“El sur seguido de Bene”, de Adelaida García Morales

«El sufrimiento peor es el que no tiene un motivo determinado. Viene de todas partes y de nada 
en particular. Es como si no tuviera rostro.» 

A finales de septiembre del pasado año 2016 se publicó la novela titulada Los últimos días de Adelaida García Morales. En ella, su autora, Elvira Navarro reconstruye, valiéndose de la ficción, la última etapa de la vida de la escritora pacense Adelaida García Morales, fallecida en septiembre de 2014. García Morales nació en Badajoz en 1945. Aunque escribió algo más de una docena de libros, es conocida, sobre todo, por ser la autora de El sur, la novela que inspiró la conocida película del mismo nombre de Víctor Erice, entonces marido de Adelaida.

La curiosidad me llevó a leer el citado libro de Elvira Navarro, una novela que me ha parecido muy interesante y fácil de leer. Y me quedé con ganas de leer alguna de las novelas de la, tristemente desaparecida, escritora extremeña, por eso me animé a empezar por alguno de sus primeros relatos.

En 1885 se publicó el libro titulado El sur seguido de Bene, un volumen que incluía El sur y Bene, dos novelas cortas complementarias entre sí y de marcados tintes autobiográficos. En los dos relatos, García Morales nos ofrece, a través de la mirada de una adolescente, la visión de un mundo adulto lleno de misterio y de terribles verdades. Y en ambos escribe sobre la soledad, la pena, el amor y la muerte; temas muy del gusto de la autora nacida en Badajoz.

El sur seguido de Bene es un libro escrito con un estilo sencillo, directo y austero. Muy recomendable.

Adelaida García Morales escribió El sur entre junio y julio de 1981. Cómo se señala en el epílogo de Los últimos días de Adelaida García Morales, el relato se nutre de las vivencias dramáticas que marcaron la infancia y adolescencia de la autora: la áspera relación con su madre (la escritora llegó a afirmar que nunca se sintió querida por ella), la depresión de su padre (del que se sentía fascinada y con el que tuvo una relación obsesiva), la nostalgia con la que es evocado el sur sevillano, de donde los progenitores de la escritora fueron arrancados porque el padre encontró trabajo como ingeniero de minas en Extremadura; la familiaridad de Adelaida con el péndulo debida a la profesión de su padre. La casa de su niñez en Badajoz inspiró la casa donde el personaje de El sur Gloria Valle vive con su hijo.

En diciembre de 1982, Víctor Erice comenzó el rodaje, en escenarios naturales de La Rioja, de la adaptación de El sur que se vería interrumpido por problemas económicos. La película se estrenó incompleta, obteniendo un notable éxito del público y de la crítica. Esto hizo que el productor de la película, Elías Querejeta, se negara a terminarla por considerar que el filme quedaba bien así, con el sur solo evocado.

La Gaviota” es un caserón situado en las afueras de una ciudad del norte de España. En ella viven Agustín, médico y zahorí, su mujer, maestra represaliada por el franquismo, y su hija Estrella. La niña, desde su infancia, sospecha que su padre oculta un secreto. (FilmAffinity)

SINOPSIS

Este volumen incluye dos novelas cortas, la primera de las cuales, El Sur, dio origen al guión de la película del mismo título dirigida por Víctor Erice. Tanto esta historia como la que se cuenta en Bene se caracterizan por su magnetismo narrativo, basado en la especial habilidad de Adelaida García Morales para rodear de un aura de misterio a ciertos personajes masculinos en torno a cuya ausencia teje cada una de las narraciones. Ausencia física pero presencia de sombra, añorada en un caso, ominosa en el otro, cuyo peso se hace sentir doblemente a causa de su misma realidad fantasmagórica.

Moviéndose en un territorio que bordea las simas del incesto y del mal contempladas desde la pureza amoral de la adolescencia, estos dos relatos adentran al lector en regiones poco transitadas por nuestra literatura, y situaron a su autora en un lugar destacado.

«El Sur es uno de los relatos de amor más originales, de más poderosa sencillez, que ha dado nuestra literatura actual.» Ángel Fernández-Santos

«El Sur es un bello relato que mantiene su poder y fascinación con absoluta autonomía… Bene es una novela que roza la maestría.» Luis Mateo Díaz

ADELAIDA GARCÍA MORALES

Adelaida García Morales, nació en Badajoz en 1945, pero se crió en Sevilla, de donde eran sus padres. Se licencia en Filosofía y Letras en 1970 en Madrid y allí también estudia escritura de guiones en la Escuela Oficial de Cinematografía.

Trabajó como profesora de secundaria de lengua española y filosofía, fue modelo, actriz, formando parte del grupo de teatro Esperpento, y traductora en Argelia. Vivió durante cinco años en La Alpujarra, Granada.

Comienza a escribir El silencio de las sirenas en 1979. El Sur, su obra más famosa, la comienza en 1981, año en que gana el Premio Sésamo con Archipiélago, y el director Víctor Erice la convierte en una película en 1983. Su siguiente novela Bene, obra complementaria de El sur, se publica junto a esta en 1985. Y en ese mismo año publica El silencio de las sirenas, que obtiene los premios de novela Herralde e Ícaro. Posteriormente publicó La lógica del vampiro (1990), Las mujeres de Héctor (1994), Mi tía Águeda (1995), cuya protagonista es una mujer que rememora una infancia marcada por la muerte de su madre y los años pasados bajo la tutela de su intolerante y desabrida tía, y Nasmiya (1996). También en 1996 publicó Mujeres solas, su único volumen de poesía, al que siguieron los cuentos El accidente (1997) y La carta (1998), que formaba parte de la obra colectiva Vidas de mujer, las novelas La señorita Medina (1997) y El secreto de Elisa (1998), El legado de Amparo, cuento incluido en Mujeres al alba (1999), las novelas, publicadas en 2001, Una historia perversa y El testamento de Regina, y el cuento La mirada, incluido en Don Juan (2008)

Las creaciones de la autora se ajustan a los modelos de la literatura femenina, en el sentido de que los hombres ocupan un lugar secundario en el mundo íntimo de los personajes principales, casi siempre mujeres, que indagan en sus recuerdos con objeto de recuperar una identidad genuina, plena e independiente. En ocasiones, como ocurre en Nasmiya, se trata de un combate denodado por el reconocimiento de sus derechos: la protagonista, casada con un musulmán y convertida al islamismo, se enfrenta a su marido y al universo cultural que representa cuando aparece en el hogar una segunda esposa.

Falleció en 2014 de una insuficiencia cardíaca en Dos Hermanas, Sevilla, donde residía junto a uno de sus hijos.

«Adelaida no fue una persona común; tampoco una fantasmagoría. Logró cierta fama literaria, aunque efímera. Escribió siempre desde un dolor verdadero. Su herida primordial era muy profunda, venía de lejos. Nunca logró integrarse en la sociedad de su tiempo, y eso la honra. Vivía en precario en todos los planos de la existencia. Lo sé porque convivimos durante mucho tiempo; también porque, tras nuestro divorcio, me mantuve siempre próximo a ella.»  Victor Erice

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

     «Mañana, en cuanto amanezca, iré a visitar tu tumba, papá. Me han dicho que la hierba crece salvaje entre sus grietas y que jamás lucen flores frescas sobre ella. Nadie te visita. Mamá se marchó a su tierra y tú no tenías amigos. Decían que eras tan raro… Pero a mí nunca me extrañó. Pensaba que entonces tú eras un mago y que los magos eran siempre grandes solitarios.
[…]
     Yo entonces no sabía nada de tu pasado. Nunca hablabas de ti mismo ni de los tuyos. Para mí eras un enigma, un ser especial que había llegado de otra tierra, de una ciudad de leyenda que yo había visitado sólo una vez y que recordaba como el escenario de un sueño. Era un lugar fantástico, donde el sol parecía brillar con una luz diferente y de donde una oscura pasión te hizo salir para no regresar nunca más. No sabes qué bien comprendí ya entonces tu muerte elegida. Pues creo que heredé de ti no solo tu rostro, teñido con los colores de mamá, sino también tu enorme capacidad para la desesperación y, sobre todo, para el aislamiento. Aun ahora, cuanto mayor es la soledad que me rodea mejor me siento. Y, sin embargo, me encontré tan abandonada aquella noche. Nunca olvidaré la impenetrable oscuridad que envolvía la casa cuando tú desapareciste. Yo tenía quince años, y miraba a través de los cristales de mi ventana.»
El Sur

 

    «Anoche soñé contigo, Santiago. Venías a mi lado, paseando lentamente entre aquellos eucaliptos donde tantas veces fuimos a merendar con Bene, ¿recuerdas? También ella aparecía en mi sueño. Vestía un traje gris de listas y un delantal blanco, su uniforme. Aparecía muy triste, clavando su mirada en el suelo, entre sus pies, con sus manos juntas, como una colegiala. Tú y yo caminábamos lentamente, y ella permanecía muy quieta a lo lejos. No llevaba la cesta de la merienda y parecía ocultarse de alguien o de algo, quizás de aquellos gritos tan desagradables que tía Elisa, tan dulce y correcta para todos los demás, le dirigía por cualquier insignificancia. Tú habías vuelto para quedarte conmigo aquí, en esa vieja casa donde los dos nacimos y donde yo vivo ahora, envuelta en las sombras de los que os habéis marchado.
[…]
     Vivíamos en Extremadura, en una casa grande y aislada que distaba unos tres kilómetros de la ciudad. Yo no dejaba pasar ninguna oportunidad de salir al exterior, pues estaba cansada de apostarme en la cancela y, a través de sus barrotes, contemplar la carretera, casi siempre vacía. Allí fuera empezaba el mundo, donde yo imaginaba que podrían ocurrir las cosas más extraordinarias […] A veces pasaban largas caravanas de gitanos silenciosos y cansados. Conducían sus pesados carromatos, y yo no sabía nunca a dónde se dirigían ni de dónde venían. Siempre ha existido una gran pobreza en Extremadura, pero entonces, a principios de los años cincuenta, la miseria se hacía presente por todas partes.»
Bene

 

“San Antonio de Padua”, de Cándido de Viñayo

«El santo de todo el mundo»

En este libro, Cándido de Viñayo nos acerca a la vida y milagros de San Antonio de Padua, uno de los santos más populares y milagrosos de la iglesia, desde su nacimiento, ocurrido en Lisboa, cerca de la catedral, hasta su muerte en la ciudad italiana de Padua, lugar donde está enterrado y se veneran sus reliquias. Y lo hace en un estilo riguroso, pero ameno y sencillo a la vez, permitiéndonos descubrir las razones por las cuales es un santo tan popular y tan querido por todos. Un santo con una vida corta, pero muy intensa, que podría compararse con una ruta de luz que va ascendiendo siempre hasta llegar a la meta de la gloria.

san_antonio_de_padua_con_nic3b1o_murillo (1)

    «Se representa joven, vestido de hábito franciscano, con un lirio y un libro en las manos. Lo que más destaca de él es el Niño Jesús que ordinariamente sotsiene en sus brazo.»

Cándido de Viñayo nos descubre las cualidades tan especiales de las que estaba adornado el santo lisboeta, que se hizo célebre en su tiempo por su elocuencia, por su santidad, y por el don de hacer milagros. Hizo tantos que la gente por donde pasaba le llamaba El Sembrador de milagros.

    «De este modo, Fray Antonio, iba por todas partes esparciendo el perfume de su bondad, con lo que aliviaba los dolores, conformaba los ánimos y conquistaba las almas para Dios. Sus palabras, sus confesiones, sus milagros, sus hermosos ejemplos de virtud, todo, todo se convertía en suavísimas redes con que atraía y cautivaba los corazones en los que prendía el fuego del amor de Dios, en que ardía el suyo.»

San Antonio sigue ejerciendo su influencia bienhechora después de muerto y continúa derramando una lluvia de gracias sobre sus devotos. El pueblo cristiano busca siempre en él consuelo, protección, y el remedio de todas sus necesidades. A él recurren las mozas casaderas, también quienes han perdido algún objeto, y es invocado casi para cualquier necesidad.

     «Esas gracias caen sobre la tierra como lluvia del cielo que alivia el dolor y hace alegre la vida. Así, por intercesión de San Antonio, según reza su responsorio, son desterrados la muerte y el error, huyen el demonio y la miseria, los leprosos y demás enfermos quedan sanos; el mar se calma, son redimidos los cautivos, los miembros paralizados recobran sus flexibilidad y las cosas perdidas son halladas. Por doquier se nota algo así como un divina fragancia que conforta los corazones.»

 Responsorio de San Antonio

  Si buscas milagros, mira:
muerte y error desterrados,
miseria y demonios huidos,
leprosos y enfermos sanos.
  El mar sosiega su ira,
redímense encarcelados;
miembros y bienes perdidos
recobran mozos y ancianos.
  El peligro se retira,
los pobres van remediados;
cuéntenlo los socorridos,
díganlo los paduanos.
  El mar sosiega su ira,
redímense encarcelados;
miembros y bienes perdidos
recobran mozos y ancianos.
  Gloria al Padre, Gloria al Hijo,
Gloria al Espíritu Santo.
    El mar sosiega su ira,
redímense encarcelados;
miembros y bienes perdidos
recobran mozos y ancianos
    Ruega a Cristo por nosotros,
Antonio glorioso y santo,
para que dignos así
de sus promesas seamos.
           Amén

El libro, bellamente ilustrado, se complementa con una serie de apéndices en los que figuran, entre otros, el Ejercicio de la Novena de San Antonio, la bendición de las flores de San Antonio o el canto popular de los pajaritos. Muy interesante

SINOPSIS

«Todo santo es un hombre antes que un santo, y un santo puede llegar a serlo cualquier hombre». ¿Cómo era el hombre Antonio de Padua?

En tus manos, lector, tienes escrita con sencillez la vida del santo más popular de la Iglesia: San Antonio de Padua.

9788485064717

Los hombres de hoy son positivistas y prefieren contabilizar más que simbolizar.

Se contabilizan las obras socio-benéficas, más que los milagros; la asistencia y el servicio a la humanidad, más que la oración; los trabajos en favor del prójimo que dicen relación a la comida, al vestido, a la casa y a la cultura, más que lo que trasciende los sentidos…

Aquí estamos frente a un hombre a quien se presenta con un lirio y un libro en la mano: es el lisboeta san Antonio de Padua.

************

Decía Chesterton, el escritor inglés, que “todo santo es un hombre antes que santo: y un santo puede llegar a serlo cualquier hombre”. ¿Cómo era el hombre Antonio?… A san Antonio le conocen las gentes por las letrillas de la “Verbena de la Paloma”, por el “santo casamentero”, por la “Canción de los pajaritos”, por la imagen que cada pueblo tiene en la Iglesia en la que se representa al santo con el niño y el azucenón de trapo.

Ni como el hombre ni como santo, Antonio de Padua fue esa gentil figura estilizada y blandengue que la tradición nos ha ofrecido o que la devoción del pueblo ha cargado de leyendas y dulces atributos. Las primeras pinturas que se conservan de él y que se remontan al siglo XIII –cuyos autores debieron recoger la descripción verbal de quienes lo trataron– , nos muestran la figura de un hombre más bien bajo, fuerte y rechoncho; así lo ven Giotto, la escuela paduana del siglo XVI y el artista polaco Mateo Bertowicz. Donatello ya lo estiliza un poco más, así como Bordone, discípulo de Tiziano, en el siglo XVI… y Vanucci que ya comienza a adelgazarlo.

Rubens, Van Dick, Ribera, Murillo, Gercino y Tiépolo no idealizaron la figura del fraile portugués e, incluso, el Greco –cosa rara– no estiliza la figura de san Antonio. Goya tuvo la genialidad de hacer una balconada paralela al plano de la cúpula en san Antonio de la Florida… Allí san Antonio es de mediana estatura, no muy gordo pero tampoco el tipo dulzarrón que nos dan algunos artistas modernos. Sólo debido a la imaginación popular se explica el que los artistas comenzaran a idealizar su imagen. Mil veces representado por el arte; desde el siglo XIII hasta hoy, cada artista lo ha visto a su modo; sin embargo, todos coinciden en una nota singular; su simpatía.

*************

Se conserva una descripción literaria que lo describe así: “Tenía el color moreno, porque los españoles, vecinos de los moros, son todos de color moreno. Su estatura era inferior a la mediana, pero corpulento e hidrópico. Su fisonomía era delicada y tenía tal expresión de piedad, que, desde luego, sin conocerle se adivinaba en él carácter apacible y bueno”.

*************

Si hubiera vivido hoy san Antonio, hubiera sido un hombre de constantes viajes. Su vida le refleja inquieto, viajero y emprendedor: no duda un momento de marchar de Lisboa a Marruecos; y después Italia y Francia conocen la medida de sus sandalias: predicador ambulante, popular, profesor de teología, escritor, metido de lleno en los conflictos de su Orden, y siempre en una actividad sorprendente dados los medios de comunicación de su época. Por los datos que conocemos de su vida podemos trazar estos rasgos temperamentales: apacible y emprendedor, amable y audaz, sociable y valiente. Es decir, datos que no están muy de acuerdo con ese tipo de santo que la leyenda conoce lleno de beatíficas suavidades para solaz de mujeres piadosas.

************

La obra literaria de san Antonio como escritor es fecunda: en los escritos, lo mismo que en la pupila del ojo, se refleja la persona: a través de ellos adivinamos que san Antonio tenía un carácter humorístico, de fina ironía… y no exento de dureza cuando debía proclamar la verdad frente a los enredos humanos. La bondad del santo nunca puede confundirse con la tontería: “Los fariseos de hoy sólo quieren escuchar lo que les halaga. ¿Quiénes escuchan las palabras de vida? Los pobrecillos, los ignorantes, los rústicos, las viejecillas… Estamos llenos de palabras vacías. Vacíos de obras, y por lo tanto, malditos del Señor como la higuera”…. Sus predicaciones son de un verismo que en nada se parece a esa bonancible y mórbida piedad que le atribuyen. Fustiga y levanta ampollas en el alma de los oyentes.

************

Como buen latino, Antonio de Padua era un hombre de sangre ardiente, le correspondió un lote de pasiones fuertes. La castidad no le fue fácil ni venció la lujuria con un manojo de lirios. Ahora nos explicamos que ese azucenón que lleva en la mano tiene más de cilicio que de flor, más de freno que de agua de rositas. “En el freno -escribe él mismo- hay dos cosas: la correa y el hierro. El hierro se pone en la boca del caballo. Con la correa se le frena y se le lleva por todas las partes….” Lo demás es fácil de adivinar. Así era su temperamento. Su bondad, su mirada amable, sus milagros, la flor de sus manos, en nada deben reblandecer ante nosotros su santidad. Lector, encontrarás en este libro la vida del santo más popular de la Iglesia: San Antonio de Padua.

Fermín de Mieza.

SAN ANTONIO Y EXTREMADURA

Crecí oyendo rezar a mi mayores la Novena de San Antonio. Hasta hice algunas copias de la misma, entonces no se conocían apenas las fotocopiadoras, para que algunas vecinas y amigas de mi madre o de mi abuela, que se habían interesado por ella, pudiesen también honrar al Santo.

Mi abuela tenía gran devoción por San Antonio, quizás por compartir el nombre con él. Mi madre heredó de la suya esa pasión por el Santo, manteniendo viva la fe y continuando con la tradición. Le reza y le invoca continuamente, sobre todo cuando ha extraviado alguna cosa. Eso sí sin dejar de buscarla:

«San Antonio bendito,
que en Padua fuiste criado,
en Lisboa bautizado.
Por el cordón que ceñiste,
por tu cuerpo virginal, 
San Antonio bendito,
que yo vea
lo que mi corazón desea.»

DSCN2975.1

No sé si la cercanía con Portugal ha podido influir, pero lo cierto es que San Antonio de Padua es muy querido y también frecuentemente invocado en estas tierras. No hay iglesia que se precie que no tenga su imagen del Santo. Además, en Extremadura hay erigidas ermitas con la advocación de este santo en una decena de localidades. Sin embargo, si hiciéramos caso a la tradición popular de estas tierras rayanas, aunque santo, no se libraría de ciertas manías mundanas. Por nuestros pueblos, aún se puede escuchar a nuestros mayores decir aquello de:  «San Antonio bendito dijo en La Raya:

    —De Portugal, ni el polvo. ¡Fuera sandalias!»

O esto otro muy parecido:

     «San Antonio bendito dijo en la raya:

     —De esta tierra, ni el polvo. ¡Vamos a España! (Y se sacudió las sandalias.)»

Esta manía de renegar de su tierra, que el folclore extremeño le atribuye a San Antonio, no es privativa del Santo portugués. Israel J. Espino recoge en su libro titulado 50 lugares mágicos de Extremadura la siguiente leyenda sobre San Juan Macías, hijo de Ribera del Fresno, cerca de Badajoz. Se cuenta que cuando partió de su pueblo hacia tierras lejanas para predicar el evangelio se sacudió el polvo de las abarcas en un piedra y dijo: «De Ribera, ni el polvo.»

Bromas aparte, es una santo muy querido y frecuentemente invocado en nuestra tierra extremeña. Sirvan como muestra las siguientes cancioncillas:

«San Antonio bendito
dam'un marido
que no fume tabaco
ni beba vino,
ni vaya a la taberna
con suh amigoh» .
...
«¡San Antonio bendito!
Tres cosas te pido:
salvación y dinero
y un buen marido.
-Ya te lo he dado
jugador de las cartas
y enamorado». 

OTROS FRAGMENTOS DEL LIBRO

El Santo de todo el mundo

     La lluvia de gracias que San Antonio de Padua, desde su muerte, ha continuado derramando en todo tiempo sobre sus devotos, ha hecho que su devoción se haya propagado de una manera increíble por todo el pueblo cristiano y hasta entre los mismos protestantes.
     No es extraño que León XIII hiciese de él la afirmación que podemos ver en la siguiente anécdota.
     Se hallaba, en cierta ocasión, un ilustre clérigo arrodillado a los pies del Santo Padre. El sabio Pontífice, dirigiéndole una des us penetrantes miradas, le pregunta:
     –¿De dónde eres, hijo mío?
     –De Padua, Santísimo Padre.
     –¿De Padua? ¡Que felicidad! ¿Amas mucho a vuestro Santo, a vuestro San Antonio?
     ¡Ah, Santo Padre! ¿Y no le he de amar, si he nacido y crecido junto a su tumba y tengo la dicha de llevar su nombre?
     –Hijo mio, –concluyó el Pontífice– aún no lo amas lo bastante. Es necesario amarle y hacer que sea amado, porque sábelo bien, San Antonio no es sólo el Santo de Padua; es el Santo de todo el mundo.
     Tenía razón el ilustre Pontífice Leon XIII: San Antonio es el Santo de todo el mundo; el Santo honrado por toda clase de gentes, el Santo venerado en todos los pueblos de la cristiandad, el Santo invocado en todas las necesidades.
[…]
     La obra del Señor es la Creación
que bien mirada lleva al que la contempla
al conocimiento de su Creador.
     Si grande es la hermosura de la criatura,
¡cuánto mejor será la del Creador!
El artífice resplandeciente en su obra…
     “Esto no lo entienden
quienes se hallan entregados a la vida
de los sentidos,
ni consideran las obras de las manos
del Señor
taladradas con clavos en la cruz.
     “Clavado de pies y manos en la cruz
venció al demonio y al mal
y liberó al humano linaje…”
                                       San Antonio de Padua

 

 

 

“Una librería en Berlín”, de François Frenkel

«Es deber de los supervivientes rendir testimonio con el fin de que  los
 muertos no sean olvidados ni los oscuros sacrificios desconocidos»

En 1945, una modesta editorial suiza publicó Una librería en Berlín (Rien où poser sa tête), un extraordinario relato autobiográfico escrito por la polaca de origen judío Françoise Frenkel. El libro estuvo perdido hasta que hace poco apareciera un ejemplar del mismo en un mercadillo de Niza. Recientemente, el libro ha sido reeditado, con la ayuda de Patrick Modiano, autor del prefacio que acompaña a la presente edición.

En este relato, Françoise Frenkel nos habla de la fundación en Berlín a comienzo de los años veinte de la primera librería francesa de la ciudad: La Maisson du Livre. La librería se convirtió en un importante foco cultural, pero, con el ascenso del nazismo, Françoise se ve obligada a abandonar Berlín rumbo a París. Posteriormente, comenzará un verdadero calvario por tierras francesas, huyendo de la persecución a los judíos, sin tener ni un solo momento de reposo. Sin “ningún sitio donde descansar la cabeza”, significado literal del título original de la novela: Rien où poser sa tête.

    «Cuando pienso en los últimos años tan atormentados de mi estancia en Berlín, de nuevo veo ante mí una cadena de hechos alucinantes: los primeros desfiles silenciosos de los futuros camisas pardas; el proceso que siguió al incendio de Reichstag, típica muestra del proceder nacionalsocialista; la rápida transformación de los niños alemanes en larvas excitadas de las Juventudes Hitlerianas; el aspecto masculino de las chicas rubias de ojos azules que desfilaban con zancadas tan bruscas que hacían vibrar los escaparates y temblar los libros que había en los expositores como un sombrío presentimiento; la visita de una madre alemana que lloraba por su hijo, quien acababa de ser felicitado delante de toda la clases y puesto como ejemplo por haberla denunciado por sus opiniones antinazis; o esa otra madre, esta judía, que, con el corazón lleno de dolor, me contó que se había encontrado en la calle con su hijo, de padre cristiano, y como iba acompañado de camaradas hitlerianos hizo como que no la conocía […]

    Recuerdo la aparición de un jefe con cara de robot, cara en la que el odio y el orgullo estaban tan profundamente marcados que en ella había muerto todo sentimiento de amor, de amistad, de bondad, de piedad…

    Y alrededor de ese jefe, con voz histérica, una muchedumbre hechizada capaz de toda violencia y de todo asesinato.

    Visión del nacimiento de ese monstruoso y siempre creciente termitero humano que se extendía rápidamente por todo el país con un siniestro chirrido metálico, termitero de un incalculable potencial de fuerzas colectivas.»

En 1943, Frenkel cruzó, finalmente, la frontera con Suiza y empezó a escribir Una librería en Berlín, “a orillas del lago de los Cuatro Cantones” que se publicaría en 1945 en Ginebra.

Una librería en Berlín es el testimonio excepcional de una mujer de valor extraordinario. Frenkel nos cuenta su conmovedora historia con una valentía y una entereza inigualables. Un libro muy recomendable.

    «La gran singularidad de Una librería en Berlín procede justamente de que no podamos identificar a su autora de una manera precisa. Ese testimonio de la vida de una mujer acorralada entre el sur de Francia y la Alta Saboya durante el periodo de la Ocupación es más impresionante cuanto más anónimo nos parece, como sucedió durante mucho tiempo con Una mujer en Berlín, publicado también en Suiza en los años cincuenta.» Patrick Modiano

LEER PRIMER CAPÍTULO DE LA NOVELA

    «Es deber de los supervivientes rendir testimonio con el fin de que los muertos no sean olvidados ni los oscuros sacrificios desconocidos.

   Ojalá estas páginas puedan inspirar un pensamiento piadoso para aquellos que fueron silenciados para siempre, exhaustos por el camino o asesinados.» François Frenkel

SINOPSIS

En 1921, Françoise Frenkel, una joven apasionada por la lengua y la cultura francesas, funda la primera librería francesa de Berlín, La Maison du Livre, un lugar de reunión y debate para los amantes de los libros.

Una librería en Berlín es un libro de testimonio en primera persona en el que la autora cuenta su itinerario: en 1939 huye de Alemania, donde ya es imposible difundir libros y periódicos franceses, y se exilia en Francia, buscando refugio. Pero, en realidad, tras la ocupación nazi de territorio francés, lo que le espera es una vida de fugitiva hasta que, en 1943, logra cruzar la frontera suiza de manera clandestina y encontrar en Ginebra, al fin, la libertad.

Una librería en Berlín nos descubre, milagrosamente intactas, la voz, la mirada y la emoción de una mujer valiente que se enfrenta a la adversidad sin perder la fe en el ser humano y cuya fuerte determinación la llevará a evitar un destino trágico.

«Aquella noche comprendí por qué había podido soportar la agobiante atmósfera de los últimos años en Berlín… Yo amaba mi librería como una mujer ama, con verdadero amor», escribe Françoise Frenkel en la que fue su única novela. Tras la publicación, nunca más se supo de la suerte de esta excepcional y admirable narradora cuya increíble historia, elogiada por Patrick Modiano como «un testimonio impresionante», fue redescubierta en 2015.

FRANÇOISE FRENKEL

Escritora polaca de origen judío, Françoise Frenkel (Polonia, 1889 – Niza, Francia, 1945) , estudió música en el conservatorio de Leipzig antes de mudarse a París, donde se doctoró en Literatura en la Sorbona. Su pasión por la cultura francesa la llevó a cambiar de nombre, de Frymeta a Françoise.

Frenkel abrió la primera librería dedicada a la literatura francesa en la ciudad de Berlín, junto a su marido, Simon Rachenstein. Este lugar supuso uno de los lugares de encuentro de grandes autores franceses en Alemania, y uno de los puntos de referencia culturales hasta el auge del partido nazi.

En 1939, Frenkel volvió a París mientras que su marido acabó en el campo de concentración de Auschwitz, donde fue asesinado. Durante la guerra, escapó a Suiza, país donde escribió un libro autobiográfico, Una librería en Berlín, que fue publicado por primera vez en 1945 y cuya única reseña encontrada de la época, en la revista Le Mouvement Féministe, describió así: «Rayos luminosos se deslizan entre las imágenes de miseria… Ni una queja, sólo hechos narrados con decencia y contención, de una manera muy viva. ¿No sería la propia Françoise Frenkel una de tantas “heroínas desconocidas”?».

Tras su muerte en 1975, se perdió el rastro de esta mujer excepcional, hasta que en 2015 Una librería en Berlín fue reeditado, con la ayuda del Premio Nobel de Literatura Patrick Modiano.

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

     «Nos acomodamos. Pocos minutos después, una mujer, acompañada de dos niños, entró en la sala. Mientras el chaval de diez años se sentaba a la mesa, la madre llevaba de la mano a su hija, de unos catorce, como si fuera una niña pequeña, y la colocó suavemente al lado de sus hermano. La muchacha tenía unos rasgos israelitas muy pronunciados, en su más pura esencia: la piel de una carnación alabastrada, grandes ojos negros, profundos y aterciopelados, cabellos de un negro azabache y rizados en torno a su fino rostro. Pero la expresión de la cara de esa criatura estaba muy alejada de allí, casi ausente.
     Les sirvieron con rapidez, pues su pasador debía de estar a punto de llegar. El chaval comía con apetito, con la despreocupación propia de su edad. La muchacha permanecía inmovil, y su madre tuvo que llevarle la cuchara a la boca repetidas veces. Le contó a la enternecida hospedera que la chica se había sumido en ese estado desde la noche que, despertada por el jaleo, había asistido a la detención de su padre.
   –He ido a ver a un médico en Grenoble. Me ha asegurado que su estado volverá a ser normal. En Suiza hay grandes especialistas que seguro que podrán curar a mi querida Rachel –dijo emitiendo un suspiro.
     Letellier me comentó con voz temblorosa:
    –¡Dios santo, y que sea en Francia donde sucedan estas cosas!» 
[…]

 

    «Mirando a aquellas tres ancianas, me preguntaba cómo se habrían figurado que sería pasar entre las alambradas. ¿Habían pensado en las dificultades de la empresa que iban a acometer? ¿Acaso sencillamente las ignoraban o es que se creían que, ya que el mar Rojo había separado sus aguas para dejar pasar a los hijos de Israel, las alambradas se separarían también para hacer sitio a unas pobres viejas en busca de la libertad? ¿Creían todavía en los milagros, tan numerosos en la historia de sus antepasados? ¿Habían olvidado que, desde aquellos lejanos tiempos, su Dios, el Eterno, El Dios del rayo y de la venganza, parecía haber abandonado por completo a su elegido pueblo?»
[…]

 

    «Lloraba… Suavemente, mis lágrimas, durante tanto tiempo contenidas, empezaron a brotar… Fue como un manantial cálido que iba inundando mi rostro. Saboreé ese líquido amargo y aquellas lágrimas me aligeraron de un peso aplastante.
    Muy discretamente, el soldado suizo se puso en marcha delante de mí portando mi miserable petate, querido compañero de mis sucesivas fugas que contenía todo cuanto había podido traer de Francia, todo, excepto un corazón desolado y exhausto…»

 

 

   

“Del color de la leche”, de Nell Leyshon

«me llamo mary y mi pelo es del color de la leche»

Del Color de la leche (The Colour of Milk) es la segunda novela de la autora británica Nell Leyshon. Publicada en inglés, en 2012, pronto alcanzó un notable éxito, siendo traducida a multitud de idiomas.

En Del Color de la leche se nos narra la historia de Mary, una chica campesina analfabeta de quince años y con el pelo «del color de la leche», que vive en la Inglaterra rural del siglo XIX. Un día Mary se traslada desde la granja de su familia hasta la casa del vicario para encargarse de cuidar a la esposa enferma de éste. Gracias a esto conocerá otra forma de vida, e incluso aprenderá, aunque pagando un alto precio por ello, a leer y escribir, lo que le permitirá contarnos su conmovedora historia.

    «éste es mi libro y estoy escribiéndolo con mi propia mano.

en este año del señor de mil ochocientos treinta y uno he llegado a la edad de quince años y estoy sentada al lado de mi ventana y veo muchas cosas. veo pájaros y los pájaros llenan el cielo con sus gritos.       veo los árboles y veo las hojas.

    y cada hoja tiene venas que la recorren.

    y la corteza de cada árbol tiene grietas.

    no soy muy alta y mi pelo es del color de la leche.

    me llamo mary y he aprendido a deletrear mi nombre. eme. a. erre. i griega. así es como se escribe.»       

Y lo hace así: empleando un lenguaje coloquial; sin utilizar ni una sola mayúscula; y con un estilo sencillo y emotivo, aunque profundo y duro a la vez.

Como ha declarado su propia autora, la idea de este libro le surgió después de estar trabajando con personas analfabetas y marginadas. Durante diez años estuvo haciendo talleres y alentando a estas gentes, sin voz en la sociedad, para que aprendieran a escribir y a expresarse por ellos mismos. De esta experiencia nació Mary, la protagonista de la novela.

Del color de la leche ha sido seleccionada para el premio Femina 2014 al mejor libro traducido en Francia y obtuvo el premio Libro del Año 2014, otorgado por el Gremio de Libreros de Madrid.

Estamos ante una gran novela cuya lectura no te dejará indiferente. «Una desgarradora historia en la que se concitan la inocencia y la amargura, la belleza y la brutalidad, así como las relaciones de poder que palpitan soterradas en la pequeña comunidad rural donde vive Mary. Valiéndose de la inolvidable voz de Mary, Leyshon parece haber dado voz —y dignidad— a tantas mujeres anónimas aplastadas, sometidas a las injusticias de la sociedad y de la época que les ha tocado vivir, víctimas de abusos y relegadas al olvido.»

«Del color de la leche es un libro escrito con la urgencia palpitante de un pequeño clásico –pequeño por lo compacto y concentrado de su universo– y una historia poderosa que desciende al bajofondo de una vida que se disolvió en la escritura y que sólo puede recobrarse en el silencio de nuestra lectura. Un silencio largo, estremecido, y lleno de rabia. Pero también un silencio esperanzado y lleno de admiración». Valeria Luiselli

SINOPSIS

Leyshon narra con con una belleza trágica la vida de Mary, una mujer a quien sólo le queda el poder de contar su historia para encontrar sosiego en la palabra escrita.

Elias Canetti escribió que en las escasas ocasiones en que las personas logran liberarse de las cadenas que las atan suelen, inmediatamente después, quedar sujetas a otras nuevas. Mary, una niña de quince años que vive con su familia en una granja de la Inglaterra rural de 1830, tiene el pelo del color de la leche y nació con un defecto físico en una pierna, pero logra escapar momentáneamente de su condena familiar cuando es enviada a trabajar como criada para cuidar a la mujer del vicario, que está enferma. Entonces, tiene la oportunidad de aprender a leer y escribir, de dejar de ver «sólo un montón de rayas negras» en los libros. Sin embargo, conforme deja el mundo de las sombras, descubre que las luces pueden resultar incluso más cegadoras, por eso, a Mary sólo le queda el poder de contar su historia para tratar de encontrar sosiego en la palabra escrita.

En Del color de la leche, Nell Leyshon ha recreado con una belleza trágica un microcosmos apabullante, poblado de personajes como el padre de Mary, que maldice a la vida por no darle hijos varones; el abuelo, que se finge enfermo para ver a su querida Mary una vez más; Edna, la criada del vicario que guarda tres sudarios bajo la cama, uno para ella y dos para un marido y un hijo que no tiene; todo ello, enmarcado por un entorno bucólico que fluye al compás de las estaciones y las labores de la granja, que cobra vida con una inocencia desgarradora gracias al empeño de Mary de dejar un testimonio escrito del destino adquirido, al cual ya no tiene la menor posibilidad de renunciar.

NELL LEYSHON

Nació en Glastonbury (Inglaterra). Novelista y dramaturga, ha recibido numerosos premios. Su primera novela, Black Dirt (2004), fue candidataal Orange Prize for Fiction y preseleccionada para el Commonwealth Book Prize. En 2008 publicó Devotion. Ha sido galardonada con el Premio Evening Standard Theatre por su obra teatral Comfort Me With Apples, y Bedlam ha sido la primera obra escrita por una mujer para el Shakespeare´s Globe Theatre. Además, recibió el Premio Richard Imison por su primera obra teatral para la BBC Radio.

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

     «todas las granjas son iguales, le dije, así que no sé qué le puedo contar. tenemos una casa y algunos lugares donde duermen los animales y hay barro y en verano los prados están llenos de cosas que crecen y que hay que cortar para secarlas al sol.
     sé que tienes hermanas.
     tengo tres.
    ¿y nunca has tenido ningún hermano?
    padre dice que le gustaría que hubiera uno, pero no puede hacer nada. le hemos tocado nosotras, dice él, y ninguna tiene el buen juicio que tiene un hombre.
    la señora rio. ¿hablas mucho cuando estás en casa?
    dicen que hablo demasiado, dije yo, madre dice que nací hablando.» 
[…]
     «bueno. ¿cómo va todo?
     me he pasado todo el día limpiando cosas que se van a volver a ensuciar y voy a tener que limpiarlas otra vez. tengo que encerar toda la madera y poner tazas de té y platillos en bandejas. tengo que llevar un delantal blanco y limpio todos los días.
     qué perdida de tiempo.¿qué les pasa a todos esos?
     no tienen nada mejor que hacer, le dije. no tienen que trabajar de la mañana a la noche.
     supongo que no.
     pero él me ha dado esto, le dije. me metí la mano en el bolsillo y saqué mi libro y se lo enseñé.
    no necesitas un libro, me dijo.
    señalé las letras de oro de la tapa. sé leer esta palabra, le dije.
    ¿así que vas a aprender a leer?
     el me está enseñando y voy a aprender.
    ¿y para qué quieres hacer eso?
     porque puedo. porque otra gente puede.
    abuelo se rio. aquí no vas a necesitar palabras, me dijo. aquí no hay que leer ningún libro. sólo hay que tirar de pezones y cuidar a los caballos y coger los huevos.
    y reunir a las ovejas, dije yo.
    y recoger la mierda, dijo él.
    y castrar los cojones, dije yo.
   bueno, bueno, dijo él. ya no puedes hablar así ahora que te estás convirtiendo en una damisela.»

 

 

 

“Los últimos días de Adelaida García Morales”, de Elvira Navarro

En Los últimos días de Adelaida García Morales, Elvira Navarro reconstruye, valiéndose de la ficción, la última etapa de la vida de la escritora pacense Adelaida García Morales, fallecida en septiembre de 2014.

Adelaida García Morales nació en Badajoz en 1945. Escribió algo más de una docena de libros, pero es conocida sobre todo por ser la autora de El sur, la novela que inspiró la conocida película del mismo nombre de Víctor Erice, entonces marido de Adelaida. Erice, quien, por cierto, escribió, a raíz de la publicación de este libro, un artículo en el diario El País en el que criticaba la novela de Elvira Navarro, entre otros motivos, «por entrañar una falsa reivindicación de Adelaida y banalizar su memoria como escritora y su identidad como ser humano.»

Como afirma su propia autora, este libro es una obra de ficción y, por lo tanto, no debe ser entendido como la crónica de los últimos días de la vida de García Morales. La idea del libro le surgió a Elvira Navarro después de recibir un par de e-mails de una amiga en los que le informaba de la siguiente anécdota, protagonizada por Adelaida García Morales: pocos días antes de su fallecimiento, la escritora extremeña se presentó en la delegación de Igualdad de la localidad sevillana de Dos Hermanas diciendo que era escritora y que necesitaba cincuenta euros para poder viajar a Madrid a ver a su hijo. En aquellos momentos, parece ser que García Morales estaba atravesando una depresión grave, que vivía, junto con uno de sus hijos, de una pequeña pensión, y que no quería pedir más ayuda. Finalmente, la autora acabó muriendo por una insuficiencia cardíaca.

     «Una mujer se presenta en el despacho de la concejala. Es un cuarto desabrido, con tres ceniceros sobre una repisa de obra y varias estanterías atiborradas de cartapacios y libros cuyo tema es el propio municipio, hoy convertido en una ciudad dormitorio. Hay desde publicaciones del cronista local hasta un volumen de leyendas comarcales, pasando por un poemario infantil de una maestra jubilada que cuenta cómo los Reyes Magos llegan al pueblo para alegrar el árbol de Navidad de los hogares humildes.
    La mujer que tiene ahora delante parece una pobre. No va sucia, pero algo en ella luce largamente descuidado, como la fachada de un edificio cuya pintura se deja caer. Se adivina que los moradores de esa finca aún tratan de convertir su interior en un hogar, aunque también puede colegirse, por el temblor de las luces que vierten las ventanas, que alguno se mete en la cama sin calefacción y sin cena […]
    —¿Qué desea?
    —Soy Adelaida García Morales […]
    —¿Qué desea? –-repite la concejala.
    —Sólo pido cincuenta euros para poder visitar a mi hijo en Madrid.
    Le molesta la actitud defensiva de la escritora. Tiene que hacer un esfuerzo por mantenerle la mirada; la tal Adelaida despide una mezcla de furia y de miedo, como si dudase entre echar a correr o dar patadas a los muebles.»

Los últimos días de Adelaida García Morales es un libro muy interesante, bien escrito y fácil de leer. En estos momentos, el mejor homenaje que podemos hacer a la escritora nacida en Badajoz es acercarnos a la lectura de sus propios libros. Muchos de ellos, difíciles de encontrar en las librerías, pero disponibles en alguna de nuestras bibliotecas públicas.

«La lengua literaria que emplea Navarro, austera y afilada, es la única posible para que lo que leemos tenga credibilidad narrativa. Ya que la credibilidad institucional, y parece que también la individual, no está en sus mejores momentos, nos queda la de las palabras exactas. Si no pones luz sobre algunos hechos oscuros, para qué escribir.» J. Ernesto Ayala-Dip. El País

«Adelaida García Morales conoció la fama pero murió sola y olvidada, y hoy es una sombra. Un enigma en el que se adentra Elvira Navarro en un libro escrito contra el silencio.» Laura Ferrero. Cultura ABC Cultural

Empezar a leer la novela

SINOPSIS

Una novela que reproduce los últimos días de la enigmática escritora española Adelaida García Morales, y que reafirma a Elvira Navarro como una de las voces más singulares de su generación, revitalizadora de una literatura comprometida y maestra en el terreno del retrato psicológico individual y el retrato social.

Adelaida García Morales es una de las figuras más misteriosas que ha dado la cultura en las últimas décadas. La celebridad adquirida por sus libros El Sur (adaptado por Víctor Erice en la famosa película homónima) y El silencio de las sirenas hizo que el mutismo en el que la autora fue sumiéndose se tornara especialmente inquietante. En 2014 falleció sin apenas reconocimiento.

Los últimos días de Adelaida García Morales es el relato, en clave de ficción, de las jornadas que precedieron a la muerte de la escritora. Poco antes de su deceso, García Morales acudió a una delegación de Igualdad pidiendo cincuenta euros para poder visitar a su hijo en Madrid. Inspirándose en esta anécdota real, la presente novela de Elvira Navarro entrelaza dos historias, dando lugar a una intensa y singularísima narración cercana al falso documental que abarca temas como las relaciones paternofiliales, la naturaleza de la creación, el tratamiento que reciben las mujeres artistas, la ignorancia de las instituciones, la autodestrucción y la locura.

ELVIRA NAVARRO

Elvira Navarro (Huelva, 1978) estudió Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado dos libros complementarios, La ciudad en invierno (Caballo de Troya, 2007) y La ciudad feliz (Literatura Random House, 2009), así como la novela La trabajadora (Literatura Random House, 2014). Es también autora del blog Periferia (www.madridesperiferia.blogspot.com), un work in progress sobre los barrios de Madrid. Su obra ha sido galardonada con el Premio Jaén de Novela y el Premio Tormenta al mejor nuevo autor, y quedó finalista del Premio Dulce Chacón de Narrativa Española. En 2010 fue incluida en la lista de los 22 mejores narradores en lengua española menores de treinta y cinco años de la prestigiosa revista Granta. En 2013 fue elegida una de las voces españolas con mayor futuro por la revista El Cultural, y en 2014 la misma revista seleccionó su obra La trabajadora entre las diez mejores novelas en español del año. Durante 2015 ejerció de editora del sello Caballo de Troya.

OTRO FRAGMENTO DE LA NOVELA

    «Planeará hablar de la escritora bellísima, arcana por su silencio y su soledad, que también fue modelo, inspiradora de una película célebre, amiga de Agustín García Calvo, esposa de uno de los mejores cineastas vivos, miembro de un grupo de teatro que al correr de los años se volvió legendario por la popularidad que adquirieron algunos de sus integrantes. Se propondrá asimismo hablar del esplendor deshecho de Adelaida y de su existencia adquiriendo un color gris. De sus libros cada vez menos relevantes, de su estilo que se torna acartonado, que a veces se descuida hasta dar la impresión de que a la autora se le ha olvidado lo que significa escribir. De su ruptura con Erice y de la soledad.»

 

 

“Las uvas de la ira”, de John Steinbeck

«Gente huyendo del terror que queda atrás... le suceden cosas extrañas, algunas amargamente crueles
 y otras tan hermosas que la fe se vuelve a encender, y para siempre.» 

Las uvas de la ira es una de las novelas más conocidas del escritor estadounidense John Steinbeck, ganador del premio Nobel de literatura en 1962, y por la que recibió el premio Pulitzer en 1940. Narra el drama de la emigración de una familia de granjeros de la desértica Oklahoma de los años 30, los Joad, que son expulsados de sus tierras y de sus casas por las malas cosechas y la avaricia de los bancos. Junto con otros miles de personas, procedentes de Oklahoma, Kansas y Texas, emprenden un éxodo a través de la mítica carretera 66 que les llevará hacia la tierra prometida de California, buscando trabajo y una vida mejor.

«La 66 es la ruta de la gente en fuga, refugiados del polvo y de la tierra que merma, del rugir de los tractores y la disminución de sus propiedades, de la lenta invasión del desierto hacia el norte, de las espirales de viento que aúllan avanzando desde Texas, de las inundaciones que no traen riqueza a la tierra y le roban la poca que puede tener. De todo esto huye la gente y van llegando a la 66 por carreteras secundarias, por caminos de carros y por senderos rurales trillados. La 66 es la carretera madre, la ruta de la huida.»

9788437608136

Pero, al llegar a California, se encuentran con una enorme cantidad de familias que han emigrado también buscando lo mismo que ellos, por lo que el trabajo es escaso y mal remunerado y, además, tendrán que enfrentarse al recelo y a la hostilidad de los nativos.

«–Mire –dijo–, esto no es la tierra de leche y miel, como dicen los predicadores. Aquí hay algo maligno. La gente de aquí nos tiene miedo de los que venimos de fuera; así que sueltan policías para que nos amedrenten y nos demos la vuelta.»

Las uvas de la ira es considerada por muchos la mejor novela de John Steinbeck y también una de las mejores novelas políticas de la literatura universal. Su autor tomó partido por los jornaleros emigrantes, por lo que resultó una obra muy polémica desde el momento de su publicación.

Estamos ante una novela magnífica, absolutamente recomendable.

«Las uvas de la ira es una novela convencional, técnicamente hablando, pero de un profundo interés aún hoy día. No es el Ulises, ni la trilogía U.S.A. ni es la postmodernidad, pero en cualquier caso, lo conmovedor de muchas de sus páginas, la solidaridad con un puñado de malditos de la sociedad, la capacidad de adoptar puntos de vista nada fáciles en su época, la lucha contra corriente con muchos conceptos al uso en los Estados Unidos de los últimos años 30, el coraje en la denuncia, la actitud profundamente positiva que significa la constatación de que los viejos ideales americanos en favor de un cambio revolucionario han sido traicionados por culpa de un sistema económico inmisericorde, cruel y explotador, relatar todo ello con un nivel muy aceptable de dignidad y de calidad literaria, como consigue John Steimbek en esta novela, no es poco. Aun actualmente, no es poco.»  Juan José Coy

En el año 1940, la novela fue llevada la cine con el mismo título por John Ford, con Henry Fonda y Jane Darwell como protagonistas.

Escena de la película

Tom Joad (Henry Fonda) regresa a su hogar tras cumplir condena en prisión, pero la ilusión de volver a ver a los suyos se transforma en frustración al ver cómo los expulsan de sus tierras. Para escapar al hambre y a la pobreza, la familia no tiene más remedio que emprender un larguísimo viaje lleno de penalidades con la esperanza de encontrar una oportunidad en California, la tierra prometida. (FilmAffinity)

SINOPSIS

Las uvas de la ira es la crónica de una familia depauperada en su viaje hacia una tierra de promisión, buscando trabajo y mejores condiciones de vida. Steinbeck sabe trascender lo puramente propagandístico o moralizante creando unos personajes de ficción llenos de profundidad y humanidad, auténticos luchadores que no dudan en denunciar los abusos del poder y la despiadada crueldad y desamparo que sufren los mas débiles.

John Steinbeck tenía veintisiete años cuando se produjo el derrumbamiento de la Bolsa de Wall Street. Sensible a los problemas sociales que acuciaban a los Estados Unidos en su época, sufrió él mismo los efectos de la Depresión, fue testigo del éxodo rural masivo que emigra del norte hacia el sur y tomó en los años 30 partido por los explotados: los jornaleros emigrantes.

JOHN STEINBECK

   images.1California, (1902-1968). John Steinbeck mostró desde joven una rebeldía y una oposición al modo de vida tradicional. Para complacer a sus padres, aceptó entrar en la Universidad de Stanford. Sin embargo, pasado un tiempo, prefirió recolectar fruta, trabajar en las plantaciones de azúcar o simplemente vagabundear por el país. En 1925 abandonó la universidad sin haber conseguido ningún diploma. Marchó a Nueva York, donde trabajó como obrero de la construcción a la vez que escribía pequeños artículos en periódicos. En 1935 publicó su primera novela de gran éxito: Tortilla Flat. Tras ésta vinieron En dudoso combate (1936), De ratones y hombres (1937), El pony rojo (1937), Las uvas de la ira (1939), considerada su mejor novela, y La perla (1947). En 1952 publicó el que sería su segundo gran éxito, Al Este del Edén.

  John Steinbeck fue Premio Pulitzer en 1940 y Premio Nóbel en 1962. Es considerado uno de los grandes narradores del siglo XX. 

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA   

     «—En nuestro pueblo distribuyeron unos papeles… de color naranja, que decían que hacía falta mucha gente para trabajar en la cosecha.
     El joven se echó a reír.
    —Dicen que estamos aquí unos trescientos mil y apuesto a que todas las familias han visto esos papeles.
    —Sí, pero si no necesitaran gente, ¿para qué se iban a molestar en distribuirlos?
    —¿Por qué no usas la cabeza?
    —Sí, pero quiero saberlo.
   —Mira —dijo el joven—. Suponte que tú ofreces un empleo y sólo hay un tío que quiera trabajar. Tienes que pagarle lo que pida. Pero pon que haya cien hombres —dejó descansar la herramienta. Sus ojos se endurecieron y su voz se volvió más penetrante—. Supón que haya cien hombres interesados en el empleo; que tengan hijos y estén hambrientos. Que por diez miserables centavos se pueda comprar una caja de gachas para los niños. Imagínate que con cinco centavos, al menos, se pueda comprar algo para los críos. Y tienes cien hombres. Ofréceles cinco centavos y se matarán unos a otros por el trabajo. ¿Sabes lo que pagaban en el último empleo que tuve? Quince centavos la hora. Diez horas por un dólar y medio y no puedes quedarte allí. Tienes que quemar gasolina para llegar —jadeaba de furia y sus ojos llameaban llenos de odio—. Por eso repartieron los papeles. Se pueden imprimir una burrada de papeles con lo se ahorra pagando quince centavos a la hora por trabajo en el campo.
    —Es asqueroso, apesta —dijo Tom.
   —Quédate un tiempo y si hueles alguna vez rosas, avísame para que pueda olerlas yo también —el hombre se rió ásperamente.»

[…]

      «Los frutos de las raíces de las vides, de los árboles, deben destruirse para mantener los precios y esto es lo más triste y lo más amargo de todo. Cargamentos de naranjas arrojados en el suelo. La gente vino de muy lejos para coger la fruta, pero no podía ser […] La gente viene con redes para pescar en el río y los vigilantes se lo impiden; vienen en coches destartalados para coger las naranjas arrojadas, pero han sido rociadas con queroseno. Y se quedan inmóviles y ven las patatas pasar flotando, escuchan chillar a los cerdos cuando los meten en una zanja y los cubren con cal viva, miran las montañas de naranjas escurrirse hasta rezumar podredumbre; y en los ojos de la gente se refleja el fracaso; y en los ojos de los hambrientos hay una ira creciente. En las almas de las personas las uvas de la ira se están llenando y se vuelven pesadas, cogiendo peso, listos para la vendimia.»

 

“Patria” de Fernando Aramburu

«Pedir perdón exige más valentía que disparar un arma, que accionar
 una bomba.»

Patria es la última novela del escritor vasco Fernando Aramburu, editada en 2016. Rápidamente se convirtió en un auténtico fenómeno editorial y social, consiguiendo un gran reconocimiento por parte de los lectores y de la crítica. Recientemente, ha sido galardonada con el Francisco Umbral al mejor libro del año 2016.

En Patria se nos narra la historia de dos familias que viven en un pueblo próximo a San Sebastián, familias en un principio unidas por una estrecha amistad, pero pronto enemistadas por razones políticas, y víctimas de una mutua y creciente animadversión alimentada por las madres, ejes centrales de la narración. La acción abarca cerca de tres décadas, desde mediados de los años ochenta hasta varios meses después de la declaración del cese definitivo de la violencia por parte de ETA en octubre de 2011.

               «Ya sabes, ¿no?

    –Primero lo de Joxe Mari y ahora, esto.

    –No es lo mismo.

    –Desgracia sobre desgracia.

    –Ella ha llamado. Casi las diez serían. Le he colgado.

    –Pues ayer estuvisteis en la cafetería.

    –Ayer fue ayer, hoy es otro día. Ya no hay amistad. Ve haciéndote a la idea.

    –Tantos años. ¿No te da pena?

    –A mí me da pena Euskal Herria, que no la dejan ser libre.

    –No me voy a acostumbrar. El Txato es mi amigo.

   –Era. Y mucho cuidadito con juntarte con él. Lo mejor es que se marchen. Con todo del dinero que tienen, ¿qué les cuesta comprarse una casa por ahí abajo? Son ganas de provocar.

   –No se irán. El Txato es tozudo.

   –La lucha no perdona. Se irán o los echarán. Que elijan».

 

Patria es una novela que te atrapa desde la primera página. Que está muy bien escrita y resulta fácil de leer. Y que nos ofrece una historia valiente y muy emotiva. Muy recomendable.

«Un verdadero acontecimiento… una de las grandes novelas de la literatura española contemporánea.»  Rafael Narbona, Revista de Libros

«Cuando acabas de leerla, sabes que has leído un clásico.»  Ignacio Martínez de Pisón

Leer el primer capítulo de la novela

SINOPSIS

El día en que ETA anuncia el abandono de las armas, Bittori se dirige al cementerio para contarle a la tumba de su marido el Txato, asesinado por los terroristas, que ha decidido volver a la casa donde vivieron. ¿Podrá convivir con quienes la acosaron antes y después del atentado que trastocó su vida y la de su familia? ¿Podrá saber quién fue el encapuchado que un día lluvioso mató a su marido, cuando volvía de su empresa de transportes? Por más que llegue a escondidas, la presencia de Bittori alterará la falsa tranquilidad del pueblo, sobre todo de su vecina Miren, amiga íntima en otro tiempo, y madre de Joxe Mari, un terrorista encarcelado y sospechoso de los peores temores de Bittori. ¿Qué pasó entre esas dos mujeres? ¿Qué ha envenenado la vida de sus hijos y sus maridos tan unidos en el pasado? Con sus desgarros disimulados y sus convicciones inquebrantables, con sus heridas y sus valentías, la historia incandescente de sus vidas antes y después del cráter que fue la muerte del Txato, nos habla de la imposibilidad de olvidar y de la necesidad de perdón en una comunidad rota por el fanatismo político.

FERNANDO ARAMBURU

Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) es licenciado en filología hispánica por la Universidad de Zaragoza y desde 1985 reside en Alemania. Fue miembro del Grupo CLOC de Arte y Desarte. Considerado ya como uno de los narradores más destacados en lengua española, es autor de las novelas Fuegos con limón (1996); Los ojos vacíos (2000), que junto con Bami sin sombra (2005) y La gran Marivián (2013) conforman la «Trilogía de Antíbula»; El trompetista del Utopía (2003); Viaje con Clara por Alemania (2010); Años lentos (2012, VII Premio Tusquets Editores de Novela y Premio de los Libreros de Madrid) y Ávidas pretensiones (Premio Biblioteca Breve 2014). Como cuentista ha publicado asimismo los volúmenes Los peces de la amargura (2006, XI Premio Mario Vargas Llosa NH, IV Premio Dulce Chacón y Premio Real Academia Española 2008) y El vigilante del fiordo (2011). Diez años después de Los peces de la amargura, con su última novela, Patria, Fernando Aramburu nos entrega su novela definitiva. Una historia imprescindible, extremadamente valiente y conmovedora, que reclama ser leída por todos. Tal vez el libro más impactante de la literatura española reciente.

OTRO FRAGMENTO DE LA NOVELA

       «La lluvia caía sobre las tumbas y el camino asfaltado y los árboles oscuros que flanquean el camino. Piedras fúnebres, mojadas y un fresco olor a silencio. Flotaban sobre la ciudad y más allá, sobre los montes y el mar lejano, las nubes densas. Y no se veía una silueta humana en todo el cementerio.
     –Bien, ¿no? Yo tenía mucha necesidad de estas palabras. Cosas mías, Txato. Pronto me reuniré contigo. Ahora sé que voy a venir en paz. Mientras tanto, caliéntame la tumba como me calentabas en otros tiempos la cama. Te dejo, que me está esperando Xavier. Los hijos ya saben que, en cuanto se pueda, nos tienen que llevar al pueblo. Así que, por ese lado, puedes estar tranquilo. Esperemos que no llueva como hoy el día de mi entierro. Pobres asistentes. Se van a calar. Y las flores, lo mismo.
      Xavier se apeó del coche para indicarle a su madre, agitando la mano, dónde estaba, como a treinta metros calle abajo. Seguía lloviendo. Que si quería ira a algún sitio. No, a casa.
     –Saludos del aita.
     –Te lo pasas bien hablando sola, ¿verdad?
    –Me da consuelo. Y, total, no hay a mi lado gente que me escuche. Ahora, si por casualidad piensas que estoy chalada , puede que te equivoques.
     –Yo no he dicho eso.
     –Antes que se me olvide, el Txato pregunta cuándo te vas a casar. Dice que ya va siendo hora.
      Se hizo el silencio dentro del coche. Parados ante un semáforo en rojo, la calle gris-neblinosa, Xavier se volvió a mirar a su madre.
     –Pues sí, definitivamente creo que estás chalada.
      El semáforo se puso verde y a Bittori le entró la risa.»

 

FUENTES

  • Lecturalia
  • Patria

MÁS SOBRE LA NOVELA