“El fuego invisible”, de Javier Sierra

«La vida es sólo una visión. Nada existe como creemos. En realidad, todo es un sueño. Tu sueño.»

El fuego invisible es la última novela del escritor turolense Javier Sierra, con la que ha ganado el Premio Planeta 2017.

El protagonista de la historia es David Salas, un joven y prometedor profesor del Trinity College de Dublín que se encuentra en Madrid con Victoria Goodman, escritora de éxito y vieja amiga de la familia que dirige una escuela de literatura experimental. Salas, junto con el resto de los miembros de esta escuela, tratará de seguir el rastro del grial en la Península Ibérica.

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Javier Sierra ha introducido el mito del grial en la trama de la historia como un recurso para atrapar al lector, pero de lo que verdaderamente trata su novela es de cómo encontrar el origen de las grandes ideas, de dónde surge la inspiración.

El propio autor ha asegurado que el propósito supremo del libro es provocar al lector, empujarlo hacia la búsqueda de esa chispa creativa que todos llevamos dentro.

      –¿Te acuerdas del día que me preguntaste por el origen de mis historias?¿Por la fuente de mis ideas?

    –S-sí claro – tartamudeé otra vez.

    –Pues nacen de esa energía que está en todo y que a todos nos une. Y de la capacidad que tenemos cada uno de nosotros de conectarnos con ella durante los instantes fugaces que dura la inspiración. En ese momento surge un fuego, un ardor invisible, que te enciende por dentro.»

Además, El fuego invisible es un libro que nos habla de otros libros: El forastero misterioso, de Mark Twain; El cuento del grial, de Chrétien de Troyes o La lámpara maravillosa, de Valle Inclán; entre otros, y que nos transporta a iglesias y colecciones de arte románicas. Como el mismo Sierra nos advierte al final del libro, todas las fuentes literarias y históricas mencionadas en la novela están documentadas. También lo están las referencias al grial y sus distintas ubicaciones e hipótesis.

SINOPSIS

David Salas, un prometedor lingüista del Trinity Collage de Dublín, se encuentra, después de aterrizar en Madrid para pasar sus vacaciones, con Victoria Goodman, una vieja amiga de sus abuelos y con su joven ayudante, una misteriosa historiadora del arte. Ese hecho trastocará sus planes y lo empujará a una sorprendente carrera por averiguar qué ha sucedido con una de los alumnos de la escuela de literatura que regenta lady Goodman. Para su sorpresa, la clave parece esconderse en el mito del grial y su vinculación con España.
Remotas iglesias románicas de los Pirineos, colecciones de arte en Barcelona, libros antiguos y extraños códigos en piedra se alinean en una trama llena de intriga que nos hará pensar sobre el origen de toda inspiración, literatura y arte verdaderos.

Leer el primer capítulo de la novela

JAVIER SIERRA

000011477_1_Sin_tituloJavier Sierra (Teruel, 1971) es un apasionado contador de historias. Su mirada se detiene siempre en los detalles ocultos, en los misterios que no hemos sido capaces de resolver, y los comparte tanto en su trabajo literario como en radio y televisión. Es autor de diez obras, seis de ellas novelas de gran éxito internacional. Sus títulos La cena secreta, La dama azul, El ángel perdido, El maestro del Prado o La pirámide inmortal se han publicado en más de cuarenta países y es uno de los pocos escritores españoles que han visto sus obras en lo más alto de las listas de libros más vendidos en Estados Unidos.

La clave de su éxito pasa por investigar a fondo los arcanos que aborda y aplicarles la dosis justa de sentido común, imaginación y “visión trascendente”. “Esa que nos convirtió en humanos en la noche de los tiempos y nos llevó a inventar el arte”, asegura.

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

    «En el fondo no eres lo que piensas que eres. Estás hecho de la misma energía invisible que el resto del universo, sólo que de algún moto tu energía es autoconsciente y se las ingenia para entrar a formar parte temporalmente de los sueños de los demás.
    –No.. No sé si te comprendo, abuelo.
    –¿Te acuerdas del día que me preguntaste por el origen de mis historias?¿Por la fuente de mis ideas?
    –S-sí claro – tartamudeé otra vez.
    –Pues nacen de esa energía que está en todo y que a todos nos une. Y de la capacidad que tenemos cada uno de nosotros de conectarnos con ella durante los instantes fugaces que dura la inspiración. En ese momento surge un fuego, un ardor invisible, que te enciende por dentro.» 

[…]

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    «Hay algo que el hombre moderno no comprende –respondió más seria que nunca–. Estas maravillas se pintaron en iglesias tenebrosas, en edificios de muros de piedra maciza con ventanucos que apenas dejaban pasar la luz del sol. Nos cuesta imaginar cómo debían de ser en el siglo XII. Sus paredes estaban completamente cubiertas de pinturas y los fieles iban descubriéndolas a la luz de las velas, envueltos en un silencio sepulcral. Cuando la vista se les acostumbraba, los apóstoles, la Virgen y su cuenco, y hasta Nuestro Señor Jesucristo, debían de parecerles criaturas vivas, No olviden que quienes entraban ahí no sabían leer ni escribir. No habían visto nunca un manuscrito iluminado, ni una una pintura mural, ni seguramente conocían el mundo más allá del valle donde malvivían. Pero allí dentro, bajo la mirada de estas figuras sin párpados, los fieles sabían que estaban en la antesala del cielo. Se sentían abrumados por el peso de lo divino. Estoy segura de que la mayoría no llegó nunca a pensar que aquello era una representación. Lo tomaron como algo real. Y, de algún modo, lo era.»

 

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“Cicatriz”, de Sara Mera

«Sólo si escribes podrás justificar tu existencia en el futuro.»

Cicatriz es la cuarta novela de la escritora madrileña afincada en Sevilla Sara Mesa. En ella nos cuenta la particular relación que se establece entre dos jóvenes personajes, Sonia y Knut, que se conocen a través de un foro de internet. A pesar de la gran distancia que los separa, entre ambos protagonistas, muy distintos pero complementarios, se establece una relación inquietante y obsesiva que marcará profundamente sus vidas.

¿Qué roles crees que jugamos cada uno en esta relación? Pienso que, unas veces, el de madre e hijo; otras, el de padre e hija. Ser como hermanos estaría bien si no tuviéramos que preocuparnos por ciertas cortapisas incestuosas. Lo que sí tengo claro es que nuestra relación nunca podrá ser «normal», tanto para lo bueno como para lo malo.

La novela ha obtenido un importante éxito de lectores y de crítica. En diciembre de 2015 fue reconocida con el el Premio Ojo Crítico de Narrativa. El jurado destacó la obra, «por ser un libro sensible, oportuno y narrativamente inteligente. Capaz de dar la vuelta al concepto estereotipado de la seducción presentándolo en sus facetas más agrias: la posesión, la vanidad, la necesidad de sentirse fetichizado por el otro o la putrefacción de los amores platónicos. Sara Mesa pone el dedo en la llaga de la cultura como herramienta de desclasamiento y en la avaricia del amor».

Cicatriz es una novela con una gran carga psicológica; muy bien escrita; aparentemente sencilla, pero con los elementos necesarios para mantener atrapado al lector desde la primera página. Una buena novela. Muy recomendable.

LEER PRIMER CAPÍTULO DE LA NOVELA

SINOPSIS

Sonia conoce a Knut en un foro literario de internet y, a pesar de los setecientos kilómetros que los separan, establece con él una particular relación marcada por la obsesión y la extrañeza. Entre la atracción y la repulsión, no puede evitar sentirse fascinada por este personaje insólito y perfeccionista, que vive fuera de toda norma social y que la corteja a través de suntuosos regalos robados. «Le gustaba ir siempre bien vestido, incluso para ir a robar una simple lata de conservas. Tan joven y hablando de escritores del XIX. Filosofando. Cuestionándolo todo. Teorizando sobre el individuo y el grupo, y la hipocresía social, y los chivos expiatorios, y Dios y el destino, la virginidad y el sexo. Solía decir que no hay placer comparable a pensar. Y no, no era petulante ni vanidoso. Era simplemente… exhaustivo.» Su necesidad de poner distancia cuando Knut se vuelve demasiado absorbente, pero también su irrefrenable curiosidad y el ansia de vivir experiencias más allá de una existencia excesivamente reglada, llevarán a Sonia a una doble vida secreta en la que quedará atrapada durante años sin posibilidad de exculparse.

En esta inusitada historia, Sara Mesa recupera temas que ya aparecieron en sus primeras obras narrativas, dándoles forma a través de un estilo conciso y eléctrico en un mundo –frío, escasamente comunicativo– cuyas reglas establecen únicamente los propios personajes que lo habitan. Cicatriz no es sólo una inquietante historia de amor descompensado protagonizada por dos seres muy distintos pero a la vez complementarios, es también una reflexión sobre la sociedad de consumo y los robos a gran escala en grandes almacenes, la sumisión y el poder, la anulación del deseo y la carnalidad, el refugio de la infancia, la fantasía como alternativa, la culpa y la expiación, la escritura y la vocación literaria. La autora de la celebrada Cuatro por cuatro (que fue finalista del Premio Herralde de Novela), en vías de publicación al francés, se confirma con Cicatriz como una de las voces más singulares e imprescindibles de su generación.

«En una atmósfera que evoca los laberintos carcelarios de Piranessi y la asfixia del subsuelo dostoievskiano, Sara Mesa nos asoma a un mundo donde anidan la impostura, el acoso que nace del desdén y el desprecio, la provocación implacable, la turbiedad que acabará concretándose en dinero -transacciones-, la sumisión ante el poder, la culpa y su obligada expiación… un mundo que el lector reconoce de inmediato, porque es el nuestro, el de la sociedad de consumo… y del espectáculo» (Ana Rodríguez Fischer, Babelia, El País).

«Lo más curioso de este relato es el espléndido tono alcanzado por la narradora, una mezcla entre un discurso epistolar y narrativo que soporta el personaje femenino… Sara Mesa explora algunas de sus mejores cualidades esbozadas en obras anteriores, y acentúa esa visión de una sociedad que participa del consumo y del espectáculo y, en igual proporción, el desprecio, la provocación diaria, y sobre todo, la impostura en su sentido más amplio» (Pedro M. Domene, Heraldo de Aragon).

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

   «Sonia apura la cerveza y vacila antes de abrirse otra. Verdú se va a dar cuenta, piensa, pero la saca de la nevera y se promete a sí misma que conseguirá reponerlas antes de que vuelva. Oye el sonido de la televisión al fondo, las risas de su hijo frente a la pantalla, y continúa pensando embotada, confusa. El placer de sentirse obsequiada, agasajada, de ser objeto de la devoción de Knut, todo eso la está cegando, se dice. Él se está construyendo una imagen de ella y ella le está dejando hacer. Al final terminará dañándole. Pero cómo evitarlo. Ella no le ha pedido nunca nada, musita. Lo dice en voz alta, para sí, como si se defendiera en un juicio en el que los dos estuvieran en el banquillo de los acusados: No nunca le pedí nada.
    Mete los dos botellines en una bolsa de basura, coge la llave y el monedero.» 
[…]
   «Sonia lo lee y siente un nudo de inquietud en el estómago. Hasta entonces todo se había jugado en el plano de la irrealidad. Ahora, se da cuenta, Knut está buscando la manera de hacer real esa irrealidad. Sonia es consciente de su culpa. Si ni siquiera le gustaron sus besos, ¿cómo se ha metido en esta historia? Fue ella misma quien, irresponsablemente, con ese no-sé-por-qué que él tanto le censura, lo ha alentado a llegar hasta ese punto: ella la que finge entusiasmo, la que le ha mandado fotos con la lencería y los zapatos, quien propuso la cita y quien, finalmente, fijó la fecha, aun sabiendo que todo era una farsa. Se siente bloqueada, furiosa consigo misma y, también, ligeramente asqueada.»

 

SARA MESA

   Cuentos-Microrrelatos-Rafael_Chirbes-Michel_Houellebecq-Literatura-Critica_literaria-Autobiografias-El_Estilo_98251173_561600_1706x1280Sara Mesa (Madrid, 1976) desde niña reside en Sevilla. Es una galardonada autora de poesía, relatos y novelas.Tras la aparición de El trepanador de cerebros, su primera novela, Mesa logró un gran éxito con Cuatro por cuatro, obra que llegó a ser finalista del Premio Herralde de Novela y que supuso su debut en la editorial Anagrama, donde desde entonces ha publicado títulos tan interesantes como Planeta equivocado, Cicatriz, Mala letra o Un incendio invisible. A día de hoy es considerada como una de las voces más interesantes de su generación.

“Cuando los dioses nacían en Extremadura” de Rafael García Serrano

«Quien me quiera seguir, me siga; quien no, me deje. Las mujeres
 de Castilla han parido y paren soldados»

Cuando los dioses nacían en Extremadura, del escritor navarro Rafael García Serrano, es una novela histórica que trata el tema de la conquista de México a manos de un reducido grupo de españoles, capitaneados por el extremeño Hernán Cortés, y ayudados por algunos pueblos indígenas.

Hernán Cortés, como otros muchos jóvenes extremeños de su tiempo, se dejó arrastrar por la fiebre descubridora y conquistadora, y trató de buscar fama y fortuna en las nuevas tierras recién descubiertas.

«Daba y tomaba enojos y ruido en casa de sus padres, ca era bullicioso, altivo, travieso, amigo de armas.» Gomara

   «Hernán miraba sus viejos libros: latín, leyes, lecturas caballerescas. Su vida estaba allí entre las páginas sobadas […] Y claro, sobre todas, la incomparable historia de Amadís. Esto en las nubes, esto en lo que toca a su estancia en las nubes.

   Luego las historias paternas, las algarabías civiles, las luchas fronterizas y la trepa por una fabulosa genealogía de cristianos viejos: algo de imaginación en la rama paterna, pero con dureza ejemplar. Los Pizarro y Altamirano de la madre le contaban en las venas todas las historias de Extremadura. No obstante, en el fondo de su alma, Cortés sabía que él estaba destinado a ser un fundador. Lo dudó en un tiempo, y ahora, de nuevo en casa, se sentía seguro y firme.

   Además estaba la tierra; la tierra, la dura tierra extremeña, larga y ondulada, de olivos y castaños, encinares y viñedos, tierra serrana y fronteriza: esta geografía habitual exaltaba el ánimo para las grandes y desconocidas empresas. La aventura llamaba a los hombres, y era raro el joven español que no se decidiese a probar un manjar tan picante como el de las guerras italianas o como el de las desconocidas campañas en las desconocidas Indias. La tierra le posaba los pies en el suelo, le atraía hacia sí con un amor inmenso, humano, tremendamente real. Nada de pájaros en la cabeza: cálculo, horizonte, redaños. La frontera le traía el viento del hierro y del pan, del oro y del moro. Traía el recuerdo de las duras y las madura; traía el noble sudor del trabajo guerrero. (También entonces, quien tenía el hierro tenía el pan.) Esta tentación fronteriza que se notaba en toda España, que aún se nota particularmente en Extremadura, la posibilidad de ganar fama y dineros en un golpe de audacia jugado a la buena de Dios, llevaba a los jóvenes españoles a alistarse en los Tercios nacientes o en las flotas que marchaban a los nuevos e incógnitos dominios ultramarino.»

Para componer esta crónica novelada, García Serrano siguió, como el mismo señala en el prólogo de la obra, la Crónica de Bernal Díaz del Castillo y las Relaciones de Hernán Cortés. El resultado es una gran novela, calificada por el historiador Salvador de Madariaga como la mejor sobre la conquista de México.

«El argumento se lo inventó Cortés y el libro lo escribió Bernal. De modo y manera que hay bien poco margen para quienes nos aventuramos por el camino maravilloso de la Conquista de Méjico. Tentado por cuanto de humanidad y de puro prodigio –esto es, de puro español– hay en Cortés y en sus hombres, intenté una especie de modesta biografía de la Conquista, un reportaje sencillo y admirativo[…]

Quien quiera, que pase a la historia de aquel tiempo virgen y fabuloso en que los hombres buscaban la fuente encantada de la eterna juventud, de aquel tiempo en que las cataratas del Niágara, pura belleza, no producían equis millones de kilovatios al día. El tiempo español: cuando los dioses nacían en Extremadura.»

(Del prólogo del autor).

Como nota curiosa, señalar que el escritor cacereño Muñoz de San Pedro, gran conocedor y divulgador de la tierra extremeña, utilizó el título de esta novela de García Serrano para subtitular su obra más conocida: Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses. Sobre este cuestión, escribe en los preliminares de su libro:

«Un escritor de nuestro tiempo, Rafael García Serrano, tuvo la fortuna de encontrar un título definitivo para un libro suyo sobre una conquista americana: Cuando los dioses nacían en Extremadura. Nada más adecuado, como símbolo de la región extremeña, que ese título, pregonero de una gloria impar, de un monopolio en el nacimiento de aquellos auténticos dioses, superadores en realidades absolutas de las hazañas míticas de las olímpicas deidades helénicas.

Extremadura, con sus terrenos primitivos, que le dan ancestral prestigio geológico y telúrico; con sus contrastes geográficos, con su tradición agrícola y ganadera, con sus remotas civilizaciones, con su historia gloriosa y sus tesoros de arte, tuvo su momento crucial y decisivo, su apoteosis universal, en la conquista de América. Aquí nacieron los dioses, todos los grandes dioses conquistadores del inmenso continente, desde Vasco Núñez de Balboa a Pedro de Valdivia, desde Hernán Cortés a Francisco Pizarro, desde Sebastián de Belalcázar a Pedro de Alvarado, desde Francisco de Orellana, el titán del Amazonas, a Hernando de Soto, el soñador del Misisipí…»

SINOPSIS

«Hubo un tiempo en que los dioses nacían en Extremadura. Los mismos dioses que, miles de años antes, guiaron a los dioses de la Iliada y de la Eneida, a las falanges de Macedonia y a las legiones de los césares. Alumbraron de entre las entrañas del linaje de los hidalgos –que leían a los clásicos, se comportaron como caballeros y combatían como leones– una casta de capitanes que dominaron el mundo de Levante a Poniente, dejando escrita sobre todos los mapas la más hermosa geometría militar desde Ceriñola hasta Rocroi, y la más bella historia de amor, de guerra y de conquista.

Cuando los dioses nacían en Extremadura, España rompió la barrera del sonido de la realidad. Fue entonces, cuando no éramos deshechos a la deriva de la Historia, sino que moldeábamos su cauce con orgullo, cuando España llegó más allá del Atlántico, el camino que condujo a Dario el Grande hasta Maratón, a Leónidas hasta el paso de las Termópilas, a Jerjes hasta Salamina, a Filipo hasta el Helesponto, a Alejandro Magno hasta Babiloniay a Escipiano hasta Itálica. Iberia, Hispania, España, puro metal de la fundición grecorromana, escribió la historia más grande jamás contada desde Troya, donde comienza la memoria de Occidente, hasta nuestros días sin un Homero que las cantara.

De entre todos los dioses nacidos en Extremadura, Medellín alumbró a Hernán Cortés, el hidalgo que fue César en en Méjico por la fuerza de su voluntad, la luz de su inteligencia, el arrojo de su corazón y la bravura de sus armas […] Hernán Cortés, tras apurar hasta las heces el amargo cáliz de la Noche Triste, sin tiempo para lamerse la heridas, sin aliento para contar los muertos ni para enumerar a los que iban a morir, forma el cuadro, abre las alas de su caballería para guarnecer los famélicos flancos, desenvaina el acero y derrota en Otumba a un enemigo infinitamente superior en número que cae vencido ante un ejército de sombras harapientas que sólo llevan un puñal entre los dientes.

En Otumba está toda la grandeza del César Cortés, el paradigma de aquellos dioses que nacían en Extremadura. Esta es su historia, contada por la pluma y por la prosa de Rafael García Serrano, Homero navarro y alférez de la fiel infantería española, a mayor gloria del César, de Española y de Méjico.»

De la introducción de Eduardo García Serrano

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

   «Sabréis que somos una cosa así como dioses. Teules nos llaman los indios, y eso quiere decir: dioses. Nosotros nos damos aire, unos más que otros, pero a nadie amarga un dulce lo divino. Cortés, ¿qué no hará este hombre?, lo ha sabido aprovechar: Sabéis señores, que me parece que en todas estas tierras ya tenemos fama de esforzados, y por lo que han visto estas gentes por los recaudadores de Moctezuma nos tienen por dioses o por cosas como sus ídolos.» […]

   «Iba Cortés al frente de los suyos y les rodeaban, ya en en pleno campo, las vanguardias sutiles del adversario y les hostigaban con tenacidad de moscas de ganado, les picaban en los flancos y el ejército no tenía fuerza ni para menear la cola y sacudirse aquella pegajosa molestia. No pasaba el tiempo. A veces era de día, a veces, de noche; a veces se estaba en descanso, casi siempre en marcha, pero nunca se podía saber qué día era, cuántas jornadas habían pasado desde San Juan; nunca se podía saber si aquellas lágrimas de Cortés eran por la muerte de sus camaradas o por la alegría de ver que doña Marina estaba a su lado o por la alegría de ver que los tlaxcaltecas del ejército le veneraban aún como si fuese Quetzalcolatl victorioso. Pesaba la tierra en las espaldas, pesaba la angustia de no verse nunca lejos de aquellos tábanos indígenas, les caía a plomo la sensación de acabamiento, la certidumbre de que sus nervios se estaban agotando y de que cuando fuesen muertos en pie, muertos que marchaban disciplinadamente, justamente entonces los mejicanos se echarían sobre ellos y acabarían de una vez para siempre con Hernán y sus aventuras, con Hernán y los suyos, son los tlaxcaltecas y con los caballos, con las mujeres, con las cruces, con todo. Pero Cortés se mantenía firme, tieso como un poste, herido en la cabeza y en la mano. Herido en el corazón, sobre todo en el corazón del bachiller por Salamanca, en el corazón del joven Amadís, del caballero invencible, herido en el corazón de Quetzalcoatl Cortés, natural de Medellín[…]  Cortés miró hacia el enemigo. Doña Marina temblaba. Pensaba Hernán en la gloria, en el infinito descanso de pelear en campo abierto, sin la noche traidora, sin el oro en la mochila. Pensaba en la gloria de morir matando a un enemigo valiente, a un enemigo capaz de derrotar a sus españoles. Pensó en morir victorioso y pensó en que era mejor vencer y vivir, vivir victorioso. Pensó en que la fe hace milagros, en que Dios era español, en que había que ganar la pelea y volver a Méjico y pensó en que tenía a Méjico en la mano; y la cerró con una furia amorosa, con un júbilo frenético; cerró la mano en que pensaba que estaba Méjico, con si fuera a coger la mano de doña Marina.».

RAFAEL GARCÍA SERRANO

rafael-garcia-serrano-103Rafael García Serrano (Pamplona, 1917–Madrid 1988). Novelista. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid y fue director de diferentes publicaciones, entre ellas Arriba, y colaborador del periódico El Alcázar, diario en el que publicó miles de artículos marcados por su vehemente falangismo. Como periodista, su labor fue reconocida por el régimen franquista con el Premio Nacional de Periodismo Francisco Franco en 1950, y su participación en la Guerra Civil con la Cruz del Mérito Militar en 1964. El tema central de toda su literatura, de prosa dura y ágil, es dicha guerra, como se ve en las tres novelas agrupadas bajo el título general de La guerra (1964): Eugenio o proclamación de la primavera (1938), Plaza del Castillo (1951) y La fiel infantería (1943), Premio Nacional de Literatura, a la que se suman otras como Cuando los dioses nacían en Extremadura (1949), centrada en la conquista de México por los españoles, Los ojos perdidos (1958), llevada al cine y por cuyo guión García Serrano recibió un premio especial del Sindicato Nacional de Espectáculos, La paz dura quince días (1960), La ventana daba al río (1963), El obispo de Gambo (1977), esta última dentro de lo que se conoce como ‘política-ficción’, La paz ha terminado (1980), Frente norte (1982) y V centenario (1986). El resto de su obra se compone de volúmenes de relatos, Los toros de Iberia. 6 historias de toros, 6 (1945), El domingo por la tarde (1962) o El pino volador y otras historias militares (1964); libros de viajes como Notas de un viaje de Roma a Buenos Aires (1949) y Bailando hasta la Cruz del Sur (1953); una curiosa antología de canciones y frases de los soldados de la zona nacional durante la guerra: Diccionario para un macuto (1964), y las memorias La gran esperanza (1983). Asimismo, fue autor de guiones cinamatográficos, además del ya mencionado, entre ellos el de Los novios de la muerte (1975).

“Reloj sin manecillas”, de Carson McCullers

«Sin duda la vida se compone de innumerables milagros cotidianos,
 la mayor parte  de los cuales pasan inadvertidos.»

Reloj sin manecillas (Clock without hands) es la última novela que publicó, en 1961, Carson McCullers, considerada una de las escritoras estadounidenses más importantes del pasado siglo. La obra fue recibida con opiniones encontradas por parte de la crítica, pero salieron en su defensa autores tan prestigiosos como Grahan Greene o Gore Vidal.

La novela refleja muy bien las injusticias y los problemas raciales a los que tenía que enfrentarse la sociedad sudista americana de los años cincuenta del pasado siglo. En ella McCullers nos acerca a la vida de cuatro personajes, muy dispares entre sí, que tratan de encontrarse a sí mismos.

«Resultaba extraño que Malone, a quien gustaba la poesía pegadiza, pensara en aquellas frases aprendidas de memoria: “El mayor peligro, el de perderse a sí mismo, puede pasar calladamente, como si nada; las demás pérdidas, las de un brazo, la de una pierna, la de cinco dólares, la de una esposa, etcétera, no pueden pasar inadvertidas”. La incongruencia de aquellas ideas, funestas y vulgares como su propia vida, sonaba como el metálico repiqueteo del reloj de la ciudad, sin cadencia ni sabor.»

El escritor extremeño Jesús Carrasco, autor del prólogo de está edición del libro, escribe de la novela:

«En junio de 1961, pocos meses antes de la publicación en Estados Unidos, Carson fue invitada a escribir una nota de autor en The New York Times Book Review a propósito de Reloj sin manecillas. Allí decía: “Cuando mi primer libro, El corazón es un cazador solitario, fue publicado, algunos de mis amigos sureños sintieron que yo era algún tipo de renegada o desviada dados mis sentimientos hacia los negros. El interés principal de mi nuevo libro no es hablar de los prejuicios o la injusticia en el sur. Simplemente trata sobre personas que luchan, se rebelan y aman en sus diferentes formas en busca de sí mismos”.

Y esas personas, en este libro, son el anciano juez Clane, un supremacista blanco incapaz de entender que sus viejas ideas («–¿Cómo te sentaría ver a un tosco negro compartir su pupitre con una delicada niñita blanca?», comenta durante una conversación) fueron derrotadas con la rendición del general Lee cien años antes, Jester Clane, su nieto, un joven inflamado por lo que su abuelo llama ideas comunistas, que ha de rebelarse contra su estirpe, la de caballero del sur, dilucidar su propia sexualidad y arrojar luz sobre la turbia muerte de su padre. El enigmático Sherman Pew, negro de ojos azules, libérrrimo personaje, excesivo; catalizador en la novela de las tensiones raciales, sexuales y culturales de su tiempo. Y, por último, J. T. Malone, el farmacéutico desahuciado con aires tolstoianos en la primera línea del texto y que, al final de su vida, como la propia Carson diría, habrá de tomar conciencia de su gris existencia y del vacío en el que ha dejado marchar sus días. Es decir, habrá de asumir, como los demás, la responsabilidad ineludible que deriva del hecho de ser humanos y de estar vivos. La responsabilidad, por ejemplo, para afrontar la soledad, para tomar decisiones morales y para, finalmente, modelar una identidad verdaderamente propia. Ésta es la idea que alumbra y la que subyace en cada uno de los personajes protagonistas de Reloj sin manecillas. Todos ellos solos e impelidos a tomar el timón de sus existencias. Todos ellos obligados a asumir de manera radical la responsabilidad de estar vivos. Justo lo que hizo Carson McCullers cuando decidió dejar el piano, cuando se separó de su marido, cuando renunció a suicidarse con él o cuando dio su cara blanca por el pueblo negro.»

La novela está muy bien escrita, resulta muy interesante, y es fácil de leer. Muy recomendable

LEER PRIMER CAPÍTULO DE LA NOVELA

SINOPSIS

La última novela que escribió Carson McCullers relata los destinos cruzados de cuatro memorables personajes, cuyas vidas son fiel reflejo de las injusticias sociales, la soledad espiritual y la naturaleza confusa del amor en el turbador Sur estadounidense de los años cincuenta.

Ésta es la historia del viejo juez Fox Clane, encarnación del patriarcal carácter sureño; su nieto adolescente Jester, hijo de un malogrado enemigo de la discriminación racial, y Sherman Pew, un chico negro de ojos azules que ejerce una fascinadora atracción sobre ambos. Junto a ellos se desarrolla el drama personal del farmacéutico J. T. Malone, quien, desahuciado por los médicos, descubre que el verdadero peligro del hombre no es morir sino perderse a sí mismo en vida. Malone, quien, desahuciado por los médicos, descubre que el verdadero peligro del hombre no es morir sino perderse a sí mismo en vida.

Carson McCullers es una de las grandes maestras de la literatura norteamericana, un clásico indiscutible que supo iluminar como nadie la fragilidad y el silencioso esplendor de la existencia. En Reloj sin manecillas, «con más profundidad que nunca, Carson McCullers examina el corazón humano, con una comprensión que va más allá del conocimiento, y una comprensión que va más allá del sentimiento», Tennessee Williams

CARSON MCCULLERS

000005189_1_mccullersNació en Columbus, Georgia, en 1917, y murió en Nueva York, en 1967, de un ataque al corazón, a la temprana edad de cincuenta años. Su producción narrativa comprende los siguientes títulos: El corazón es un cazador solitario, convertido inmediatamente en un clásico de la novela contemporánea, Reflejos en un ojo dorado, Frankie y la boda, La balada del café triste y Reloj sin manecillas. Póstumamente ha aparecido su autobiografía, Iluminación y fulgor nocturno. «El mudo» y otros textos, publicado en la colección Únicos, incluye el esbozo de «El mudo» —primer título que recibió El corazón es un cazador solitarioy ensayos sobre literatura. Está considerada, junto a William Faulkner, como una de las mejores representantes de la narrativa del Sur de Estados Unidos.

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

    «Sentado, con el almirez en la mano, todavía le quedaba la suficiente serenidad para sorprenderse ante aquellas emociones contradictorias que habían hecho cambiar tan violentamente su corazón, en otro tiempo tan tierno. Se encontraba entre el amor y el odio, pero qué era lo que amaba y qué lo que odiaba permanecía poco claro. Por primera vez, sabía que la muerte estaba próxima. Pero el terror que le ahogaba no estaba causado por el conocimiento de su propia muerte. Se debía a algún misterioso drama que estaba desarrollándose, aunque Malone no sabía de qué se trataba. Su terror se debía a la incertidumbre de lo que ocurriría en aquellos próximos meses –¿cuánto tiempo?– que devorarían sus días contados. Era un hombre que escudriñaba un reloj sin manecillas.» 
[…]
    «Además –continuó el Juez, tú y yo poseemos nuestras propiedades y nuestra posición, y se nos respeta. Pero, ¿qué posee Sammy Lank, aparte de montones de hijos? Sammy Lank y otros blancos pobres como él, no tienen más que el color de su piel. La clave de todo el asunto es que no tienen medios, propiedades, ni a nadie por debajo de ellos. Es triste admitirlo, pero la naturaleza humana, todos los hombres, tienen que tener a alguien por debajo de ellos, alguien a quien poder desdeñar. Y Sammy y los que son como él, solamente pueden sentirse superiores a los negros. ¿Comprendes, J. T.? Es una cuestión de orgullo, el orgullo de nuestra sangre, el orgullo de nuestro linaje blanco. Pero, ¿qué posee Sammy Lank, excepto montones de trillizos de rostros blancos, gemelos, y una mujer, gastada por tantos embarazos, que se sienta en el porche a oler rapé?» 

 

 

“¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?: Blade Runner”, de Philip K. Dick

«Al recordarlo, se preguntó si Mozart habría tenido la intuición de que el futuro no existía, de que ya
 había  utilizado todo su breve tiempo.»

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Androids Dream of Electric Sheep?) es una novela de ciencia ficción distópica publicada en 1968 por el escritor estadounidense Philip K. Dick.

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El concepto de distopía proviene de la cultura anglosajona. Se basa en el término utopía acuñada por Tomás Moro como ou-topía (“no-lugar”), es decir, “lugar que no existe”, normalmente descrito en términos de una sociedad perfecta o ideal. De ahí, entonces, se deriva distopía como una “utopía negativa”, donde la realidad transcurre en términos antitéticos a los de una sociedad ideal. Comúnmente, la diferencia entre utopía y distopía depende del punto de vista del autor de la obra o, en algunos casos, de la percepción del propio lector, que juzgue el contexto descrito como deseable o indeseable.

La novela, que fue adaptada libremente por Ridley Scott en su película Blade Runner de 1982, está considerada como una de las mejores novelas de Philip K. Dick y es la más leída de todas ellas. La novela nos introduce en una alucinante pesadilla tecnológica, cuyo tema principal es el impreciso límite entre lo natural y lo artificial. La Tierra está prácticamente desierta desde que los seres humanos han emigrado a la nueva colonia en Marte después de la Guerra Mundial Definitiva. La mayoría de los animales se han extinguido por efecto del polvo radiactivo. Los pocos humanos que aún quedan en nuestro planeta buscan poseer carísimos animales; a través de ellos sienten la empatía que los diferencia de los androides. Debido a la escasez de animales, éstos son enormemente caros y muy difíciles de adquirir, por lo que abundan las falsificaciones.

En este mundo devastado, lleno de restos tecnológicos y bloques de apartamento vacíos, Rick Deckard es un cazador mercenario cuya tarea consiste en retirar de la circulación a los androides rebeldes, profesión que es causa también de no pocos problemas con su esposa. Sin embargo, los nuevos Nexus-6 son androides con características especiales, casi humanos, lo que dificulta notablemente su labor y puede llevarle a enfrentarse a problemas que es incapaz de imaginar siquiera. Deckard sueña con poseer un animal, pero no puede permitírselo económicamente y finge cuidar de una oveja auténtica cuando en realidad es solo un ejemplar eléctrico.

Tráiler de la película dirigida por Ridley Scott

A principios del siglo XXI, la poderosa Tyrell Corporation creó, gracias a los avances de la ingeniería genética, un robot llamado Nexus 6, un ser virtualmente idéntico al hombre pero superior a él en fuerza y agilidad, al que se dio el nombre de Replicante. Estos robots trabajaban como esclavos en las colonias exteriores de la Tierra. Después de la sangrienta rebelión de un equipo de Nexus-6, los Replicantes fueron desterrados de la Tierra. Brigadas especiales de policía, los Blade Runners, tenían órdenes de matar a todos los que no hubieran acatado la condena. Pero a esto no se le llamaba ejecución, se le llamaba “retiro”. Tras un grave incidente, el ex Blade Runner Rick Deckard es llamado de nuevo al servicio para encontrar y “retirar” a unos replicantes rebeldes. (FilmAffinity)

SINOPSIS

Tras la guerra nuclear que ha acabado con casi toda la vida animal del planeta, la Tierra ha quedado desolada y sometida bajo una gran nube de polvo radiactivo. La gente ha emigrado a otros planetas del sistema, especialmente a la colonia de Marte, y se ha llevado consigo a androides que los asisten. Algunos de éstos han escapado de la servidumbre y han vuelto ilegalmente a la Tierra. Y Rick Deckard, cazarrecompensas, es uno de los encargados de acabar con ellos.

Los androides Nexus-6, los más avanzados, son casi humanos. La única manera de detectar su identidad artificial es un test que pone al descubierto su carencia de empatía. Pero ¿es justo acabar con los humanoides sólo por el hecho de serlo? ¿Cuál es el límite entre la vida artificial y la natural?

Esta novela, que inspiró la película de culto de Ridley Scott, protagonizada por Harrison Ford, continúa siendo un referente y una vigente crítica a la sociedad actual, donde el hombre está cada vez más mecanizado y las máquinas, cada vez más humanizadas.

«Si alguien fuera a escribir una historia del futuro tal como lo ha soñado Hollywood durante años, el capítulo del día de mañana pertenecería, en gran parte, a Philip K. Dick.» The Washington Post

PHILIP K. DICK

000019260_1_dick_philip_k_200_201509290112Autor estadounidense, Philip K. Dick estudió algunos años en la Universidad de Berkeley, aunque tras cursar varias asignaturas no llegó a licenciarse. Allí fue donde Dick se aficionó a la música y la radio, descubriendo el ambiente contracultural americano, en aquellos años dominado por el movimiento beat, escribiendo sus primeros relatos.

De hecho, Dick es muy conocido por su maestría dentro del campo del relato de ciencia ficción, donde plasmó gran parte de sus inquietudes y obsesiones. Además, fue autor de varias novelas de gran importancia dentro del género en los años 70, como Sueñan los androides con ovejas eléctricas -que fue llevada al cine con el título de Blade Runner-, Una mirada a la oscuridad, Paycheck, Ubik o Fluyan mis lágrimas dijo el policía.

Pese al premio Hugo de 1963, Dick fue considerado en vida como un autor de culto y poco conocido para el gran público. Sus obras no le permitieron una independencia económica solvente pese a los más de 120 relatos que llegó a publicar. Contó con el apoyo y reconocimiento de la mayoría de autores de género de ciencia ficción de su época. Hoy en día es considerado como uno de los escritores del siglo XX más adaptados al cine y la televisión, con recientes estrenos como El hombre en el castillo, serie producida por Amazon en 2015.

La última parte de su obra escrita estuvo muy influida por una serie de visiones que, unidos a ciertos problemas psicológicos, le hicieron creer que estaba en contacto con una entidad divina a la que llamó SIVAINVI -VALIS-. En sus últimos años, Dick mostró síntomas de una paranoia aguda, obsesión que se ve también reflejada en obras como Una mirada a la oscuridad.

Philip K. Dick murió el 2 de marzo de 1982 en Santa Ana.

FRAGMENTOS DE LA NOVELA

    Después de un desayuno apresurado, pues había perdido mucho tiempo discutiendo con su esposa, Rick se vistió para salir al exterior Después de un desayuno apresurado, pues había perdido mucho tiempo discutiendo con su esposa, Rick se vistió para salir al exterior, incluido el modelo Ajax de la bragueta de plomo Mountibank, y subió a la azotea cubierta de hierba donde «pastaba» la oveja eléctrica. Donde ella, sofisticada pieza de ingeniería que era, mordisqueaba algo, con simulada satisfacción, engañando al resto de los inquilinos del edificio.
   Estaba seguro de que algunos de los animales de sus vecinos también eran falsificaciones hechas de circuitos eléctricos, pero nunca había indagado en ello, igual que sus vecinos tampoco habían metido la nariz en lo de su oveja. Nada habría sido menos cortés. Preguntar «¿esa oveja es auténtica?» hubiese sido peor muestra de mala educación que inquirir si la dentadura, o el pelo o los órganos internos de alguien eran auténticos.
    —Un robot humanoide es como cualquier otra máquina. En un abrir y cerrar de ojos puede fluctuar entre suponer un beneficio y convertirse en un peligro. En el primer caso no es nuestro problema.
    —Pero en el segundo… Ahí es donde entran ustedes —dijo Rachael Rosen—. ¿Es cierto, señor Deckard, que es usted un cazarrecompensas?
    Rick se encogió de hombros, pero asintió a regañadientes.
   —No tiene dificultades a la hora de considerar a un androide como algo inerte —dijo la joven—. Así puede «retirarlo», como lo llaman por ahí.

 

[…]
    —¿Irás ahora a la cama? ¿Si marco en el climatizador el estado 670?
   —¿De qué va?
   —Un merecido descanso.
   Se puso en pie, dolorido, confundido y con media cara insensible, como si una legión de batallas se hubiesen librado en ella a lo largo de los años. Entonces, poco a poco, avanzó por el camino que lo llevaba a su dormitorio.
   —De acuerdo —dijo—. Un merecido descanso. —Se tumbó en la cama, levantando una nube de polvo sobre la sábana blanca.
   No sería necesario poner en marcha el climatizador del ánimo, comprendió Iran cuando apretó el botón que oscurecía las ventanas del dormitorio. La luz grisácea del día desapareció.
     Tumbado en la cama, Rick se quedó dormido en un abrir y cerrar de ojos.
    Ella siguió allí un rato, sin apartar la vista de él para asegurarse de que no se despertaría, de que no se incorporaría como activado por un resorte, temeroso, como hacía algunas noches. Entonces regresó a la cocina y tomó asiento a la mesa.

 

FUENTES

  • Wikipedia
  • Blade Runner
  • Lecturalia

“Reparar a los vivos”, de Maylis de Kerangal

«Una hora después, la muerte se presenta, la muerte se anuncia, mancha movediza de 
contorno irregular que vela una forma más clara y más amplia, ahí está, es ella.»

El joven Simon Limbres ingresa en el hospital de Le Havre tras sufrir un grave accidente de tráfico cuando volvía con sus amigos de practicar surf. Poco tiempo después el joven muere, pero su corazón sigue palpitando y podría seguir viviendo en el cuerpo de otra persona.

Este es el punto de arranque de Reparar a los vivos (Réparer les vivants), la novela de Maylis de Kerangal. Con ella, la escritora francesa ha obtenido un gran éxito de crítica y de lectores, siendo la gran revelación francesa en el primer semestre de 2014. Obtuvo siete prestigiosos premios: Premio France Culture-Télérama, Gran Premio RTL-Lire, Baileys Women’s Prize for Fiction (anteriormente Orange), Premio literario Charles Brisset, Premio Relay des Voyageurs, Premio Paris Diderot-Esprits libres, Premio de los Lectores L’Express-BFMTV.

La novela se apoya en un gran trabajo previo de investigación y documentación y tiene mucho de realidad. Como la propia autora ha declarado, conoció a un enfermero coordinador de trasplantes, el equivalente al Thomas Rémige de la novela, encargado de recoger el consentimiento de las familias, en pleno duelo. «Quedé conmocionada. Hay una forma de heroísmo discreto en los donantes de órganos que me parece mucho más interesante que algunas figuras espectaculares de las que se nos habla sin cesar», ha afirmado la escritora francesa.

«Sean y Marianne se han acomodado el uno al lado del otro en el canapé, intrigados aunque conmocionados, y Thomas Rémige se ha sentado en una de las sillas bermellón, con la historia de Simon Limbres entre las manos. Sin embargo, por más que esos tres seres compartan el mismo espacio, participen del mismo tiempo, nada tan alejado en este planeta como esas dos personas sumidas en el dolor y ese joven que se ha colocado entre ellos con el objetivo –sí, con el objetivo– de obtener su consentimiento para la extracción de los órganos de su hijo. Allí están un hombre y una mujer atrapados en una onda de choque, a un tiempo proyectados fuera del suelo y arrollados en un temporalidad dislocada –una continuidad quebrada por la muerte de Simon pero una continuidad que, cual pato sin cabeza corriendo por el corral de una granja, continuaba, una locura–, una temporalidad cuyo dolor tejía la materia, un hombre y una mujer que concentraban sobre sus cabezas la tragedia plena del mundo, y ahí está ese joven con la bata blanca, involucrado y cauto, preparado para sostener esa entrevista sin quemar etapas, pero que ha abierto una cuenta atrás en un rincón de su cerebro, consciente de que un cuerpo en estado de muerte encefálica se degrada, y de que hay que actuar con rapidez: atrapado en esa torsión.»

El resultado es una gran novela. Una novela que está muy bien escrita. Que trata una historia dura, pero apasionante. Muy recomendable.

La historia ha sido llevada al cine con el mismo título por Katell Quillévéré, con Emmanuelle Seigner, Tahar Rahim, Anne Dorval, Alice Taglioni, Monia Chokri y Bouli Lanners en el reparto.

Tráiler de la película

Todo comienza de madrugada en un mar tempestuoso con tres jóvenes surfistas. Unas horas más tarde, en el camino de vuelta sufren un accidente. En el hospital Havre, la vida de Simón pende de un hilo. Mientras tanto, en París, una mujer espera un trasplante providencial que le pueda prolongar su vida. Thomas Remige, un especialista en trasplantes, debe convencer a unos padres en estado de shock de que ese corazón podría seguir viviendo en otro cuerpo. Y salvar, tal vez, una vida. (FilmAffinity)

SINOPSIS

Le Havre. Simon Limbres regresa con sus amigos de una adrenalínica sesión de surf. La camioneta en la que viaja choca contra un árbol. Poco después de ser ingresado en el hospital, el joven muere, pero su corazón sigue latiendo. Thomas Remige, un especialista en trasplantes, debe convencer a unos padres en estado de shock de que ese corazón podría seguir viviendo en otro cuerpo. Y salvar, tal vez, una vida.

Éste es el contundente arranque de la novela, que mantiene al lector en vilo hasta las últimas líneas. En El intruso, un espléndido ensayo autobiográfico, Jean-Luc Nancy narraba en primera persona la experiencia de vivir con un corazón ajeno. Kerangal aborda aquí el tema en una no menos espléndida ficción literaria. En Reparar a los vivos, Maylis de Kerangal sutura con enorme maestría las palabras y las frases del cuerpo ficcional, en un relato de precisión quirúrgica sobre un trasplante cardíaco, cuya prosa sin duda acelerará nuestras pulsaciones.

«Considerar que Reparar a los vivos es sólo un texto impecable sobre un milagro de la cirugía sería un gran desprecio, ya que este libro es una verdadera novela, una gran novela, una novela extraordinaria, que sitúa a Maylis de Kerangal entre los grandes escritores de principios del siglo XXI» (Bernard Pivot, Le Journal du Dimanche).

«La escritora no separa nunca la técnica de la poesía, la cotidianeidad de la metafísica, la intimidad herida de la acción colectiva. Maylis de Kerangal pertenece a esa familia de escritores de alta escritura, aquellos que nos vuelven más humanamente humanos» (Lydia Flem,Le Monde).

«Cavando más hondo el surco que ya había labrado en Corniche Kennedy y Nacimiento de un puente, Maylis de Kerangal abre su arte a una amplitud nueva, y nos entrega con Reparar a los vivos una novela donde la fuerza proviene de la delicadeza. Algo reservado sólo a los grandes» (Alain Nicolas, l’Humanité).

«Maylis de Kerangal se integró en el colectivo de escritores Inculte en 2006. Lo que nos une, confirma la escritora francesa, es una serie de cuestiones comunes sobre lo que se escribe hoy, lo que escribimos, lo que leemos –lo contemporáneo, las fuentes y las influencias, la inscripción de la oralidad, lo extranjero en la propia lengua, la auscultación de los materiales de escritura» (Elisabeth Philippe, Le Magazine Littéraire).

«Una escritura precisa, ardiente» (Marine Landrot,Télérama).

MAYLIS DE KERANGAL

Maylis de Kerangal (Toulon, 1967) ha trabajado en el mundo editorial y es autora, entre otras, de las novelasJ e marche sous un ciel de traîne, La Vie voyageuse, Corniche Kennedy y Tangente vers l’est, y del libro de relatos Ni fleurs ni couronnes. En Anagrama ha publicado la novela Nacimiento de un puente, traducida a ocho idiomas y galardonada con los premios Médicis, Franz Hessel y Gregor von Rezzor.

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

    «Pierre Révol nació en 1959. Guerra Fría, triunfo de la revolución cubana, primer voto de las suizas en el cantón de Vaud, rodaje de Al final de la escapada de Godard, aparición de El almuerzo desnudo de Burroughs y de la obra mítica de Miles Davis Kind of Blue, el más grande disco de jazz de todos los tiempos, según Révol, quien gusta de decir gansadas, alabando el año en que nació. ¿Algo más? Sí –adopta un tono de desapego para mitigar el efecto de sus palabras, se lo imagina uno evitando mirar a su interlocutor, haciendo algo distinto, hurgándose el bolsillo, marcando un número de teléfono–, fue el año en que se redefinió la muerte. Y en ese instante no le disguta la amalgama de estupor y de terror que observa en los rostros de quienes lo rodean. Acto seguido añade, alzando la cabeza y esbozando una vaga sonrisa: lo cual, para un anestesista-reanimador, dista de ser baladí.»

[…]

    «De nuevo el dédalo, los pasillos que se suceden, de nuevo las siluetas trajinando, la ecografía, la espera, los goteros revisados, los tratamientos administrativos, las tensiones tomadas, los cuidados prodigados –aseos, escaras–, las habitaciones ventidadas, las sábanas cambiadas, los suelos fregados, y de nuevo Révol y sus zancadas desgarbadas, de nuevo los faldones de su bata blanca planeando en su espalda, el minúsculo despacho, y las sillas gélidas, de nuevo el sillón giratorio y el sulfuro removido en el hueco de la mano en el instante preciso en que Thomas Rémige llama a la puerta y sin esperar entra en la habitación, se presenta a los padres de Simon Limbres, expone su profesión –soy enfermero, trabajo en el servicio–, y se coloca junto a Révol, empujando un taburete hasta el escritorio. Ahora están los cuatro sentados en ese cubículo, y Révol advierte que debe apresurarse porque el ambiente se ha hecho asfixiante. Así que mira uno tras otro a ese hombre y a esa mujer, los padres de Simon Limbres –de nuevo, la mirada como empeño de palabra–, mientras afirma: el cerebro de Simon no manifiesta ninguna actividad, el electroencefalograma de treinta minutos que acaba de realizarse presenta un trazado plano, Simon está en una situación de como irreversible.»

 

“El silencio de las sirenas”, de Adelaida García Morales

No hace mucho que leí Los últimos días de Adelaida García Morales, un novela publicada a finales de septiembre del pasado año 2016, en la que la escritora Elvira Navarro reconstruye, valiéndose de la ficción, la última etapa de la vida de la escritora pacense Adelaida García Morales, fallecida en septiembre de 2014, y conocida, sobre todo, por ser la autora de El sur, la novela que inspiró la famosa película del mismo nombre de Víctor Erice.

Después de acabar el libro, me quedé con ganas de leer alguna de las obras escritas por García Morales, y comencé por El sur seguido de Bene. El libro me resultó muy interesante, por eso decidí continuar con la lectura de otra de sus primeras novelas: El silencio de las sirenas.

Adelaida García Morales comenzó a escribir El silencio de las sirenas, título que procede de un cuento de Kafka, en 1979. Interrumpió su escritura en 1980 a causa de un problema familiar y no la reinició hasta 1985. Ese mismo año se publicó la novela, con una buena acogida por parte de críticos y autores reconocidos y obteniendo los premios de novela Herralde e Ícaro.

Como ocurriera en sus obras anteriores, Adelaida vuelve a escribir sobre temas muy de su gusto, como son la soledad, la pena, la muerte o el amor; destacando en ésta, el ideal de amor platónico que le inspiró el filósofo Eugenio Trías. María, una joven maestra que llega a una localidad de La Alpujarra, nos cuenta la extraña e intensa historia de amor que vive Elsa, una joven forastera que conoce en la aldea.

El libro está escrito en Capileira, un pueblecito situado en la comarca granadina de La Alpujarra, donde la autora se había trasladado a vivir con su entonces pareja, Víctor Erice. En las páginas de su novela, Adelaida refleja, de forma magistral, la dureza y la belleza de estas tierras, y el carácter huraño y hasta hostil de sus gentes. 

«Pero después, con el paso del tiempo, vi que estos pueblos que desde lejos, cuando te vas acercando a ellos, parecen dormir en las faldas de las montañas o encaramados en sus cimas, después, cuando de alguna manera te han hecho suyo, aunque sólo sea con esa dudosa aceptación que aquí tiene el forastero, levantan a tu alrededor un auténtico griterío. Poco a poco vas comprendiendo que esa aparente quietud puede ser cualquier cosa menos paz. Pasiones violentas mueven los hilos de esas vidas que en un principio parecían tan serenas. Detrás de sus miradas reservadas, hoscas, late siempre una desconfianza hostil, el recuerdo de un odio antiguo aún no olvidado, el amor imposible que destrozó la vida… Y poco a poco vas descubriendo en los ojos huidizos de estos aldeanos una indiferencia cruel, una curiosidad despectiva y, también, el dolor de muchas separaciones, el dolor de un pueblo que agoniza. Y empiezas a ver la enfermedad por todas partes, enfermedad que aquí no se cura porque no hay dinero para prolongar las vidas inútiles.»

Como ocurriera con El sur, Erice, también quiso adaptar esta novela a la gran pantalla, pero el proyecto no se llevó a cabo.

El silencio de las sirenas es una gran novela, escrita con gran sensibilidad y que se lee de un tirón. Muy recomendable.

SINOPSIS

En el ambiente misterioso de una perdida aldea de Las Alpujarras, donde parece flotar todavía la magia de los antiguos dominadores musulmanes, una joven forastera vive una extraña, desmesurada y desesperada historia de amor con un hombre al que apenas conoce y que reside en la lejana Barcelona. Éste es, en síntesis, el hilo narrativo de El silencio de las sirenas, la obra ganadora del III Premio Herralde de Novela.

Aunque el personaje central y su pasión sean sublimemente románticos, Adelaida García Morales cuenta esta historia por medio de la voz interpuesta de María, la maestra del pueblo, lo cual le permite establecer una medidísima relación de distancia y, a la vez, complicidad con los hechos contados y demuestra que es cierto lo que ya se intuía tras la lectura de El Sur seguido de Bene: que nos encontramos ante una narradora, de una sensibilidad exacerbada, dotada de un talento muy personal. Con esta historia apasionada, Adelaida García Morales no sólo confirma la calidad de su obra, sino que da un paso adelante que la sitúa entre las más interesantes revelaciones de la narrativa española de los años ochenta.

«Si El Sur, aquel maravilloso e inquietante relato, anunciaba una nueva presencia en nuestra literatura más reciente, El silencio de las sirenas no hace sino confirmar la solidez de un estilo, la naturalidad narrativa de esta autora» (Amalia Iglesias, El Correo Español-El Pueblo Vasco).

ADELAIDA GARCÍA MORALES

Adelaida García Morales, nació en Badajoz en 1945, pero se crió en Sevilla, de donde eran sus padres. Se licencia en Filosofía y Letras en 1970 en Madrid y allí también estudia escritura de guiones en la Escuela Oficial de Cinematografía.

Trabajó como profesora de secundaria de lengua española y filosofía, fue modelo, actriz, formando parte del grupo de teatro Esperpento, y traductora en Argelia. Vivió durante cinco años en La Alpujarra, Granada.

Comienza a escribir El silencio de las sirenas en 1979. El Sur, su obra más famosa, la comienza en 1981, año en que gana el Premio Sésamo con Archipiélago, y el director Víctor Erice la convierte en una película en 1983. Su siguiente novela Bene, obra complementaria de El sur, se publica junto a esta en 1985. Y en ese mismo año publica El silencio de las sirenas, que obtiene los premios de novela Herralde e Ícaro. Posteriormente publicó La lógica del vampiro (1990), Las mujeres de Héctor (1994), Mi tía Águeda (1995), cuya protagonista es una mujer que rememora una infancia marcada por la muerte de su madre y los años pasados bajo la tutela de su intolerante y desabrida tía, y Nasmiya (1996). También en 1996 publicó Mujeres solas, su único volumen de poesía, al que siguieron los cuentos El accidente (1997) y La carta (1998), que formaba parte de la obra colectiva Vidas de mujer, las novelas La señorita Medina (1997) y El secreto de Elisa (1998), El legado de Amparo, cuento incluido en Mujeres al alba (1999), las novelas, publicadas en 2001, Una historia perversa y El testamento de Regina, y el cuento La mirada, incluido en Don Juan (2008)

Las creaciones de la autora se ajustan a los modelos de la literatura femenina, en el sentido de que los hombres ocupan un lugar secundario en el mundo íntimo de los personajes principales, casi siempre mujeres, que indagan en sus recuerdos con objeto de recuperar una identidad genuina, plena e independiente. En ocasiones, como ocurre en Nasmiya, se trata de un combate denodado por el reconocimiento de sus derechos: la protagonista, casada con un musulmán y convertida al islamismo, se enfrenta a su marido y al universo cultural que representa cuando aparece en el hogar una segunda esposa.

Falleció en 2014 de una insuficiencia cardíaca en Dos Hermanas, Sevilla, donde residía junto a uno de sus hijos.

«Adelaida no fue una persona común; tampoco una fantasmagoría. Logró cierta fama literaria, aunque efímera. Escribió siempre desde un dolor verdadero. Su herida primordial era muy profunda, venía de lejos. Nunca logró integrarse en la sociedad de su tiempo, y eso la honra. Vivía en precario en todos los planos de la existencia. Lo sé porque convivimos durante mucho tiempo; también porque, tras nuestro divorcio, me mantuve siempre próximo a ella.»

Victor Erice

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

  «… La muerte me amenaza desde todas partes. ¡Qué escándalo envejecer y morir! El sonido del viento siempre me lleva muy lejos y me ayuda a descansar, como cuando era niña. Ni siquiera el Dios único tiene poder para acercarte a mí. O quizás sólo se lo impida la indiferencia. El mundo parece ser el mismo en todas partes, pero no es así. Pues aquí, en esta aldea, marginada de la historia y lejos de los que rigen los destinos humanos, me parece haber caído en un mundo otro, enigmático y cruel. Aquí pasan los días las hojas de un libro. Tengo la impresión de estar tocando ya el final con una mano. Soy demasiado débil y mi desesperanza, en cambio, es demasiado grande para esta soledad de las montañas. Me siento subida a una extraña plataforma aérea, lanzada ya hacia la muerte. Y tú, Agustín, me destruyes. Mira cómo me haces enfermar: débil por ti, enloquecida por ti, que sólo me das tu silencio. Pero ya he aprendido a escuchar tu voz sin que me hables, y eso es lo peor. Pues ahora sé que tu silencio no es silencio, ni tu indiferencia, indiferencia. O quizá sólo sea mi esperanza disparatada que me hace inventar un fantasma, tú, con los sentimientos que deseo.»  
[…]
    «Elsa, atrapada en lo que en un principio quizá fuera sólo un juego, había perdido el control. Ahora se hallaba inmersa en un marasmo que la sobrepasaba, enredada en una red que ella misma había tejido pero que ya ni siquiera lograba comprender. Por primera vez me preocupé seriamente y advertí la gravedad de la situación. Ensayaba a solas diferentes discursos para hacerle reflexionar, pero durante los momentos en que me hallaba junto a ella no era capaz de decir ni de pensar nada. La intensidad de su dolor, de su desesperanza, de su amor, todo a un tiempo, me abrumaba. La suya era una historia fracasada ya desde el principio. En ningún momento observé en ella el menor interés en que aquello, fuera lo que fuese, alcanzara alguna manera de éxito. Parecía que su único deseo era el de contemplar, el de ser espectadora de una historia de amor supuestamente suya. Algo así como tirarse al agua sin mojarse.»