“Momentos estelares de la humanidad : catorce miniaturas históricas”, de Stefan Zweig

Momentos estelares de la humanidad (Sternstunden der Menschheit) es un libro de pasajes históricos novelados escrito por el autor austríaco Stefan Zweig en 1927. Como el propio subtítulo expresa, Zweig nos presenta en su obra catorce momentos que consideró de una especial relevancia histórica. Acontecimientos como la muerte de Cicerón, la caída de Bizancio, el descubrimiento del Océano Pacífico, la derrota de Napoleón en Waterloo, o la expedición hacia el Polo Sur.

Haciendo gala de un cuidado estilo literario y de un extraordinario conocimiento de la historia, el autor de Veinticuatro horas en la vida de una mujer nos aproxima a esos momentos estelares de la humanidad, que marcaron un «rumbo durante décadas y siglos».

Un libro magnífico. Absolutamente recomendable

«Así como en la punta de un pararrayos se concentra la electricidad de toda la atmósfera, en esos instantes y en el más corto espacio, se acumula una enorme abundancia de acontecimientos. Lo que por lo general transcurre apaciblemente de modo sucesivo o sincrónico, se comprime en ese único instante que todo lo determina y todo lo decide []

Tales momento dramáticamente concentrados, tales momentos preñados de fatalidad, en los que una decisión destinada a persistir a lo largo de los tiempos se comprime en una única fecha, un una única hora y a menudo en un solo minuto, son raros tanto en la vida de un individuo como en el curso de la Historia. Aquí he tratado de evocar, a partir de las más variadas épocas y regiones, algunos de esos momentos estelares –los he denominado así, porque, resplandecientes e inalterables como estrellas, brillan sobre la noche de lo efímero–. En ningún caso se ha procurado decolorar o intensificar la verdad de los acontecimientos externos o internos recurriendo a la propia invención, pues en esos instantes sublimes que la Historia configura a la perfección, no es necesario que ninguna mano acuda en su ayuda. Allí donde ella impera como poetisa, como dramaturga, ningún escritor tiene derecho a intentar superarla.»

Del prólogo de Stefan Zweig

SINOPSIS

Éste es probablemente el libro más famoso de Stefan Zweig. En él lleva a su cima el arte de la miniatura histórica y literaria. Muy variados son los acontecimientos que reúne bajo el título de Momentos estelares: el ocaso del imperio de Oriente, en el que la caída de Constantinopla a manos de los turcos en 1453 adquiere su signo más visible; el nacimiento de El Mesías de Händel en 1741; la derrota de Napoleón en 1815; el indulto de Dostoievski momentos antes de su ejecución en 1849; el viaje de Lenin hacia Rusia en 1917… «Cada uno de estos momentos estelares—escribe Stefan Zweig con acierto—marca un rumbo durante décadas y siglos», de manera que podemos ver en ellos unos puntos clave de inflexión de la historia, que leemos en estas catorce miniaturas históricas con la fascinación que siempre nos produce Zweig.

STEFAN ZWEIG

Escritor austríaco, Stefan Zweig fue muy conocido en las primeras décadas del siglo XX gracias a sus relatos, novelas, ensayos y semblanzas biográficas.

De origen judío, Zweig nació en una familia acomodada y estudió Filosofía en la Universidad de Viena, interesándose desde entonces en la literatura, tanto desde un punto de vista crítico como creativo. En 1901 publicó su primer poemario y desde entonces mantuvo una intensa actividad en diversos campos y géneros, pasando del ensayo a la novela o el teatro con facilidad.

Zweig destacó también por sus firmes posiciones éticas en contra de la guerra, que le llevaron al exilio en Suiza durante la I Guerra Mundial, donde se estableció como corresponsal. Durante varios años, Zweig se dedicó a escribir y a viajar, pasando por Alemania y la Unión Soviética, trabando amistad con numerosos intelectuales de la época.
Tras el auge del nacional socialismo en Austria y Alemania, Zweig decidió establecerse en Londres, ya que su origen judío y sus posiciones pacifistas le situaron en una incómoda posición, siendo su obra prohibida por el régimen nazi. Zweig vivió también en París y viajó por América Latina dando una serie de conferencias.

En 1942, convencido de que la Alemania nazi iba a ganar la guerra y someter al mundo a sus ideales, Zweig se suicidó junto a su segunda esposa. Poco después, en 1944, aparecería su autobiografía, El mundo de ayer.

La obra de Zweig, pese a su éxito en la época, cayó progresivamente en el olvido durante la mayor parte del siglo XX, hasta su recuperación décadas después, siendo obra de estudio por críticos y académicos. De hecho, sus relatos han formado parte de obras tan actuales como la película El gran hotel Budapest, dirigida en 2014 por Wes Anderson.
De entre sus libros, habría que destacar títulos tan importantes como Novela de ajedrez, Amok, El amor de Erika Wald, María Antonieta -biografía que fue llevada al cine-, o su autobiografía, El mundo de ayer.

FRAGMENTO DEL LIBRO

   «El gesto grandioso de Balboa consiste en lo siguiente. Por la noche, justo después del baño de sangre, un indígena le ha indicado una cercana cumbre desde cuya altura se puede contemplar ya el mar, el desconocido Mar del Sur. En seguida Balboa toma sus medidas. Deja a los heridos y extenuados en la población saqueada y ordena que aquellos que aún son capaces de avanzar —sesenta y siete en total, de los ciento noventa con los que partió de Darién— asciendan esa montaña. Hacia las diez de la mañana están cerca de la cima. Sólo queda escalar una pequeña y pelada cumbre. Después, la vista se extenderá en la inmensidad.
   En ese momento, Balboa ordena a sus hombres que se detengan. Nadie debe seguirle, pues esa primera vista del océano desconocido no quiere compartirla con ninguno. Quiere ser el único por toda la eternidad, el primer español, el primer europeo, el primer cristiano que, después de haber atravesado ese otro océano enorme de nuestro universo, el Atlántico, haya divisado por fin éste, aún desconocido, el Pacífico. Despacio, con el corazón palpitante, profundamente imbuido del significado del momento, con la bandera en la mano izquierda y la espada en la derecha, una silueta solitaria asciende en medio del orbe inmenso. Asciende lentamente, sin prisa, pues la verdadera empresa ya ha sido realizada. Sólo un par de pasos más, cada vez menos. Y en efecto, cuando llega a la cumbre, ante él se abre una enorme vista. Tras las montañas en declive, tras las verdes colinas cubiertas de bosque, yace inacabable un gigantesco disco de metal reluciente: el mar, el mar, el nuevo, el desconocido, hasta ahora únicamente soñado y jamás visto, el legendario, el mar buscado en vano desde hace años y años por Colón y por todos sus sucesores, cuyas olas bañan las costas de América, de la India y de China. Vasco Núñez de Balboa mira y mira, ufano y feliz, disfrutando al saber que sus ojos son los primeros de un europeo en los que se refleja el infinito azul de esas aguas.»

Anuncios

“Reloj sin manecillas”, de Carson McCullers

«Sin duda la vida se compone de innumerables milagros cotidianos,
 la mayor parte  de los cuales pasan inadvertidos.»

Reloj sin manecillas (Clock without hands) es la última novela que publicó, en 1961, Carson McCullers, considerada una de las escritoras estadounidenses más importantes del pasado siglo. La obra fue recibida con opiniones encontradas por parte de la crítica, pero salieron en su defensa autores tan prestigiosos como Grahan Greene o Gore Vidal.

La novela refleja muy bien las injusticias y los problemas raciales a los que tenía que enfrentarse la sociedad sudista americana de los años cincuenta del pasado siglo. En ella McCullers nos acerca a la vida de cuatro personajes, muy dispares entre sí, que tratan de encontrarse a sí mismos.

«Resultaba extraño que Malone, a quien gustaba la poesía pegadiza, pensara en aquellas frases aprendidas de memoria: “El mayor peligro, el de perderse a sí mismo, puede pasar calladamente, como si nada; las demás pérdidas, las de un brazo, la de una pierna, la de cinco dólares, la de una esposa, etcétera, no pueden pasar inadvertidas”. La incongruencia de aquellas ideas, funestas y vulgares como su propia vida, sonaba como el metálico repiqueteo del reloj de la ciudad, sin cadencia ni sabor.»

El escritor extremeño Jesús Carrasco, autor del prólogo de está edición del libro, escribe de la novela:

«En junio de 1961, pocos meses antes de la publicación en Estados Unidos, Carson fue invitada a escribir una nota de autor en The New York Times Book Review a propósito de Reloj sin manecillas. Allí decía: “Cuando mi primer libro, El corazón es un cazador solitario, fue publicado, algunos de mis amigos sureños sintieron que yo era algún tipo de renegada o desviada dados mis sentimientos hacia los negros. El interés principal de mi nuevo libro no es hablar de los prejuicios o la injusticia en el sur. Simplemente trata sobre personas que luchan, se rebelan y aman en sus diferentes formas en busca de sí mismos”.

Y esas personas, en este libro, son el anciano juez Clane, un supremacista blanco incapaz de entender que sus viejas ideas («–¿Cómo te sentaría ver a un tosco negro compartir su pupitre con una delicada niñita blanca?», comenta durante una conversación) fueron derrotadas con la rendición del general Lee cien años antes, Jester Clane, su nieto, un joven inflamado por lo que su abuelo llama ideas comunistas, que ha de rebelarse contra su estirpe, la de caballero del sur, dilucidar su propia sexualidad y arrojar luz sobre la turbia muerte de su padre. El enigmático Sherman Pew, negro de ojos azules, libérrrimo personaje, excesivo; catalizador en la novela de las tensiones raciales, sexuales y culturales de su tiempo. Y, por último, J. T. Malone, el farmacéutico desahuciado con aires tolstoianos en la primera línea del texto y que, al final de su vida, como la propia Carson diría, habrá de tomar conciencia de su gris existencia y del vacío en el que ha dejado marchar sus días. Es decir, habrá de asumir, como los demás, la responsabilidad ineludible que deriva del hecho de ser humanos y de estar vivos. La responsabilidad, por ejemplo, para afrontar la soledad, para tomar decisiones morales y para, finalmente, modelar una identidad verdaderamente propia. Ésta es la idea que alumbra y la que subyace en cada uno de los personajes protagonistas de Reloj sin manecillas. Todos ellos solos e impelidos a tomar el timón de sus existencias. Todos ellos obligados a asumir de manera radical la responsabilidad de estar vivos. Justo lo que hizo Carson McCullers cuando decidió dejar el piano, cuando se separó de su marido, cuando renunció a suicidarse con él o cuando dio su cara blanca por el pueblo negro.»

La novela está muy bien escrita, resulta muy interesante, y es fácil de leer. Muy recomendable

LEER PRIMER CAPÍTULO DE LA NOVELA

SINOPSIS

La última novela que escribió Carson McCullers relata los destinos cruzados de cuatro memorables personajes, cuyas vidas son fiel reflejo de las injusticias sociales, la soledad espiritual y la naturaleza confusa del amor en el turbador Sur estadounidense de los años cincuenta.

Ésta es la historia del viejo juez Fox Clane, encarnación del patriarcal carácter sureño; su nieto adolescente Jester, hijo de un malogrado enemigo de la discriminación racial, y Sherman Pew, un chico negro de ojos azules que ejerce una fascinadora atracción sobre ambos. Junto a ellos se desarrolla el drama personal del farmacéutico J. T. Malone, quien, desahuciado por los médicos, descubre que el verdadero peligro del hombre no es morir sino perderse a sí mismo en vida. Malone, quien, desahuciado por los médicos, descubre que el verdadero peligro del hombre no es morir sino perderse a sí mismo en vida.

Carson McCullers es una de las grandes maestras de la literatura norteamericana, un clásico indiscutible que supo iluminar como nadie la fragilidad y el silencioso esplendor de la existencia. En Reloj sin manecillas, «con más profundidad que nunca, Carson McCullers examina el corazón humano, con una comprensión que va más allá del conocimiento, y una comprensión que va más allá del sentimiento», Tennessee Williams

CARSON MCCULLERS

000005189_1_mccullersNació en Columbus, Georgia, en 1917, y murió en Nueva York, en 1967, de un ataque al corazón, a la temprana edad de cincuenta años. Su producción narrativa comprende los siguientes títulos: El corazón es un cazador solitario, convertido inmediatamente en un clásico de la novela contemporánea, Reflejos en un ojo dorado, Frankie y la boda, La balada del café triste y Reloj sin manecillas. Póstumamente ha aparecido su autobiografía, Iluminación y fulgor nocturno. «El mudo» y otros textos, publicado en la colección Únicos, incluye el esbozo de «El mudo» —primer título que recibió El corazón es un cazador solitarioy ensayos sobre literatura. Está considerada, junto a William Faulkner, como una de las mejores representantes de la narrativa del Sur de Estados Unidos.

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

    «Sentado, con el almirez en la mano, todavía le quedaba la suficiente serenidad para sorprenderse ante aquellas emociones contradictorias que habían hecho cambiar tan violentamente su corazón, en otro tiempo tan tierno. Se encontraba entre el amor y el odio, pero qué era lo que amaba y qué lo que odiaba permanecía poco claro. Por primera vez, sabía que la muerte estaba próxima. Pero el terror que le ahogaba no estaba causado por el conocimiento de su propia muerte. Se debía a algún misterioso drama que estaba desarrollándose, aunque Malone no sabía de qué se trataba. Su terror se debía a la incertidumbre de lo que ocurriría en aquellos próximos meses –¿cuánto tiempo?– que devorarían sus días contados. Era un hombre que escudriñaba un reloj sin manecillas.» 
[…]
    «Además –continuó el Juez, tú y yo poseemos nuestras propiedades y nuestra posición, y se nos respeta. Pero, ¿qué posee Sammy Lank, aparte de montones de hijos? Sammy Lank y otros blancos pobres como él, no tienen más que el color de su piel. La clave de todo el asunto es que no tienen medios, propiedades, ni a nadie por debajo de ellos. Es triste admitirlo, pero la naturaleza humana, todos los hombres, tienen que tener a alguien por debajo de ellos, alguien a quien poder desdeñar. Y Sammy y los que son como él, solamente pueden sentirse superiores a los negros. ¿Comprendes, J. T.? Es una cuestión de orgullo, el orgullo de nuestra sangre, el orgullo de nuestro linaje blanco. Pero, ¿qué posee Sammy Lank, excepto montones de trillizos de rostros blancos, gemelos, y una mujer, gastada por tantos embarazos, que se sienta en el porche a oler rapé?» 

 

 

“¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?: Blade Runner”, de Philip K. Dick

«Al recordarlo, se preguntó si Mozart habría tenido la intuición de que el futuro no existía, de que ya
 había  utilizado todo su breve tiempo.»

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Androids Dream of Electric Sheep?) es una novela de ciencia ficción distópica publicada en 1968 por el escritor estadounidense Philip K. Dick.

images

El concepto de distopía proviene de la cultura anglosajona. Se basa en el término utopía acuñada por Tomás Moro como ou-topía (“no-lugar”), es decir, “lugar que no existe”, normalmente descrito en términos de una sociedad perfecta o ideal. De ahí, entonces, se deriva distopía como una “utopía negativa”, donde la realidad transcurre en términos antitéticos a los de una sociedad ideal. Comúnmente, la diferencia entre utopía y distopía depende del punto de vista del autor de la obra o, en algunos casos, de la percepción del propio lector, que juzgue el contexto descrito como deseable o indeseable.

La novela, que fue adaptada libremente por Ridley Scott en su película Blade Runner de 1982, está considerada como una de las mejores novelas de Philip K. Dick y es la más leída de todas ellas. La novela nos introduce en una alucinante pesadilla tecnológica, cuyo tema principal es el impreciso límite entre lo natural y lo artificial. La Tierra está prácticamente desierta desde que los seres humanos han emigrado a la nueva colonia en Marte después de la Guerra Mundial Definitiva. La mayoría de los animales se han extinguido por efecto del polvo radiactivo. Los pocos humanos que aún quedan en nuestro planeta buscan poseer carísimos animales; a través de ellos sienten la empatía que los diferencia de los androides. Debido a la escasez de animales, éstos son enormemente caros y muy difíciles de adquirir, por lo que abundan las falsificaciones.

En este mundo devastado, lleno de restos tecnológicos y bloques de apartamento vacíos, Rick Deckard es un cazador mercenario cuya tarea consiste en retirar de la circulación a los androides rebeldes, profesión que es causa también de no pocos problemas con su esposa. Sin embargo, los nuevos Nexus-6 son androides con características especiales, casi humanos, lo que dificulta notablemente su labor y puede llevarle a enfrentarse a problemas que es incapaz de imaginar siquiera. Deckard sueña con poseer un animal, pero no puede permitírselo económicamente y finge cuidar de una oveja auténtica cuando en realidad es solo un ejemplar eléctrico.

Tráiler de la película dirigida por Ridley Scott

A principios del siglo XXI, la poderosa Tyrell Corporation creó, gracias a los avances de la ingeniería genética, un robot llamado Nexus 6, un ser virtualmente idéntico al hombre pero superior a él en fuerza y agilidad, al que se dio el nombre de Replicante. Estos robots trabajaban como esclavos en las colonias exteriores de la Tierra. Después de la sangrienta rebelión de un equipo de Nexus-6, los Replicantes fueron desterrados de la Tierra. Brigadas especiales de policía, los Blade Runners, tenían órdenes de matar a todos los que no hubieran acatado la condena. Pero a esto no se le llamaba ejecución, se le llamaba “retiro”. Tras un grave incidente, el ex Blade Runner Rick Deckard es llamado de nuevo al servicio para encontrar y “retirar” a unos replicantes rebeldes. (FilmAffinity)

SINOPSIS

Tras la guerra nuclear que ha acabado con casi toda la vida animal del planeta, la Tierra ha quedado desolada y sometida bajo una gran nube de polvo radiactivo. La gente ha emigrado a otros planetas del sistema, especialmente a la colonia de Marte, y se ha llevado consigo a androides que los asisten. Algunos de éstos han escapado de la servidumbre y han vuelto ilegalmente a la Tierra. Y Rick Deckard, cazarrecompensas, es uno de los encargados de acabar con ellos.

Los androides Nexus-6, los más avanzados, son casi humanos. La única manera de detectar su identidad artificial es un test que pone al descubierto su carencia de empatía. Pero ¿es justo acabar con los humanoides sólo por el hecho de serlo? ¿Cuál es el límite entre la vida artificial y la natural?

Esta novela, que inspiró la película de culto de Ridley Scott, protagonizada por Harrison Ford, continúa siendo un referente y una vigente crítica a la sociedad actual, donde el hombre está cada vez más mecanizado y las máquinas, cada vez más humanizadas.

«Si alguien fuera a escribir una historia del futuro tal como lo ha soñado Hollywood durante años, el capítulo del día de mañana pertenecería, en gran parte, a Philip K. Dick.» The Washington Post

PHILIP K. DICK

000019260_1_dick_philip_k_200_201509290112Autor estadounidense, Philip K. Dick estudió algunos años en la Universidad de Berkeley, aunque tras cursar varias asignaturas no llegó a licenciarse. Allí fue donde Dick se aficionó a la música y la radio, descubriendo el ambiente contracultural americano, en aquellos años dominado por el movimiento beat, escribiendo sus primeros relatos.

De hecho, Dick es muy conocido por su maestría dentro del campo del relato de ciencia ficción, donde plasmó gran parte de sus inquietudes y obsesiones. Además, fue autor de varias novelas de gran importancia dentro del género en los años 70, como Sueñan los androides con ovejas eléctricas -que fue llevada al cine con el título de Blade Runner-, Una mirada a la oscuridad, Paycheck, Ubik o Fluyan mis lágrimas dijo el policía.

Pese al premio Hugo de 1963, Dick fue considerado en vida como un autor de culto y poco conocido para el gran público. Sus obras no le permitieron una independencia económica solvente pese a los más de 120 relatos que llegó a publicar. Contó con el apoyo y reconocimiento de la mayoría de autores de género de ciencia ficción de su época. Hoy en día es considerado como uno de los escritores del siglo XX más adaptados al cine y la televisión, con recientes estrenos como El hombre en el castillo, serie producida por Amazon en 2015.

La última parte de su obra escrita estuvo muy influida por una serie de visiones que, unidos a ciertos problemas psicológicos, le hicieron creer que estaba en contacto con una entidad divina a la que llamó SIVAINVI -VALIS-. En sus últimos años, Dick mostró síntomas de una paranoia aguda, obsesión que se ve también reflejada en obras como Una mirada a la oscuridad.

Philip K. Dick murió el 2 de marzo de 1982 en Santa Ana.

FRAGMENTOS DE LA NOVELA

    Después de un desayuno apresurado, pues había perdido mucho tiempo discutiendo con su esposa, Rick se vistió para salir al exterior Después de un desayuno apresurado, pues había perdido mucho tiempo discutiendo con su esposa, Rick se vistió para salir al exterior, incluido el modelo Ajax de la bragueta de plomo Mountibank, y subió a la azotea cubierta de hierba donde «pastaba» la oveja eléctrica. Donde ella, sofisticada pieza de ingeniería que era, mordisqueaba algo, con simulada satisfacción, engañando al resto de los inquilinos del edificio.
   Estaba seguro de que algunos de los animales de sus vecinos también eran falsificaciones hechas de circuitos eléctricos, pero nunca había indagado en ello, igual que sus vecinos tampoco habían metido la nariz en lo de su oveja. Nada habría sido menos cortés. Preguntar «¿esa oveja es auténtica?» hubiese sido peor muestra de mala educación que inquirir si la dentadura, o el pelo o los órganos internos de alguien eran auténticos.
    —Un robot humanoide es como cualquier otra máquina. En un abrir y cerrar de ojos puede fluctuar entre suponer un beneficio y convertirse en un peligro. En el primer caso no es nuestro problema.
    —Pero en el segundo… Ahí es donde entran ustedes —dijo Rachael Rosen—. ¿Es cierto, señor Deckard, que es usted un cazarrecompensas?
    Rick se encogió de hombros, pero asintió a regañadientes.
   —No tiene dificultades a la hora de considerar a un androide como algo inerte —dijo la joven—. Así puede «retirarlo», como lo llaman por ahí.

 

[…]
    —¿Irás ahora a la cama? ¿Si marco en el climatizador el estado 670?
   —¿De qué va?
   —Un merecido descanso.
   Se puso en pie, dolorido, confundido y con media cara insensible, como si una legión de batallas se hubiesen librado en ella a lo largo de los años. Entonces, poco a poco, avanzó por el camino que lo llevaba a su dormitorio.
   —De acuerdo —dijo—. Un merecido descanso. —Se tumbó en la cama, levantando una nube de polvo sobre la sábana blanca.
   No sería necesario poner en marcha el climatizador del ánimo, comprendió Iran cuando apretó el botón que oscurecía las ventanas del dormitorio. La luz grisácea del día desapareció.
     Tumbado en la cama, Rick se quedó dormido en un abrir y cerrar de ojos.
    Ella siguió allí un rato, sin apartar la vista de él para asegurarse de que no se despertaría, de que no se incorporaría como activado por un resorte, temeroso, como hacía algunas noches. Entonces regresó a la cocina y tomó asiento a la mesa.

 

FUENTES

  • Wikipedia
  • Blade Runner
  • Lecturalia

“Reparar a los vivos”, de Maylis de Kerangal

«Una hora después, la muerte se presenta, la muerte se anuncia, mancha movediza de 
contorno irregular que vela una forma más clara y más amplia, ahí está, es ella.»

El joven Simon Limbres ingresa en el hospital de Le Havre tras sufrir un grave accidente de tráfico cuando volvía con sus amigos de practicar surf. Poco tiempo después el joven muere, pero su corazón sigue palpitando y podría seguir viviendo en el cuerpo de otra persona.

Este es el punto de arranque de Reparar a los vivos (Réparer les vivants), la novela de Maylis de Kerangal. Con ella, la escritora francesa ha obtenido un gran éxito de crítica y de lectores, siendo la gran revelación francesa en el primer semestre de 2014. Obtuvo siete prestigiosos premios: Premio France Culture-Télérama, Gran Premio RTL-Lire, Baileys Women’s Prize for Fiction (anteriormente Orange), Premio literario Charles Brisset, Premio Relay des Voyageurs, Premio Paris Diderot-Esprits libres, Premio de los Lectores L’Express-BFMTV.

La novela se apoya en un gran trabajo previo de investigación y documentación y tiene mucho de realidad. Como la propia autora ha declarado, conoció a un enfermero coordinador de trasplantes, el equivalente al Thomas Rémige de la novela, encargado de recoger el consentimiento de las familias, en pleno duelo. «Quedé conmocionada. Hay una forma de heroísmo discreto en los donantes de órganos que me parece mucho más interesante que algunas figuras espectaculares de las que se nos habla sin cesar», ha afirmado la escritora francesa.

«Sean y Marianne se han acomodado el uno al lado del otro en el canapé, intrigados aunque conmocionados, y Thomas Rémige se ha sentado en una de las sillas bermellón, con la historia de Simon Limbres entre las manos. Sin embargo, por más que esos tres seres compartan el mismo espacio, participen del mismo tiempo, nada tan alejado en este planeta como esas dos personas sumidas en el dolor y ese joven que se ha colocado entre ellos con el objetivo –sí, con el objetivo– de obtener su consentimiento para la extracción de los órganos de su hijo. Allí están un hombre y una mujer atrapados en una onda de choque, a un tiempo proyectados fuera del suelo y arrollados en un temporalidad dislocada –una continuidad quebrada por la muerte de Simon pero una continuidad que, cual pato sin cabeza corriendo por el corral de una granja, continuaba, una locura–, una temporalidad cuyo dolor tejía la materia, un hombre y una mujer que concentraban sobre sus cabezas la tragedia plena del mundo, y ahí está ese joven con la bata blanca, involucrado y cauto, preparado para sostener esa entrevista sin quemar etapas, pero que ha abierto una cuenta atrás en un rincón de su cerebro, consciente de que un cuerpo en estado de muerte encefálica se degrada, y de que hay que actuar con rapidez: atrapado en esa torsión.»

El resultado es una gran novela. Una novela que está muy bien escrita. Que trata una historia dura, pero apasionante. Muy recomendable.

La historia ha sido llevada al cine con el mismo título por Katell Quillévéré, con Emmanuelle Seigner, Tahar Rahim, Anne Dorval, Alice Taglioni, Monia Chokri y Bouli Lanners en el reparto.

Tráiler de la película

Todo comienza de madrugada en un mar tempestuoso con tres jóvenes surfistas. Unas horas más tarde, en el camino de vuelta sufren un accidente. En el hospital Havre, la vida de Simón pende de un hilo. Mientras tanto, en París, una mujer espera un trasplante providencial que le pueda prolongar su vida. Thomas Remige, un especialista en trasplantes, debe convencer a unos padres en estado de shock de que ese corazón podría seguir viviendo en otro cuerpo. Y salvar, tal vez, una vida. (FilmAffinity)

SINOPSIS

Le Havre. Simon Limbres regresa con sus amigos de una adrenalínica sesión de surf. La camioneta en la que viaja choca contra un árbol. Poco después de ser ingresado en el hospital, el joven muere, pero su corazón sigue latiendo. Thomas Remige, un especialista en trasplantes, debe convencer a unos padres en estado de shock de que ese corazón podría seguir viviendo en otro cuerpo. Y salvar, tal vez, una vida.

Éste es el contundente arranque de la novela, que mantiene al lector en vilo hasta las últimas líneas. En El intruso, un espléndido ensayo autobiográfico, Jean-Luc Nancy narraba en primera persona la experiencia de vivir con un corazón ajeno. Kerangal aborda aquí el tema en una no menos espléndida ficción literaria. En Reparar a los vivos, Maylis de Kerangal sutura con enorme maestría las palabras y las frases del cuerpo ficcional, en un relato de precisión quirúrgica sobre un trasplante cardíaco, cuya prosa sin duda acelerará nuestras pulsaciones.

«Considerar que Reparar a los vivos es sólo un texto impecable sobre un milagro de la cirugía sería un gran desprecio, ya que este libro es una verdadera novela, una gran novela, una novela extraordinaria, que sitúa a Maylis de Kerangal entre los grandes escritores de principios del siglo XXI» (Bernard Pivot, Le Journal du Dimanche).

«La escritora no separa nunca la técnica de la poesía, la cotidianeidad de la metafísica, la intimidad herida de la acción colectiva. Maylis de Kerangal pertenece a esa familia de escritores de alta escritura, aquellos que nos vuelven más humanamente humanos» (Lydia Flem,Le Monde).

«Cavando más hondo el surco que ya había labrado en Corniche Kennedy y Nacimiento de un puente, Maylis de Kerangal abre su arte a una amplitud nueva, y nos entrega con Reparar a los vivos una novela donde la fuerza proviene de la delicadeza. Algo reservado sólo a los grandes» (Alain Nicolas, l’Humanité).

«Maylis de Kerangal se integró en el colectivo de escritores Inculte en 2006. Lo que nos une, confirma la escritora francesa, es una serie de cuestiones comunes sobre lo que se escribe hoy, lo que escribimos, lo que leemos –lo contemporáneo, las fuentes y las influencias, la inscripción de la oralidad, lo extranjero en la propia lengua, la auscultación de los materiales de escritura» (Elisabeth Philippe, Le Magazine Littéraire).

«Una escritura precisa, ardiente» (Marine Landrot,Télérama).

MAYLIS DE KERANGAL

Maylis de Kerangal (Toulon, 1967) ha trabajado en el mundo editorial y es autora, entre otras, de las novelasJ e marche sous un ciel de traîne, La Vie voyageuse, Corniche Kennedy y Tangente vers l’est, y del libro de relatos Ni fleurs ni couronnes. En Anagrama ha publicado la novela Nacimiento de un puente, traducida a ocho idiomas y galardonada con los premios Médicis, Franz Hessel y Gregor von Rezzor.

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

    «Pierre Révol nació en 1959. Guerra Fría, triunfo de la revolución cubana, primer voto de las suizas en el cantón de Vaud, rodaje de Al final de la escapada de Godard, aparición de El almuerzo desnudo de Burroughs y de la obra mítica de Miles Davis Kind of Blue, el más grande disco de jazz de todos los tiempos, según Révol, quien gusta de decir gansadas, alabando el año en que nació. ¿Algo más? Sí –adopta un tono de desapego para mitigar el efecto de sus palabras, se lo imagina uno evitando mirar a su interlocutor, haciendo algo distinto, hurgándose el bolsillo, marcando un número de teléfono–, fue el año en que se redefinió la muerte. Y en ese instante no le disguta la amalgama de estupor y de terror que observa en los rostros de quienes lo rodean. Acto seguido añade, alzando la cabeza y esbozando una vaga sonrisa: lo cual, para un anestesista-reanimador, dista de ser baladí.»

[…]

    «De nuevo el dédalo, los pasillos que se suceden, de nuevo las siluetas trajinando, la ecografía, la espera, los goteros revisados, los tratamientos administrativos, las tensiones tomadas, los cuidados prodigados –aseos, escaras–, las habitaciones ventidadas, las sábanas cambiadas, los suelos fregados, y de nuevo Révol y sus zancadas desgarbadas, de nuevo los faldones de su bata blanca planeando en su espalda, el minúsculo despacho, y las sillas gélidas, de nuevo el sillón giratorio y el sulfuro removido en el hueco de la mano en el instante preciso en que Thomas Rémige llama a la puerta y sin esperar entra en la habitación, se presenta a los padres de Simon Limbres, expone su profesión –soy enfermero, trabajo en el servicio–, y se coloca junto a Révol, empujando un taburete hasta el escritorio. Ahora están los cuatro sentados en ese cubículo, y Révol advierte que debe apresurarse porque el ambiente se ha hecho asfixiante. Así que mira uno tras otro a ese hombre y a esa mujer, los padres de Simon Limbres –de nuevo, la mirada como empeño de palabra–, mientras afirma: el cerebro de Simon no manifiesta ninguna actividad, el electroencefalograma de treinta minutos que acaba de realizarse presenta un trazado plano, Simon está en una situación de como irreversible.»

 

“El silencio de las sirenas”, de Adelaida García Morales

No hace mucho que leí Los últimos días de Adelaida García Morales, un novela publicada a finales de septiembre del pasado año 2016, en la que la escritora Elvira Navarro reconstruye, valiéndose de la ficción, la última etapa de la vida de la escritora pacense Adelaida García Morales, fallecida en septiembre de 2014, y conocida, sobre todo, por ser la autora de El sur, la novela que inspiró la famosa película del mismo nombre de Víctor Erice.

Después de acabar el libro, me quedé con ganas de leer alguna de las obras escritas por García Morales, y comencé por El sur seguido de Bene. El libro me resultó muy interesante, por eso decidí continuar con la lectura de otra de sus primeras novelas: El silencio de las sirenas.

Adelaida García Morales comenzó a escribir El silencio de las sirenas, título que procede de un cuento de Kafka, en 1979. Interrumpió su escritura en 1980 a causa de un problema familiar y no la reinició hasta 1985. Ese mismo año se publicó la novela, con una buena acogida por parte de críticos y autores reconocidos y obteniendo los premios de novela Herralde e Ícaro.

Como ocurriera en sus obras anteriores, Adelaida vuelve a escribir sobre temas muy de su gusto, como son la soledad, la pena, la muerte o el amor; destacando en ésta, el ideal de amor platónico que le inspiró el filósofo Eugenio Trías. María, una joven maestra que llega a una localidad de La Alpujarra, nos cuenta la extraña e intensa historia de amor que vive Elsa, una joven forastera que conoce en la aldea.

El libro está escrito en Capileira, un pueblecito situado en la comarca granadina de La Alpujarra, donde la autora se había trasladado a vivir con su entonces pareja, Víctor Erice. En las páginas de su novela, Adelaida refleja, de forma magistral, la dureza y la belleza de estas tierras, y el carácter huraño y hasta hostil de sus gentes. 

«Pero después, con el paso del tiempo, vi que estos pueblos que desde lejos, cuando te vas acercando a ellos, parecen dormir en las faldas de las montañas o encaramados en sus cimas, después, cuando de alguna manera te han hecho suyo, aunque sólo sea con esa dudosa aceptación que aquí tiene el forastero, levantan a tu alrededor un auténtico griterío. Poco a poco vas comprendiendo que esa aparente quietud puede ser cualquier cosa menos paz. Pasiones violentas mueven los hilos de esas vidas que en un principio parecían tan serenas. Detrás de sus miradas reservadas, hoscas, late siempre una desconfianza hostil, el recuerdo de un odio antiguo aún no olvidado, el amor imposible que destrozó la vida… Y poco a poco vas descubriendo en los ojos huidizos de estos aldeanos una indiferencia cruel, una curiosidad despectiva y, también, el dolor de muchas separaciones, el dolor de un pueblo que agoniza. Y empiezas a ver la enfermedad por todas partes, enfermedad que aquí no se cura porque no hay dinero para prolongar las vidas inútiles.»

Como ocurriera con El sur, Erice, también quiso adaptar esta novela a la gran pantalla, pero el proyecto no se llevó a cabo.

El silencio de las sirenas es una gran novela, escrita con gran sensibilidad y que se lee de un tirón. Muy recomendable.

SINOPSIS

En el ambiente misterioso de una perdida aldea de Las Alpujarras, donde parece flotar todavía la magia de los antiguos dominadores musulmanes, una joven forastera vive una extraña, desmesurada y desesperada historia de amor con un hombre al que apenas conoce y que reside en la lejana Barcelona. Éste es, en síntesis, el hilo narrativo de El silencio de las sirenas, la obra ganadora del III Premio Herralde de Novela.

Aunque el personaje central y su pasión sean sublimemente románticos, Adelaida García Morales cuenta esta historia por medio de la voz interpuesta de María, la maestra del pueblo, lo cual le permite establecer una medidísima relación de distancia y, a la vez, complicidad con los hechos contados y demuestra que es cierto lo que ya se intuía tras la lectura de El Sur seguido de Bene: que nos encontramos ante una narradora, de una sensibilidad exacerbada, dotada de un talento muy personal. Con esta historia apasionada, Adelaida García Morales no sólo confirma la calidad de su obra, sino que da un paso adelante que la sitúa entre las más interesantes revelaciones de la narrativa española de los años ochenta.

«Si El Sur, aquel maravilloso e inquietante relato, anunciaba una nueva presencia en nuestra literatura más reciente, El silencio de las sirenas no hace sino confirmar la solidez de un estilo, la naturalidad narrativa de esta autora» (Amalia Iglesias, El Correo Español-El Pueblo Vasco).

ADELAIDA GARCÍA MORALES

Adelaida García Morales, nació en Badajoz en 1945, pero se crió en Sevilla, de donde eran sus padres. Se licencia en Filosofía y Letras en 1970 en Madrid y allí también estudia escritura de guiones en la Escuela Oficial de Cinematografía.

Trabajó como profesora de secundaria de lengua española y filosofía, fue modelo, actriz, formando parte del grupo de teatro Esperpento, y traductora en Argelia. Vivió durante cinco años en La Alpujarra, Granada.

Comienza a escribir El silencio de las sirenas en 1979. El Sur, su obra más famosa, la comienza en 1981, año en que gana el Premio Sésamo con Archipiélago, y el director Víctor Erice la convierte en una película en 1983. Su siguiente novela Bene, obra complementaria de El sur, se publica junto a esta en 1985. Y en ese mismo año publica El silencio de las sirenas, que obtiene los premios de novela Herralde e Ícaro. Posteriormente publicó La lógica del vampiro (1990), Las mujeres de Héctor (1994), Mi tía Águeda (1995), cuya protagonista es una mujer que rememora una infancia marcada por la muerte de su madre y los años pasados bajo la tutela de su intolerante y desabrida tía, y Nasmiya (1996). También en 1996 publicó Mujeres solas, su único volumen de poesía, al que siguieron los cuentos El accidente (1997) y La carta (1998), que formaba parte de la obra colectiva Vidas de mujer, las novelas La señorita Medina (1997) y El secreto de Elisa (1998), El legado de Amparo, cuento incluido en Mujeres al alba (1999), las novelas, publicadas en 2001, Una historia perversa y El testamento de Regina, y el cuento La mirada, incluido en Don Juan (2008)

Las creaciones de la autora se ajustan a los modelos de la literatura femenina, en el sentido de que los hombres ocupan un lugar secundario en el mundo íntimo de los personajes principales, casi siempre mujeres, que indagan en sus recuerdos con objeto de recuperar una identidad genuina, plena e independiente. En ocasiones, como ocurre en Nasmiya, se trata de un combate denodado por el reconocimiento de sus derechos: la protagonista, casada con un musulmán y convertida al islamismo, se enfrenta a su marido y al universo cultural que representa cuando aparece en el hogar una segunda esposa.

Falleció en 2014 de una insuficiencia cardíaca en Dos Hermanas, Sevilla, donde residía junto a uno de sus hijos.

«Adelaida no fue una persona común; tampoco una fantasmagoría. Logró cierta fama literaria, aunque efímera. Escribió siempre desde un dolor verdadero. Su herida primordial era muy profunda, venía de lejos. Nunca logró integrarse en la sociedad de su tiempo, y eso la honra. Vivía en precario en todos los planos de la existencia. Lo sé porque convivimos durante mucho tiempo; también porque, tras nuestro divorcio, me mantuve siempre próximo a ella.»

Victor Erice

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

  «… La muerte me amenaza desde todas partes. ¡Qué escándalo envejecer y morir! El sonido del viento siempre me lleva muy lejos y me ayuda a descansar, como cuando era niña. Ni siquiera el Dios único tiene poder para acercarte a mí. O quizás sólo se lo impida la indiferencia. El mundo parece ser el mismo en todas partes, pero no es así. Pues aquí, en esta aldea, marginada de la historia y lejos de los que rigen los destinos humanos, me parece haber caído en un mundo otro, enigmático y cruel. Aquí pasan los días las hojas de un libro. Tengo la impresión de estar tocando ya el final con una mano. Soy demasiado débil y mi desesperanza, en cambio, es demasiado grande para esta soledad de las montañas. Me siento subida a una extraña plataforma aérea, lanzada ya hacia la muerte. Y tú, Agustín, me destruyes. Mira cómo me haces enfermar: débil por ti, enloquecida por ti, que sólo me das tu silencio. Pero ya he aprendido a escuchar tu voz sin que me hables, y eso es lo peor. Pues ahora sé que tu silencio no es silencio, ni tu indiferencia, indiferencia. O quizá sólo sea mi esperanza disparatada que me hace inventar un fantasma, tú, con los sentimientos que deseo.»  
[…]
    «Elsa, atrapada en lo que en un principio quizá fuera sólo un juego, había perdido el control. Ahora se hallaba inmersa en un marasmo que la sobrepasaba, enredada en una red que ella misma había tejido pero que ya ni siquiera lograba comprender. Por primera vez me preocupé seriamente y advertí la gravedad de la situación. Ensayaba a solas diferentes discursos para hacerle reflexionar, pero durante los momentos en que me hallaba junto a ella no era capaz de decir ni de pensar nada. La intensidad de su dolor, de su desesperanza, de su amor, todo a un tiempo, me abrumaba. La suya era una historia fracasada ya desde el principio. En ningún momento observé en ella el menor interés en que aquello, fuera lo que fuese, alcanzara alguna manera de éxito. Parecía que su único deseo era el de contemplar, el de ser espectadora de una historia de amor supuestamente suya. Algo así como tirarse al agua sin mojarse.» 

 

“El asesinato de Sócrates”, de Marcos Chicot

«Qué terrible es la diferencia entre el gobierno de la justicia y la tiranía de los más convincentes.»

El asesinato de Sócrates es la última novela del escritor madrileño Marcos Chicot, con la que ha sido finalista del premio planeta 2016.

La narración se inicia en la Esparta del año 437 antes de Cristo. Tras el parto, una madre ve como su hijo le es arrancando literalmente de los brazos.  

      «El niño sacó una manita y la apoyó en la piel mojada de su madre. Su cabeza se movió hacia ambos lados como si olfateara con torpeza. Deyanira rozó con el dorso de un dedo su pequeña mandíbula y el recién nacido separó los párpados. Sus ojos eran grises como los de su madre, pero tan claros que parecían transparentes.

       Deyanira lo contempló extasiada.

    —Lo siento. —Los dedos de la partera envolvieron a su hijo y lo apartaron.

    —No. —Deyanira mantuvo las manos alrededor de él, pero tuvo miedo de hacerle daño y cedió—. ¡No! —La partera le dio la espalda y se alejó—. ¡Decidle que es su hijo!

     La mujer cruzó la puerta y desapareció de su vista.

   —¡Decidle que es su hijo!

    Intentó ponerse de pie y el mundo se convirtió en negrura. Notó que su cabeza golpeaba contra el suelo de tierra. Tomó aire y trató de gritar mientras se desvanecía.

   —¡Es tu hijo, Aristón!… Es tu hijo…»

portada_el-asesinato-de-socrates_marcos-chicot_201610201752

El gran protagonista de la novela es el filósofo griego Sócrates, un personaje que marcó una época y que ha sido considerado el padre de la filosofía occidental. La trama de la historia se desarrolla en el siglo más apasionante de la Grecia Clásica y en ella se mezclan personajes históricos con otros de ficción.

En más de una ocasión, el autor de El asesinato de Pitágoras ha destacado el paralelismo existente entre la decadencia de Grecia y el momento actual. En su pasada visita a la Feria del Libro de Badajoz, Chicot afirmó que muchas de las cosas que están ocurriendo en la actualidad ya sucedían en la Grecia de Sócrates.

Nos encontramos ante una novela histórica, bien escrita, amena y fácil de leer. La historia se apoya en un gran trabajo previo de documentación histórica, que trata de reflejar de un modo riguroso el momento histórico en el que transcurre la acción.

SINOPSIS

«El asesinato de Sócrates recrea magistralmente la época más extraordinaria de nuestra historia. Madres que luchan por sus hijos, amores imposibles y soldados tratando de sobrevivir se entrelazan de un modo fascinante con los gobernantes, artistas y pensadores que convirtieron Grecia en la cuna de nuestra civilización. A lo largo de las páginas de esta absorbente novela, brilla con luz propia la figura inigualable de Sócrates, el hombre cuya vida y muerte nos inspiran desde hace siglos, el filósofo que marca un antes y un después en la historia de la humanidad.»

Leer el primer capítulo de la novela

MARCOS CHICOT

000069372_1_Foto_autor_(c)_NINES_MINGUEZ_201610201739Marcos Chicot (Madrid, 1971). Es licenciado en Psicología Clínica, Psicología Laboral y Económicas. Está casado y tiene dos hijos: Lucía (2009) y Daniel (2012).

En lo literario, Chicot se dio a conocer en el año 1998 con la novela Diario de Gordon, obra que le valió el prestigioso Premio Francisco Umbral. Desde entonces ha seguido dentro de la novela y el relato, con incursiones en la literatura juvenil, aunque sin duda es conocido para el gran público gracias a su libro de 2013, El asesinato de Pitágoras, finalista del Planeta y que ha sido publicado en más de 20 países. En 2014 refrendó su éxito con la novela La Hermandad.

En 2016 logró el segundo puesto en el Premio Planeta gracias a su obra El asesinato de Sócrates.

Pertenece a la organización Mensa, y dona el 10% de lo que obtiene con sus novelas a organizaciones de ayuda a personas con discapacidad.

OTRO FRAGMENTO DE LA NOVELA

     «–Pero, Sócrates – intervino uno de los jóvenes que asistía por primera vez– , ¿qué puedes enseñarnos tú entonces, de qué sirve que nos hagas desconfiar de todo lo que sabemos?

    –Ay, querido amigo, yo sólo puedo enseñaros lo que sé. Mi pequeña sabiduría consiste en haber aprendido que los hombres creen saber sin que eso sea cierto. No obstante, quizá podríamos aprovecharnos también de cierta habilidad que creo tener para la enseñanza; y aún hay otra destreza que aprendí de mi madre, Fainarate, que era comadrona. Se trata de la mayéutica, el arte del alumbramiento. Mi madre ayudaba a las mujeres a dar a luz, y yo hago lo mismo con las almas de aquellos que aceptan que los interrogue. El primer conocimiento que hay que alumbrar, no obstante, es la conciencia de nuestro desconocimiento. Es como si quisiéramos pintar un cuadro en una tabla que unos niños hubieran llenado de garabatos. Lo mejor será limpiar primero la tabla, y sólo después empezar a pintar en ella.

     Otro de los jóvenes, sorprendido ante las palabras de Sócrates, se apresuró a replicar.

    –¿Qué conocimiento vamos a adquirir con tus enseñanzas, si manifiestas que no sabes nada?

     Sócrates le respondió con énfasis.

   –El verdadero conocimiento no se aprende, se llega a él mediante conclusiones propias, si bien un maestro puede guiarnos a través del proceso de razonamiento,. Saber que lo que creíamos que era cierto no lo es ya es estar por delante de quienes están llenos de verdades sólo aparente. Y no debes dudar de que indagar es avanzar en el conocimiento, aunque todavía no se haya alcanzado la meta.»

 

 

“Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses” de Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros

Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros (Cáceres, 1899-1972) fue un gran conocedor y divulgador de la tierra de Extremadura, “región de historia, arte, tipismo y realidades, que fue largo tiempo ignorada de muchas gentes”, llegando a publicar numerosos trabajos de investigación histórica relativos a temas extremeños.

Dentro de esta gran labor de divulgación, la editorial Espasa Calpe publicó, en 1961, el libro titulado Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses, su obra más conocida y difundida. En 1981, la Caja de Ahorros de Cáceres reeditó la obra, con motivo del 75 Aniversario de la fundación de la misma. A través de sus 653 páginas y más de 600 fotografías, el Conde de Canilleros realiza un amplio recorrido por Extremadura, ofreciéndonos toda una serie de interesantes datos de carácter geográfico, histórico, artístico, monumental, arqueológico y social.

Panorámica de Feria retoque. 1

Muñoz de San Pedro fue un gran investigador y divulgador de los temas referentes a la gesta extremeña en América. Utilizó el título de un libro de García Serrano para subtitular su propia obra. Sobre este particular, escribe en los preliminares de la misma:

    «Un escritor de nuestro tiempo, Rafael García Serrano, tuvo la fortuna de encontrar un título definitivo para un libro suyo sobre una conquista americana: Cuando los dioses nacían en Extremadura. Nada más adecuado, como símbolo de la región extremeña, que ese título, pregonero de una gloria impar, de un monopolio en el nacimiento de aquellos auténticos dioses, superadores en realidades absolutas de las hazañas míticas de las olímpicas deidades helénicas.

    Extremadura, con sus terrenos primitivos, que le dan ancestral prestigio geológico y telúrico; con sus contrastes geográficos, con su tradición agrícola y ganadera, con sus remotas civilizaciones, con su historia gloriosa y sus tesoros de arte, tuvo su momento crucial y decisivo, su apoteosis universal, en la conquista de América. Aquí nacieron los dioses, todos los grandes dioses conquistadores del inmenso continente, desde Vasco Núñez de Balboa a Pedro de Valdivia, desde Hernán Cortés a Francisco Pizarro, desde Sebastián de Belalcázar a Pedro de Alvarado, desde Francisco de Orellana, el titán del Amazonas, a Hernando de Soto, el soñador del Misisipí…»

El Conde de Canilleros realiza una exhaustiva descripción de la región extremeña. En su obra, que está dividida en dos partes: la Alta Extremadura y la Baja Extremadura, hace un recorrido por todas sus localidades, comenzando por la provincia de Cáceres, que divide en trece comarcas, y continuando con la de Badajoz, dividida en catorce comarcas. Como expresa el propio autor:

    «Desde el feliz hallazgo de García Serrano, Extremadura será ya siempre la tierra en la que nacían los dioses. Y esta tierra, en una visión necesariamente compendiada, es la que vamos a recorrer, lector amigo, a través de sierras y llanuras, por ilustres ciudades históricas y campesinas aldeas labradoras, entre viejos castillos y modernos pantanos, atentos a un ayer único y glorioso, sin olvidar un futuro de infinitas posibilidades, que acaso pueda hacer el milagro de que la tierra en la que nacían los dioses sean el futuro paraíso de la patria []

   Queremos mencionar íntegramente la toponimia extremeña, todas las localidades, sin excepción. Muchos pueblos no aportarán más que su nombre o, si acaso, cualquier escueta noticia. Ésta es la Extremadura aldeana y olvidada, que también tiene derecho a figurar alguna vez en las páginas impresas, porque, además, no faltará alguien que cifre su ilusión en leer aquí cualquiera de esos nombres. La oscuridad que en ellos se encierra la compensarán crecidamente tantas ciudades y pueblos cargados de arte, de historia, de interés […]

   Nuestro propósito no es trazar rutas turísticas, sino adentrarnos en Extremadura, perdernos en sus confines e ir descubriendo lo que nos salga al paso, sea historia o leyenda, arte o tipismo, pretérito o presente… Captar las estrofas de este poema que es lo extremeño, en el que rimen la oveja merina trashumante y el recio castillo, la torre y el granero, el hidalgo y el gañan, la encina y el pantano, la sierra y la llanura, el sol y la espiga, el ayer y el mañana…» 

En fin, un trabajo magnífico, muy recomendable. Un libro que puede encontrarse disponible en el catálogo de algunas de nuestras bibliotecas públicas y también en alguna librería de segunda mano.

En este enlace puede accederse al libro, en formato digital, gracias a Biblioteca Virtual Extremeña

SINOPSIS

MUÑOZ DE SAN PEDRO, Miguel, Conde de Canilleros
  Extremadura : (la tierra en la que nacían los dioses) / Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros
  Madrid : Espasa-Calpe, 1961
  653 p. con 1 lám., 1 map. pleg.

Miguel Muñoz de San Pedro (1899-1972) prolífico autor de estudios históricos y literarios sobre Extremadura. Luchó con todos sus medios para divulgar la riqueza de su patrimonio histórico-artístico y literario.

El autor toma el título de su extenso libro, 653 páginas, Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses del escrito por Rafael García Serrano Cuando los dioses nacían en Extremadura.

Esta descripción histórico-geográfica de nuestra región, en la que menciona todas sus localidades, está dividida en dos: la Alta Extremadura y la Baja Extremadura.

Comienza por la provincia de Cáceres que la divide en trece comarcas, que no se corresponden con las regiones naturales. A continuación lo mismo hace con la provincia de Badajoz, pero esta vez la distribuye en catorce comarcas.

Finaliza esta obra con un colofón en el que el autor expresa su opinión de que con este libro ha querido realizar un recorrido por Extremadura “región de historia, arte, tipismo y realidades”. Hay que decir que lo ha conseguido con creces en un momento en que nuestra región era, en el mejor de los casos, ignorada y, en el peor, vilipendiada.

En efecto, está escrito en un momento en que escaseaban los estudios sobre Extremadura, recordemos que en aquel momento nuestra región carecía de Universidad, por la que tanto luchaba el autor de este libro. Con este manual pretendió divulgar la historia, el arte y las costumbres más características de la región. El libro se convirtió en libro de referencia tanto de intelectuales como de políticos extremeños y alcanzó una gran divulgación. Pues además de estar escrito en una bella prosa literaria también contaba las necesidades que acuciaban a su tierra natal.

La única crítica que se puede hacer a este ameno libro es que todas las ilustraciones están en blanco y negro, pero esto en vez de quitarle valor al libro lo que hace es convertirlo en un sobrio ejemplar. El blanco y negro está en la línea de la austeridad que, según la tradición, es una de las características de los extremeños.

García Rueda Muñoz de San Pedro en Extremadura tierra de libros

LA VILLA DE FERIA EN “EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACÍAN LOS DIOSES”

Dentro de la la Segunda parte de la obra, en su apartado VI, titulado La poderosa casa de Feria, encontramos información referente a la villa de Feria, ilustrada con excelentes fotografías de Luis Olivenza. De esta información destacamos:

     «Lo dice la copla, reflejando una realidad geográfica que evoca el poderío del linaje:

¡Madrecita, quién tuviera
la tierra que se divisa 
desde el castillo de Feria!

     Como a su homónimo el Médicis florentino, el gran prócer extremeño Lorenzo Suárez de Figueroa, primer conde de Feria, se le puede llamar Lorenzo el Magnífico. Tuvo por antecedente a su abuelo de igual nombre, maestre de Santiago, que asentó las bases del engrandecimiento, culminado en el nieto, de la poderosa casa de Feria, que impone sobre los ámbitos del distrito de Zafra el recuerdo de su grandeza.

     Aquí ya el suelo, en general, salvo los manchones de Barros, no es hondo y jugoso, sino duro y esquivo, para vencerle en constante lucha. Derivaciones de la orografía Mariánica, que alcanzan sus mayores alturas en sierra Vieja y en la de los Santos, dan diversos relieves al amplio secano, en el que impera la encina, alternando con los cereales, la viña y el olivar. En los llanos emerge la piedra pizarrosa; en la sierra, la caliza marmórea.

    Dos puntos centran complementariamente el recuerdo de los Suárez de Figueroa: Feria, que es el castillo, lo guerrero, y Zafra, que es el alcázar, lo señorial.

El castillo

20170208131631_00001 copy

     El castillo de Feria, más o menos lejano, nos vigila en nuestro avance y nos atrae hacia su cumbre[…]

    Ya no queremos demorar el ir al castillo que simboliza el poderío guerrero de los Suárez de Figueroa. La villa que no fue ni puede ser otra cosa que el complemento indispensable de la fortaleza, tiene el orgullo de haber dado a condes y duques su nombre de Feria. Ellos le dieron a cambio, por armas heráldicas, las cinco hojas de higuera de los Figueroas, que timbran castillos, iglesias, conventos y palacios de tantas localidades, alternando muchas veces con el cuartelado escudo –primero y cuarto, mano alada con espada; segundo y tercero, un león–  de los Manuel, descendientes del infante de este nombre, hijo de Fernando III el Santo, apellido de la esposa del primer conde de Feria.

Los más salientes edificios de la villa son el sencillo y blasonado Ayuntamiento y la parroquia de San Bartolomé, de cuadrada torre y de una nave, cubierta con bóvedas de crucería, que puede datar de fines del siglo XV o principios del XVI. Una de las portadas de este templo, que tiene indudable empaque, se adorna de tallos, hojas, flores, centauros, leones, aves fantásticas y hornacina con imágenes, componiendo un conjunto bello y de interés.

    El castillo, en lo alto, es un hito señero de historia. En 1241 ganó a los moros este baluarte el maestre de Santiago don Pedro Gómez Mengo; pero era otro bien distinto, porque el actual fue obra del primer conde de Feria, a quien concediera Enrique IV en 1460 el condado, convertido por Felipe II, en 1567, en ducado para el quinto conde, don Gómez Suárez de Figueroa.

    Lorenzo el Magnífico, soberbio prerrenacentista, rico y poderoso, puso en sus vastos territorios la afirmación de su grandeza, hermanando los conceptos de defensa y señorío. El alcázar-fortaleza de Zafra tenía una complementaria red de baluartes, que aseguraba los dominios, formada por los castillos de Nogales, Benquerencia, Villalba de los Barros y Los Arcos, presididos por este de Feria.

   Los hoy deteriorados recintos se agarran a las rocas del cerro, con las torres redondas de su línea defensiva y la central mole cuadrada, altísima e imponente, de la del homenaje. Muros de mampostería, ventanas góticas y blasones, venciendo el dolor del abandono, se enpeñan en mantener firme una bella grandeza del siglo XV, en la cumbre desde la que se divisan tantos castillos, tierras y pueblos que fueron de la gran casa, la más importante de toda Extremadura, que tomó nombre de esta pequeña, campesina e histórica villa de Feria.»

MIGUEL MUÑOZ DE SAN PEDRO, CONDE DE CANILLEROS

20170627122448_00001Miguel Muñoz de San Pedro (Cáceres, 1899-1972). Abogado, historiador y literato, autor de numerosos libros, artículos y conferencias. Su actividad literaria, presidida por el estilo modernista, se reparte entre poesías y comedias: Lises de fuego y A través de la aurora (1923); Romance feudal (1935). Pero donde verdaderamente destaca es en la investigación histórica. Entre su ingente producción, dedicada exclusivamente a temas extremeños cabe destacar la biografía Diego García de Paredes, el Hércules y Sansón de España (1946); Don Gutierre de Sotomayor, Maestre de Alcántara (1949); El capitán Diego de Cáceres Ovando (1952); Diego García de Paredes, fundador de Trujillo de Venezuela (en colaboración con el H. Nectario, 1957).

Otras relativas a la conquista de las Indias son Vieja biografía de Don Pedro de Alvarado (1947); Relación del descubrimiento del reino del Perú, que hizo Diego de Trujillo (1949); Expedición de Hernando de Soto a Florida (1924); Tres testigos de la conquista del Perú (1954); Francisco de Lizaur; Informe sobre el lugar de nacimiento de Hernando de Soto (1962); y Doña Isabel de Moctezuma (1965); mereciendo especial atención sus estudios dedicados a los Pizarros: Las últimas disposiciones del último Pizarro de la Conquista, y Francisco Pizarro debió apellidarse Díaz o Hinojosa (1950); Doña Isabel de Vargas, esposa del padre del Conquistador del Perú (1951); Información sobre el linaje de Hernando Pizarro (1966); Informe sobre el nacimiento de Francisco Pizarro (1969); y La sombra de Doña Isabel de Mercado (1970).

Dentro de su labor de divulgación extremeña publicó Extremadura (la tierra en la que nacían los dioses) (1961); Cáceres (1969); y Badajoz (1971).

Otros trabajos suyos son: Recuerdos (sobre diversas personalidades conocidas por él y publicados en la revista Alcántara entre 1947 y 1972); Crónicas Trujillanas del siglo XVI (1952); La esposa de Donoso Cortés: los García-Carrasco y La ciudad de Cáceres: estampas de medio siglo de pequeña historia (1953); Coria y el Mantel de la Sagrada Cena (1961); Reflejos de siete siglos de vida extremeña en cien documentos notariales (1965); La Real Audiencia de Extremadura (1966); Cómo se hizo Cáceres (1966); La antihistoria extremeña (1969); y Broza, la Encomienda Mayor (1970).

Correspondiente de las Reales Academias de la Historia y de la Española de la Lengua (de ésta, el único representante en toda la región), Director del Museo Arqueológico y de Bellas Artes de Cáceres y Cronista Oficial de la ciudad, fue nombrado a su muerte Presidente de Honor perpetuo de los Congresos de Estudios Extremeños.

José Miguel Lodo de Mayoralgo  en Gran Enciclopedia de Extremadura