiera seguir, me siga; quien no, me deje. Las mujeres
 de Castilla han parido y paren soldados»

Cuando los dioses nacían en Extremadura, del escritor navarro Rafael García Serrano, es una novela histórica que trata el tema de la conquista de México a manos de un reducido grupo de españoles, capitaneados por el extremeño Hernán Cortés, y ayudados por algunos pueblos indígenas.

Hernán Cortés, como otros muchos jóvenes extremeños de su tiempo, se dejó arrastrar por la fiebre descubridora y conquistadora, y trató de buscar fama y fortuna en las nuevas tierras recién descubiertas.

«Daba y tomaba enojos y ruido en casa de sus padres, ca era bullicioso, altivo, travieso, amigo de armas.» Gomara

   «Hernán miraba sus viejos libros: latín, leyes, lecturas caballerescas. Su vida estaba allí entre las páginas sobadas […] Y claro, sobre todas, la incomparable historia de Amadís. Esto en las nubes, esto en lo que toca a su estancia en las nubes.

   Luego las historias paternas, las algarabías civiles, las luchas fronterizas y la trepa por una fabulosa genealogía de cristianos viejos: algo de imaginación en la rama paterna, pero con dureza ejemplar. Los Pizarro y Altamirano de la madre le contaban en las venas todas las historias de Extremadura. No obstante, en el fondo de su alma, Cortés sabía que él estaba destinado a ser un fundador. Lo dudó en un tiempo, y ahora, de nuevo en casa, se sentía seguro y firme.

   Además estaba la tierra; la tierra, la dura tierra extremeña, larga y ondulada, de olivos y castaños, encinares y viñedos, tierra serrana y fronteriza: esta geografía habitual exaltaba el ánimo para las grandes y desconocidas empresas. La aventura llamaba a los hombres, y era raro el joven español que no se decidiese a probar un manjar tan picante como el de las guerras italianas o como el de las desconocidas campañas en las desconocidas Indias. La tierra le posaba los pies en el suelo, le atraía hacia sí con un amor inmenso, humano, tremendamente real. Nada de pájaros en la cabeza: cálculo, horizonte, redaños. La frontera le traía el viento del hierro y del pan, del oro y del moro. Traía el recuerdo de las duras y las madura; traía el noble sudor del trabajo guerrero. (También entonces, quien tenía el hierro tenía el pan.) Esta tentación fronteriza que se notaba en toda España, que aún se nota particularmente en Extremadura, la posibilidad de ganar fama y dineros en un golpe de audacia jugado a la buena de Dios, llevaba a los jóvenes españoles a alistarse en los Tercios nacientes o en las flotas que marchaban a los nuevos e incógnitos dominios ultramarino.»

Para componer esta crónica novelada, García Serrano siguió, como el mismo señala en el prólogo de la obra, la Crónica de Bernal Díaz del Castillo y las Relaciones de Hernán Cortés. El resultado es una gran novela, calificada por el historiador Salvador de Madariaga como la mejor sobre la conquista de México.

«El argumento se lo inventó Cortés y el libro lo escribió Bernal. De modo y manera que hay bien poco margen para quienes nos aventuramos por el camino maravilloso de la Conquista de Méjico. Tentado por cuanto de humanidad y de puro prodigio –esto es, de puro español– hay en Cortés y en sus hombres, intenté una especie de modesta biografía de la Conquista, un reportaje sencillo y admirativo[…]

Quien quiera, que pase a la historia de aquel tiempo virgen y fabuloso en que los hombres buscaban la fuente encantada de la eterna juventud, de aquel tiempo en que las cataratas del Niágara, pura belleza, no producían equis millones de kilovatios al día. El tiempo español: cuando los dioses nacían en Extremadura.»

(Del prólogo del autor).

Como nota curiosa, señalar que el escritor cacereño Muñoz de San Pedro, gran conocedor y divulgador de la tierra extremeña, utilizó el título de esta novela de García Serrano para subtitular su obra más conocida: Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses. Sobre este cuestión, escribe en los preliminares de su libro:

«Un escritor de nuestro tiempo, Rafael García Serrano, tuvo la fortuna de encontrar un título definitivo para un libro suyo sobre una conquista americana: Cuando los dioses nacían en Extremadura. Nada más adecuado, como símbolo de la región extremeña, que ese título, pregonero de una gloria impar, de un monopolio en el nacimiento de aquellos auténticos dioses, superadores en realidades absolutas de las hazañas míticas de las olímpicas deidades helénicas.

Extremadura, con sus terrenos primitivos, que le dan ancestral prestigio geológico y telúrico; con sus contrastes geográficos, con su tradición agrícola y ganadera, con sus remotas civilizaciones, con su historia gloriosa y sus tesoros de arte, tuvo su momento crucial y decisivo, su apoteosis universal, en la conquista de América. Aquí nacieron los dioses, todos los grandes dioses conquistadores del inmenso continente, desde Vasco Núñez de Balboa a Pedro de Valdivia, desde Hernán Cortés a Francisco Pizarro, desde Sebastián de Belalcázar a Pedro de Alvarado, desde Francisco de Orellana, el titán del Amazonas, a Hernando de Soto, el soñador del Misisipí…»

SINOPSIS

«Hubo un tiempo en que los dioses nacían en Extremadura. Los mismos dioses que, miles de años antes, guiaron a los dioses de la Iliada y de la Eneida, a las falanges de Macedonia y a las legiones de los césares. Alumbraron de entre las entrañas del linaje de los hidalgos –que leían a los clásicos, se comportaron como caballeros y combatían como leones– una casta de capitanes que dominaron el mundo de Levante a Poniente, dejando escrita sobre todos los mapas la más hermosa geometría militar desde Ceriñola hasta Rocroi, y la más bella historia de amor, de guerra y de conquista.

Cuando los dioses nacían en Extremadura, España rompió la barrera del sonido de la realidad. Fue entonces, cuando no éramos deshechos a la deriva de la Historia, sino que moldeábamos su cauce con orgullo, cuando España llegó más allá del Atlántico, el camino que condujo a Dario el Grande hasta Maratón, a Leónidas hasta el paso de las Termópilas, a Jerjes hasta Salamina, a Filipo hasta el Helesponto, a Alejandro Magno hasta Babiloniay a Escipiano hasta Itálica. Iberia, Hispania, España, puro metal de la fundición grecorromana, escribió la historia más grande jamás contada desde Troya, donde comienza la memoria de Occidente, hasta nuestros días sin un Homero que las cantara.

De entre todos los dioses nacidos en Extremadura, Medellín alumbró a Hernán Cortés, el hidalgo que fue César en en Méjico por la fuerza de su voluntad, la luz de su inteligencia, el arrojo de su corazón y la bravura de sus armas […] Hernán Cortés, tras apurar hasta las heces el amargo cáliz de la Noche Triste, sin tiempo para lamerse la heridas, sin aliento para contar los muertos ni para enumerar a los que iban a morir, forma el cuadro, abre las alas de su caballería para guarnecer los famélicos flancos, desenvaina el acero y derrota en Otumba a un enemigo infinitamente superior en número que cae vencido ante un ejército de sombras harapientas que sólo llevan un puñal entre los dientes.

En Otumba está toda la grandeza del César Cortés, el paradigma de aquellos dioses que nacían en Extremadura. Esta es su historia, contada por la pluma y por la prosa de Rafael García Serrano, Homero navarro y alférez de la fiel infantería española, a mayor gloria del César, de Española y de Méjico.»

De la introducción de Eduardo García Serrano

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

   «Sabréis que somos una cosa así como dioses. Teules nos llaman los indios, y eso quiere decir: dioses. Nosotros nos damos aire, unos más que otros, pero a nadie amarga un dulce lo divino. Cortés, ¿qué no hará este hombre?, lo ha sabido aprovechar: Sabéis señores, que me parece que en todas estas tierras ya tenemos fama de esforzados, y por lo que han visto estas gentes por los recaudadores de Moctezuma nos tienen por dioses o por cosas como sus ídolos.» […]

   «Iba Cortés al frente de los suyos y les rodeaban, ya en en pleno campo, las vanguardias sutiles del adversario y les hostigaban con tenacidad de moscas de ganado, les picaban en los flancos y el ejército no tenía fuerza ni para menear la cola y sacudirse aquella pegajosa molestia. No pasaba el tiempo. A veces era de día, a veces, de noche; a veces se estaba en descanso, casi siempre en marcha, pero nunca se podía saber qué día era, cuántas jornadas habían pasado desde San Juan; nunca se podía saber si aquellas lágrimas de Cortés eran por la muerte de sus camaradas o por la alegría de ver que doña Marina estaba a su lado o por la alegría de ver que los tlaxcaltecas del ejército le veneraban aún como si fuese Quetzalcolatl victorioso. Pesaba la tierra en las espaldas, pesaba la angustia de no verse nunca lejos de aquellos tábanos indígenas, les caía a plomo la sensación de acabamiento, la certidumbre de que sus nervios se estaban agotando y de que cuando fuesen muertos en pie, muertos que marchaban disciplinadamente, justamente entonces los mejicanos se echarían sobre ellos y acabarían de una vez para siempre con Hernán y sus aventuras, con Hernán y los suyos, son los tlaxcaltecas y con los caballos, con las mujeres, con las cruces, con todo. Pero Cortés se mantenía firme, tieso como un poste, herido en la cabeza y en la mano. Herido en el corazón, sobre todo en el corazón del bachiller por Salamanca, en el corazón del joven Amadís, del caballero invencible, herido en el corazón de Quetzalcoatl Cortés, natural de Medellín[…]  Cortés miró hacia el enemigo. Doña Marina temblaba. Pensaba Hernán en la gloria, en el infinito descanso de pelear en campo abierto, sin la noche traidora, sin el oro en la mochila. Pensaba en la gloria de morir matando a un enemigo valiente, a un enemigo capaz de derrotar a sus españoles. Pensó en morir victorioso y pensó en que era mejor vencer y vivir, vivir victorioso. Pensó en que la fe hace milagros, en que Dios era español, en que había que ganar la pelea y volver a Méjico y pensó en que tenía a Méjico en la mano; y la cerró con una furia amorosa, con un júbilo frenético; cerró la mano en que pensaba que estaba Méjico, con si fuera a coger la mano de doña Marina.».

RAFAEL GARCÍA SERRANO

rafael-garcia-serrano-103Rafael García Serrano (Pamplona, 1917–Madrid 1988). Novelista. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid y fue director de diferentes publicaciones, entre ellas Arriba, y colaborador del periódico El Alcázar, diario en el que publicó miles de artículos marcados por su vehemente falangismo. Como periodista, su labor fue reconocida por el régimen franquista con el Premio Nacional de Periodismo Francisco Franco en 1950, y su participación en la Guerra Civil con la Cruz del Mérito Militar en 1964. El tema central de toda su literatura, de prosa dura y ágil, es dicha guerra, como se ve en las tres novelas agrupadas bajo el título general de La guerra (1964): Eugenio o proclamación de la primavera (1938), Plaza del Castillo (1951) y La fiel infantería (1943), Premio Nacional de Literatura, a la que se suman otras como Cuando los dioses nacían en Extremadura (1949), centrada en la conquista de México por los españoles, Los ojos perdidos (1958), llevada al cine y por cuyo guión García Serrano recibió un premio especial del Sindicato Nacional de Espectáculos, La paz dura quince días (1960), La ventana daba al río (1963), El obispo de Gambo (1977), esta última dentro de lo que se conoce como ‘política-ficción’, La paz ha terminado (1980), Frente norte (1982) y V centenario (1986). El resto de su obra se compone de volúmenes de relatos, Los toros de Iberia. 6 historias de toros, 6 (1945), El domingo por la tarde (1962) o El pino volador y otras historias militares (1964); libros de viajes como Notas de un viaje de Roma a Buenos Aires (1949) y Bailando hasta la Cruz del Sur (1953); una curiosa antología de canciones y frases de los soldados de la zona nacional durante la guerra: Diccionario para un macuto (1964), y las memorias La gran esperanza (1983). Asimismo, fue autor de guiones cinamatográficos, además del ya mencionado, entre ellos el de Los novios de la muerte (1975).

“Momentos estelares de la humanidad : catorce miniaturas históricas”, de Stefan Zweig

Momentos estelares de la humanidad (Sternstunden der Menschheit) es un libro de pasajes históricos novelados escrito por el autor austríaco Stefan Zweig en 1927. Como el propio subtítulo expresa, Zweig nos presenta en su obra catorce momentos que consideró de una especial relevancia histórica. Acontecimientos como la muerte de Cicerón, la caída de Bizancio, el descubrimiento del Océano Pacífico, la derrota de Napoleón en Waterloo, o la expedición hacia el Polo Sur.

Haciendo gala de un cuidado estilo literario y de un extraordinario conocimiento de la historia, el autor de Veinticuatro horas en la vida de una mujer nos aproxima a esos momentos estelares de la humanidad, que marcaron un «rumbo durante décadas y siglos».

Un libro magnífico. Absolutamente recomendable

«Así como en la punta de un pararrayos se concentra la electricidad de toda la atmósfera, en esos instantes y en el más corto espacio, se acumula una enorme abundancia de acontecimientos. Lo que por lo general transcurre apaciblemente de modo sucesivo o sincrónico, se comprime en ese único instante que todo lo determina y todo lo decide []

Tales momento dramáticamente concentrados, tales momentos preñados de fatalidad, en los que una decisión destinada a persistir a lo largo de los tiempos se comprime en una única fecha, un una única hora y a menudo en un solo minuto, son raros tanto en la vida de un individuo como en el curso de la Historia. Aquí he tratado de evocar, a partir de las más variadas épocas y regiones, algunos de esos momentos estelares –los he denominado así, porque, resplandecientes e inalterables como estrellas, brillan sobre la noche de lo efímero–. En ningún caso se ha procurado decolorar o intensificar la verdad de los acontecimientos externos o internos recurriendo a la propia invención, pues en esos instantes sublimes que la Historia configura a la perfección, no es necesario que ninguna mano acuda en su ayuda. Allí donde ella impera como poetisa, como dramaturga, ningún escritor tiene derecho a intentar superarla.»

Del prólogo de Stefan Zweig

SINOPSIS

Éste es probablemente el libro más famoso de Stefan Zweig. En él lleva a su cima el arte de la miniatura histórica y literaria. Muy variados son los acontecimientos que reúne bajo el título de Momentos estelares: el ocaso del imperio de Oriente, en el que la caída de Constantinopla a manos de los turcos en 1453 adquiere su signo más visible; el nacimiento de El Mesías de Händel en 1741; la derrota de Napoleón en 1815; el indulto de Dostoievski momentos antes de su ejecución en 1849; el viaje de Lenin hacia Rusia en 1917… «Cada uno de estos momentos estelares—escribe Stefan Zweig con acierto—marca un rumbo durante décadas y siglos», de manera que podemos ver en ellos unos puntos clave de inflexión de la historia, que leemos en estas catorce miniaturas históricas con la fascinación que siempre nos produce Zweig.

STEFAN ZWEIG

Escritor austríaco, Stefan Zweig fue muy conocido en las primeras décadas del siglo XX gracias a sus relatos, novelas, ensayos y semblanzas biográficas.

De origen judío, Zweig nació en una familia acomodada y estudió Filosofía en la Universidad de Viena, interesándose desde entonces en la literatura, tanto desde un punto de vista crítico como creativo. En 1901 publicó su primer poemario y desde entonces mantuvo una intensa actividad en diversos campos y géneros, pasando del ensayo a la novela o el teatro con facilidad.

Zweig destacó también por sus firmes posiciones éticas en contra de la guerra, que le llevaron al exilio en Suiza durante la I Guerra Mundial, donde se estableció como corresponsal. Durante varios años, Zweig se dedicó a escribir y a viajar, pasando por Alemania y la Unión Soviética, trabando amistad con numerosos intelectuales de la época.
Tras el auge del nacional socialismo en Austria y Alemania, Zweig decidió establecerse en Londres, ya que su origen judío y sus posiciones pacifistas le situaron en una incómoda posición, siendo su obra prohibida por el régimen nazi. Zweig vivió también en París y viajó por América Latina dando una serie de conferencias.

En 1942, convencido de que la Alemania nazi iba a ganar la guerra y someter al mundo a sus ideales, Zweig se suicidó junto a su segunda esposa. Poco después, en 1944, aparecería su autobiografía, El mundo de ayer.

La obra de Zweig, pese a su éxito en la época, cayó progresivamente en el olvido durante la mayor parte del siglo XX, hasta su recuperación décadas después, siendo obra de estudio por críticos y académicos. De hecho, sus relatos han formado parte de obras tan actuales como la película El gran hotel Budapest, dirigida en 2014 por Wes Anderson.
De entre sus libros, habría que destacar títulos tan importantes como Novela de ajedrez, Amok, El amor de Erika Wald, María Antonieta -biografía que fue llevada al cine-, o su autobiografía, El mundo de ayer.

FRAGMENTO DEL LIBRO

   «El gesto grandioso de Balboa consiste en lo siguiente. Por la noche, justo después del baño de sangre, un indígena le ha indicado una cercana cumbre desde cuya altura se puede contemplar ya el mar, el desconocido Mar del Sur. En seguida Balboa toma sus medidas. Deja a los heridos y extenuados en la población saqueada y ordena que aquellos que aún son capaces de avanzar —sesenta y siete en total, de los ciento noventa con los que partió de Darién— asciendan esa montaña. Hacia las diez de la mañana están cerca de la cima. Sólo queda escalar una pequeña y pelada cumbre. Después, la vista se extenderá en la inmensidad.
   En ese momento, Balboa ordena a sus hombres que se detengan. Nadie debe seguirle, pues esa primera vista del océano desconocido no quiere compartirla con ninguno. Quiere ser el único por toda la eternidad, el primer español, el primer europeo, el primer cristiano que, después de haber atravesado ese otro océano enorme de nuestro universo, el Atlántico, haya divisado por fin éste, aún desconocido, el Pacífico. Despacio, con el corazón palpitante, profundamente imbuido del significado del momento, con la bandera en la mano izquierda y la espada en la derecha, una silueta solitaria asciende en medio del orbe inmenso. Asciende lentamente, sin prisa, pues la verdadera empresa ya ha sido realizada. Sólo un par de pasos más, cada vez menos. Y en efecto, cuando llega a la cumbre, ante él se abre una enorme vista. Tras las montañas en declive, tras las verdes colinas cubiertas de bosque, yace inacabable un gigantesco disco de metal reluciente: el mar, el mar, el nuevo, el desconocido, hasta ahora únicamente soñado y jamás visto, el legendario, el mar buscado en vano desde hace años y años por Colón y por todos sus sucesores, cuyas olas bañan las costas de América, de la India y de China. Vasco Núñez de Balboa mira y mira, ufano y feliz, disfrutando al saber que sus ojos son los primeros de un europeo en los que se refleja el infinito azul de esas aguas.»

“Reloj sin manecillas”, de Carson McCullers

«Sin duda la vida se compone de innumerables milagros cotidianos,
 la mayor parte  de los cuales pasan inadvertidos.»

Reloj sin manecillas (Clock without hands) es la última novela que publicó, en 1961, Carson McCullers, considerada una de las escritoras estadounidenses más importantes del pasado siglo. La obra fue recibida con opiniones encontradas por parte de la crítica, pero salieron en su defensa autores tan prestigiosos como Grahan Greene o Gore Vidal.

La novela refleja muy bien las injusticias y los problemas raciales a los que tenía que enfrentarse la sociedad sudista americana de los años cincuenta del pasado siglo. En ella McCullers nos acerca a la vida de cuatro personajes, muy dispares entre sí, que tratan de encontrarse a sí mismos.

«Resultaba extraño que Malone, a quien gustaba la poesía pegadiza, pensara en aquellas frases aprendidas de memoria: “El mayor peligro, el de perderse a sí mismo, puede pasar calladamente, como si nada; las demás pérdidas, las de un brazo, la de una pierna, la de cinco dólares, la de una esposa, etcétera, no pueden pasar inadvertidas”. La incongruencia de aquellas ideas, funestas y vulgares como su propia vida, sonaba como el metálico repiqueteo del reloj de la ciudad, sin cadencia ni sabor.»

El escritor extremeño Jesús Carrasco, autor del prólogo de está edición del libro, escribe de la novela:

«En junio de 1961, pocos meses antes de la publicación en Estados Unidos, Carson fue invitada a escribir una nota de autor en The New York Times Book Review a propósito de Reloj sin manecillas. Allí decía: “Cuando mi primer libro, El corazón es un cazador solitario, fue publicado, algunos de mis amigos sureños sintieron que yo era algún tipo de renegada o desviada dados mis sentimientos hacia los negros. El interés principal de mi nuevo libro no es hablar de los prejuicios o la injusticia en el sur. Simplemente trata sobre personas que luchan, se rebelan y aman en sus diferentes formas en busca de sí mismos”.

Y esas personas, en este libro, son el anciano juez Clane, un supremacista blanco incapaz de entender que sus viejas ideas («–¿Cómo te sentaría ver a un tosco negro compartir su pupitre con una delicada niñita blanca?», comenta durante una conversación) fueron derrotadas con la rendición del general Lee cien años antes, Jester Clane, su nieto, un joven inflamado por lo que su abuelo llama ideas comunistas, que ha de rebelarse contra su estirpe, la de caballero del sur, dilucidar su propia sexualidad y arrojar luz sobre la turbia muerte de su padre. El enigmático Sherman Pew, negro de ojos azules, libérrrimo personaje, excesivo; catalizador en la novela de las tensiones raciales, sexuales y culturales de su tiempo. Y, por último, J. T. Malone, el farmacéutico desahuciado con aires tolstoianos en la primera línea del texto y que, al final de su vida, como la propia Carson diría, habrá de tomar conciencia de su gris existencia y del vacío en el que ha dejado marchar sus días. Es decir, habrá de asumir, como los demás, la responsabilidad ineludible que deriva del hecho de ser humanos y de estar vivos. La responsabilidad, por ejemplo, para afrontar la soledad, para tomar decisiones morales y para, finalmente, modelar una identidad verdaderamente propia. Ésta es la idea que alumbra y la que subyace en cada uno de los personajes protagonistas de Reloj sin manecillas. Todos ellos solos e impelidos a tomar el timón de sus existencias. Todos ellos obligados a asumir de manera radical la responsabilidad de estar vivos. Justo lo que hizo Carson McCullers cuando decidió dejar el piano, cuando se separó de su marido, cuando renunció a suicidarse con él o cuando dio su cara blanca por el pueblo negro.»

La novela está muy bien escrita, resulta muy interesante, y es fácil de leer. Muy recomendable

LEER PRIMER CAPÍTULO DE LA NOVELA

SINOPSIS

La última novela que escribió Carson McCullers relata los destinos cruzados de cuatro memorables personajes, cuyas vidas son fiel reflejo de las injusticias sociales, la soledad espiritual y la naturaleza confusa del amor en el turbador Sur estadounidense de los años cincuenta.

Ésta es la historia del viejo juez Fox Clane, encarnación del patriarcal carácter sureño; su nieto adolescente Jester, hijo de un malogrado enemigo de la discriminación racial, y Sherman Pew, un chico negro de ojos azules que ejerce una fascinadora atracción sobre ambos. Junto a ellos se desarrolla el drama personal del farmacéutico J. T. Malone, quien, desahuciado por los médicos, descubre que el verdadero peligro del hombre no es morir sino perderse a sí mismo en vida. Malone, quien, desahuciado por los médicos, descubre que el verdadero peligro del hombre no es morir sino perderse a sí mismo en vida.

Carson McCullers es una de las grandes maestras de la literatura norteamericana, un clásico indiscutible que supo iluminar como nadie la fragilidad y el silencioso esplendor de la existencia. En Reloj sin manecillas, «con más profundidad que nunca, Carson McCullers examina el corazón humano, con una comprensión que va más allá del conocimiento, y una comprensión que va más allá del sentimiento», Tennessee Williams

CARSON MCCULLERS

000005189_1_mccullersNació en Columbus, Georgia, en 1917, y murió en Nueva York, en 1967, de un ataque al corazón, a la temprana edad de cincuenta años. Su producción narrativa comprende los siguientes títulos: El corazón es un cazador solitario, convertido inmediatamente en un clásico de la novela contemporánea, Reflejos en un ojo dorado, Frankie y la boda, La balada del café triste y Reloj sin manecillas. Póstumamente ha aparecido su autobiografía, Iluminación y fulgor nocturno. «El mudo» y otros textos, publicado en la colección Únicos, incluye el esbozo de «El mudo» —primer título que recibió El corazón es un cazador solitarioy ensayos sobre literatura. Está considerada, junto a William Faulkner, como una de las mejores representantes de la narrativa del Sur de Estados Unidos.

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

    «Sentado, con el almirez en la mano, todavía le quedaba la suficiente serenidad para sorprenderse ante aquellas emociones contradictorias que habían hecho cambiar tan violentamente su corazón, en otro tiempo tan tierno. Se encontraba entre el amor y el odio, pero qué era lo que amaba y qué lo que odiaba permanecía poco claro. Por primera vez, sabía que la muerte estaba próxima. Pero el terror que le ahogaba no estaba causado por el conocimiento de su propia muerte. Se debía a algún misterioso drama que estaba desarrollándose, aunque Malone no sabía de qué se trataba. Su terror se debía a la incertidumbre de lo que ocurriría en aquellos próximos meses –¿cuánto tiempo?– que devorarían sus días contados. Era un hombre que escudriñaba un reloj sin manecillas.» 
[…]
    «Además –continuó el Juez, tú y yo poseemos nuestras propiedades y nuestra posición, y se nos respeta. Pero, ¿qué posee Sammy Lank, aparte de montones de hijos? Sammy Lank y otros blancos pobres como él, no tienen más que el color de su piel. La clave de todo el asunto es que no tienen medios, propiedades, ni a nadie por debajo de ellos. Es triste admitirlo, pero la naturaleza humana, todos los hombres, tienen que tener a alguien por debajo de ellos, alguien a quien poder desdeñar. Y Sammy y los que son como él, solamente pueden sentirse superiores a los negros. ¿Comprendes, J. T.? Es una cuestión de orgullo, el orgullo de nuestra sangre, el orgullo de nuestro linaje blanco. Pero, ¿qué posee Sammy Lank, excepto montones de trillizos de rostros blancos, gemelos, y una mujer, gastada por tantos embarazos, que se sienta en el porche a oler rapé?» 

 

 

“¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?: Blade Runner”, de Philip K. Dick

«Al recordarlo, se preguntó si Mozart habría tenido la intuición de que el futuro no existía, de que ya
 había  utilizado todo su breve tiempo.»

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Androids Dream of Electric Sheep?) es una novela de ciencia ficción distópica publicada en 1968 por el escritor estadounidense Philip K. Dick.

images

El concepto de distopía proviene de la cultura anglosajona. Se basa en el término utopía acuñada por Tomás Moro como ou-topía (“no-lugar”), es decir, “lugar que no existe”, normalmente descrito en términos de una sociedad perfecta o ideal. De ahí, entonces, se deriva distopía como una “utopía negativa”, donde la realidad transcurre en términos antitéticos a los de una sociedad ideal. Comúnmente, la diferencia entre utopía y distopía depende del punto de vista del autor de la obra o, en algunos casos, de la percepción del propio lector, que juzgue el contexto descrito como deseable o indeseable.

La novela, que fue adaptada libremente por Ridley Scott en su película Blade Runner de 1982, está considerada como una de las mejores novelas de Philip K. Dick y es la más leída de todas ellas. La novela nos introduce en una alucinante pesadilla tecnológica, cuyo tema principal es el impreciso límite entre lo natural y lo artificial. La Tierra está prácticamente desierta desde que los seres humanos han emigrado a la nueva colonia en Marte después de la Guerra Mundial Definitiva. La mayoría de los animales se han extinguido por efecto del polvo radiactivo. Los pocos humanos que aún quedan en nuestro planeta buscan poseer carísimos animales; a través de ellos sienten la empatía que los diferencia de los androides. Debido a la escasez de animales, éstos son enormemente caros y muy difíciles de adquirir, por lo que abundan las falsificaciones.

En este mundo devastado, lleno de restos tecnológicos y bloques de apartamento vacíos, Rick Deckard es un cazador mercenario cuya tarea consiste en retirar de la circulación a los androides rebeldes, profesión que es causa también de no pocos problemas con su esposa. Sin embargo, los nuevos Nexus-6 son androides con características especiales, casi humanos, lo que dificulta notablemente su labor y puede llevarle a enfrentarse a problemas que es incapaz de imaginar siquiera. Deckard sueña con poseer un animal, pero no puede permitírselo económicamente y finge cuidar de una oveja auténtica cuando en realidad es solo un ejemplar eléctrico.

Tráiler de la película dirigida por Ridley Scott

A principios del siglo XXI, la poderosa Tyrell Corporation creó, gracias a los avances de la ingeniería genética, un robot llamado Nexus 6, un ser virtualmente idéntico al hombre pero superior a él en fuerza y agilidad, al que se dio el nombre de Replicante. Estos robots trabajaban como esclavos en las colonias exteriores de la Tierra. Después de la sangrienta rebelión de un equipo de Nexus-6, los Replicantes fueron desterrados de la Tierra. Brigadas especiales de policía, los Blade Runners, tenían órdenes de matar a todos los que no hubieran acatado la condena. Pero a esto no se le llamaba ejecución, se le llamaba “retiro”. Tras un grave incidente, el ex Blade Runner Rick Deckard es llamado de nuevo al servicio para encontrar y “retirar” a unos replicantes rebeldes. (FilmAffinity)

SINOPSIS

Tras la guerra nuclear que ha acabado con casi toda la vida animal del planeta, la Tierra ha quedado desolada y sometida bajo una gran nube de polvo radiactivo. La gente ha emigrado a otros planetas del sistema, especialmente a la colonia de Marte, y se ha llevado consigo a androides que los asisten. Algunos de éstos han escapado de la servidumbre y han vuelto ilegalmente a la Tierra. Y Rick Deckard, cazarrecompensas, es uno de los encargados de acabar con ellos.

Los androides Nexus-6, los más avanzados, son casi humanos. La única manera de detectar su identidad artificial es un test que pone al descubierto su carencia de empatía. Pero ¿es justo acabar con los humanoides sólo por el hecho de serlo? ¿Cuál es el límite entre la vida artificial y la natural?

Esta novela, que inspiró la película de culto de Ridley Scott, protagonizada por Harrison Ford, continúa siendo un referente y una vigente crítica a la sociedad actual, donde el hombre está cada vez más mecanizado y las máquinas, cada vez más humanizadas.

«Si alguien fuera a escribir una historia del futuro tal como lo ha soñado Hollywood durante años, el capítulo del día de mañana pertenecería, en gran parte, a Philip K. Dick.» The Washington Post

PHILIP K. DICK

000019260_1_dick_philip_k_200_201509290112Autor estadounidense, Philip K. Dick estudió algunos años en la Universidad de Berkeley, aunque tras cursar varias asignaturas no llegó a licenciarse. Allí fue donde Dick se aficionó a la música y la radio, descubriendo el ambiente contracultural americano, en aquellos años dominado por el movimiento beat, escribiendo sus primeros relatos.

De hecho, Dick es muy conocido por su maestría dentro del campo del relato de ciencia ficción, donde plasmó gran parte de sus inquietudes y obsesiones. Además, fue autor de varias novelas de gran importancia dentro del género en los años 70, como Sueñan los androides con ovejas eléctricas -que fue llevada al cine con el título de Blade Runner-, Una mirada a la oscuridad, Paycheck, Ubik o Fluyan mis lágrimas dijo el policía.

Pese al premio Hugo de 1963, Dick fue considerado en vida como un autor de culto y poco conocido para el gran público. Sus obras no le permitieron una independencia económica solvente pese a los más de 120 relatos que llegó a publicar. Contó con el apoyo y reconocimiento de la mayoría de autores de género de ciencia ficción de su época. Hoy en día es considerado como uno de los escritores del siglo XX más adaptados al cine y la televisión, con recientes estrenos como El hombre en el castillo, serie producida por Amazon en 2015.

La última parte de su obra escrita estuvo muy influida por una serie de visiones que, unidos a ciertos problemas psicológicos, le hicieron creer que estaba en contacto con una entidad divina a la que llamó SIVAINVI -VALIS-. En sus últimos años, Dick mostró síntomas de una paranoia aguda, obsesión que se ve también reflejada en obras como Una mirada a la oscuridad.

Philip K. Dick murió el 2 de marzo de 1982 en Santa Ana.

FRAGMENTOS DE LA NOVELA

    Después de un desayuno apresurado, pues había perdido mucho tiempo discutiendo con su esposa, Rick se vistió para salir al exterior Después de un desayuno apresurado, pues había perdido mucho tiempo discutiendo con su esposa, Rick se vistió para salir al exterior, incluido el modelo Ajax de la bragueta de plomo Mountibank, y subió a la azotea cubierta de hierba donde «pastaba» la oveja eléctrica. Donde ella, sofisticada pieza de ingeniería que era, mordisqueaba algo, con simulada satisfacción, engañando al resto de los inquilinos del edificio.
   Estaba seguro de que algunos de los animales de sus vecinos también eran falsificaciones hechas de circuitos eléctricos, pero nunca había indagado en ello, igual que sus vecinos tampoco habían metido la nariz en lo de su oveja. Nada habría sido menos cortés. Preguntar «¿esa oveja es auténtica?» hubiese sido peor muestra de mala educación que inquirir si la dentadura, o el pelo o los órganos internos de alguien eran auténticos.
    —Un robot humanoide es como cualquier otra máquina. En un abrir y cerrar de ojos puede fluctuar entre suponer un beneficio y convertirse en un peligro. En el primer caso no es nuestro problema.
    —Pero en el segundo… Ahí es donde entran ustedes —dijo Rachael Rosen—. ¿Es cierto, señor Deckard, que es usted un cazarrecompensas?
    Rick se encogió de hombros, pero asintió a regañadientes.
   —No tiene dificultades a la hora de considerar a un androide como algo inerte —dijo la joven—. Así puede «retirarlo», como lo llaman por ahí.

 

[…]
    —¿Irás ahora a la cama? ¿Si marco en el climatizador el estado 670?
   —¿De qué va?
   —Un merecido descanso.
   Se puso en pie, dolorido, confundido y con media cara insensible, como si una legión de batallas se hubiesen librado en ella a lo largo de los años. Entonces, poco a poco, avanzó por el camino que lo llevaba a su dormitorio.
   —De acuerdo —dijo—. Un merecido descanso. —Se tumbó en la cama, levantando una nube de polvo sobre la sábana blanca.
   No sería necesario poner en marcha el climatizador del ánimo, comprendió Iran cuando apretó el botón que oscurecía las ventanas del dormitorio. La luz grisácea del día desapareció.
     Tumbado en la cama, Rick se quedó dormido en un abrir y cerrar de ojos.
    Ella siguió allí un rato, sin apartar la vista de él para asegurarse de que no se despertaría, de que no se incorporaría como activado por un resorte, temeroso, como hacía algunas noches. Entonces regresó a la cocina y tomó asiento a la mesa.

 

FUENTES

  • Wikipedia
  • Blade Runner
  • Lecturalia