“Luna de lobos”, de Julio Llamazares

Luna de lobos es una novela de Julio Llamazares, publicada en 1985. Recién acabada la guerra civil, un pequeño grupo de combatientes republicanos huye de las fuerzas nacionales y de la Guardia Civil y se refugia en las cumbres heladas de las montañas de la vertiente leonesa de los Picos de Europa. Los años van pasando, pero el miedo, el instinto de supervivencia y la soledad permanecen. Como señala Miguel Tomás-Valiente en la cuidada edición de Cátedra, «fue la primera novela que publicó Julio Llamazares y es justo considerarla un clásico de nuestra novelística del siglo XX fundamentalmente por dos motivos. Uno es el de aportar a la literatura española, y más en concreto al grupo de novelas cuyo escenario de fondo es la Guerra Civil Española, un nuevo protagonista, el huido, el guerrillero maqui. El segundo motivo, de mucho mayor calado, es la eficaz elección de cada recurso literario, la sugerente potencia poética de las imágenes, la cuidada elección de cada palabra; en suma, la calidad estética de la novela. Todo este despliegue de belleza poética se ve reforzado al servir como instrumento de la representación de una época desdichada y como vehículo del relato de unos episodios de una dureza descorazonadora. Y, a su vez, el contenido de la narración se ve potenciado por el contraste que se establece entre la tragedia narrada y la sorprendente belleza con que está escrita.

Es una novela pesimista sobre la capacidad del hombre de convertirse en cazador de hombres, una reflexión sobre hasta dónde es capaz de llegar el hombre cuando la sed de venganza y la inquina le invaden y le dominan, cuando el odio que le nubla el entendimiento y el fanatismo que le ciega la razón lo convierten en un lobo para el hombre. Y es, también, una reflexión sobre las reacciones que esta cacería provoca en el ser humano acosado; sobre cómo, en tales situaciones, desde el instinto de supervivencia surge irremediablemente la violencia como respuesta única.»

    «–Escúchame bien, Ángel. Tenéis que marchar lejos cuanto antes, pasar a la otra zona, si podéis. Están buscándoos. No. No saben que estáis aquí –continúa él leyendo en mi mirada la sorpresa–. Buscan a todos los que estabais en Asturias. Saben que muchos habéis vuelto otra vez huyendo a través de las montañas. Y, en los últimos días, han cogido ya a unos cuantos: a Goro, a Benito, el del carrero, a dos o tres de Ancebos. Tienen todos los caminos y pueblos vigilados […]

    –Te acuerdas de la mina del monte Yormas, ¿verdad? Aquella mina abandonada donde nos refugiamos de la lluvia una vez que fuimos a por leña, hace ya años. Escondeos allí de momento. Hasta ver qué pasa. Juana o yo os dejaremos comida cada tres o cuatro días en la collada.

    Y, luego, mirándome fijamente:

    –Pero no os entreguéis. Pase lo que pase, no os entreguéis, ¿me oyes? Os matarían al día siguiente en cualquier cuneta como han hecho con tantos.»

La novela evita las argumentaciones políticas, centrándose en las vivencias de los personajes, que a pesar de las duras circunstancias que viven nunca llegan a perder la dignidad y su entereza moral

El autor de La lluvia amarilla conocía y había investigado los hechos sobre los que sustenta su magnífica novela. En alguna ocasión ha señalado que escribió la novela para recoger las historias que oyó contar de niño sobre los hombres del monte, que era como llamaban en su tierra a los huidos de la guerra. Demuestra, además, un enorme conocimiento de los territorios en los que se desarrolla la trama de la historia, las montañas y valles en los que nació y vivió durante su infancia; así como de la flora y la fauna de la zona.

El resultado de todo ello es una excelente novela, magníficamente escrita, que se lee con gusto. Imprescindible.

    «Cuando acabamos de cenar, Gildo y Ramiro se quitan las botas y las chaquetas, encienden sendos cigarros y se tumban en sus camastros, cerca del fuego.

     Son las cuatro de la madrugada y, esta noche, yo haré ya la guardia entera.

   Desde la boca de la cueva, con el pasamontañas calado y la metralleta cruzada sobre las piernas, no tardo en escuchar el bombeo regular y monótono de sus corazones cansados, las respiraciones profundas que preceden al sueño. Poco a poco, el monte comienza a recobrar la perfección de las sombras y sus misterios, el orden primitivo que la noche y el fuego disponen frente a mis ojos. Poco a poco, todo va quedando sepultado bajo la ingravidez profunda del silencio. Incluso esa luna fría, clavada como un cuchillo en el centro del cielo, que me trae siempre al recuerdo aquella vieja frase de mi padre, una noche volviendo cerca del cementerio:

    –Mira, hijo, mira la luna: es el sol de los muertos.»

En 1987 la novela fue llevada al cine con el mismo título por Julio Sánchez Valdés con actores como Santiago Ramos, que interpretaba a Ángel, y Antonio Resines, quien interpretó a Ramiro, y Kiti Mánver.

Al término de la Guerra Civil Española (1936-1939), algunos combatientes republicanos continúan hostigando a los vencedores con operaciones guerrilleras. Una de las zonas de resistencia fueron las montañas de León. En la comarca de Riaño, media docena de maquis mantienen una lucha muy desigual contra la Guardia Civil. Ramiro, Santiago y Gildo, tres milicianos, son perseguidos por una patrulla de la Benemérita al mando de un sargento que está enamorado de la misma mujer que Ramiro. Para conseguir el dinero suficiente que les permita llegar a Francia, los milicianos secuestran al dueño de una mina y exigen 150.000 pesetas a cambio de su libertad. (FilmaAffinity)

SINOPSIS

Es otoño de 1937. La partida de Ramiro «el Manco», integrada, además de por él mismo, por su hermano Juan, Gildo y Ángel –el protagonista y narrador–, ha cruzado las montaña, desde el Principado a la vertiente leonesa. Sin embargo, no pueden integrarse en la vida de sus pueblos: el nuevo régimen está fusilando a tos los excombatiente. Por eso se quedan en las montañas.

A estos hombres que se escondieron porque ni podían regresar a sus casas ni, por la razón que fuera, escapar a lugares más seguros para ellos, se les conoce como huidos y, en un principio, sus pretensiones no van más allá de la mera supervivencia. Sin embargo a medida que avanza la novela, avanza también el proceso en todos los sentidos: los militares que se alzaron contra la república ganan definitivamente la guerra e inician una terrible represalia; el monte se va a transformar para estos hombres que esperaban acontecimientos protegidos en sus entrañas, en una jaula, primero, y en una tumba después; los personajes se van asimilando al medio natural en el que viven, se animalizan progresivamente; cuanto más tiempo pasa, mayor es el acoso y mayor también la soledad de los huidos.

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    «–¿Qué os pasa? –pregunta Gildo–. ¿No vais a comer nada?

    Un silencio indiferente le contesta. Ramiro y Juan ni siquiera abren los ojos para mirarle.

    Yo tampoco tengo hambre. Desde que estamos aquí, apenas he vuelto a sentir el grito negro de la bestia que, en el fondo de mi estómago, bramaba desolada tantas veces en los últimos meses de la guerra y, sobre todo, durante los cinco días que pasamos sin comer huyendo a través de las montañas y en medio de la lluvia de otra bestia más concreta, más humana y sanguinaria, que perseguía implacable nuestros pasos. Es como si la humedad y el frío de la cueva se me metieran en los huesos y en el alma manteniéndome tumbado día y noche al lado de la lumbre, sin ganas de comer, ni de hablar, ni de asomarme siquiera a la boca de la entrada para observar el cielo encapotado y duro que, en sus aristas, tiene ya el aliento de la nieve y, en él, nuestra condena: antes de la primavera no podremos escapar de aquí.»

JULIO LLAMAZARES

llamazares_foto0Julio Llamazares nació en el desaparecido pueblo de Vegamián (León) en 1955. Licenciado en Derecho, abandonó muy pronto el ejercicio de la abogacía para dedicarse al periodismo escrito, radiofónico y televisivo en Madrid, ciudad donde reside. Ha publicado dos libros de poemas, La lentitud de los bueyes (1979) y Memoria de la nieve (1982), que obtuvo el Premio Jorge Guillén, y un insólito ensayo narrativo: El entierro de Genarín (1981). Ha reunido sus principales artículos en el volumen En Babia (Seix Barral, 1991). Es autor de las novelas Luna de lobos (Seix Barral, 1985), La lluvia amarilla (Seix Barral, 1988) y Escenas de cine mudo (Seix Barral, 1993), que le han situado entre las figuras más destacadas de la narrativa española actual.

FUENTES

  • Llamazares, Julio. Luna de lobos. Barcelona, Ediciones Cátedra, 2018

“Volver a dónde”, de Antonio Muñoz Molina

«Otra forma de vivir sería posible.»

Volver a dónde es el título del nuevo libro de Antonio Muñoz Molina, publicado en 2021. Durante los meses del confinamiento, el escritor jienense comenzó a escribir un diario en el que trataba de dar testimonio de lo vivido en esos meses de encierro. Pero, poco a poco, empezó a dejarse llevar y el diario comenzó a convertirse en otra cosa, de un modo natural. Junto a esa crónica personal de los días del confinamiento, empezaron a aparecer reflexiones en torno al desarrollo de los acontecimientos relacionados con la pandemia y con el devenir de la mal llamada nueva normalidad. Por si fuera poco, al ganador del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2013 se le desató el torrente de la memoria y le comenzaron a aflorar los recuerdos de su infancia y adolescencia en su Úbeda natal. Muñoz Molina fue testigo de un mundo y de unas formas de vida que hoy ya están prácticamente desaparecidas y que, gracias a estas páginas, ha conseguido preservar del olvido antes de que desaparezcan del todo de nuestras memorias.

      «Veo al niño que fui en la huerta de mi padre, y los veo a ellos, mi tío Juan, mi abuelo Antonio, las gente de las huertas vecinas, con sus apodos estrambóticos, Guindilla, Chimenea, Gangrena, Comepaja, Allanacerros. Los veo, casi los vislumbro entre los árboles frutales y las plantas de la huerta, en la umbría de los granados caminando enérgicamente por las veredas con el ruido que hacía el roce de los pantalones de pana, sentados bajo una higuera, como en una antigua foto colectiva, congregados en torno a un lebrillo de ensalada recién hecha, a la hora que ellos llamaban del almuerzo, el descanso hacia las diez de la mañana, cada uno con un trozo de pan y una navaja, partiendo con ella rodajas de embutido, clavando un trozo de pan para mojarlo en el aceite de la ensalada. Y me veo a mí también, desde la perspectiva de entonces, no el niño que rondaba en torno a ellos, y al que enseñaban a trabajar a su lado, sino el hombre que soy ahora con el pelo gris y blanco, mucho mayor de lo que era mi padre entonces, un fantasma entre los fantasmas de un mundo extinguido.»

Con una prosa magnífica y una delicadeza fuera de lo común, Antonio Muñoz Molina ha escrito uno de sus libros más íntimos y logrados. Una obra oportuna y necesaria, en la que ha dado rienda suelta a sus emociones e inquietudes más profundas. Una pequeña obra de arte, cuya lectura no debe dejarse pasar. Absolutamente recomendable.

    «Mientras escribo el cielo ha pasado del azul suave a un azul profundo en el que se recorta con precisión la luna en cuarto creciente. A esta hora los vencejos han desaparecido ya del cielo. Algo que hemos vislumbrado en los meses de encierro es la feracidad asombrosa que recobra la vida natural en cuanto cede en algo el castigo de la codicia humana contra ella. En mi calle ha parado un momento el tráfico y he vuelto a oír voces de gente que charla caminando, el ladrido de un perro contra un fondo de calma. Otra forma de vivir sería posible.»

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SINOPSIS

Madrid, junio de 2020. Tras un encierro de tres meses, el narrador asiste desde su balcón al despertar de la ciudad a la llamada nueva normalidad, mientras revive los recuerdos de su infancia en una cultura campesina cuyos últimos supervivientes ahora están muriendo. A la dolorosa constatación de que con él desaparecerá la memoria familiar, se le suma la certeza de que en este nuevo mundo nacido de una crisis global sin precedentes aún prevalecen unas prácticas dañinas que podríamos haber dejado atrás.

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    «Era el experimento de la resistencia, y también del despojamiento forzoso y sin embargo no desagradable, la privación de la mayor parte de las posibilidades que hasta muy poco antes habían parecido ilimitadas, la absolución de todas las obligaciones, las necesarias y las superfluas, las que fueron ineludibles y ahora desaparecían sin drama. No habría viajes, ni esperas en aeropuertos, ni habitaciones de hotel, ni citas. Era el experimento de tener cada mañana, después del desayuno, el día entero por delante, una pizarra en blanco, una hoja de calendario sin anotaciones, el oro sin impurezas del tiempo, tan despejado como la casa misma en la que íbamos a pasarlo, con sus habitaciones diáfanas, sus ventanas anchas, su gran balcón sobre las amplitudes de Madrid… Me sentía culpable de estar libre de los agobios de otros, los médicos y los enfermeros atrapados en el abismo de los hospitales, los cuidadores viendo morir a los ancianos en las residencias, los padres y madres de niños encerrados en casa, nuestro pobre Jorgito, la alegría de sus tres años marchitada por el aislamiento. Rendirse al desánimo, engolfarse en el malestar o en la queja, hasta en la depresión, habría sido una falta de respeto.»

Volver a dónde es un libro de una belleza sobrecogedora que reflexiona sobre el paso del tiempo, sobre cómo construimos nuestros recuerdos y cómo éstos, a su vez, nos mantienen en pie en momentos en que la realidad queda en suspenso; un testimonio imprescindible para entender un tiempo extraordinario y la responsabilidad que adquirimos con las nuevas generaciones. 

Certero observador de la actualidad, Antonio Muñoz Molina ofrece en estas páginas, a modo de una suerte de Diario del año de la peste de Daniel Defoe contemporáneo, un lúcido análisis de la España actual a la vez que refleja la transformación irreversible de nuestro país durante el último siglo.

    «Dejar testimonio de lo que uno ha vivido, en el momento en que lo ha vivido, es casi un deber cívico, y aparte de eso es como un desafío literario».

Antonio Muñoz Molina

ANTONIO MUÑOZ MOLINA

Foto-A-M-MOLINANació en Úbeda (Jaén) en 1956. Ha reunido sus artículos en volúmenes como El Robinson urbano (1984) o La vida por delante (2002). Su obra narrativa comprende Beatus Ille (1986), El invierno en Lisboa (1987), Beltenebros (1989), El jinete polaco (1991), Los misterios de Madrid (1992), El dueño del secreto (1994), Ardor guerrero (1995), Plenilunio (1997), Carlota Fainberg (2000), En ausencia de Blanca (2001), Ventanas de Manhattan (2004), El viento de la Luna (2006), Sefarad (2001), La noche de los tiempos (2009), Como la sombra que se va (2014), Un andar solitario entre la gente (2018), Tus pasos en la escalera (2019), El miedo de los niños (2020), Volver a dónde (2021), el volumen de relatos Nada del otro mundo (2011) y el ensayo Todo lo que era sólido (2013). Ha recibido, entre otros, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, el Premio Planeta, el Premio Jerusalén, el Prix Médicis Étranger y fue finalista del premio Man Booker International con su novela Como la sombra que se va en 2018. Desde 1995 es miembro de la Real Academia Española. Vive en Madrid y Lisboa y está casado con la escritora Elvira Lindo.

“El Palacio de la Luna”, de Paul Auster

El Palacio de la Luna (Moon Palace) es una novela del escritor, traductor y cineasta estadounidense Paul Auster, publicada en 1989.

El protagonista y también narrador de la historia es Marco Stanley Fogg, un huérfano que ha crecido bajo el cobijo de su tío Victor, un clarinetista de poca fortuna. Cuando éste muere, consigue vivir durante un periodo de la venta de los 1492 libros que le ha dejado en herencia. En el tiempo en que el hombre camina por primera vez sobre la luna, M. S. Fogg inicia un viaje de búsqueda de su identidad y sus orígenes que lo llevará de Manhattan al remoto Oeste americano.

     «Fue el verano en que el hombre pisó por primera vez la luna. Yo era muy joven entonces, pero no creía que hubiera futuro. Quería vivir peligrosamente, ir lo más lejos posible y luego ver qué me sucedía cuando llegara allí. Tal y como salieron las cosas, casi no lo consigo. Poco a poco, vi cómo mi dinero iba menguando hasta quedar reducido a cero; perdí el apartamento; acabé viviendo en las calles. De no haber sido por una chica que se llamaba Kitty Wu, probablemente me habría muerto de hambre. La había conocido por casualidad muy poco antes, pero con el tiempo llegué a considerar esa casualidad una forma de predisposición, un modo de salvarme por medio de la mente de otros. Ésa fue la primera parte. A partir de entonces me ocurrieron cosas extrañas. Acepté el trabajo que me ofreció el viejo de la silla de ruedas. Descubrí quién era mi padre. Crucé a pie el desierto desde Utah a California. Eso fue hace mucho tiempo, claro, pero recuerdo bien aquellos tiempos, los recuerdo como el principio de mi vida.»

El Palacio de la Luna es una novela magnífica que encierra varias historias cruzadas que convergen de manera magistral. Está considerada como la primera gran obra del escritor norteamericano y la más querida de éste. Aunque no fue publicada hasta 1989, los primeros borradores de la novela fueron escritos en su etapa universitaria.

Con una prosa sencilla y brillante y una maravillosa trama, Auster consigue mantenerte enganchado a la novela desde la primera a la última página. Por si fuera poco, las referencias al mundo de los libros y de la literatura son innumerables. En fin, una novela estupenda, cuya lectura no debe dejar pasar. Muy recomendable.

     «No es mi intención sugerir que todo esto me agradaba. No había nada de romántico en agacharse a recoger migajas y la novedad que pudiera suponer al principio pronto desapareció. Me acordé de una escena de un libro que leí una vez, El lazarillo de Tormes, en el que un hidalgo muerto de hambre se pasea por todas partes con un palillo de dientes en la boca para dar la impresión de que acaba de tomar una copiosa comida. Empecé a adoptar yo también el disfraz del palillo de dientes y siempre cogía un puñadito cuando entraba en una cafetería a tomar un café. Me servían para tener algo que masticar en los largos períodos en que no tenía qué comer, pero además le daban cierto aire elegante a mi apariencia, pensaba yo, un toque de autosuficiencia y tranquilidad.»

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SINOPSIS

Marco Stanley Fogg (por Marco Polo, por el Stanley que encontró a Livingstone y por el Phileas Fogg de La vuelta al mundo en ochenta días) está a las puertas de la edad adulta cuando los astronautas ponen el pie en la Luna. Hijo de padre desconocido, muerta su madre cuando él tenía once años, Marco Stanley fue educado por su tío Víctor, un excéntrico que se ganaba la vida tocando el clarinete en orquestas de mala muerte. Ahora, en el comienzo de la era lunar, muerto su tío, Marco Stanley Fogg solo tiene dinero para sobrevivir unos pocos meses más. Gradualmente, pero sin pausa, va cayendo en la indigencia, la soledad y una suerte de tranquila locura de matices dostoievskianos, donde su vida se reduce a explorar los gozosos infiernos del despojamiento absoluto.

Vive ya como un animal en una cueva de Central Park, en un semidelirio provocado por el hambre, cuando la bella Kitty Wu lo rescata. Fogg se salva y decide, por primera vez en su vida, buscar un trabajo. El destino, y una compleja red de significantes en torno a la luna, lo lunar y la luz, le llevan a trabajar como lector y acompañante de Thomas Effing, un viejo pintor paralítico. Y escribiendo la biografía de Effing, que este quiere legar a Solomon Barber, el hijo al que nunca conoció, Marco Stanley Fogg descubrirá, en un viaje que le lleva desde el Palacio de la Luna, un restaurante chino de Nueva York, a los lunares paisajes del Oeste americano, los misterios de su propio origen, el nombre y la identidad de su padre.

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    «Al tío Victor le encantaba inventarse complicadas y disparatadas teorías acerca de las cosas y no se cansaba nunca de explicarme las glorias ocultas en mi nombre. Marco Stanley Fogg. Según él, demostraba que llevaba los viajes en la sangre, que la vida me llevaría a lugares donde ningún hombre había estado antes. Marco, naturalmente, era por Marco Polo, el primer europeo que visitó China; Stanley, por el periodista norteamericano que había seguido el rastro del doctor Livingstone hasta «el corazón del África más oscura»; y Fogg, por Phileas, el hombre que había dado la vuelta al mundo en menos de tres meses. No importaba que mi madre hubiese elegido Marco simplemente porque le gustaba, ni que Stanley fuese el nombre de mi abuelo, ni que Fogg fuera un nombre equivocado, el capricho de un funcionario norteamericano medio analfabeto. El tío Victor encontraba significados donde nadie los hubiera encontrado y luego, con mucha destreza, los convertía en una forma de apoyo clandestino. La verdad es que yo disfrutaba cuando me dedicaba tanta atención, y aunque sabía que sus discursos eran fanfarronadas y palabrerías, había una parte de mí que creía cada una de sus palabras. En breve, el nominalismo de Victor me ayudó a sobrevivir a las difíciles primeras semanas en mi nuevo colegio.»

Paul Auster ya había utilizado, en Ciudad de cristal y en El país de las últimas cosas, las convenciones de la novela de género –la policíaca y la de ficción científica, respectivamente–. En El Palacio de la Luna recurre a la novela de aventuras a lo Julio Verne, a los folletines del siglo XIX y hasta a la novela victoriana para construir uno de los libros más sutiles, más llenos de resonancias de la literatura americana contemporánea. El Palacio de la Luna puede ser leído como un elegantísimo folletín contemporáneo sobre la paternidad y la impostura, pero también como una espléndida novela de aventuras sobre la aventura de crear.

PAUL AUSTER

11160_1Paul Auster (Newark, Nueva Jersey, 3 de febrero de 1947 ) es escritor, traductor y cineasta. Es autor de los libros Jugada de presión (1982), escrito bajo el pseudónimo Paul Benjamin; La invención de la soledad (1982); La trilogía de Nueva York (1987), compuesta por las novelas Ciudad de cristal (1985), Fantasmas (1986) y La habitación cerrada (1986); El país de las últimas cosas (1987); El Palacio de la Luna (1989); La música del azar (1990); Pista de despegue (1990); Cuento de Navidad (1990); Leviatán (1992); El cuaderno rojo (1992); Mr. Vértigo (1994); A salto de mata (1997); Tombuctú (1999); Experimentos con la verdad (2000); El libro de las ilusiones (2002); Historia de mi máquina de escribir (2002); La noche del oráculo (2003); Brooklyn Follies (2005); Viajes por el Scriptorium (2006); Un hombre en la oscuridad (2008); Invisible (2009); Sunset Park (2010); Diario de invierno (2012) y 4 3 2 1 (2017); y de los guiones de las películas Smoke (1995); Blue in the Face (1995), en cuya dirección colaboró con Wayne Wang; Lulu on the Bridge (1998) y La vida interior de Martin Frost (2007), que dirigió en solitario. Ha editado el libro de relatos Creía que mi padre era Dios (2001). Su obra poética ha sido publicada por Seix Barral en el tomo Poesía Completa. Es también autor de Una
vida en palabras (Seix Barral, 2018), un volumen que recoge sus conversaciones con la profesora I. B. Siegumfeldt alrededor de su obra y del oficio de escribir. Su novela Ciudad de cristal ha sido adaptada al cómic y, más recientemente, al teatro.

Ha recibido numerosos galardones, entre lo que destacan el Premio Médicis por la novela Leviatán, el Independent Spirit Award por el guión de Smoke, el Premio al mejor libro del año del Gremio de Libreros de Madrid por El libro de las ilusiones, el Premio Qué Leer por La noche del oráculo y el Premio Leteo; ha sido finalista del International IMPAC Dublin Literary Award por El libro de las ilusiones y del PEN/ Faulkner Award por La música del azar. En 2006 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Es miembro de la American Academy of Arts and Letters y Comandante de la Orden de las Artes y las Letras Francesa. Su obra está traducida a más de cuarenta idiomas. Vive en Brooklyn, Nueva York.

“El lector”, Bernhard Schlink

El lector (Der Vorleser) es una novela del escritor y juez alemán Bernhard Schlink, publicada en 1995. El libro, que fue muy bien acogido por los lectores y por la crítica, ha sido traducido a treinta y nueve lenguas y ha recibido numerosos galardones.

Acabada la Segunda Guerra Mundial, en uno de los barrios de Berlín, un adolescente se siente mal al volver del colegio y Hanna, una mujer de treinta y seis años, acude en su ayuda. Unas semanas después, el muchacho, agradecido, le lleva a su casa un ramo de flores. Éste será el comienzo de una relación amorosa en la que, antes de amarse, ella siempre le pide a él que le lea en voz alta fragmentos de diversos libros.

     «Esperé en el recibidor. Ella se quedó en la cocina para cambiarse. la puerta estaba entornada. Se quitó el delantal y se quedó sólo con una combinación verde claro. Sobre el respaldo de la silla colgaban dos medias. Cogió una y la enrolló con rápidos movimientos de las dos manos. Se puso en equilibrio sobre una pierna, apoyó sobre la rodilla la punta del pie de la otra, se echó hacia adelante, metió la punta del pie en la media enrollada, la apoyó sobre la silla, se subió la media por la pantorrilla, la rodilla y el muslo, se inclinó a un lado y sujetó la media con el liguero. Se incorporó, quitó el pie de la silla y cogió la otra media.

     Yo no podía apartar la vista de ella. De su nuca y de sus hombros, de sus pechos, que la combinación realzaba más que ocultaba, de sus nalgas, que se apretaron contra la combinación cuando ella apoyó el pie sobre la rodilla y lo puso sobre la silla, de su pierna, primero desnuda y pálida y luego envuelta en el brillo sedoso de la media.»

El lector me ha parecido una novela muy interesante, bien escrita y fácil de leer. Me llamó la atención la referencia que hace de ella Irene Vallejo en su magnífico libro El infinito en un junco, y no me resistí a leerla, cosa que tengo que agradecerle:

  «Una mujer escucha leer a su amante adolescente en cada uno de sus encuentros eróticos. Me fascina imaginar esos momentos descritos en El lector, de Bernhard Schlink. Todo empieza con la Odisea, que el chico traducía en sus clases de griego del instituto. Léemelo, dice ella. Tienes una voz muy bonita, chiquillo. Cuando él intenta besarla, ella retira la cara: primero tienes que leerme algo. A partir de ese día, el ritual de sus encuentros incluye siempre la lectura. Durante media hora —antes de la ducha, el sexo y el reposo—, en la intimidad del deseo, él va desovillando historias mientras la mujer, Hanna, escucha con atención, a veces riéndose o bufando con desprecio, o haciendo exclamaciones indignadas. A lo largo de los meses y los libros —Schiller, Goethe, Tolstói, Dickens—, el chico de voz insegura aprende las habilidades del narrador. Cuando llega el verano y los días se alargan, dedican todavía más tiempo a la lectura. Una tarde de bochorno veraniego, recién acabado un libro, Hanna se niega a empezar otro. Es su último encuentro. Días después, el chico llega a la hora habitual y llama al timbre, pero la casa está vacía. Ella ha desaparecido de repente, sin explicaciones —el final de las lecturas ha marcado el final de su historia—. Durante años, él no puede ver un libro sin pensar en compartirlo con Hanna.

   Tiempo después, mientras estudia Derecho en una universidad alemana, él descubre por azar la oscura historia de su antigua amante: fue guardiana en un campo de concentración nazi. También allí hacía que las prisioneras le leyeran libros, noche tras noche, antes de arrojarlas al tren que las conducía a una muerte segura en Auschwitz. Por ciertos indicios, atando cabos, comprende que Hanna es analfabeta. Reconstruye la historia de una joven emigrada del mundo rural, sin educación, acostumbrada a trabajos de poca monta, que se embriaga con el puesto de mando en un campo femenino cerca de Cracovia. Bajo esa nueva luz se explica la dureza de Hanna, que a veces rozaba la crueldad, sus mutismos, sus reacciones incomprensibles, su sed de lecturas en voz alta, su marginación, sus esfuerzos por ocultarse, su aislamiento. Los recuerdos amorosos del joven estudiante se tiñen de horror y, sin embargo, toma la decisión de grabar la Odisea en cintas de casete y hacérselas llegar a la cárcel a ella para aliviar su soledad. Mientras Hanna cumple su larga condena, él no deja de enviarle grabaciones de Chéjov, Kafka, Max Frisch, Fontane. Atrapados en su laberinto de culpa, espanto, memoria y amor, los dos se resguardan en el antiguo refugio de las lecturas en voz alta. Esos años de narraciones compartidas reviven las mil y una noches en que Sherezade aplacó con sus relatos al sultán asesino. Náufragos de la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial y con las heridas europeas todavía en carne viva, el protagonista y Hanna regresan a las antiguas historias en busca de absolución, de cura, de paz.»

La novela ha sido adaptada a la gran pantalla. En 2008, Stephen Daldry dirigió The Reader (El lector). La película fue nominada a cinco premios de la Academia, ganando Kate Winslet el Óscar a la mejor actriz por su interpretación de Hanna Schmitz.

Alemania después de la II Guerra Mundial (1939-1945). Michael Berg (David Kross), un chico de quince años, pierde el conocimiento mientras regresa del colegio. Hanna Schmitz (Kate Winslet), una mujer seria y reservada que le dobla la edad, lo recoge y lo lleva a su casa. Entre ambos surge un apasionado y secreto idilio que se ve interrumpido por la misteriosa desaparición de Hanna. Ocho años más tarde, siendo estudiante de Derecho, Michael vuelve a verla, pero en una situación que nunca hubiera podido imaginar. (FilmaAffinity) 

SINOPSIS

Michael Berg tiene quince años. Un día, regresando a casa del colegio, empieza a encontrarse mal y una mujer acude en su ayuda. La mujer se llama Hanna y tiene treinta y seis años. Unas semanas después, el muchacho, agradecido, le lleva a su casa un ramo de flores. Éste será el principio de una relación erótica en la que, antes de amarse, ella siempre le pide a Michael que le lea en voz alta fragmentos de Schiller, Goethe, Tolstói, Dickens… El ritual se repite durante varios meses, hasta que un día Hanna desaparece sin dejar rastro.

Siete años después, Michael, estudiante de Derecho, acude al juicio contra cinco mujeres acusadas de crímenes de guerra nazis y de ser las responsables de la muerte de varias personas en el campo de concentración del que eran guardianas. Una de las acusadas es Hanna. Y Michael se debate entre los gratos recuerdos y la sed de justicia, trata de comprender qué llevó a Hanna a cometer esas atrocidades, trata de descubrir quién es en realidad la mujer a la que amó…

     —¡Sigue leyendo, chiquillo! —dijo apretándose contra mí. Cogí la Vida de un vagabundo aventurero de Joseph von Eichendorff y continué donde la había dejado la última vez. El libro era fácil de leer, más fácil que Emilia Galotti y que Intriga y amor. Hanna volvía a poner toda su atención. Le gustaban los poemas intercalados en la narración. Le divertían las aventuras del héroe en Italia, con sus disfraces, confusiones, enredos y persecuciones. Al mismo tiempo le parecía mal que fuera un vagabundo, que no se dedicara a nada de provecho, que no supiera hacer nada ni quisiera aprender nada. oscilaba entre esos dos sentimientos, y a veces, horas después de la lectura, todavía salía con preguntas como: «¿Y qué tiene de malo el oficio de aduanero?»

Bernhard Schlink ha escrito una deslumbrante novela sobre el amor, el horror y la piedad; sobre las heridas abiertas de la historia; sobre una generación de alemanes perseguida por un pasado que no vivieron directamente, pero cuyas sombras se ciernen sobre ellos.

BERNHARD SCHLINK

Bernhard Schlink (Bielefeld, 1944) ejerce de juez y vive entre Bonn y Berlín. Su novela El lector fue saludada como un gran acontecimiento literario y ha obtenido numerosos galardones: el premio Hans Fallada de la ciudad de Neumuenster, el premio Welt, el premio italiano Grinzane Cavour, el premio francés Laure Bataillon y el premio Ehrengabe de la Düsseldorf Heinrich Heine Society. Después publicó un extraordinario libro de relatos, Amores en fuga. En Anagrama se han editado también El regreso, La justicia de Selb (en colaboración con Walter Popp), El engaño de Selb, El fin de Selb, El fin de semana Mentiras de verano.

“El infinito en un junco”, de Irene Vallejo

 «Sin los libros, las mejores cosas de nuestro mundo se habrían esfumado en el olvido.»

El infinito en un junco: la invención de los libros en el mundo antiguo es una obra de la doctora en Filología Clásica Irene Vallejo, publicada en 2019. Se trata de un recorrido apasionante por la vida de los libros a lo largo de sus treinta siglos de historia.

El libro se ha convertido en todo un fenómeno editorial, ha ido sumando ediciones y ha recibido excelentes críticas. Entre otros muchos galardones, ha recibido el Premio Nacional de Literatura en su modalidad de Ensayo. En palabras del jurado que le concedió el citado premio «por ofrecer un viaje personal, erudito e instructivo por la historia del libro y de la cultura en el mundo antiguo, que transmite un sentimiento de colectividad en el que tanto la propia autora como quien la lee se reconocen. Desde una magnífica capacidad narrativa, la autora conjuga rigor y sentido histórico en el contenido con un extraordinario gusto por la escritura, y proyecta una mirada fresca que va más allá del ensayo e incorpora elementos de otros géneros, sumando nuevos lectores a un tipo de literatura cuyo público crece día a día».

El infinito en un junco es un brillante ensayo en torno al mundo de los libros, pero es también en parte un libro de viajes, de relatos y hasta un libro de memorias. Un libro que nos ofrece un interesantísimo recorrido por el mundo clásico, en el que intervienen innumerables personajes de todos los tiempos y con frecuentes referencias a la actualidad. Escrito con erudición, pasión y rigor histórico, pero también con honestidad y sensibilidad. Con una prosa amena y elegante que te atrapa y que te hace partícipe de la pasión que siente la autora zaragozana por este maravilloso mundo de los libros.

     «El libro ha superado la prueba del tiempo, ha demostrado ser un corredor de fondo. Cada vez que hemos despertado del sueño de nuestras revoluciones o de la pesadilla de nuestras catástrofes hu­manas, el libro seguía ahí. Como dice Umberto Eco, pertenece a la misma categoría que la cuchara, el martillo, la rueda o las tijeras. Una vez inventados, no se puede hacer nada mejor. []

     No olvidemos que el libro ha sido nuestro aliado, desde hace mu­chos siglos, en una guerra que no registran los manuales de historia. La lucha por preservar nuestras creaciones valiosas: las palabras, que son apenas un soplo de aire; las ficciones que inventamos para dar sentido al caos y sobrevivir en él; los conocimientos verdaderos, falsos y siempre provisionales que vamos arañando en la roca dura de nuestra ignorancia.» 

El infinito en un junco es un sentido homenaje a los libros, a la lectura, a la literatura y a todas aquellas personas que, a lo largo de la historia, han hecho posible y han salvaguardado a los libros. Una verdadera obra de arte.

Escribano (2)

    «Los más de diez mil bibliotecarios que trabajan en España —cientos de miles en todo el mundo— alimentan nuestra adicción a las palabras. Son los guardianes de la droga. A ellos les confiamos la suma de nuestros conocimientos y nuestros sueños, desde los cuentos de hadas a las enciclopedias, desde los opúsculos eruditos a los cómics más canallas. Ahora que muchas editoriales destruyen sus fondos para evitar los gastos de almacenamiento, allí encontramos un depósito de las palabras descatalogadas; el cofre del tesoro.

     Cada biblioteca es única y, como alguien me dijo una vez, siempre se parece a su bibliotecario. Admiro a esos cientos de miles de personas que aún confían en el futuro de los libros o, mejor dicho, en su capacidad de abolir el tiempo. Que aconsejan, animan, urden actividades y crean pretextos para que la mirada de un lector despierte las palabras dormidas, a veces durante años, de un ejemplar apilado en una estantería. Saben que ese acto tan cotidiano es en el fondo —levántate, Lázaro— la resurrección de un mundo.

    Los bibliotecarios tienen una larga genealogía que empieza en el Creciente Fértil de Mesopotamia, pero apenas sabemos nada sobre esos lejanos antepasados del gremio. El primero que nos habla con su propia voz es Calímaco, a quien podemos imaginar con un perfil nítido en su paciente trabajo de catalogación y en sus largas noches de escritura. Después de Calímaco, muchos escritores han ejercido de bibliotecarios durante alguna época de su vida, entre paredes de libros que a la vez convidan y paralizan. Goethe, Casanova, Hölderlin, los hermanos Grimm, Lewis Carroll, Musil, Onetti, Perec, Stephen King. “Dios me hizo poeta y yo me hice bibliotecaria”, escribió Gloria Fuertes.

    Y a Borges, el bibliotecario ciego que se ha convertido él mismo casi en un género literario. Cuenta un amigo del escritor que cierta vez recorrió con él la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. Borges se movía entre los anaqueles como en su propio hábitat. Abrazaba con la mirada, ya sin verlos nítidamente, cada uno de los estantes. Sabía dónde se encontraba cada libro y, al abrirlo, encontraba enseguida la página precisa. Perdiéndose en corredores tapizados de libros, deslizándose por lugares casi invisibles, Borges se abría camino en la oscuridad de la biblioteca con la delicada precisión de un equilibrista; como Jorge de Burgos, ese guardián ciego —y asesino sigiloso— de la biblioteca abacial de El nombre de la rosa, que Umberto Eco, entre el homenaje y la irreverencia, imaginó inspirándose en él.»

LEER UN FRAGMENTO DEL LIBRO

SINOPSIS

Este es un libro sobre la historia de los libros. Un recorrido por la vida de ese fascinante artefacto que inventamos para que las palabras pudieran viajar en el espacio y en el tiempo. La historia de su fabricación, de todos los tipos que hemos ensayado a lo largo de casi treinta siglos: libros de humo, de piedra, de arcilla, de juncos, de seda, de piel, de árboles y, los últimos llegados, de plástico y luz.
Es, además, un libro de viajes. Una ruta con escalas en los campos de batalla de Alejandro y en la Villa de los Papiros bajo la erupción del Vesubio, en los palacios de Cleopatra y en el escenario del crimen de Hipatia, en las primeras librerías conocidas y en los talleres de copia manuscrita, en las hogueras donde ardieron códices prohibidos, en el gulag, en la biblioteca de Sarajevo y en el laberinto subterráneo de Oxford en el año 2000. Un hilo que une a los clásicos con el vertiginoso mundo contemporáneo, conectándolos con debates actuales: Aristófanes y los procesos judiciales contra humoristas, Safo y la voz literaria de las mujeres, Tito Livio y el fenómeno fan, Séneca y la posverdad… 
Pero, sobre todo, esta es una fabulosa aventura colectiva protagonizada por miles de personas que, a lo largo del tiempo, han hecho posibles y han protegido los libros: narradoras orales, escribas, iluminadores, traductores, vendedores ambulantes, maestras, sabios, espías, rebeldes, monjas, esclavos, aventureras… Lectores en paisajes de montaña y junto al mar que ruge, en las capitales donde la energía se concentra y en los enclaves más apartados donde el saber se refugia en tiempos de caos. Gente común cuyos nombres en muchos casos no registra la historia, esos salvadores de libros que son los auténticos protagonistas de este ensayo. Un recorrido por la vida del libro y de quienes lo han salvaguardado durante casi treinta siglos.

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     La invención de los libros ha sido tal vez el mayor triunfo en nuestra tenaz lucha contra la destrucción. A los juncos, a la piel, a los harapos, a los árboles y a la luz hemos confiado la sabiduría que no estábamos dispuestos a perder. Con su ayuda, la humanidad ha vivido una fabulosa aceleración de la historia, el desarrollo y el progreso. La gramática compartida que nos han facilitado nuestros mitos y nuestros conocimientos multiplica nuestras posibilidades de cooperación, uniendo a lectores de distintas partes del mundo y de generaciones sucesivas a lo largo de los siglos. Como afirma Stefan Zweig en el memorable final de Mendel, el de los libros: «Los libros se escriben para unir, por encima del propio aliento, a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido.»

IRENE VALLEJO

EI3APSYPH5C4LHB6SO3GRYZQ6AIrene Vallejo (Zaragoza, 1979) estudió Filología Clásica y obtuvo el Doctorado Europeo por las universidades de Zaragoza y Florencia. En la actualidad lleva a cabo una intensa labor de divulgación del mundo clásico impartiendo conferencias y cursos. Colabora con el diario Heraldo de Aragón y con El País Semanal. De su obra literaria destacan las novelas La luz sepultada (2011) y El silbido del arquero (2015). Ha publicado ensayos y libros infantiles. Las antologías Alguien habló de nosotros (2017) y El futuro recordado (2020) recogen sus artículos periodísticos.

«Trigo limpio”, de Juan Manuel Gil

    «Pero quién dijo que la literatura tuviera algo que ver con el confort y el sentarse en el jardín a verlas venir. Si uno quiere leer, tiene que estar dispuesto a asomarse al vacío.»

Trigo limpio es el título de la novela con la que el escritor almeriense Juan Manuel Gil ha ganado el Premio Biblioteca Breve 2021. Una novela arriesgada y de difícil clasificación, que en palabras del Jurado que le concedió dicho premio «narra con asombrosa agilidad y desde el humor la fascinación por la infancia perdida en un barrio periférico, así como la naturaleza de la fabulación literaria a través de pasadizos que conectan las lecturas que todos llevamos dentro.»

El protagonista de la historia, un escritor que busca escribir la novela perfecta, recibe un mensaje de Simón, un antiguo amigo de la infancia, y del que no había vuelto a saber nada desde hacía más de veinticinco años, que ha leído su novela anterior y le propone que escriba sobre aquellos años que vivieron a las puertas de la adolescencia a principios de los noventa en un barrio junto al aeropuerto de Almería.

    «Querido amigo: Soy Simón. Aquel compañero de clase con el que compartiste más trastadas de las recomendables. No sé si me recuerdas. Supongo que sí. Hace apenas unos días, echando un vistazo en una librería cercana a casa, me topé con tu novela Un hombre bajo el agua […] Por qué no escribes sobre aquello? Sobre Huáscar y esos días. Sobre cómo apenas una tarde podía ser más larga que un verano. Si todo este tiempo alejado del barrio me diera derecho a pedir algo, una sola cosa, creo que lo tendría claro. Te encargaría que escribieras la novela de lo que nos ocurrió. Nunca he sido más feliz que en ese minúsculo momento en el que salía de aquella casa y era consciente de que teníamos toda la mañana o toda la tarde por delante. He leído en alguna de tus entrevistas que huyes de la nostalgia en la literatura. No sé si lo haces también en la vida. Yo no sé hacerlo. Y no será por no haberlo intentado. Quizá, quién sabe, exista uno de esos pasadizos entre la nostalgia y un nuevo comienzo. Me alegra haberte encontrado otra vez.»

Con una prosa directa y desenfada, y mezclando ficción con teoría literaria, Juan Manuel Gil nos ofrece una novela entretenida y fácil de leer. Una buena novela que constituye todo un homenaje a la literatura y al refugio que supone la lectura.

    «La primera vez que vi a Simón, yo estaba en clase de Ciencias Naturales. La maestra interrumpió su explicación, abrió la puerta sin que previamente nadie llamara a ella, e hizo pasar a un niño pecoso y flaco,que apenas era capaz de levantar la mirada del suelo. Nos lo presentó, dijo que era el nuevo compañero y, después de encajar una mesa y una silla entre dos alumnas, recuperó su tiza y siguió explicando la lección por donde la había dejado. Como yo ocupaba un pupitre de la penúltima fila, lo estuve observando toda la mañana. No sacó ni un lápiz de esa mochila que había dejado en el suelo. Escuchó a cada uno de los maestros que pasaron por el aula y no abrió la boca en ningún momento, salvo para hacer una pregunta, a última hora, en la clase de Pretecnología.

    —¿Puedo leer un libro?

    El estupor de los compañeros fue absoluto.»

SINOPSIS

Veinticinco años después de protagonizar una gam­berrada que marcará el transcurso de la vida de un grupo de amigos, el narrador sin nombre de esta no­vela recibe un mensaje de Simón, un miembro de la pandilla que desapareció un buen día sin dejar rastro, con una propuesta inesperada: ¿por qué no escribes sobre nosotros?, ¿sobre lo que nos sucedió?

Como una falsa novela de detectives, Trigo limpio sigue los pasos de un escritor dispuesto a cualquier cosa para darle forma a la novela perfecta mientras investiga sobre un pasado que poco se parece a lo que recuerda de su infancia perdida en un barrio periférico. Un juego literario en el que el lector está invitado a conectar las piezas de un hábil rompecabezas.

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    «Lo que Simón no sabía, ni tenía por qué, es que el tipo de novela que más me gusta nunca es trigo limpio. Antes, si acaso, todo lo contrario. Creo que para que una historia arraigue en el pecho de cualquier lector, es conveniente no trillar ni aventar el grano hasta el punto de dejarlo solo, inmaculado, lucido. Las pequeñas piedras, la tierra, el polvo, las espigas y otras semillas han de estar ahí, junto al trigo. Porque si no, cómo va a brotar el desconcierto, dónde se va a guarecer el misterio, de qué manera se va a enturbiar la verdadera emoción.»

Armado con un inteligente sentido del humor y dispues­to a saltarse todas las fronteras entre la realidad y la fic­ción, Juan Manuel Gil ha obtenido el Premio Biblioteca Breve 2021 con este lúcido homenaje al poder universal de contar historias y al refugio que supone la lectura.

Leer otro fragmento de la novela

JUAN MANUEL GIL

000078171_1_Juan_Manuel__2021_©_Ivan_Gimenez-Seix_Barral_WEB_202103081544Nació en Almería en 1979. Es escritor y profesor. Formó parte de la primera promoción de residentes de la Fundación Antonio Gala. Con su primer libro, Guía inútil de un naufragio (2004), obtuvo el Premio Andalucía Joven de Poesía. Desde entonces se ha centrado en la novela: Inopia (2008), Las islas vertebradas (2017) y Un hombre bajo el agua (2019). Es autor, además, de dos volúmenes de difícil clasificación: Mi padre y yo. Un western (2012), que le valió el Premio Argaria, e Hipstamatic 100 (2014), una recopilación de textos en los que mezcló vida y actualidad.

“Hoy, Júpiter”, de Luis Landero

       «–Es curioso –dijo– que mi conflicto sea justo el contrario del tuyo. ¿Cómo decir? Tú estás viviendo una historia de amor. La mía, sin embargo, es la historia de un odio.»

Diecisiete años después de que un desconocido Luis Landero ganara el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Narrativa con su primera novela, Juegos de la edad tardía (1989), el escritor extremeño publicaba Hoy, Júpiter (2007), un libro en el que se describen dos historias paralelas que al final convergen.

Está protagonizado por Dámaso Méndez y Tomás Montejo, dos personajes cuyas vidas se acabarán cruzando. El primero crece en un medio rural, bajo la poderosa influencia de un padre exigente que le ningunea y que acabará depositando sus expectativas en otro muchacho con más talento que él.

    «La vida es sólo un soplo y un sueño, los años te atropellan, las edades vuelan, los imperios se desmoronan, cuando quieres darte cuenta hoy es ya mañana y mañana fue ayer. Te echas a dormir un rato, y al despertar descubres que se ha hecho ya tan tarde que no queda tiempo para nada, sólo para llorar la juventud perdida y hecha ya desperdicios. Así que si quieres llegar a algo, tienes que darte mucha prisa.»

El segundo protagonista, Tomás Montejo, es un profesor de instituto de Lengua y Literatura, que sueña con ser escritor y a quien la relación con una joven alumna vendrá a rescatarlo de la rutina.

     «Y a partir de entonces vivió ya para los libros. Sería lector, profesor, investigador, y quizá hasta escritor. Quizá sobre todo escritor. Una tarde se puso a escribir, redactó unas líneas y luego se detuvo sin saber cómo continuar pero sabiendo que tenía toda la vida por delante para consagrarla a esa misión, desde ahora sagrada.»

La novela es una historia de odio pero también de amor con una alta carga autobiográfica, apoyada en hechos y vivencias reales. Landero creció bajo la fuerte influencia de un padre que le responsabilizaba de todas sus frustraciones. Le exigía tanto que le abrumó. Le ponía ejemplos de otros muchachos con más habilidades que él, lo que le creó un fuerte sentimiento de culpa.

«Hay dos mundos que son las fuentes de donde manan mis demonios: mi infancia y mi adolescencia. Ambos me alimentan literariamente. Ésa es la semilla, pero lo demás es imaginario», señala el autor extremeño.

La novela está escrita con una excelente prosa que se adapta a las exigencias de los protagonistas y a las distintas situaciones de la historia. Destacan las bellas descripciones de ambientes y personajes de la infancia del escritor allá en su Extremadura natal y los guiños a ese mundo mágico tan presente en sus obras. En esta obra Landero adelanta algunos de los temas que más tarde desarrollaría en sus novelas El balcón en invierno (2014) y El huerto de Emerson (2021). En fin, otra buena novela del autor extremeño que desde aquí recomendamos.

     «En el verano se bañaban juntos en la alberca, pescaban con cestas y cribas en el regato cuando el cauce iba bajo, barbitos, bogas y bermejuelas, dormían en la era los días de la trilla, cogían almendras y hacían culebras de mazapán en Navidad, iban juntos a buscar cardillos, setas, espárragos, criadillas, a apañar aceitunas, a castrar colmenas, a cazar pájaros con red, a pescar ranas de noche con linternas, a buscar nidos, a lagartos, y entre todos hacían licor de moras y de guindas, o embotaban tomates y pimientos y confitaban frutas, y hasta el gato y los perros parecían participar de esos momentos que el trabajo en común hacía maravillosos. Y a él lo mandaba todo el mundo, trae esto, ve a por aquello, estate quieto, despluma esa perdiz, remángate el jersey, dame, toma, y a él le encantaba que lo mandasen, ser útil, agradar a todos, sentirse importante en la familia. Y lo que más le gustaba era hacer trabajos en cadena: uno partía con un martillo las almendras, otro separaba el fruto de la cáscara, otro les quitaba la piel, otro las machacaba en el mortero. Iban pasando las cosas de mano en mano, todos sentados en asientos bajos, cada cual en lo suyo pero siempre juntos y solidarios.»

SINOPSIS

Las vidas de Dámaso Méndez y Tomás Montejo corren paralelas, en principio sin otro parentesco que un fluir subterráneo de temas compartidos. La vida de Dámaso es la historia de un odio, cuyo origen se remonta a la adolescencia, cuando un joven de su edad le arrebató su lugar en el edén familiar y provocó el enfrentamiento y la violenta ruptura con su padre, un hombre deseoso hasta el delirio de redimirse de su propio fracaso vital a través de los éxitos perdurables del hijo. Desde entonces, Dámaso consagra su existencia a servir a esas dos pasiones excluyentes que son el odio y el afán de venganza. Por su parte, Tomás, profesor y escritor, joven solitario dedicado por entero a la pasión de los libros y del conocimiento, conoce un día el amor, y con él el desorden, por el que su vida tomará un rumbo imprevisto y tormentoso. Entre la comicidad y el dramatismo, ambos personajes crean con el barro de esas pasiones sus dioses, sus demonios, sus mundos de papel, y así van construyendo ese yo imaginario que hay en todos nosotros y que es el que con más verdad y hondura nos ilumina y nos define. Hasta que, a través de muy diversas peripecias, los destinos de Dámaso y Tomás se cruzan y se unen para urdir un desenlace compartido.

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    «Cuando comenzó a anochecer, Tomás Montejo no había abierto aún la carta. Su mente estaba en otro lado, en otro texto. Había sacado una carpeta sin estrenar para empezar a tantear una novela que se le había venido ocurriendo en los últimos días y que era como si ya estuviese escrita, un relato que en realidad eran dos historias entrelazadas, sacadas del barro mismo de la vida, y que eran la de Dámaso y la suya propia, unas cuatrocientas páginas, calculó, y de la cual tenía ya pensado hasta el título. Por la ventana entraba una leve brisa de verano. Miró al cielo. Aún no se distinguían las primeras estrellas. Sí, bueno o malo, aquél era su mundo, y ahora, como Ulises, después de algunas peripecias, regresaba finalmente a su hogar. Y aunque el dolor era mucho, tampoco la esperanza era poca.
     Tomó un lápiz, lo afiló a conciencia, y escribió la primera frase. Sí, allí empezaban para él las verdaderas aventuras.»

Ligera, velocísima, con mucho humor, pero también oscura, trágica, Hoy, Júpiter, la esperada novela con que Landero vuelve tras cinco años de silencio, participa del carácter de fábula y de narración irrefrenable que sólo un magnífico contador de historias como él puede hilvanar. Como una función de teatro, que se anuncia ante el público y en la que los personajes son como títeres de sus ilusiones y sus sentimientos, en Hoy, Júpiter, las vidas se trenzan y se destrenzan en torno al conflicto entre imaginación y realidad.

LUIS LANDERO

Landero_big Luis Landero nació en Alburquerque, Badajoz, un veinticinco de marzo de 1948, en el seno de una familia campesina extremeña, que emigró a Madrid a finales de la década de los cincuenta. A los quince años escribía poemas, al mismo tiempo que trabajaba como mecánico en un taller de coches y chico de recados en una tienda de ultramarinos. Inició y terminó sus estudios en Filología hispánica en la Universidad Complutense, ha enseñado literatura en la Escuela de Arte Dramático de Madrid y fue profesor invitado en la Universidad de Yale (Estados Unidos). Se dio a conocer con Juegos de la edad tardía en 1989 (Premio de la Crítica y Premio Nacional de Narrativa 1990), novela a la que siguieron Caballeros de fortuna (1994), El mágico aprendiz (1998), El guitarrista (2002), Hoy, Júpiter (2007, XV Premio Arzobispo Juan de San Clemente) y Retrato de un hombre inmaduro (2010), todas ellas publicadas por Tusquets Editores. Traducido a varias lenguas, Landero es ya uno los nombres esenciales de la narrativa española. Ha escrito además el emotivo ensayo literario Entre líneas: el cuento o la vida (2000), y ha agrupado sus piezas cortas en ¿Cómo le corto el pelo, caballero? (2004). Absolución, su novela más trepidante, es una delicada historia de amor, una cuenta atrás que no da tregua, y un inspirado relato de aprendizaje y sabiduría a través de un elenco de personajes inolvidables. El balcón en invierno (2014) está basada en hechos y vivencias reales, en la que su autor ha decidido revelarnos la verdadera historia de una parte muy importante de su vida: la de su infancia en una familia de labradores en su Alburquerque natal y la de su adolescencia en un barrio de Madrid. En 2017 publicó La vida negociable. LLuvia fina (2019) es la historia de una familia que, tras muchos años de distanciamiento, decide reunirse con el objeto de hacer las paces y curar las pequeñas heridas que les han distanciado durante tanto tiempo. El huerto de Emerson (2021) es su última novela

Su obra sigue entusiasmando a miles de lectores tanto en España como en el extranjero, donde ha sido traducido a numerosas lenguas. Extremadura reconoció su labor con el Premio a la Creación en el apartado de Literatura en el año 2000 y en 2005 se le concedió la medalla de Extremadura.

  • Más sobre Luis Landero en Extremeños Ilustres

       «El escribir por oficio es uno de los grandes peligros del escritor. Cuando uno alcanza un estilo, un tono y una música y permanece fiel a ellos… Eso puede no ser bueno. Así que intento ser un escritor sin oficio, que está aprendiendo cosas continuamente.»

    Luis Landero

«Stoner», el magistral retrato de un hombre “invisible”

  «Se le había concedido la sabiduría y al cabo de largos años había encontrado ignorancia.»

Stoner es una magnífica novela del profesor y novelista estadounidense John Edward Williams. Publicada originalmente en Estados Unidos en 1965, ha sido traducida a más de una veintena de lenguas y ha conquistado a lectores de todo el mundo, llegando a convertirse en una especie de novela de culto.

La historia cuenta la vida de William Stoner, hijo único de una familia de humildes campesinos que marcha, con gran esfuerzo de sus padres, a la Universidad de Misuri para estudiar en la Facultad de Agricultura y aprender nuevas técnicas que mejoren los cultivos de la granja familiar. Pero en segundo curso, gracias a un profesor de literatura inglesa y a un soneto de Shakespeare, descubre su amor por las letras y decide estudiar literatura y hacerse profesor. Posteriormente, Stoner acepta una plaza de docente en la propia Universidad de Misuri, donde enseñaría hasta su muerte.

La novela transcurre sin grandes sobresaltos. Acompañamos al protagonista de la misma a lo largo de su vida como estudiante y profesor, como padre y esposo y hasta como amante. Una vida sin brillo, con más sombras que luces. Una existencia oscura, dura y estoica que no impide que en algunos momentos pueda llegar a experimentar algo parecido a la felicidad.

Sorprende bastante que con una trama tan sencilla John Edward Williams haya logrado escribir esta historia tan extraordinaria. Una novela con cierto halo de tristeza, pero que está magistralmente escrita, con un lenguaje aparentemente sencillo y directo.

Stoner es una novela que tarda en engancharte, pero a medida que avanza, te va atrapando más y más. Extraordinaria y absolutamente recomendable. 

     «Había llegado a ese punto en el que le asaltaba, con intensidad creciente, una cuestión de una simplicidad tan aplastante que carecía de recursos para afrontarla. Se empezó a preguntar si su vida merecía la pena, si alguna vez la había merecido. Era una duda, sospechaba, que le llegaba a todo el mundo tarde o temprano. Se preguntaba si a los demás les sobrevenía con la misma fuerza impersonal qe le llegaba a él. La cuestión le sumía en la tristeza, pero era una tristeza general que —pensaba— tenía poco que ver con él o con su particular destino, nisiquiera estaba seguro de que la cuestión naciera de las causas más recientes y obvias que habían trastornado su vida. Provenía, pensaba, de su mayor edad, de la cantidad de accidentes y circunstancias y de lo que había logrado entender sobre ellos. Hallaba un gusto siniestro e irónico en la posibilidad de que, con la poca formación que se había procurado, se las había arreglado para llegar a una certeza: que a la larga todas las cosas, incluso el conocimiento que le permitía saber esto, eran fútiles y vacías y que al final empequeñecían hasta convertirse en una nada donde ya no cambiaban.»

     «Stoner es un prodigio. Sin quitarle interés a las grandes epopeyas y a las actitudes heroicas, lo que hace Stoner es detenerse sobre la aburrida vida de un profesor de Missouri para, luego, otorgarle una grandeza y una intensidad únicas. Yo me he emocionado leyendo Stoner, pues terminas identificándote con ese personaje a quien, en realidad, no le pasa nada. Y, a través de él, descubres que no hacen falta grandes aventuras, sino que la vida es de por sí fascinante si la observas con la lupa adecuada». Jesus Carrasco

SINOPSIS

Stoner es uno de los fenómenos literarios más resonantes de la última década. Convertida en un inesperado best-seller (ha sido traducida a más de veinte lenguas), fue publicada originalmente en Estados Unidos en 1965, y reeditada por Vintage en 2003 y por New York Review Books en 2006. A partir de entonces, la novela no ha dejado de ganar lectores y ha cautivado tanto a la crítica como a escritores de la talla de Ian McEwan, Bret Easton Ellis, Enrique Vila-Matas y Rodrigo Fresán. Stoner es, quizás, una de las novelas más conmovedoras que se hayan escrito en Estados Unidos durante el siglo XX. 

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      «Aún sonriente y con malévola ironía, se giró hacia Stoner. «Tú tampoco te escapas, amigo. Para nada. ¿Quién eres tú? ¿Un sencillo hombre de campo, como te finges? Oh, no. Tú también estás entre los enfermos, tú eres el soñador, el loco en el mundo de los locos, nuestro Don Quijote de El Medio Oeste sin su Sancho, retozando bajo el cielo azul. Eres lo bastante listo —más listo al menos que nuestro mutuo amigo—. Pero tienes el mal, la vieja enfermedad. Crees que hay algo aquí, algo que encontrar. Bueno, en el mundo lo aprenderías rápido. Tú también estás destinado al fracaso; no es que te vayas a enfrentar al mundo, dejarías que te masticara y que te escupiera y te quedarías ahí pensando qué salió mal. Porque siempre esperaste que el mundo fuera algo que no es, algo que no deseó ser. El gorgojo en el algodón, el gusano en el frijol, el insecto barredor en el maíz. No podrías mirarles a la cara y no podrías enfrentarte a ellos porque eres demasiado débil y eres demasiado fuerte. Y no tienes a donde ir en el mundo»

William Stoner, protagonista de la novela, nace en el seno de una familia pobre de agricultores de Misuri a finales del siglo XIX. Enviado a la universidad estatal para estudiar agronomía, su vida da un vuelco absoluto cuando descubre su amor por la literatura inglesa y decide convertirse en profesor. La enseñanza y la literatura se vuelven así un amparo ante la sucesión de experiencias amargas que sacuden la vida de Stoner, cuyo desarrollo la novela acompaña hasta sus días finales. Este es el retrato de un hombre entrañable y tenaz en su búsqueda del significado de la amistad, el amor y la muerte. Como Jay Gatsby y Holden Caulfield, William Stoner es un personaje inolvidable.

   «John Williams ha construido un personaje sólidamente humano, tan humano que cualquiera podría contemplarse en su reflejo. Stoner es una novela sobre la integridad y la renuncia; una historia que consigue que te impliques, que comprendas, que disculpes y admires en la misma medida el estoicismo y las debilidades de este profesor al que es muy probable que ya me sienta vinculada para siempre. Stoner es, sin duda, un ejemplo de para qué sirve la literatura». Inma Luna.

   «Stoner se presenta como un canto a la dignidad de la vida, pese a sus miserias y a sus decepciones; como un himno a la belleza de los pequeños gestos; como una loa a los instantes de quietud y de paz. Su lectura reconforta tanto que obligará a los hombres y mujeres a retomar las páginas del libro en cuanto se les presente la menor ocasión. No lo tengan a mano cuando cojan el coche, o se eternizarán en los semáforos…» Ariadna G. García (Culturamas)

   «Se trata simplemente de una novela sobre un tipo que va a la universidad y se convierte en un maestro. Pero es una de las cosas más fascinantes que jamás he encontrado». Tom Hanks (Times)

  «Stoner de John Williams es algo más que una gran novela, es una novela perfecta, bien contada y muy bien escrita, de manera conmovedora, que quita el aliento». The New York Times Book Review

  «Impresiona el modo de contar de John Williams, su fuerza inusitada para los dramas minúsculos y para el recuento cotidiano de nuestras resignaciones y decepciones, y sorprende que Stoner, siendo la obra maestra que es, haya podido ser ignorada durante tanto tiempo». Enrique Vila-Matas. El País

  «Stoner está escrito en el más franco de los estilos… la razón. Su héroe es un oscuro académico que soporta una serie personal y profesional de agonías. Sin embargo, la novela es absolutamente fascinante y sencilla ya que su autor, John Williams, trata a sus personajes con una sencillez y honestidad brutales que no podemos dejar de amarlos.» Steve Almond, Tin House

 «Formal, espléndida y conmovedora. Lo que hace que Stoner sea tan impresionante es la intensidad de la figura y el carácter de un autor de altura.» Irving Howe, New Republic

JOHN WILLIAMS

johnwilliamsJohn Edward Williams (1922-1994) nació y se crio en el noreste de Texas. Después de desempeñar varios empleos en periódicos y estaciones de radio, Williams se enroló en el ejército en 1942. Varios años después de la Segunda Guerra Mundial fue a la Universidad de Denver, donde obtuvo su licenciatura en 1949, y su maestría en 1950. Durante este periodo publicó su primera novela, Nothing But the Night (1948), y su primera colección de poemas, The Broken Landscape (1949). En otoño de 1950 Williams fue a la Universidad de Missouri, donde ejerció como profesor y obtuvo el doctorado en 1954. La segunda novela en publicarse fue Butcher’s Crossing (1960). Su segundo libro de poemas, The Necessary Lie se publicó en 1965, año en el que se convirtió en editor de la revista literaria University of Denver Quarterly, hasta 1970. Ese mismo año apareció su tercera novela, Stoner. Su última obra publicada, Augustus, fue ganadora del National Book Award de ficción en 1973. Tras jubilarse de la Universidad de Denver en 1986, Williams se trasladó con su mujer a Fayetteville, Arkansas, hasta su muerte el 3 de marzo de 1994. Una quinta novela, The Sleep Of Reason, quedó inacabada en el momento de su fallecimiento. 

FUENTES

  • Williams, John. Stoner. Tenerife, Baile del Sol, 2013
  • Williams, John. Stoner. Buenos Aires, Fiordo, 2013

«El árbol de la ciencia”, de Pío Baroja

     «Fuera de aquellos momentos, en los demás, el estudio, las discusiones, la casa, los amigos, sus correrías, todo esto, mezclado con sus pensamientos, le daba una impresión de dolor, de amargura en el espíritu. La vida en general, y sobre todo la suya, le parecía una cosa fea, turbia, dolorosa e indomable.» 

El árbol de la ciencia es una obra del gran novelista español Pío Baroja, publicada en 1911. Junto con La dama errante (1908) y La ciudad de la niebla (1909) forma esta novela la trilogía de La raza. El libro es casi una autobiografía de la juventud de su autor; tanto por lo que se refiere a sus ideas e inquietudes como a algunas de sus experiencias personales; aunque está escrita en 1911, la acción y su desarrollo se sitúan en los mismos años en que Baroja fue estudiante de medicina y después medico rural, o sea desde 1887 hasta 1896, que vuelve a Madrid.

Como se señala en el Diccionario literario Bompiani, El árbol de la ciencia «es la breve historia de Andrés Hurtado desde que comienza los estudios médicos hasta el día –no muy lejano– de su muerte. Es una vida vulgar, como tantas, sin un atisbo de felicidad, una Facultad agria, una familia sin ternura y unos amigos sin generosidad. Éste es el ambiente próximo. El remoto una visión de España que merece especial comentario. Estas circunstancias tan poco propicias, condicionan el vivir de Andrés Hurtado: carente de fe, incierto en sus pasos, amargado de todo. Por eso, como nave desarbolada, se deja arrastrar por la vida.

España se refleja en una galería riquísima de tipos y tipejos a los que habitualmente le falta toda idea de bondad grandeza. Si éstas son las gentes, su presencia colectiva no vale mucho más: el caciquismo la dirige y la cobardía o el aprovechamiento obedecen. No hay espíritu, la inteligencia está embotada por politiquerías y toreros; en las clases dirigentes no se encuentran otra cosa que un yo hipertrofiado. Una España envejecida o, peor aún, con una religión en la que los más ya no creían, una ciencia trasnochada, y unos valores levantados sobre bases de arena. Sólo están vivas la mentira, la envidia, la inmoralidad o las ideas menos nobles. Así cuando un hombre del tiempo quería conocer “el árbol de la ciencia” no permitía otros que los frutos del desconsuelo. La vida de Andrés cruzaba amargada sobre una superficie de la patria y de la contemplación de las tierras y el trato con las gentes; “la vida en general, y sobre todo la suya, le parecían una cosa fea, turbia, dolorosa e indomable”. Por aquellos días, los pecados individuales y los colectivos habían llevado a España al desastre. Algo después, toda esta conciencia de fracaso, fraguaba en la individualidad de Andrés Hurtado que moría por no haber sabido vivir.»

      «Si en Francia o en Alemania no hablaban de las cosas de España, o hablaban de ellas en broma, era porque nos odiaban; teníamos aquí grandes hombres que producían la envidia de otros países: Castelar, Cánovas, Echegaray… España entera, y Madrid sobre todo, vivía en un ambiente de optimismo absurdo. Todo lo español era lo mejor.

  Esa tendencia natural a la mentira, a la ilusión del país pobre que se aísla, contribuía al estancamiento, a la fosilificación de las ideas.»

El árbol de la ciencia está considerado como un clásico imprescindible de la literatura española y está cargado de referencias históricas, científicas, literarias y filosóficas. Para Azorín esta novela resume mejor que ninguna el espíritu de Baroja. El propio autor considera que, entre sus novelas de carácter filosófico, ésta es la mejor que había escrito; «probablemente es el libro más acabado y completo de todos los míos.»

    «El árbol de la ciencia es el corte que hace don Pío para la biopsia de la sociedad española de comienzo del siglo XX, y su protagonista representa y sintetiza la lucha entre el pensamiento y la acción, en la que vence el pensamiento. El árbol de la ciencia es una de las novelas más duras de don Pío, y sirvió para que le calificaran de impío clerófobo y deshonesto. De ella se han impreso más de un millón de ejemplares y ha sido pasto agradable para ácratas, inconformistas y revolucionarios. Su narración rápida y directa, junto con Camino de perfección, que se llamó modernista, cambió el rumbo de la novela española y desde que vio la luz ha levantado fuertes pasiones.»

Pío Caro Baroja

     «Salió la luna; la enorme ciudad, con sus fachadas blancas, dormía en el silencio; en los balcones centrales encima del portón, pintado de azul, brillaban los geranios; las rejas, con sus cruces, daban una impresión de romanticismo y de misterio, de tapadas y escapatorias de convento; por encima de alguna tapia, brillante de blancura como un témpano de nieve, caía una guirnalda de hiedra negra, y todo este pueblo, grande, desierto, silencioso, bañado por la suave claridad de la luna, parecía un inmenso sepulcro.»

SINOPSIS

El árbol de la ciencia recoge las principales ideas que forjaron el universo literario de Pío Baroja, como la medicina, el dolor y la omnipresente concepción pesimista respecto al ser humano, y todo ello atravesado por pinceladas autobiográficas. Por eso, esa es una de las mejores novelas del autor vasco y la que mejor refleja su mundo filosófico y social. En estas páginas, salvo cierta ternura hacia la figura femenina, Baroja presenta, a través de una narración lineal y sin ambages, la atmósfera desolada de aquella mezquina sociedad de la España de principios de siglo.

     «Uno tiene la angustia, la desesperación de no saber qué hacer con la vida, de no tener un plan, de encontrarse perdido, sin brújula, sin luz adonde dirigirse. ¿Qué se hace con la vida? ¿Qué dirección se le da? Si la vida fuera tan fuerte que le arrastrara a uno, el pensar sería una maravilla, algo como para el caminante detenerse y sentarse a la sombra de un árbol, algo como penetrar en un oasis de paz; pero la vida es estúpida, sin emociones, sin accidentes, al menos aquí, y creo que en todas partes y el pensamiento se llena de terrores como compensación a la esterilidad emocional de la existencia.»

Para Azorín esta novela resume mejor que ninguna el espíritu de Baroja. Y efectivamente: sus principios filosóficos y sociales, la reacción frente a la miseria y el dolor, y los elementos autobiográficos hacen de esta obra muestra privilegiada del mundo del autor. Narra en ella la vida de Andrés Hurtado desde el comienzo de sus estudios de medicina. Médico, como Baroja, el protagonista de El árbol de la ciencia asiste impotente a los desafueros de una sociedad mezquina y envilecida. Entre el determinismo fisiológico y la rebelión moral hay la búsqueda de un camino propio.

PÍO BAROJA

Pío Baroja fue uno de los grandes exponentes de la llamada Generación del 98, conocido por su producción novelística, entre la que destacan títulos como Memorias de un hombre de acción (1935) y Zalacaín el aventurero (1908), que fue llevada al cine en dos ocasiones.

Nacido en San Sebastián, Baroja estudió Medicina en Madrid y, tras un corto período trabajando como médico rural, volvió a la capital iniciando sus colaboraciones periodísticas en diarios y revistas como Germinal, Revista Nueva o Arte Joven, entre otras.

La postura política de Baroja fue evolucionando de una izquierda militante a un escepticismo que no le libró de problemas con la censura franquista al reflejar la Guerra Civil en Miserias de la guerra A la desbandada, esta última todavía sin publicar.

La obra de Baroja combina tanto novela como ensayo y memorias. Memorias de un hombre de acción apareció en forma de 22 volúmenes a razón de uno por año entre 1913 y 1935. Además, Baroja agrupó su obra en varias trilogías, como Tierra vasca La juventud perdida.

Baroja fue un novelista influyente y entre sus admiradores se cuentan autores nacionales, como Camilo José Cela, e internacionales, como lo fueron Ernest Hemingway John Dos Passos.

Debido a su postura política y opciones personales, como su reconocido ateísmo, Baroja no disfrutó de demasiados reconocimientos en vida, aunque fue miembro de la Real Academia de la Lengua desde 1935.

FUENTES

  • Baroja, Pío. El árbol de la ciencia. Barcelona, Bibliotex, 2001
  • Baroja, Pío. El árbol de la ciencia. Madrid, Cátedra, 2004
  • Diccionario literario Bompiani

“Fin de temporada”, de Ignacio Martínez de Pisón

Fin de temporada es la última novela publicada por el escritor aragonés Ignacio Martínez de Pisón. Según el propio autor, la idea de la misma le surgió de una historia real que le contó un amigo extremeño.

Juan y Rosa son una joven pareja de Plasencia, que en el verano de 1977 se dirigen a una clínica portuguesa para abortar. Sufren un terrible accidente en la frontera entre Extremadura y Portugal que lo cambiará todo. Juan muere y Rosa decide que ya no quiere seguir adelante con el aborto, que ahora quiere tener a su hijo. Desde entonces intenta romper todos los puentes que le atan a su tierra, a su familia y a su gente. Desaparece sin decir nada a nadie, sin dejar rastro, vagando de un sitio para otro intentando huir de su pasado.

Rosa y su hijo, Iván, acabarán instalándose en un viejo camping de la Costa Dorada, en el que junto con una socia de la madre intentarán conseguir algo de estabilidad en sus vidas.

Entre la madre y el hijo, que acabará siendo para ella un poco la reencarnación del novio muerto en el accidente, va a desarrollarse una relación tóxica y muy posesiva por parte de la madre, que le oculta su pasado y trata de impedirle cualquier contacto con su familia. Pero el chico terminará encontrando sus raíces, y este descubrimiento hará que termine por replantearse la vida junto a su madre.

    «—Pero ahora mismo daría todo eso y mucho más por retroceder en el tiempo y volver a esa época en la que lo ignoraba todo sobre el pasado. Porque había como un maleficio que no podía cumplirse mientras yo lo ignorara… ¡Empezó a cumplirse en el momento en que supe! Ésa es la cuestión: no eres el mismo si sabes unas cosas que si no las sabes. Saber nos hace diferentes, nos convierte en otras personas. ¡Cómo me gustaría a mí no saber algunas cosas que ahora sé y seguir siendo el mismo! (…)

    En Plasencia llegué a sentir nostalgia de esa otra vida que no había llegado a vivir. ¡Qué disparate! ¡Si ya es absurdo echar de menos algo que nunca ha sido tuyo, imagínate echar de menos algo que nunca habría podido serlo!» (…)

   Y de golpe todo se derrumbó. Se vinieron abajo mis dos vidas, la real y la imaginada, y me quedé sin nada. Peor aún: me quedé sólo con la sensación de pérdida. La pérdida de lo que había sido mío y la pérdida de lo que jamás habría podido llegar a serlo.»

Con una prosa clara y serena, Martínez de Pisón retrata con acierto los años en los que transcurre la acción de la novela, y describe con todo detalle los lugares en los que se desarrolla la trama de la misma. Algo que, los que hemos vivido esa época y recorrido algunos de esos parajes, le agradecemos.

Confieso que no había leído hasta ahora nada de este autor. Pese a que ésta puede que no sea su mejor novela, me ha gustado bastante y creo que no tardaré mucho en volver a leer algo más del escritor aragonés. Muy recomendable.

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    «Había insistido en aprovechar la tarde del domingo para hacer una excursión y a eso de las cuatro le había recogido para ir a Yuste. Con unas bermudas y una camisa a cuadros en vez del traje del día anterior parecía diez años más joven. Subieron la cuesta hasta la entrada del monasterio y esperaron a que terminara de formarse el grupo para la visita guiada. Recorrieron primero el convento, con paradas en la iglesia y los claustros, y luego la residencia de Carlos V, que a todos les pareció muy modesta para ser la vivienda de una figura de su talla. Les enseñaron una especie de arcón con parasol en el que trasladaron a hombros al emperador, la silla articulada que se mandó hacer para paliar los dolores de gota y el estanque donde vivía el mosquito que le transmitió la malaria y le causó la muerte. La visita no duró más de treinta minutos. Ya en la cuesta, de vuelta al coche, Iván señaló un murete cercano y unos escalones de piedra.

    –El Cementerio Alemán –dijo Alberto–. Vale la pena.

     A través de un pequeño camino bajo los árboles llegaron a un campito lleno de cruces. Había más de un centenar, todas idénticas, todas de granito gris, separadas unas de otras por la misma distancia. En cada cruz estaban grabados un nombre y unas fechas de nacimiento y muerte.

    –Qué jóvenes todos –dijo Iván–. Muchos no tenían ni veinte años.»

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SINOPSIS

Una carretera junto a la frontera de Portugal, junio de 1977. Juan y Rosa, apenas adolescentes, tienen cita en una clínica abortista clandestina, pero un accidente les impedirá llegar a su destino. Casi veinte años después, Rosa y su hijo Iván comienzan el que será el proyecto de su vida, la recuperación de un camping en la Costa Dorada, en el otro extremo de la península. Desde que Iván nació han vivido en diferentes lugares, siempre de forma provisional, siempre solos, huyendo de un pasado que no tardará en alcanzarlos.

    «Iván apoyó la guitarra en la pared y, haciendo una mueca de asco, dio un trago al Bénédictine de su madre. Dijo:

    Me acuerdo del día que llegamos. En lo más bajo de la temporada baja: los negocios cerrados, las persianas bajadas, las aceras vacías… ¡Eso sí que era soledad! Una soledad profunda, metafísica, como si hubiera habido una catástrofe y sólo quedáramos nosotros dos en el planeta. Y tú, simulando que todo te encantaba, repetías: ¿no te parece que está todo muy limpio y muy ordenado? Y luego: y la luz, ¿qué?, ¿qué me dices de la luz?

    Era un día muy luminoso — afirmó Rosa — . Y estaba todo muy limpio y muy ordenado.

  ¿Cómo podías creer que aquello iba a gustarle a un niño? — explotó él, mientras las dos mujeres sonreían—.»

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Fin de temporada es una novela sobre la fuerza, a veces envenenada, de los lazos de sangre; sobre secretos familiares que hacen que cada generación se vea abocada a repetir ciertos errores, y sobre cómo saber nos transforma en otras personas.

Ignacio Martínez de Pisón traza personajes memorables y una relación madre e hijo extraordinaria en esta historia que recorre casi un cuarto de siglo y nos descubre que el pasado no resuelto es una trampa vital aunque intentemos ignorarlo, o precisamente por ello.

IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN

900001481_1_038_color_202007091852Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960) es autor de más de quince libros, entre los que destacan, El día de  mañana (2011; Premio de la Crítica, Premio Ciutat de Barcelona, Premio de las Letras Aragonesas, Premio Hislibris), La buena reputación (2014; Premio Nacional de Narrativa, Premio Cálamo al Libro del Año) y Derecho natural (2017). También ha publicado el ensayo Enterrar a los muertos (2005), el libro de relatos Aeropuerto de Funchal (2009) y la novela de no ficción Filek (2018).