“La sonrisa etrusca”, de José Luis Sampedro

«¡Grande, la vida!» 

La sonrisa etrusca es una novela del escritor español José Luis Sampedro, publicada en 1985. En 2001, el diario español El Mundo la incluyó en su lista de las 100 mejores novelas en español del siglo XX.

Su protagonista es Bruno, un viejo campesino del sur de Italia, muy apegado a su tierra, que se traslada a Milán con su hijo, Renato, para vivir sus últimos días. Enfermo terminal de un cáncer de estómago, Bruno, obstinado en sus amores y sus odios, ha dejado el pueblo ente el temor de que él pueda morir antes que su enemigo, un terrateniente con el que está en guerra desde sus años mozos. Su idea es regresar a morir en el pueblo, tan pronto como muera su enemigo. Sin embargo, este propósito queda postergado cuando conoce a su nieto: lo importante será enseñarle, para guiarlo y protegerlo. La relación con su nieto, Brunettino, hace que el viejo acabe replanteándose los principios que hasta ahora habían regido su vida, y se produzca un profunda transformación en él, haciéndose más humano, más sensible, mejor persona.

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   «—¡No digas eso, Hortensia! Ellos se lo buscaron por codiciosos, robando lo que pudieron… ¡Compadecerles! ¡Ni que yo fuese otro!

   —¿Y si lo fueras? ¿No has cambiado un poco?

   —Yo soy yo. El Bruno —reaccionó el viejo.

   —Claro. Pero este Bruno de ahora puede ver las cosas de distinta manera.

El hombre calló, pensativo.

   —¿Y sabes quién te abre los ojos? —insistió ella.

   —Tú, seguro. Siempre las mujeres volviéndonos del revés a los hombres.

  —¡Ojalá! —respondió ella—. Me gustaría…, pero te cambia más Brunettino. ¡Cómo te enterneces tanto con él!.. Desde luego, yo te he dicho cosas, pero me crees gracias a tu angelote. ¡Si hasta por él me conociste!

   Su sonrisa extasiada confirmó a Hortensia que así lo admitía el hombre. «El niño es su verdad», pensó Hortensia. Y remachó:

   —Brunettino empezó. A mí ya me llegaste maduro, tierno.

   —¿Tierno yo? —bufó indignado el hombre.»

La sonrisa etrusca es la novela de José Luis Sampedro más leída y apreciada por sus lectores. Una novela magnífica, llena de ternura y escrita, como su propio autor ha declarado, con la máxima sencillez que pudo alcanzar. Absolutamente recomendable.

«José Luis Sampedro nos muestra en esta novela su profunda conocimiento del ser humano, su envidiable inclinación hacia la ternura y la serenidad. Nos devuelve lo que de verdad, quiero creer, importa: el amor, la entrega, la pasión, y la muerte, el dolor, el sufrimiento. Nos regala por medio de su vibrante fortaleza su comprensión de nuestra debilidad, de la soledad inmensa que nos espera al final del camino. Pero también comparte con nosotros la felicidad que sólo espíritus generosos como el suyo pueden irradiar por encima de las miserias cotidianas».

Ángeles Caso

SINOPSIS

Un viejo campesino calabrés llega a casa de sus hijos en Milán para someterse a una revisión médica. Allí descubre su último afecto, una criatura en la que volcar toda su ternura: su nieto, que se llama Bruno, como a él le llaman sus camaradas partisanos. Y vive también su última pasión: el amor de una mujer que iluminará la etapa final de su vida concediéndole toda su plenitud.

Esta historia universal se hace en manos de José Luis Sampedro algo de lo más hermoso que nuestra literatura nos haya entregado sobre el eterno tema del amor. Con la verdad que ofrece un conocimiento profundo y verdadero del alma humana, La sonrisa etrusca es, como todas las novelas de Sampedro, un libro inolvidable.

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JOSÉ LUIS SAMPEDRO

ES0000021429José Luis Sampedro (1917-2013) nació en Barcelona. Pasó su infancia en Tánger y su adolescencia en Aranjuez, ciudades de gran influencia en su obra. Vivió, también, en Cihuela (Soria), Melilla, Santander, Madrid, Tenerife y Mijas. Fue catedrático de Estructura Económica, escritor, miembro de la Real Academia Española y Premio Nacional de las Letras, además de uno de los autores e intelectuales más queridos y respetados de este país por su actitud ética, su obra, su compromiso con la vida, con la sociedad en la que le tocó vivir y por su posición a favor de un mundo más igualitario. Estos valores se reflejan tanto en sus ensayos de economía, Conciencia del subdesarrollo, Las fuerzas económicas de nuestro tiempo o Economía humanista, como en sus novelas, de las que cabe destacar La sonrisa etrusca, La vieja sirena, Octubre, Octubre, Real Sitio, El amante lesbiano, La senda del drago y la novela de ideas Cuarteto para un solista escrito con Olga Lucas. También se demuestran en los ensayos divulgativos: El mercado y la globalización y Los mongoles en Bagdad, o en sus obras a dos voces: Escribir es vivir, con Olga Lucas, La ciencia y la vida, con Valentí Fuster, Sobre política, mercado y convivencia, con Carlos Taibo, así como en el prólogo a ¡Indignaos! de Stéphane Hessel, en la fábula La Balada del Agua y en su obra póstuma Sala de espera.

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA
     «En el pueblo los hombres no tenemos hijos. Tenemos recién nacidos, para presumir de ellos en el bautizo, sobre todo si son machos, pero luego desaparecen entre las mujeres… Aunque duerman en nuestra alcoba y lloren: eso es sólo para la madre… Luego sólo se notan como un estorbo si gatean por la casa, pero no cuentan hasta que no les vemos llevar el asno del ramal a darle agua o echar pienso en el corral a las gallinas: entonces es cuando empezamos a quererles si no se asustan del burro ni del gallo… Y las hijas, aún peor: no le nacen a uno hasta que empiezan a manchar cada mes y hay que andar con cien ojos para guardarles la honra… Así que tú eres el primer hijo, Brunettino, todos pendientes de ti, hasta tus padres olvidan sus prisas…» 
    […]
    «Yo no lo veré, niñito mío, ni tú lo sabrás, pero soy yo quien te está haciendo hombre. Te he salvado del medicucho y te salvaré de tu madre y de quien sea. Yo, tu abuelo, el partisano Bruno… ¿Sabes?, sólo le pido una cosa a la Madonna todos los días: que se muera pronto el Cantanotte y pueda yo llevarte allá a corretear por el patio de casa, persiguiendo a las gallinas. ¡Verás qué bonito es Roccasera; no como este sucio Milán! Luce un sol de verdad; no te lo puedes ni imaginar viendo éste. Y a lo lejos la montaña más hermosa del mundo, la Femminamorta. Parece que se quita y se pone vestidos como una mujer. A veces está azulada, otras violeta, o parda, o hasta rosa, o lleva un velo, según el tiempo… Tiene su genio, eso sí; a veces avisa de la tormenta, pero otras nos la echa encima por sorpresa… Es dura, pero buena; como hay que ser. Te enamorarás de ella, Brunettino, cuando subamos a verla…»
    […]
    «Por eso, ¡quiéreme! Tú aún no lo sabes, pero te queda poco tiempo de abuelo. Hasta la castañada todo lo más; ¡la Rusca me da unas dentelladas! Es otro “cortaombligos”. Sí, yo ya lo sé, que me quieres, pues entonces, ¡dímelo! ¡Dímelo antes de que sea tarde! Me tiendes los bracitos, de acuerdo, pero hay que decirlo. Claro que a veces se dice y es mentira… Dunka me lo notaba y repetía: “no, tú no me quieres, te gusto nada más…, ¡y te gustan todas!”. Yo le juraba que sí, porque jurar amor a una mujer no es faltar a la palabra, aunque sea mentira. Además, ¿cómo no quererla si estaba tan buena y era hembra de temple? Pero ella me miraba muy triste y se apagaban las chispitas verdes en sus ojos de miel como cuando en el lago Arvo una nube tapa el sol… ¡Pobre Dunka!, David loco por ella y ella viniéndose a mi cama, que él no la tuvo nunca… Pero ¿por qué la llamo pobre? Me quería a mí y me consiguió, ea. Aunque, ¿me tuvo de verdad? Ahora pienso que no le di bastante. Resulta que hay más; tiene razón Hortensia. Dunka lo notaba, se ponía muy triste. Al rato me estaba volviendo a mirar; ahora mismo veo aquellos ojos…»

 

 

 

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“El forastero misterioso”, de Mark Twain

«Nada existe salvo tú.»

No hace mucho que leí El fuego invisible, la última novela del escritor turolense Javier Sierra, ganadora del Premio Planeta 2017. En la trama de la historia, su autor introduce, hábilmente, el libro de Mark Twain titulado El forastero invisible:

     «El forastero, por supuesto, tenía mucho del propio Twain. Pero también algo que no era él. Había en un personaje un matiz siniestro, acaso maligno. Años más tarde descubriría que Twain creía haberse desplomado de cielo durante el paso del cometa Halley en 1835. Y no lo decía en broma. Nació en noviembre de aquel año. Presumía de ello siempre que tenía ocasión. Por supuesto, nadie se tomó en serio aquel chascarrillo hasta que, por un extraño azar cósmico, Mark Twain falleció justo con el retorno de su querido viajero celestial en 1910. Era evidente que se lo llevó el mismo cometa que lo había traído.

     Entonces, ¿de verdad fue un enviado del cielo?

     La duda se incrustó en mi mente infantil.

    En las primeras páginas de El forastero misterioso él mismo definía a su protagonista –un extranjero llegado de ninguna parte, capaz de adelantarse al tiempo y que trataba a los humanos cual figurillas de un belén– como «un visitante sobrenatural llegado de otro lugar». Y justo esa línea había sido subrayada con lápiz rojo por el abuelo».

Fragmento de El fuego invisible

Me picó la curiosidad por la historia y, como en otras muchas ocasiones, una lectura me llevó a la otra. De esta manera he podido descubrir un buen libro, cuya lectura me ha resultado muy interesante.

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El forastero misterioso apareció en 1916, seis años después de la muerte de su autor, y supuso un acontecimiento literario, gracias también a las ilustraciones al óleo del gran artista N. C. Wyeth. En esta novela, Twain nos traslada a Eseldorf, una pequeña aldea de Austria. Allí, en el invierno de 1590, tres jóvenes que jugaban en el bosque se encontraron con un extraño personaje que se llamaba Satanás y era capaz de hacer cosas prodigiosas. Este personaje misterioso no tardará en poner patas arriba a todo la vecindad, y no sólo por sus espectaculares obras sino también por su empeño en ridiculizar la condición humana, para él mucho más salvaje que el mundo de los animales.

    «Satanás dijo:

   –Aquí tienes otro ejemplo del sentido moral. Los propietarios son ricos, y muy santos; pero el sueldo que pagan a estos pobres hermanos suyos es solo lo bastante para evitar que caigan muertos de hambre. Trabajan catorce horas al día, en invierno y en verano; desde las seis de la mañana hasta las ocho de la noche, incluso los niños pequeños. Y tienen que ir y venir andando hasta las pocilgas donde habitan, cuatro millas de ida y cuatro de vuelta, día tras día, año tras año, entre el barro y el aguanieve, bajo lluvia, nieve, granizo o tormenta. Solo duermen cuatro horas. Viven en perreras, tres familias en un cuarto, en una mugre y hedor increíbles; cuando llegan las enfermedades, mueren como moscas. ¿Han cometido algún crimen estos pobres sarnosos? No. ¿Qué han hecho para que los castiguen tanto? Nada en absoluto, salvo nacer entre tu necia raza […] Es el sentido moral lo que les enseña a los propietarios de la fábrica la diferencia entre el bien y el mal: ya ves el resultado. Se creen mejores que los perros. ¡Ay, es tan ilógica e irracional tu raza! ¡Y mezquina… oh, indeciblemente mezquina!»

Con un derroche de imaginación que traspasa la frontera de la literatura fantástica, Mark Twain se ríe de los ritos religiosos y de la crueldad social mediante un humor ácido y provocador, mucho más amargo del que utilizó en la mayoría de las obras que le han hecho famoso.

El autor de Las aventuras de Tom Sawyer y de  Las aventuras de de Huckleberry Finn se vale de este personaje misterioso para atacar duramente la mezquindad y el sentido moral de la raza humana.

     «El hombre se hizo de barro, yo lo vi crear. Yo no estoy hecho de barro. El hombre es un museo de enfermedades, un hogar de impurezas; llega hoy y se va mañana; empieza como barro y se marcha como hedor; yo soy de la aristocracia de los imperecederos. Y el hombre tiene el sentido moral… Parece que bastaría eso para mostrar la diferencia suficiente entre nosotros».

En definitiva, un buen libro, cuya lectura me ha resultado muy interesante e inquietante a la vez, y que nos hace pararnos a pensar y a reflexionar. Muy recomendable.

MARK TWAIN

twain_mark   Samuel Langhorne Clemens, más conocido como Mark Twain, nació en la villa de Florida, Misuri, en 1835. Cuando tenía cuatro años de edad, se trasladó con su familia a la localidad de Hannibal, a orillas del Misisipi. A los doce años, empezó a trabajar como aprendiz en el periódico local. Posteriormente, trabajó como impresor en varias ciudades, y se hizo piloto de un barco de vapor. Volvió luego al periodismo, y, en 1876, publicó Las aventuras de Tom Sawyer; en 1883, La vida en el Misisipi y, en 1884, Las aventuras de Huckleberry Finn. Con estas tres obras alcanzaría gran fama en su época. En 1881, escribió El príncipe y el mendigo, que es su primera novela histórica. En 1889, publicó Un yanki en la corte del rey Arturo, y, en 1905, una de sus últimas obras, El forastero misterioso. Gracias a su ingenio y sus sátiras consiguió grandes éxitos como escritor y orador. Falleció en Redding, Connecticut, en 1910.

SINOPSIS

   Esta vez el forastero, por misterioso que pareciera, no se presentó con cuernos, ni con rabo, ni con patas de cabra. Al contrario, «vestía ropa nueva y buena, era guapo, tenía un rostro atractivo y una voz agradable». Pero hizo y dijo cosas que quedarán para siempre grabadas en la memoria desasosegada de los hombres. Mark Twain, con una leve entonación de cuento de hadas, casi fuera del tiempo y del espacio, escribió una alegoría sobre la condición humana y la absoluta relatividad de todas las cosas, tan inquietante en su aparente sencillez, que al cerrar el libro el lector acaba preguntándose abrumado si la existencia humana es sólo un sueño o una pesadilla.

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

   «Ocurrió en el año 1590… durante el invierno. Austria estaba muy lejos del mundo, dormida; todavía era la Edad Media en Austria y prometía quedarse así siempre. Algunos la situaban incluso más remotamente en el tiempo, hace siglos y siglos, y decían que según el reloj mental y espiritual corría entonces en Austria la Edad de la Fe. Pero lo proponían como halago y no como calumnia, y así lo entendíamos y nos sentíamos orgullosos de ello. Lo recuerdo muy bien, aunque yo solo era un muchacho, y recuerdo también el placer que me causaba. Sí, Austria estaba muy lejos del mundo, y dormida; y nuestra aldea se encontraba en el centro de ese sueño.»
 […] 

   «Y tú no eres tú…, no tienes cuerpo, ni sangre, ni huesos; eres sólo pensamiento. Yo mismo no tengo existencia; no soy más que un sueño…, tu sueño, la criatura de tu imaginación. Dentro de un momento te habrás dado cuenta de esto; entonces me expulsarás de tus visiones y yo me disolveré en la nada de la cual me has hecho […]
    Dentro de poco estarás solo en el espacio ilimitado, para vagar por sus soledades infinitas sin amigo ni compañero para siempre…, porque siempre serás un pensamiento, el único pensamiento existente, y, por tu naturaleza, inextinguible, indestructible. Pero yo, tu pobre sirviente, te he revelado a ti mismo y te he liberado. ¡Sueña otros sueños, y mejores!
   Es extraño que no lo hubieras sospechado hace años…, ¡hace siglos, edades, eones! Porque has existido sin compañero a lo largo de todas las eternidades. ¡Extraño de veras que no hayas sospechado que tu universo y sus contenidos son solo sueños, visiones, ficción! Extraño, porque son tan franca e histéricamente locos… como todos los sueños: un Dios que podía crear buenos hijos tan fácilmente como malos, y, sin embargo, prefirió crearlos malos; que podría haberlos hecho felices a todos, y, sin embargo, nunca hizo feliz a ninguno; que los hizo capaces de estimar su amarga vida, y aun así la hizo mezquinamente breve; que dio a sus ángeles la felicidad eterna sin ganársela, y, sin embargo, exigió que sus otros hijos la ganaran; que dio a sus ángeles vidas sin dolor, y afligió a sus otros hijos con miserias ásperas y enfermedades de la mente y del cuerpo; que habla de la justicia e inventó el infierno…, habla de la Regla de oro y de perdonar setenta veces siete, e inventó el infierno; que pregona la moral a otras personas mientras él no tiene ninguna; que desaprueba los crímenes y, sin embargo, los comete todos; que, sin ser invitado, creó al hombre, y luego trata de librarse de las responsabilidades de los actos del hombre, dejándosela solo a éste, en vez de colocarla honradamente donde debe estar, sobre él mismo; y finalmente, con una divina torpeza, ¡invita a este pobre esclavo maltratado a adorarlo!…
   Ahora comprenderás que todas estas cosas son imposibles, salvo en un sueño. Comprendes que son puras locuras pueriles, las creaciones ridículas de una imaginación que no está consciente de sus monstruosidades; en una palabra, que son un sueño y tú eres su creador. Todas las señales del sueño son visibles; debías haberlas reconocido antes.
   Es verdad lo que te he revelado; no hay Dios, ni universo, ni raza humana, ni vida terrestre, ni cielo, ni infierno. Todo es un sueño…, un sueño grotesco y disparatado. Nada existe salvo túY tú no eres más que un pensamiento..., ¡un pensamiento errante, un pensamiento inútil, un pensamiento desamparado, vagando solitario entre las eternidades!»
 

“El asesinato de Pitágoras, de Marcos Chicot

     «El objetivo de cada hombre no debe ser llegar a un punto, sino avanzar desde donde está.»

En el año 2012, Marcos Chicot se presentó al premio Planeta con su novela El asesinato de Pitágoras, quedando en cuarto lugar. Desde la editorial le comunicaron que publicarían, como venían haciendo hasta entonces, las cinco primeras novelas clasificadas. Pero, poco después, le llamarían para decirle que, debido a la crisis y al no ser un autor suficientemente conocido, no iban a publicar su obra. Chicot sentía que había escrito una gran novela y no se desanimó. Puso su libro a disposición de los lectores en formato electrónico, llegando a convertirse en el e-book en español más vendido en el mundo en 2013. Finalmente la novela se publicó en formato de papel por la editorial italiana Duomo y fue distinguida con el Premio por la Cultura Mediterránea 2015 a la mejor novela publicada en Italia.

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El asesinato de Pitágoras es una novela histórica. Buena parte de lo que se narra en ella: los personajes, los hechos, y los lugares en los que sucede la trama son reales. Uno de los principales protagonistas de la historia es el filósofo y matemático griego Pitágoras, considerado el primer matemático puro, y el creador del término filósofo.

    «–Mi padre ha inventado el término filósofo. Significa amante de la sabiduría, frente al mero poseedor de sabiduría, que sería el sabio. Filósofo es un término más dinámico y humilde. Implica una búsqueda que no acaba. Algo muy apropiado en relación al conocimiento.

   –Entonces tu padre es el filósofo Pitágoras –sonrió Akenón.

    Ariadna le devolvió la sonrisa. »

Pitágoras fue un personaje fascinante, de una enorme talla intelectual y moral, que llegó a acumular buena parte del saber de su época, pero que produjo, además, un enorme avance en otros muchos campos del conocimiento: en matemáticas, geometría, astronomía y en música. Fue también un importante líder religioso, que influyó muchísimo en su época, y al que seguían miles de discípulos.

También fue un personaje con un enorme poder político, y el único en toda la historia de la humanidad que tenía un ideal sobre la forma de gobierno, y lo llevó a cabo. Su meta era la creación de una comunidad de naciones que pusiera fin a todos los conflictos bélicos y que se gobernara en base a los principios de igualdad y justicia. Formó una élite político-intelectual que logró el control de los gobiernos de un buen número de ciudades de la Magna Grecia (colonias griegas de la península itálica y Sicilia). Esto provocó que Pitágoras y su seguidores tuvieran problemas en algunas de estas ciudades, de cuyos gobiernos fueron violentamente expulsados.

El asesinato de Pitágoras, Marcos Chicot nos acerca de la mano de Pitágoras a la Magna Grecia del año 510 antes de Cristo y nos ofrece una buena novela, muy bien documentada, interesante, entretenida y fácil de leer. Muy recomendable.

«He procurado ser lo más fiel posible a los acontecimientos históricos. No obstante, las fuentes documentales sobre Pitágoras y su contexto son escasas, a veces contradictorias o poco fiables y a menudo presentan grandes lagunas. Debido a esto, durante la recreación histórica unas veces he tenido que decidir qué fuente elegir entre varias incompatibles, y en otras ocasiones he tenido que hacer uso de la inventiva para reconstruir hechos históricos irremediablemente perdidos en la noche de los tiempos.

Mi propósito ha sido elaborar un relato veraz en lo conocido y posible en lo desconocido. Asimismo, he intentado ofrecer una novela entretenida. Para ello me he permitido introducir algunos personajes y hechos que son fruto exclusivo de mi imaginación[…]

Pitagóras es, por supuesto, un personaje histórico. Todo lo que hemos visto de prodigioso en él o en sus actos está recogido tal cual en algunas de las fuentes históricas de que disponemos. Sin duda fue uno de los principales maestros de la humanidad, tanto desde un punto de vista intelectual como moral. También hay numerosas constancias de que la hermandad pitagórica se extendió de un modo espectacular no sólo entre ciudadanos de a pie, sino en muchos gobiernos, convirtiendo al filósofo e uno de los hombres más influyentes de su época.»

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SINOPSIS

El anciano filósofo Pitágoras es uno de los personajes con más poder político de su época. Está a punto de nombrar un sucesor entre sus grandes maestros cuando en su comunidad se inicia una serie de asesinatos. Cada muerte tiene lugar de un modo más desconcertante e imprevisible, reflejando tras ellas una mente oscura y poderosa que parece superar a la del mismísimo Pitágoras.

La enigmática Ariadna y el investigador egipcio Akenón tratarán de identificar al asesino a la vez que resuelven sus propios sentimientos. Un reto en el que los fantasmas del pasado se unen a las oscuras amenazas del presente. Un desafío del que resulta casi imposible salir con vida.

En esta novela, en la que gran parte de los hechos y los personajes son reales, el lector se adentrará en un misterio aparentemente irresoluble. A través de sus páginas descubrirá secretos inéditos y encontrará a los personajes más inquietantes que haya conocido jamás: el sibarita Glauco, el monstruoso Bóreas, el vengativo Cilón y, sobre todo, el misterioso desconocido que está utilizando sus capacidades prodigiosas para sembrar la muerte.

OTRO FRAGMENTO DE LA NOVELA

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    «Aunque sus ideas regían en buena parte de la Magna Grecia, consideraba que eso debía ser sólo una primera etapa. Ahora tenía que llegar Roma, y después, ya de la mano de sus sucesores, deberían extenderse por Cartago, Etruria, Persia…
    «Una comunidad de naciones.»
    Aquel pensamiento le estremecía el alma. Su doctrina tenía como objetivo intensificar los vínculos de amistad y respeto entre hombres y entre gobiernos. El sueño final de Pitágoras era un mundo en el que no hubiera diferencias de trato ni de derechos jurídicos por pertenecer a diferentes razas o naciones. Una comunidad mundial basada en los principios de hermandad, espiritualidad y justicia.
    También soñaba con que los conocimientos de la hermandad continuaran desarrollándose. Las leyes de la naturaleza estaban al alcance de los sentidos y el intelecto. Había que seguir descifrándolas, obteniendo sin descanso nuevos descubrimientos apoyándose en los anteriores. El conocimiento era un camino de iluminación, una senda irreversible, pues las reglas de la naturaleza eran el idioma de los dioses. ¡Eran leyes, estables y exactas, que los mismos dioses debían respetar!
    Entrecerró los ojos atisbando los confines de sus sueños.
    Con sus enseñanzas, el alma se elevaba hasta lo divino a través del conocimiento y la práctica, a través del ejercicio de la mente, de la ciencia y la meditación. Los hombres podían llegar a librarse para siempre de sus instintos bestiales, podían trascender sus limitaciones y condicionamientos…
    Podían convertirse en dioses.
    Pitágoras vislumbraba un mundo de hombres ascendiendo hasta lo divino, la definitiva apoteosis del ser humano…
    Un sueño que ahora se tambaleaba.»

 

MARCOS CHICOT

000069372_1_Foto_autor_(c)_NINES_MINGUEZ_201610201739Marcos Chicot (Madrid, 1971). Es licenciado en Psicología Clínica, Psicología Laboral y Económicas. Está casado y tiene dos hijos: Lucía (2009) y Daniel (2012).

En lo literario, Chicot se dio a conocer en el año 1998 con la novela Diario de Gordon, obra que le valió el prestigioso Premio Francisco Umbral. Desde entonces ha seguido dentro de la novela y el relato, con incursiones en la literatura juvenil, aunque sin duda es conocido para el gran público gracias a su libro de 2013, El asesinato de Pitágoras, finalista del Planeta y que ha sido publicado en más de 20 países. En 2014 refrendó su éxito con la novela La Hermandad.

En 2016 logró el segundo puesto en el Premio Planeta gracias a su obra El asesinato de Sócrates.

Pertenece a la organización Mensa, y dona el 10% de lo que obtiene con sus novelas a organizaciones de ayuda a personas con discapacidad.

 

“El fuego invisible”, de Javier Sierra

«La vida es sólo una visión. Nada existe como creemos. En realidad, todo es un sueño. Tu sueño.»

El fuego invisible es la última novela del escritor turolense Javier Sierra, con la que ha ganado el Premio Planeta 2017.

El protagonista de la historia es David Salas, un joven y prometedor profesor del Trinity College de Dublín que se encuentra en Madrid con Victoria Goodman, escritora de éxito y vieja amiga de la familia que dirige una escuela de literatura experimental. Salas, junto con el resto de los miembros de esta escuela, tratará de seguir el rastro del grial en la Península Ibérica.

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Javier Sierra ha introducido el mito del grial en la trama de la historia como un recurso para atrapar al lector, pero de lo que verdaderamente trata su novela es de cómo encontrar el origen de las grandes ideas, de dónde surge la inspiración.

El propio autor ha asegurado que el propósito supremo del libro es provocar al lector, empujarlo hacia la búsqueda de esa chispa creativa que todos llevamos dentro.

      –¿Te acuerdas del día que me preguntaste por el origen de mis historias?¿Por la fuente de mis ideas?

    –S-sí claro – tartamudeé otra vez.

    –Pues nacen de esa energía que está en todo y que a todos nos une. Y de la capacidad que tenemos cada uno de nosotros de conectarnos con ella durante los instantes fugaces que dura la inspiración. En ese momento surge un fuego, un ardor invisible, que te enciende por dentro.»

Además, El fuego invisible es un libro que nos habla de otros libros: El forastero misterioso, de Mark Twain; El cuento del grial, de Chrétien de Troyes o La lámpara maravillosa, de Valle Inclán; entre otros, y que nos transporta a iglesias y colecciones de arte románicas. Como el mismo Sierra nos advierte al final del libro, todas las fuentes literarias y históricas mencionadas en la novela están documentadas. También lo están las referencias al grial y sus distintas ubicaciones e hipótesis.

En fin, un libro bien escrito, bien documentado y que se deja leer. Recomendable.

SINOPSIS

David Salas, un prometedor lingüista del Trinity Collage de Dublín, se encuentra, después de aterrizar en Madrid para pasar sus vacaciones, con Victoria Goodman, una vieja amiga de sus abuelos y con su joven ayudante, una misteriosa historiadora del arte. Ese hecho trastocará sus planes y lo empujará a una sorprendente carrera por averiguar qué ha sucedido con una de los alumnos de la escuela de literatura que regenta lady Goodman. Para su sorpresa, la clave parece esconderse en el mito del grial y su vinculación con España.
Remotas iglesias románicas de los Pirineos, colecciones de arte en Barcelona, libros antiguos y extraños códigos en piedra se alinean en una trama llena de intriga que nos hará pensar sobre el origen de toda inspiración, literatura y arte verdaderos.

Leer el primer capítulo de la novela

JAVIER SIERRA

000011477_1_Sin_tituloJavier Sierra (Teruel, 1971) es un apasionado contador de historias. Su mirada se detiene siempre en los detalles ocultos, en los misterios que no hemos sido capaces de resolver, y los comparte tanto en su trabajo literario como en radio y televisión. Es autor de diez obras, seis de ellas novelas de gran éxito internacional. Sus títulos La cena secreta, La dama azul, El ángel perdido, El maestro del Prado o La pirámide inmortal se han publicado en más de cuarenta países y es uno de los pocos escritores españoles que han visto sus obras en lo más alto de las listas de libros más vendidos en Estados Unidos.

La clave de su éxito pasa por investigar a fondo los arcanos que aborda y aplicarles la dosis justa de sentido común, imaginación y “visión trascendente”. “Esa que nos convirtió en humanos en la noche de los tiempos y nos llevó a inventar el arte”, asegura.

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

    «En el fondo no eres lo que piensas que eres. Estás hecho de la misma energía invisible que el resto del universo, sólo que de algún moto tu energía es autoconsciente y se las ingenia para entrar a formar parte temporalmente de los sueños de los demás.
    –No.. No sé si te comprendo, abuelo.
    –¿Te acuerdas del día que me preguntaste por el origen de mis historias?¿Por la fuente de mis ideas?
    –S-sí claro – tartamudeé otra vez.
    –Pues nacen de esa energía que está en todo y que a todos nos une. Y de la capacidad que tenemos cada uno de nosotros de conectarnos con ella durante los instantes fugaces que dura la inspiración. En ese momento surge un fuego, un ardor invisible, que te enciende por dentro.» 

[…]

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    «Hay algo que el hombre moderno no comprende –respondió más seria que nunca–. Estas maravillas se pintaron en iglesias tenebrosas, en edificios de muros de piedra maciza con ventanucos que apenas dejaban pasar la luz del sol. Nos cuesta imaginar cómo debían de ser en el siglo XII. Sus paredes estaban completamente cubiertas de pinturas y los fieles iban descubriéndolas a la luz de las velas, envueltos en un silencio sepulcral. Cuando la vista se les acostumbraba, los apóstoles, la Virgen y su cuenco, y hasta Nuestro Señor Jesucristo, debían de parecerles criaturas vivas, No olviden que quienes entraban ahí no sabían leer ni escribir. No habían visto nunca un manuscrito iluminado, ni una una pintura mural, ni seguramente conocían el mundo más allá del valle donde malvivían. Pero allí dentro, bajo la mirada de estas figuras sin párpados, los fieles sabían que estaban en la antesala del cielo. Se sentían abrumados por el peso de lo divino. Estoy segura de que la mayoría no llegó nunca a pensar que aquello era una representación. Lo tomaron como algo real. Y, de algún modo, lo era.»

 

“Cicatriz”, de Sara Mera

«Sólo si escribes podrás justificar tu existencia en el futuro.»

Cicatriz es la cuarta novela de la escritora madrileña afincada en Sevilla Sara Mesa. En ella nos cuenta la particular relación que se establece entre dos jóvenes personajes, Sonia y Knut, que se conocen a través de un foro de internet. A pesar de la gran distancia que los separa, entre ambos protagonistas, muy distintos pero complementarios, se establece una relación inquietante y obsesiva que marcará profundamente sus vidas.

¿Qué roles crees que jugamos cada uno en esta relación? Pienso que, unas veces, el de madre e hijo; otras, el de padre e hija. Ser como hermanos estaría bien si no tuviéramos que preocuparnos por ciertas cortapisas incestuosas. Lo que sí tengo claro es que nuestra relación nunca podrá ser «normal», tanto para lo bueno como para lo malo.

La novela ha obtenido un importante éxito de lectores y de crítica. En diciembre de 2015 fue reconocida con el el Premio Ojo Crítico de Narrativa. El jurado destacó la obra, «por ser un libro sensible, oportuno y narrativamente inteligente. Capaz de dar la vuelta al concepto estereotipado de la seducción presentándolo en sus facetas más agrias: la posesión, la vanidad, la necesidad de sentirse fetichizado por el otro o la putrefacción de los amores platónicos. Sara Mesa pone el dedo en la llaga de la cultura como herramienta de desclasamiento y en la avaricia del amor».

Cicatriz es una novela con una gran carga psicológica; muy bien escrita; aparentemente sencilla, pero con los elementos necesarios para mantener atrapado al lector desde la primera página. Una buena novela. Muy recomendable.

LEER PRIMER CAPÍTULO DE LA NOVELA

SINOPSIS

Sonia conoce a Knut en un foro literario de internet y, a pesar de los setecientos kilómetros que los separan, establece con él una particular relación marcada por la obsesión y la extrañeza. Entre la atracción y la repulsión, no puede evitar sentirse fascinada por este personaje insólito y perfeccionista, que vive fuera de toda norma social y que la corteja a través de suntuosos regalos robados. «Le gustaba ir siempre bien vestido, incluso para ir a robar una simple lata de conservas. Tan joven y hablando de escritores del XIX. Filosofando. Cuestionándolo todo. Teorizando sobre el individuo y el grupo, y la hipocresía social, y los chivos expiatorios, y Dios y el destino, la virginidad y el sexo. Solía decir que no hay placer comparable a pensar. Y no, no era petulante ni vanidoso. Era simplemente… exhaustivo.» Su necesidad de poner distancia cuando Knut se vuelve demasiado absorbente, pero también su irrefrenable curiosidad y el ansia de vivir experiencias más allá de una existencia excesivamente reglada, llevarán a Sonia a una doble vida secreta en la que quedará atrapada durante años sin posibilidad de exculparse.

En esta inusitada historia, Sara Mesa recupera temas que ya aparecieron en sus primeras obras narrativas, dándoles forma a través de un estilo conciso y eléctrico en un mundo –frío, escasamente comunicativo– cuyas reglas establecen únicamente los propios personajes que lo habitan. Cicatriz no es sólo una inquietante historia de amor descompensado protagonizada por dos seres muy distintos pero a la vez complementarios, es también una reflexión sobre la sociedad de consumo y los robos a gran escala en grandes almacenes, la sumisión y el poder, la anulación del deseo y la carnalidad, el refugio de la infancia, la fantasía como alternativa, la culpa y la expiación, la escritura y la vocación literaria. La autora de la celebrada Cuatro por cuatro (que fue finalista del Premio Herralde de Novela), en vías de publicación al francés, se confirma con Cicatriz como una de las voces más singulares e imprescindibles de su generación.

«En una atmósfera que evoca los laberintos carcelarios de Piranessi y la asfixia del subsuelo dostoievskiano, Sara Mesa nos asoma a un mundo donde anidan la impostura, el acoso que nace del desdén y el desprecio, la provocación implacable, la turbiedad que acabará concretándose en dinero -transacciones-, la sumisión ante el poder, la culpa y su obligada expiación… un mundo que el lector reconoce de inmediato, porque es el nuestro, el de la sociedad de consumo… y del espectáculo» (Ana Rodríguez Fischer, Babelia, El País).

«Lo más curioso de este relato es el espléndido tono alcanzado por la narradora, una mezcla entre un discurso epistolar y narrativo que soporta el personaje femenino… Sara Mesa explora algunas de sus mejores cualidades esbozadas en obras anteriores, y acentúa esa visión de una sociedad que participa del consumo y del espectáculo y, en igual proporción, el desprecio, la provocación diaria, y sobre todo, la impostura en su sentido más amplio» (Pedro M. Domene, Heraldo de Aragon).

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

   «Sonia apura la cerveza y vacila antes de abrirse otra. Verdú se va a dar cuenta, piensa, pero la saca de la nevera y se promete a sí misma que conseguirá reponerlas antes de que vuelva. Oye el sonido de la televisión al fondo, las risas de su hijo frente a la pantalla, y continúa pensando embotada, confusa. El placer de sentirse obsequiada, agasajada, de ser objeto de la devoción de Knut, todo eso la está cegando, se dice. Él se está construyendo una imagen de ella y ella le está dejando hacer. Al final terminará dañándole. Pero cómo evitarlo. Ella no le ha pedido nunca nada, musita. Lo dice en voz alta, para sí, como si se defendiera en un juicio en el que los dos estuvieran en el banquillo de los acusados: No nunca le pedí nada.
    Mete los dos botellines en una bolsa de basura, coge la llave y el monedero.» 
[…]
   «Sonia lo lee y siente un nudo de inquietud en el estómago. Hasta entonces todo se había jugado en el plano de la irrealidad. Ahora, se da cuenta, Knut está buscando la manera de hacer real esa irrealidad. Sonia es consciente de su culpa. Si ni siquiera le gustaron sus besos, ¿cómo se ha metido en esta historia? Fue ella misma quien, irresponsablemente, con ese no-sé-por-qué que él tanto le censura, lo ha alentado a llegar hasta ese punto: ella la que finge entusiasmo, la que le ha mandado fotos con la lencería y los zapatos, quien propuso la cita y quien, finalmente, fijó la fecha, aun sabiendo que todo era una farsa. Se siente bloqueada, furiosa consigo misma y, también, ligeramente asqueada.»

 

SARA MESA

   Cuentos-Microrrelatos-Rafael_Chirbes-Michel_Houellebecq-Literatura-Critica_literaria-Autobiografias-El_Estilo_98251173_561600_1706x1280Sara Mesa (Madrid, 1976) desde niña reside en Sevilla. Es una galardonada autora de poesía, relatos y novelas.Tras la aparición de El trepanador de cerebros, su primera novela, Mesa logró un gran éxito con Cuatro por cuatro, obra que llegó a ser finalista del Premio Herralde de Novela y que supuso su debut en la editorial Anagrama, donde desde entonces ha publicado títulos tan interesantes como Planeta equivocado, Cicatriz, Mala letra o Un incendio invisible. A día de hoy es considerada como una de las voces más interesantes de su generación.

“Cuando los dioses nacían en Extremadura” de Rafael García Serrano

«Quien me quiera seguir, me siga; quien no, me deje. Las mujeres
 de Castilla han parido y paren soldados»

Cuando los dioses nacían en Extremadura, del escritor navarro Rafael García Serrano, es una novela histórica que trata el tema de la conquista de México a manos de un reducido grupo de españoles, capitaneados por el extremeño Hernán Cortés, y ayudados por algunos pueblos indígenas.

Hernán Cortés, como otros muchos jóvenes extremeños de su tiempo, se dejó arrastrar por la fiebre descubridora y conquistadora, y trató de buscar fama y fortuna en las nuevas tierras recién descubiertas.

«Daba y tomaba enojos y ruido en casa de sus padres, ca era bullicioso, altivo, travieso, amigo de armas.» Gomara

   «Hernán miraba sus viejos libros: latín, leyes, lecturas caballerescas. Su vida estaba allí entre las páginas sobadas […] Y claro, sobre todas, la incomparable historia de Amadís. Esto en las nubes, esto en lo que toca a su estancia en las nubes.

   Luego las historias paternas, las algarabías civiles, las luchas fronterizas y la trepa por una fabulosa genealogía de cristianos viejos: algo de imaginación en la rama paterna, pero con dureza ejemplar. Los Pizarro y Altamirano de la madre le contaban en las venas todas las historias de Extremadura. No obstante, en el fondo de su alma, Cortés sabía que él estaba destinado a ser un fundador. Lo dudó en un tiempo, y ahora, de nuevo en casa, se sentía seguro y firme.

   Además estaba la tierra; la tierra, la dura tierra extremeña, larga y ondulada, de olivos y castaños, encinares y viñedos, tierra serrana y fronteriza: esta geografía habitual exaltaba el ánimo para las grandes y desconocidas empresas. La aventura llamaba a los hombres, y era raro el joven español que no se decidiese a probar un manjar tan picante como el de las guerras italianas o como el de las desconocidas campañas en las desconocidas Indias. La tierra le posaba los pies en el suelo, le atraía hacia sí con un amor inmenso, humano, tremendamente real. Nada de pájaros en la cabeza: cálculo, horizonte, redaños. La frontera le traía el viento del hierro y del pan, del oro y del moro. Traía el recuerdo de las duras y las madura; traía el noble sudor del trabajo guerrero. (También entonces, quien tenía el hierro tenía el pan.) Esta tentación fronteriza que se notaba en toda España, que aún se nota particularmente en Extremadura, la posibilidad de ganar fama y dineros en un golpe de audacia jugado a la buena de Dios, llevaba a los jóvenes españoles a alistarse en los Tercios nacientes o en las flotas que marchaban a los nuevos e incógnitos dominios ultramarino.»

Para componer esta crónica novelada, García Serrano siguió, como el mismo señala en el prólogo de la obra, la Crónica de Bernal Díaz del Castillo y las Relaciones de Hernán Cortés. El resultado es una gran novela, calificada por el historiador Salvador de Madariaga como la mejor sobre la conquista de México.

«El argumento se lo inventó Cortés y el libro lo escribió Bernal. De modo y manera que hay bien poco margen para quienes nos aventuramos por el camino maravilloso de la Conquista de Méjico. Tentado por cuanto de humanidad y de puro prodigio –esto es, de puro español– hay en Cortés y en sus hombres, intenté una especie de modesta biografía de la Conquista, un reportaje sencillo y admirativo[…]

Quien quiera, que pase a la historia de aquel tiempo virgen y fabuloso en que los hombres buscaban la fuente encantada de la eterna juventud, de aquel tiempo en que las cataratas del Niágara, pura belleza, no producían equis millones de kilovatios al día. El tiempo español: cuando los dioses nacían en Extremadura.»

(Del prólogo del autor).

Como nota curiosa, señalar que el escritor cacereño Muñoz de San Pedro, gran conocedor y divulgador de la tierra extremeña, utilizó el título de esta novela de García Serrano para subtitular su obra más conocida: Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses. Sobre este cuestión, escribe en los preliminares de su libro:

«Un escritor de nuestro tiempo, Rafael García Serrano, tuvo la fortuna de encontrar un título definitivo para un libro suyo sobre una conquista americana: Cuando los dioses nacían en Extremadura. Nada más adecuado, como símbolo de la región extremeña, que ese título, pregonero de una gloria impar, de un monopolio en el nacimiento de aquellos auténticos dioses, superadores en realidades absolutas de las hazañas míticas de las olímpicas deidades helénicas.

Extremadura, con sus terrenos primitivos, que le dan ancestral prestigio geológico y telúrico; con sus contrastes geográficos, con su tradición agrícola y ganadera, con sus remotas civilizaciones, con su historia gloriosa y sus tesoros de arte, tuvo su momento crucial y decisivo, su apoteosis universal, en la conquista de América. Aquí nacieron los dioses, todos los grandes dioses conquistadores del inmenso continente, desde Vasco Núñez de Balboa a Pedro de Valdivia, desde Hernán Cortés a Francisco Pizarro, desde Sebastián de Belalcázar a Pedro de Alvarado, desde Francisco de Orellana, el titán del Amazonas, a Hernando de Soto, el soñador del Misisipí…»

SINOPSIS

«Hubo un tiempo en que los dioses nacían en Extremadura. Los mismos dioses que, miles de años antes, guiaron a los dioses de la Iliada y de la Eneida, a las falanges de Macedonia y a las legiones de los césares. Alumbraron de entre las entrañas del linaje de los hidalgos –que leían a los clásicos, se comportaron como caballeros y combatían como leones– una casta de capitanes que dominaron el mundo de Levante a Poniente, dejando escrita sobre todos los mapas la más hermosa geometría militar desde Ceriñola hasta Rocroi, y la más bella historia de amor, de guerra y de conquista.

Cuando los dioses nacían en Extremadura, España rompió la barrera del sonido de la realidad. Fue entonces, cuando no éramos deshechos a la deriva de la Historia, sino que moldeábamos su cauce con orgullo, cuando España llegó más allá del Atlántico, el camino que condujo a Dario el Grande hasta Maratón, a Leónidas hasta el paso de las Termópilas, a Jerjes hasta Salamina, a Filipo hasta el Helesponto, a Alejandro Magno hasta Babiloniay a Escipiano hasta Itálica. Iberia, Hispania, España, puro metal de la fundición grecorromana, escribió la historia más grande jamás contada desde Troya, donde comienza la memoria de Occidente, hasta nuestros días sin un Homero que las cantara.

De entre todos los dioses nacidos en Extremadura, Medellín alumbró a Hernán Cortés, el hidalgo que fue César en en Méjico por la fuerza de su voluntad, la luz de su inteligencia, el arrojo de su corazón y la bravura de sus armas […] Hernán Cortés, tras apurar hasta las heces el amargo cáliz de la Noche Triste, sin tiempo para lamerse la heridas, sin aliento para contar los muertos ni para enumerar a los que iban a morir, forma el cuadro, abre las alas de su caballería para guarnecer los famélicos flancos, desenvaina el acero y derrota en Otumba a un enemigo infinitamente superior en número que cae vencido ante un ejército de sombras harapientas que sólo llevan un puñal entre los dientes.

En Otumba está toda la grandeza del César Cortés, el paradigma de aquellos dioses que nacían en Extremadura. Esta es su historia, contada por la pluma y por la prosa de Rafael García Serrano, Homero navarro y alférez de la fiel infantería española, a mayor gloria del César, de Española y de Méjico.»

De la introducción de Eduardo García Serrano

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

   «Sabréis que somos una cosa así como dioses. Teules nos llaman los indios, y eso quiere decir: dioses. Nosotros nos damos aire, unos más que otros, pero a nadie amarga un dulce lo divino. Cortés, ¿qué no hará este hombre?, lo ha sabido aprovechar: Sabéis señores, que me parece que en todas estas tierras ya tenemos fama de esforzados, y por lo que han visto estas gentes por los recaudadores de Moctezuma nos tienen por dioses o por cosas como sus ídolos.» […]

   «Iba Cortés al frente de los suyos y les rodeaban, ya en en pleno campo, las vanguardias sutiles del adversario y les hostigaban con tenacidad de moscas de ganado, les picaban en los flancos y el ejército no tenía fuerza ni para menear la cola y sacudirse aquella pegajosa molestia. No pasaba el tiempo. A veces era de día, a veces, de noche; a veces se estaba en descanso, casi siempre en marcha, pero nunca se podía saber qué día era, cuántas jornadas habían pasado desde San Juan; nunca se podía saber si aquellas lágrimas de Cortés eran por la muerte de sus camaradas o por la alegría de ver que doña Marina estaba a su lado o por la alegría de ver que los tlaxcaltecas del ejército le veneraban aún como si fuese Quetzalcolatl victorioso. Pesaba la tierra en las espaldas, pesaba la angustia de no verse nunca lejos de aquellos tábanos indígenas, les caía a plomo la sensación de acabamiento, la certidumbre de que sus nervios se estaban agotando y de que cuando fuesen muertos en pie, muertos que marchaban disciplinadamente, justamente entonces los mejicanos se echarían sobre ellos y acabarían de una vez para siempre con Hernán y sus aventuras, con Hernán y los suyos, son los tlaxcaltecas y con los caballos, con las mujeres, con las cruces, con todo. Pero Cortés se mantenía firme, tieso como un poste, herido en la cabeza y en la mano. Herido en el corazón, sobre todo en el corazón del bachiller por Salamanca, en el corazón del joven Amadís, del caballero invencible, herido en el corazón de Quetzalcoatl Cortés, natural de Medellín[…]  Cortés miró hacia el enemigo. Doña Marina temblaba. Pensaba Hernán en la gloria, en el infinito descanso de pelear en campo abierto, sin la noche traidora, sin el oro en la mochila. Pensaba en la gloria de morir matando a un enemigo valiente, a un enemigo capaz de derrotar a sus españoles. Pensó en morir victorioso y pensó en que era mejor vencer y vivir, vivir victorioso. Pensó en que la fe hace milagros, en que Dios era español, en que había que ganar la pelea y volver a Méjico y pensó en que tenía a Méjico en la mano; y la cerró con una furia amorosa, con un júbilo frenético; cerró la mano en que pensaba que estaba Méjico, con si fuera a coger la mano de doña Marina.».

RAFAEL GARCÍA SERRANO

rafael-garcia-serrano-103Rafael García Serrano (Pamplona, 1917–Madrid 1988). Novelista. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid y fue director de diferentes publicaciones, entre ellas Arriba, y colaborador del periódico El Alcázar, diario en el que publicó miles de artículos marcados por su vehemente falangismo. Como periodista, su labor fue reconocida por el régimen franquista con el Premio Nacional de Periodismo Francisco Franco en 1950, y su participación en la Guerra Civil con la Cruz del Mérito Militar en 1964. El tema central de toda su literatura, de prosa dura y ágil, es dicha guerra, como se ve en las tres novelas agrupadas bajo el título general de La guerra (1964): Eugenio o proclamación de la primavera (1938), Plaza del Castillo (1951) y La fiel infantería (1943), Premio Nacional de Literatura, a la que se suman otras como Cuando los dioses nacían en Extremadura (1949), centrada en la conquista de México por los españoles, Los ojos perdidos (1958), llevada al cine y por cuyo guión García Serrano recibió un premio especial del Sindicato Nacional de Espectáculos, La paz dura quince días (1960), La ventana daba al río (1963), El obispo de Gambo (1977), esta última dentro de lo que se conoce como ‘política-ficción’, La paz ha terminado (1980), Frente norte (1982) y V centenario (1986). El resto de su obra se compone de volúmenes de relatos, Los toros de Iberia. 6 historias de toros, 6 (1945), El domingo por la tarde (1962) o El pino volador y otras historias militares (1964); libros de viajes como Notas de un viaje de Roma a Buenos Aires (1949) y Bailando hasta la Cruz del Sur (1953); una curiosa antología de canciones y frases de los soldados de la zona nacional durante la guerra: Diccionario para un macuto (1964), y las memorias La gran esperanza (1983). Asimismo, fue autor de guiones cinamatográficos, además del ya mencionado, entre ellos el de Los novios de la muerte (1975).

“Reloj sin manecillas”, de Carson McCullers

«Sin duda la vida se compone de innumerables milagros cotidianos,
 la mayor parte  de los cuales pasan inadvertidos.»

Reloj sin manecillas (Clock without hands) es la última novela que publicó, en 1961, Carson McCullers, considerada una de las escritoras estadounidenses más importantes del pasado siglo. La obra fue recibida con opiniones encontradas por parte de la crítica, pero salieron en su defensa autores tan prestigiosos como Grahan Greene o Gore Vidal.

La novela refleja muy bien las injusticias y los problemas raciales a los que tenía que enfrentarse la sociedad sudista americana de los años cincuenta del pasado siglo. En ella McCullers nos acerca a la vida de cuatro personajes, muy dispares entre sí, que tratan de encontrarse a sí mismos.

«Resultaba extraño que Malone, a quien gustaba la poesía pegadiza, pensara en aquellas frases aprendidas de memoria: “El mayor peligro, el de perderse a sí mismo, puede pasar calladamente, como si nada; las demás pérdidas, las de un brazo, la de una pierna, la de cinco dólares, la de una esposa, etcétera, no pueden pasar inadvertidas”. La incongruencia de aquellas ideas, funestas y vulgares como su propia vida, sonaba como el metálico repiqueteo del reloj de la ciudad, sin cadencia ni sabor.»

El escritor extremeño Jesús Carrasco, autor del prólogo de está edición del libro, escribe de la novela:

«En junio de 1961, pocos meses antes de la publicación en Estados Unidos, Carson fue invitada a escribir una nota de autor en The New York Times Book Review a propósito de Reloj sin manecillas. Allí decía: “Cuando mi primer libro, El corazón es un cazador solitario, fue publicado, algunos de mis amigos sureños sintieron que yo era algún tipo de renegada o desviada dados mis sentimientos hacia los negros. El interés principal de mi nuevo libro no es hablar de los prejuicios o la injusticia en el sur. Simplemente trata sobre personas que luchan, se rebelan y aman en sus diferentes formas en busca de sí mismos”.

Y esas personas, en este libro, son el anciano juez Clane, un supremacista blanco incapaz de entender que sus viejas ideas («–¿Cómo te sentaría ver a un tosco negro compartir su pupitre con una delicada niñita blanca?», comenta durante una conversación) fueron derrotadas con la rendición del general Lee cien años antes, Jester Clane, su nieto, un joven inflamado por lo que su abuelo llama ideas comunistas, que ha de rebelarse contra su estirpe, la de caballero del sur, dilucidar su propia sexualidad y arrojar luz sobre la turbia muerte de su padre. El enigmático Sherman Pew, negro de ojos azules, libérrrimo personaje, excesivo; catalizador en la novela de las tensiones raciales, sexuales y culturales de su tiempo. Y, por último, J. T. Malone, el farmacéutico desahuciado con aires tolstoianos en la primera línea del texto y que, al final de su vida, como la propia Carson diría, habrá de tomar conciencia de su gris existencia y del vacío en el que ha dejado marchar sus días. Es decir, habrá de asumir, como los demás, la responsabilidad ineludible que deriva del hecho de ser humanos y de estar vivos. La responsabilidad, por ejemplo, para afrontar la soledad, para tomar decisiones morales y para, finalmente, modelar una identidad verdaderamente propia. Ésta es la idea que alumbra y la que subyace en cada uno de los personajes protagonistas de Reloj sin manecillas. Todos ellos solos e impelidos a tomar el timón de sus existencias. Todos ellos obligados a asumir de manera radical la responsabilidad de estar vivos. Justo lo que hizo Carson McCullers cuando decidió dejar el piano, cuando se separó de su marido, cuando renunció a suicidarse con él o cuando dio su cara blanca por el pueblo negro.»

La novela está muy bien escrita, resulta muy interesante, y es fácil de leer. Muy recomendable

LEER PRIMER CAPÍTULO DE LA NOVELA

SINOPSIS

La última novela que escribió Carson McCullers relata los destinos cruzados de cuatro memorables personajes, cuyas vidas son fiel reflejo de las injusticias sociales, la soledad espiritual y la naturaleza confusa del amor en el turbador Sur estadounidense de los años cincuenta.

Ésta es la historia del viejo juez Fox Clane, encarnación del patriarcal carácter sureño; su nieto adolescente Jester, hijo de un malogrado enemigo de la discriminación racial, y Sherman Pew, un chico negro de ojos azules que ejerce una fascinadora atracción sobre ambos. Junto a ellos se desarrolla el drama personal del farmacéutico J. T. Malone, quien, desahuciado por los médicos, descubre que el verdadero peligro del hombre no es morir sino perderse a sí mismo en vida. Malone, quien, desahuciado por los médicos, descubre que el verdadero peligro del hombre no es morir sino perderse a sí mismo en vida.

Carson McCullers es una de las grandes maestras de la literatura norteamericana, un clásico indiscutible que supo iluminar como nadie la fragilidad y el silencioso esplendor de la existencia. En Reloj sin manecillas, «con más profundidad que nunca, Carson McCullers examina el corazón humano, con una comprensión que va más allá del conocimiento, y una comprensión que va más allá del sentimiento», Tennessee Williams

CARSON MCCULLERS

000005189_1_mccullersNació en Columbus, Georgia, en 1917, y murió en Nueva York, en 1967, de un ataque al corazón, a la temprana edad de cincuenta años. Su producción narrativa comprende los siguientes títulos: El corazón es un cazador solitario, convertido inmediatamente en un clásico de la novela contemporánea, Reflejos en un ojo dorado, Frankie y la boda, La balada del café triste y Reloj sin manecillas. Póstumamente ha aparecido su autobiografía, Iluminación y fulgor nocturno. «El mudo» y otros textos, publicado en la colección Únicos, incluye el esbozo de «El mudo» —primer título que recibió El corazón es un cazador solitarioy ensayos sobre literatura. Está considerada, junto a William Faulkner, como una de las mejores representantes de la narrativa del Sur de Estados Unidos.

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

    «Sentado, con el almirez en la mano, todavía le quedaba la suficiente serenidad para sorprenderse ante aquellas emociones contradictorias que habían hecho cambiar tan violentamente su corazón, en otro tiempo tan tierno. Se encontraba entre el amor y el odio, pero qué era lo que amaba y qué lo que odiaba permanecía poco claro. Por primera vez, sabía que la muerte estaba próxima. Pero el terror que le ahogaba no estaba causado por el conocimiento de su propia muerte. Se debía a algún misterioso drama que estaba desarrollándose, aunque Malone no sabía de qué se trataba. Su terror se debía a la incertidumbre de lo que ocurriría en aquellos próximos meses –¿cuánto tiempo?– que devorarían sus días contados. Era un hombre que escudriñaba un reloj sin manecillas.» 
[…]
    «Además –continuó el Juez, tú y yo poseemos nuestras propiedades y nuestra posición, y se nos respeta. Pero, ¿qué posee Sammy Lank, aparte de montones de hijos? Sammy Lank y otros blancos pobres como él, no tienen más que el color de su piel. La clave de todo el asunto es que no tienen medios, propiedades, ni a nadie por debajo de ellos. Es triste admitirlo, pero la naturaleza humana, todos los hombres, tienen que tener a alguien por debajo de ellos, alguien a quien poder desdeñar. Y Sammy y los que son como él, solamente pueden sentirse superiores a los negros. ¿Comprendes, J. T.? Es una cuestión de orgullo, el orgullo de nuestra sangre, el orgullo de nuestro linaje blanco. Pero, ¿qué posee Sammy Lank, excepto montones de trillizos de rostros blancos, gemelos, y una mujer, gastada por tantos embarazos, que se sienta en el porche a oler rapé?»