“Quercus: en la raya del infinito”, de Rafael Cabanillas Saldaña

    «Dicen que la esperanza es la máquina que mueve el mundo. Una especie de máquina de vapor que hace que las cosas sigan funcionado. Si se pierde la esperanza, la tierra se paraliza.»

Quercus: en la raya del infinito es la última novela del escritor toledano Rafael Cabanillas Saldaña, publicada en julio de 2019. El libro se agotó en los primeros meses de la pandemia, por lo que ha vuelto a reeditarse en un cuidado formato a lo largo de este 2020, algo más de un año después de su primera llegada a las librerías. La novela, que está cosechando excelentes críticas, ha llegado a compararse con Intemperie de Jesús Carrasco e incluso con Los santos inocentes, de Miguel Delibes, entre otros grandes libros. Como nota curiosa, el autor ha omitido los puntos y aparte en esta obra como un homenaje a Los santos inocentes, que el maestro Delibes escribió sólo con comas.

Quercus es una novela sobre la naturaleza y la tierra, la auténtica protagonista de la historia, que trata de desentrañar los orígenes de la llamada España vacía o vaciada. Un problema que se ha puesto de moda recientemente pero que viene de lejos. La trama de la misma se inicia en la etapa final de la guerra civil española. Abel es un joven que ha presenciado unos hechos terribles ocurridos a su familia y que, preso del horror, emprende una huida desesperada atravesando la provincia de Badajoz, de oeste a este, siguiendo el curso del Guadiana, para refugiarse en una cueva situada en los Montes de Toledo, en una zona entre las provincias castellano-manchegas de Toledo y Ciudad Real.

    «Cuentan en secreto que Abel nieto llegó río arriba huyendo de la guerra. De las represalias de la guerra. Vadeando el agua somera y el profundo miedo, desde cerca de la desembocadura del mar, conducido por el instinto animal que lo llevaba al norte imantado de las sierras. Remontando unos cientos de kilómetros, siguiendo la brújula de la fuga del horror y el odio. Llegó siendo un muchacho, con lo puesto. Salvo un hatillo en forma de zurrón con cuatro achiperres: una navaja, un mechero de yesca, una cantimplora, un cazo, un juego de agujas, alambres, tijera y leznas metidos en una cajita de latón, unas cuerdas, un abrigo raído y una manta vieja. En el hato, envuelto y atado cuidadosamente en una tela de arpillera, traía también un rollo de papeles, recortes de periódico y hojas manuscritas. Un mozalbete de tez clara, espigado y fibroso, que rondaría los dieciséis años. Y que no se dejó ver en un largo tiempo, demasiado tiempo, escondiéndose en una cueva del monte, por la desconfianza y el desasosiego que traía cosido a sus espaldas. Allá en lo más alto. Sin luz ni fuego que lo delataran. Igual que una alimaña.» 

Después de pasar cinco largos años conviviendo con los animales, baja de las montañas y se integra en la vida de una aldea cercana en los terribles años de la posguerra, los famosos “años del hambre”. Allí tratará de sobreponerse a la miseria y a la injusticia reinantes gracias a las habilidades adquiridas durante su vida en la sierra observando el campo y las bestias.

Cabanillas Saldaña no ha tenido que inventarse casi nada para escribir esta historia. Se ha limitado a verter en su novela buena parte de las experiencias y saberes acumulados a lo largo de los años. Y reconoce que no habría podido escribirla antes. «He tenido que esperar a mi etapa más madura porque ha sido a través de vivir muchas experiencias, de conocer a mucha gente de la sierra, de patearme muchos kilómetros por los Montes de Toledo, Andalucía, Extremadura, para captar el alma, y el alma está ahí. En todas las historias que me han contado los aldeanos, la gente de la sierra, para luego juntarlos, macerarlos bien y que saliera esta novela», ha afirmado recientemente.

El escritor castellano-manchego, por tanto, sabe bien de lo que escribe, lo que agradecerá el lector. Demuestra que ha vivido y recorrido los territorios y escenarios en los que se desarrolla la trama de la historia, y que conoce muy bien la flora y la fauna de esa zona. En su libro recoge un buen puñado de testimonios y de historias rurales sobre aquellos años terribles de hambre y de miseria y describe, con todo lujo de detalles, una serie de actividades tradicionales, como la saca de la corcha, el carboneo o la caza furtiva, entre otras. Y lo hace empleando un lenguaje muy rico, utilizando a veces términos propios de la zona. Al final del libro encontramos un glosario que puede sernos de gran utilidad.

El resultado de todo lo anterior es una extraordinaria novela, que recomiendo leer sin prisas, paladeándola, para disfrutar mejor de su lectura. Una novela que a su autor le gustaría que fuera un poco la historia de los Montes de Toledo, esa sierra que agrupa parte de Ciudad Real, Toledo y de Extremadura, una parte del suroeste de la Península que tiene una tipología similar. Esperamos que lo consiga.

    «Quercus. En la raya del infinito aúna lo mejor de tres escritores bien conocidos: Jarrapellejos, de Felipe Trigo, La familia de Pascual Duarte, de Cela, y Los Santos Inocentes, de Miguel Delibes. Los tres supieron trazar un retrato terrible de la España rural, de la vida en una sociedad casi estamental de grandes propietarios y gentes humildes embrutecidas por la ignorancia y la miseria. Sobre ese entorno envilecido sobrevuela la figura de caciques como don Casto, el señorito de la obra de Rafael Cabanillas, que lo hace como don Luis Jarrapellejos: ”con la siniestra sombra de un murciélago brutal, amparador de todos los crímenes y robos y engaños y estafas del inmenso pudridero».

Manuel Peinado Lorca

EMPEZAR A LEER LA NOVELA

SINOPSIS

Una novela coral de múltiples voces, en la que el lector siente los olores del monte, el sabor del miedo y el arañazo de la desesperación de sus gentes

Quercus un libro para sentir. Para sobrecogerse al sonido encadenado de las palabras y llorar de rabia, de ternura, de pasión. Para viajar a las entrañas de la sierra y al corazón de los hombres. Para abrasarse o temblar de frío con sus emociones. Páginas que aletean como mariposas en tu vientre, acariciando tu alma, zarandeando las conciencias. Un libro de letra viva que se escapa de los márgenes para convertirse en la voz de los que viven en silencio.

Nada ocurre por azar. El fenómeno de la despoblación de la “España vacía o vaciada”, tiene unos orígenes y unas causas. Igual que las enfermedades. Y eso, precisamente, es lo que intenta desentrañar esta impresionante novela. Centrándose, concretamente, en la España latifundista. En este caso, parece que el progreso y la modernización del mundo rural eran contraproducentes para los intereses de algunos.

El joven Abel huye del horror de la Guerra Civil para refugiarse en una cueva. En ella pasará unos años poniendo a prueba su resistencia para sobrevivir a la soledad y a las desdichas. Para conseguirlo, debe hermanarse con el bosque y con los animales que lo pueblan hasta convertirse en uno de ellos. Cuando al fin desciende del monte al pueblo, inicia una nueva vida. Complicada, pues el abandono, el hambre y la injusticia son los enemigos de estas tierras. Una especie de Comala, aislada de la civilización, cuya identidad se va conformando con las historias y sucesos de los aldeanos. Convirtiendo sus relatos en una novela coral de múltiples voces, con las que sentirás los olores del monte, el sabor astringente del miedo y el arañazo de la desesperación de sus gentes en tu propia boca y en tu piel.

¿Conseguirá Abel, destinatario de una especie de fatum desde que llegó a esa cueva, revertir el abandono y la miseria de esa tierra?

Una extraordinaria fuerza narrativa se apodera del lector en este relato de las condiciones de vida de las gentes de los montes, en una España que comenzó a vaciarse al tiempo de una posguerra cruel. No había entonces más que la caza natural y el aprovechamiento de otros pocos frutos de la sierra. Necesidad al límite.

    «El Collado de la Milana juntaba un total de trescientos veinte alcornoques. Gordos, retorcidos y viejos. Muy viejos. Por lo que no extrañaba que Paula la Verraca pensara que los había plantado el mismo Dios en los albores de la Creación. En dos semanas, el bosque gris de alcornoques, gracias a las manos expertas de los corcheros que desprendían su corteza, se convertiría en un bosque naranja. El color anaranjado más bello, recóndito y oculto que pueda imaginarse. Así quedaban los troncos, desnudos, mostrando sin querer sus entrañas de sangre anaranjada. Sorprendidos en su intimidad, en su silencio añoso. Impúdicos, obscenos a la fuerza. Violentados, descerrajados por los cuatro costados, quebrantados en su dignidad de árboles viejos. Bello naranja de sangre, bello naranja de cuerpos mancillados por las hachas.»

RAFAEL CABANILLAS SALDAÑA

Rafael Cabanillas Saldaña (Carpio de Tajo, Toledo, 1959) se formó en la Universidad Complutense de Madrid, tras lo cual se desplazó hasta París para continuar sus estudios, y a Suiza donde trabajó como profesor varios años. Además, realizó un máster de Educación para Adultos a través de la UNED. Incansable viajero con más de 50 países recorridos y experto en el África Occidental, en la actualidad es profesor de Lengua en el Instituto Hernán Pérez del Pulgar de Ciudad Real, labor que ha compaginado con una prolífica actividad como ponente y conferenciante en distintas universidades y congresos de todo el mundo: De Japón a Argentina, de China a Angola. Ha sido colaborador de National Geographic así como de distintos gobiernos y ONGs, y ha dedicado también parte de su carrera a trabajar en organismos e instituciones dedicadas a la educación, la cultura y el turismo. Por ejemplo, como responsable regional de la celebración en Castilla La Mancha del IV Centenario de la publicación del Quijote.

Cabanillas Saldaña cuenta con una amplia producción literaria desarrollada a lo largo de su carrera que le ha valido premios y reconocimientos de toda índole. En el ámbito editorial es autor de más de una decena de obras, con novelas como El secreto de Elvira MadiganAl llegar el inviernoEl llanto de la Clepsidra o MirtilloBlu, como algunas de las más destacadas. Su conocimiento sobre África le ha permitido también publicar libros de viajes como África en tu mirada u Hojas de Baobab, este último prologado por Javier Reverte. Su producción ha alcanzado también el género de los cuentos infantiles, fórmulas hibridas entre literatura y exposición, o centenares de artículos periodísticos.

Sin embargo, Quercus es con toda seguridad su obra de mayor éxito como atestigua la gran acogida entre la crítica especializada y el público. Publicada en 2019, la novela trata el fenómeno de la España vaciada y los pueblos de interior, a través de la figura de un joven que, tras la guerra civil, debe sobrevivir a su soledad y sus desdichas, intentando revertir la injusticia de esas tierras.

La fotografía es otro de los campos donde Cabanillas Saldaña ha destacado por su trabajo, con exposiciones itinerantes acerca del continente africano o de la figura de la mujer. También ha realizado trabajos en el campo audiovisual como el documental Cine para África, estrenado en Madrid en el 2015, del que es director y guionista.

La carrera del autor le ha valido premios como el Miguel Hernández a la labor educativa otorgado por Ministerio de Educación y Cultura o el premio de la Asociación Literaria de Castilla la Mancha, entre otros muchos. Quercus ha sido elegido Libro Recomendado 2020 por la Asociación de Libreros y la Red de Bibliotecas de Castilla-La Mancha

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

    «El tío Antonio, sentado en un tajo de corcha, pegado a la lumbre, inflaba y desinflaba el fuelle del aparato de donde salían los acordes de un himno militar. Después vinieron jotas y pasodobles, y el alcalde, al que se le notaba en la voz que había bebido, tomó la palabra: –Hemos echado la cuenta y cada vecino toca a una patata y, por supuesto, a un trago de vino. Jeremías os la va a entregar en aquella mesa y que cada cual se ocupe de la suya. Si la pierde entre las brasas, que luego no venga reclamando. Que cada uno se ocupe de sus brasas y de su patata. Si os quedáis con hambre, ahí tenéis un saco de nabos, también a uno por cabeza. Puede que un poco resecos, pero tostados en el rescoldo son una delicia. Y callaos ya, si no queréis que me lie a zurriagazos–. Por lo que la música enmudeció, mientras la gente se puso en fila –los primeros todos aquellos niños harapientos que había visto en las chozas–, para recoger su patata y echar el trago de vino de un pellejo que Jeremías iba repartiendo en un único y diminuto cacillo. Fueran viejos o chavales, todos tiraban del pellejo.» 
            […]
     «El delirio y la tragedia van envueltos en esa luz de otoño, no en la oscuridad de la vigilia. Esa luz que deja de golpe de ser bella. Es traicionera, mentirosa, falsificadora de primaveras. No trae mutismo de pájaros, ni silencios, ni desahucios de alas. Sino gritos desesperados; que están las aves carroñeras, los buitres, las grajas negras graznando. Invocando las muertes de luto. Suplicando a las plañideras negras que acudan desde todos los rincones de la sierra. Que vengan las locas y las suicidas de los pozos, las madres con vientres secos, las que paren pero dejan ahorcarse a sus hijos, las vírgenes que manosearon los señores, las viudas de hombres y sueños. Por favor, que acudan al auxilio las viejas prematuras a las que caparon las esperanzas y los deseos. Que comparezcan veloces al aquelarre del llanto. Ya no hay rechinar de dientes, porque son todo colmillos. Lenguas como navajas invocando la sangre. Que ya no hay mordazas tampoco, que se las arrancaron como se arrancan las uñas para llorar de espanto. Ni potros maniatados a la madrugada, que galopan por la sierra dando relinchos de pena y llanto.» 

 

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1 comentario en ““Quercus: en la raya del infinito”, de Rafael Cabanillas Saldaña

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