“El mozárabe”, de Jesús Sánchez Adalid

«Odia el mal, pero compadece a quien lo hace. El odio es el primer paso para que
 no acaben  los problemas del hombre.»

   El mozárabe, publicada en el año 2001, es la segunda novela histórica del autor extremeño Jesús Sánchez Adalid.

   La trama de la historia nos traslada a la Córdoba de los años finales del primer milenio, un periodo de gran prosperidad para la capital de Alándalus, cuya fama llegó a extenderse por todo el mundo conocido. En la ciudad de los califas conviven pacíficamente las diversas comunidades religiosas: cristianos, judíos y musulmanes.

    «Cuando el gran visir se marchó, Abuámir se quedó invadido por una interior agitación. Subió entonces a la torre, pues era el lugar que escogía para encontrarse consigo mismo. La noche empezaba a caer sobre Córdoba y los faroles lucían ya matizando las esquinas y los rincones de las retorcidas calles. Descollaban los palacios, los alminares y los campanarios. ¡Qué maravillosa ciudad!, pensó él. No había otra como ella en el mundo. En ningún sitio como allí se concentraban la sabiduría, la poesía, el lujo y el refinamiento. »

  Es allí también donde trascurren buena parte de las peripecias vitales de los dos protagonistas principales de la historia, Abuámir y Asbag aben-Nabil, un musulmán y un cristiano respectivamente, cuyos destinos acabarán cruzándose.

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   De la mano de Sánchez Adalid, acompañamos a Asbag en su interminable periplo por los confines del continente europeo, y asistimos al vertiginoso ascenso del joven Abuámir, que acabará convirtiéndose en el temible caudillo Almanzor.

   Según su propio autor, El mozárabe no es un historia de buenos y malos. Se trata de la recreación de un momento histórico especialmente convulso: el final del primer milenio del cristianismo en el mundo, y la compleja situación que provoca el choque de distintas culturas, en especial la cristiana y la musulmana.

   Nos encontramos ante una gran novela histórica, bien escrita, fácil de leer y con un final muy bien logrado. La historia se sustenta en un gran trabajo previo de investigación y documentación histórica y refleja muy bien cómo era la forma de vida en la Europa de finales del primer milenio. Una hermosa novela en la que encontramos una decidida apuesta por la tolerancia religiosa y la convivencia pacífica entre las diversas culturas y comunidades religiosas que convergen en la trama de la historia.

   Resultan de gran interés las frecuentes referencias que aparecen en la novela en torno al mundo de los libros y de las bibliotecas. El propio Asbag comienza copiando e iluminando manuscritos en un taller de Córdoba, donde aprende la técnicas de encuadernación y reproducción de códices, y la pasión y el amor por los libros nunca le abandonarán a lo largo de toda su vida.

  En la nota histórica que aparece al final de la novela, Sánchez Adalid señala que «la biblioteca que reunió al-Hakam II en su palacio de Córdoba era de una riqueza incomparable. Comprendía nada menos que 400.000 volúmenes, y su catálogo, reducido a una simple enumeración de los títulos de las obras y de la mención de los nombres de sus autores, llenaba cuarenta y cuatro registros de cincuenta hojas cada uno. Un verdadero ejército de buscadores de libros, de corredores y de copistas se movía por cuenta del monarca, prosiguiendo sus investigaciones bibliográficas por toda la extensión del mundo musulmán. En la misma Córdoba, un equipo muy numeroso de escribas, de encuadernadores y de iluminadores trabajaba bajo la vigilancia de un alto dignatario y del propio califa, para enriquecer constantemente esta magnífica librería, que contenía verdaderas maravillas.»

    «Detrás de él crujieron unos cerrojos. Se volvió. Una gran puerta se abría empujada por dos criados y apareció ante sus ojos la inmensa biblioteca de Alhaquen: una impresionante nave cubierta por un elevado artesonado dorado y poblado de estrellas azules, como un firmamento de leyenda. Todo era belleza y color; vidrieras, muebles, solerías decoradas con adornos florales armoniosamente combinados. Las luces de las lámparas y los reflejos de los cristales se perseguían matizándose, jugando con los parteluces de mármol y con las talladas hojas de las puertas y ventanas. Y, llenándolo todo, aquella quietud, hecha del reposo pacífico de innumerables libros que, ordenados en los estantes, exhalaban suaves aromas de papiro, vitela, fino papel y pergamino, entre los delicados humos del incienso, sándalo y ámbar que se quemaban en los rincones, acentuando el sacro y misterioso ambiente de aquel templo de sabiduría.

    Asbag se maravilló. Había pasado gran parte de su vida entre libros. Su abuelo fue librero y su padre también. Después de ordenarse sacerdote, el obispo le confió inmediatamente el taller de copia, convencido de que no había otro hombre en la comunidad cristiana tan preparado para dirigirlo. En sus ratos libres Asbag se dedicaba con amor a la biblioteca de la sede; ordenaba los volúmenes, saneaba los que estaban deteriorados, disponía la adquisición de los que consideraba imprescindibles. Nunca imaginó que el destino le iba a deparar alguna vez la suerte de acceder a un lugar como aquel que ahora contemplaban sus ojos.

    Un chambelán le condujo por el pasillo central, a cuyos lados se alineaban numerosas mesas, en las cuales trabajaban copistas y miniaturistas o leían atentamente los numerosos sabios que trabajaban al servicio del príncipe. Al final había una especie de gabinete, donde se arremolinaba un grupo de aquellos afanosos bibliotecarios. Antes de llegar, el chambelán se detuvo.

   –Aquél, vestido de blanco y que lee en el rincón, es el príncipe –le dijo en voz baja–. Espera aquí a que yo te anuncie.»

   El mozárabe es una de mis novelas históricas preferidas, la obra de Sánchez Adalid con la que más he disfrutado y la que me permitió conocer y valorar, hace ya más de 15 años, al escritor extremeño. Muy recomendable.

«Se ha novelado frecuentemente acerca de la convivencia de las llamadas “tres culturas”, en referencia a la coexistencia de comunidades cristianas, judías y musulmanas en la península Ibérica durante la dominación islámica. […] Algunas de estas novelas han llegado a convertirse en verdaderos clásicos, pero el tema mozárabe es un territorio todavía virgen. […] En medio de todo ello, dos personajes absolutamente diferentes, pero unidos por un cúmulo de circunstancias, emprenden sus historias personales para vivir incontables aventuras.»

Jesús Sánchez Adalid

SINOPSIS

   El mozárabe, convertida ya en un auténtico clásico de nuestra literatura histórica contemporánea, nos descubre una visión diferente de la Europa medieval. Más allá de las tensiones entre la Cristiandad occidental y el Islam, en ella se nos manifiesta el esfuerzo de hombres inteligentes y llenos de cordura, que buscan la verdadera paz y el diálogo en un mundo que se acerca con incertidumbre y temor al año 1000.

    En la sorprendente Córdoba califal, al final del primer milenio, se desenvuelven las vidas de dos hombres muy diferentes, que además representan mundos distintos. Por un lado está el joven e intrépido Abuámir, un musulmán de la pequeña nobleza árabe que se empeña con tesón en llegar a lo más alto. Por otro lado, el culto y prudente Asbag, clérigo mozárabe, es llamado a ser consejero privado del califa. En medio de todo esto, una vía nueva y simbólica empieza a ejercer su llamada entre los cristianos de Alándalus: el Camino de Santiago.

   La aventura emprendida por El mozárabe traspasa las fronteras ibéricas y nos lleva a Roma, Cremona, Fráncfort, Bizancio, Sicilia y la Dinamarca vikinga.

   Con una escritura impecable, rica, sugestiva, bella y directa, Sánchez Adalid nos regala el mágico viaje al pasado que ha hecho que su obra sea hoy imprescindible.

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

     «En la trama del mundo, la vida del hombre es como un sendero, una gran aventura, que supone un crecimiento hacia lo máximo del ser: una maduración, una unificación, pero al mismo tiempo paradas, crisis y disminuciones». Sintió que, ciertamente, la vida era así, como un camino en pos del sentido último de las cosas; pero en todo caso un camino impredecible, con sus peligros, sus incertidumbres y sus retrasos, en el que el hombre tiene que abrirse paso por sí mismo, tomar decisiones por su cuenta y luchar batallas por su propio brazo. En ese momento se alegró de haber emprendido la peregrinación y de no haberse arredrado cuando se atisbaron los primeros peligros. Sí, la vida no es algo fácil, pensó; y el riesgo de la vida es el ejercicio de la Divina Providencia, frente a la incógnita del futuro incierto e indeterminado. Pero lo que cuenta al fin de la vida es el acto humano, la entrega personal, la libre elección. Nunca se había sentido más él mismo que en aquel momento, erguido y sereno en medio de la vida, midiendo el horizonte con la mirada, examinado cada vereda y escudriñando el paisaje, sintiendo en los ojos el reto de los colores y en el rostro la llamada de los vientos. 
                     […]
    –Sí. Vuestra peregrinación ha sido demasiado larga. Salisteis de vuestra ciudad para visitar la tumba de Santiago y Dios os ha llevado por el mundo, como a su pueblo por el desierto en un largo vagar. ¿Os pesa haber sufrido ese itinerario?
   –No, en absoluto –respondió el mozárabe con rotundidad–. Gracias a mi aventura he comprendido que la vida es camino, que somos peregrinos y extranjeros, no vagabundos sin una meta; y que nos falta aún la plenitud suprema del bien y la gloria que es el final de nuestro viaje. Aunque dentro de poco llegue por fin a Córdoba, sé que mi viaje no habrá terminado si Dios no lo quiere así.
   –Efectivamente –asintió Mayólo–. Nuestra verdadera vida permanece oculta en Dios; sólo se nos revelará en el futuro, cuando llegue ese día esperado. Así pues, sólo la parasía traerá nuestra redención completa, el cumplimiento definitivo de las promesas de Dios. Y las metas de este mundo, por muy grandes y felices que sean, se quedan pálidas ante el esplendor de la gloria futura. Mientras caminamos en la vida seguimos expuestos a toda clase de sufrimientos, fatigas y luchas; tenemos que combatir constantemente para no sucumbir al desaliento, puesto que llevamos un tesoro precioso en vasijas de barro. Hay que seguir caminando…
    –¡Ay! –suspiró Asbag–. ¡Cuándo llegará esa meta final! A veces, está uno tan cansado… 
               […]
     Anakefalaiosis –sentenció Asbag–; ésa es la palabra: recapitulación, según la antigua sabiduría de Ireneo.
   –¡Oh, Ireneo de Lyon, claro! –exclamó Gerberto–. Según él, sólo al final desvelará Dios el sentido de la Historia. Ahora todo es confuso, enrevesado; caminamos entre luces y sombras… Avanzamos sin saber lo que hay delante, amenazados por peligros, dificultades, temores, dudas… Pero hay un plan trazado desde antiguo, que se completará en el último día…
    –Sólo entonces será comprendido el camino andado –añadió el mozárabe.
   –¿Crees que ese día está cerca? –le preguntó Gerberto, incorporándose en el sillón y fijando en él unos abiertos ojos llenos de inquietud.
   –¿Por qué me lo preguntas a mí?
  –No sé… Un hombre que ha visto el mundo debe de tener una intuición especial para adivinar los signos de algo tan trascendental…
   –¿Lo dices porque se acerca el año 1000? –preguntó Asbag con serenidad.
  –Bueno, por eso y por las convulsiones que sufre este mundo: violencias, desastres, pestes, guerras… Y, lo peor de todo, clérigos corruptos, falsarios, simoníacos, fornicadores… ¿No son signos de que la Bestia anda suelta?
  –¿Signos? –replicó Asbag–. ¡Esas son las miserias del ser humano! ¿No has leído las Sagradas Escrituras? En todo tiempo hubo pecados.
   –¿Y las estrellas? –repuso Gerberto–. Los astrólogos dicen que los signos hablan de un final.
   –¡Bah! Nosotros no debemos creer en tales cosas. Nada hay escrito. ¿No recuerdas lo que dijo el Señor? «Nadie sabe el día ni la hora…»
   –Entonces –dijo Gerberto aflojando su actitud–, ¿crees que llegado el fin del milenio todo seguirá igual?
   –¡Oh, no! Nada será igual; nada de lo venidero será igual a lo de ahora o a lo de antes; pero el mundo no tiene por qué terminar. Nadie debe pensar eso, y menos nosotros, que pretendemos seguir la verdad revelada. Hemos de pensar que el mundo avanza hacia el encuentro con el Padre Eterno. La vida de cada uno ya es un mundo completo; en el caminar hacia una visión fascinante, arrebatadora, conmovedora, que todos hemos de vivir. Tras un gran dolor o una larga enfermedad, tras un gran temor o un peligro superado, cuando un amor o una amistad termina, cuando perdemos a un ser querido, ¿quién no ha sentido, el menos una vez en la vida, esa sensación de que todo se hundía y se acababa? ¿Quién no se ha visto sucumbir alguna vez? Pero después, también, el escalofrío de la aurora, esa sensación de amanecer, de que algo nuevo empieza y el mundo, a fin de cuentas, sigue… Y de que ese momento es como nacer otra vez…
   Gerberto escuchaba atentamente, conmovido, vibrando ante estas palabras, asintiendo con un sereno movimiento de la cabeza.
   –Veo que tu vagar por el mundo te ha hecho un hombre muy sabio –dijo–. ¿Qué harás ahora? ¡Quédate aquí, en Roma! Se necesitan obispos como tú.

JESÚS SÁNCHEZ ADALID

22894321_1464763953618817_2010764460934034265_nJesús Sánchez Adalid (1962) nació en Villanueva de la Serena (Badajoz). Se licenció en Derecho por la Universidad de Extremadura y realizó los cursos de doctorado en la Universidad Complutense de Madrid. Ejerció de juez durante dos años, tras los cuales estudió Filosofía y Teología. Además, es licenciado en Derecho Canónico por la Universidad Pontificia de Salamanca. Es profesor de Ética en el Centro Universitario Santa Ana de Almendralejo.

Su amplia obra literaria ha conectado con multitud de lectores, gracias a la veracidad de sus argumentos y a la originalidad de sus descripciones, sustentadas en una profunda documentación. Sus novelas constituyen una permanente reflexión acerca de las relaciones humanas, la libertad individual, el amor, el poder y la búsqueda de la verdad.

La obra de Sánchez Adalid se ha convertido en un símbolo de acuerdo y armonía entre los pueblos, religiones y razas, algo especialmente necesario en un mundo desgarrado por la intolerancia y el fanatismo.

Ha publicado con gran éxito La luz del Oriente, El morázabe, Félix de Lusitania, La tierra sin mal, El cautivo, La Sublime Puerta, El caballero de Alcántara, Los milagros del vino, Galeón, El camino mozárabe, Treinta doblones de oro, Y de repente, Teresa  y La mediadora.

Es también autor de Tras los pasos del abate viajero, una obra de encargo institucional que fue presentada en 2014.

En 2007 ganó el premio Fernando Lara por su novela El alma de la ciudad; en 2012 el premio Alfonso X el Sabio de Novela Histórica por Alcazaba; en 2013 el premio Internacional de Novela Histórica de Zaragoza por el conjunto de sus obra; el premio Diálogo de Culturas y el premio Hispanidad. En 2014 su novela Treinta doblones de oro recibió el premio Troa Libros con Valores.

En Extremadura ha sido distinguido con la Medalla de Extremadura y el premio Extremeños de Hoy. Además, es académico de número de la Real Academia de las Artes y las Letras de Extremadura, cuya biblioteca dirige. También es patrono de la prestigiosa Fundación Paradigma Córdoba, cuyo fin esencial es recordar los ejemplos positivos de convivencia entre las tres religiones abrahámicas: judía, cristiana y musulmana, que ocurrieron en Alándalus, buscando con ello los principios y fundamentos del ecumenismo y del diálogo.

Sánchez Adalid ha colaborado en Radio Nacional, en el diario Hoy y en revistas Historia National Geografic y Vida nueva. Actualmente colabora con Canal Historia (The History Channel), Volcán Producciones y Zebra Producciones.

 

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“Historia de una maestra”, de Josefina Aldecoa

Historia de una maestra es una novela de Josefina Aldecoa publicada en 1990. Es la obra más conocida y leída de la escritora y pedagoga leonesa, que no ha dejado de reeditarse desde su publicación.

Historia de una maestra es la primera parte de una trilogía que se completaría con Mujeres de negro (1994) y La fuerza del destino (1997). En ella Gabriela, una joven maestra, nos cuenta su vida desde el comienzo de los años 20 hasta el inicio de la Guerra Civil española.

«Contar mi vida… No sé por dónde empezar. Una vida la recuerdas a saltos, a golpes. De repente te viene a la memoria un pasaje y se te ilumina la escena del recuerdo. Lo ves todo transparente, clarísimo y hasta parece que lo entiendes. Entiendes lo que está pasando allí aunque no lo entendieras cuando sucedió…

    Otras veces tratas de recordar hechos que fueron importantes, acontecimientos que marcaron tu vida y no logras recrearlos, sacarlos a la superficie… Si tienes paciencia y me escuchas y luego te las arreglas para ir poniendo orden en la baraja…

    Si tú te encargas de buscar explicaciones a tantas cosas que para mí están muy oscuras, entonces lo intentamos. Pero poco a poco, como me vaya saliendo. No me pidas que te cuente mi vida desde el principio y luego, todo seguido año tras año. No hay vida que se recuerde así…

    Para mí, por ejemplo está muy claro el día que di por terminada la carrera. Yo acababa de cumplir diecinueve años. Era un día de octubre de 1923. Lloviznaba. Desde muy temprano había contemplado por la ventana los árboles del parque cubiertos de una gasa tenue y abajo, al final de la ladera, un pozo de luz lechosa, como una nube o un ovillo de hilos enredados que flotaba sobre el suelo.»

Un día lluvioso de octubre de 1923, Gabriela López Pardo da por terminada su carrera de Magisterio en Oviedo. Es el fin de una etapa y el comienzo de un sueño que la llevará a trabajar en varias escuelas rurales en España y en Guinea Ecuatorial en condiciones muy precarias.

Aunque la novela es pura ficción, su autora ha reconocido que está basada en situaciones y experiencias reales de algunas maestras de la República, y en las historias que oyó contar o que vivió al lado de su madre, una de aquellas maestras. Con la II República, la revolución de octubre y la amenaza de la guerra como telón de fondo, Josefina Aldecoa nos acerca a una España rural en la que la ignorancia y la miseria campan a sus anchas.

    «El primer día tenía preparado un discurso pero no me salió. Únicamente dije: “¿Quién sabe leer?” Y un niño menudito y rubiaco dijo: “Yo.” “¿Y los demás?”, insistí. “Los demás no saben”, contestó él. “Si supieran no estarían aquí…” “¿Dónde estarían?”, pregunté estúpidamente. Y él sonrió lacónico y dijo: “Trabajando”.»

Con esta novela, la escritora leonesa rinde homenaje al esfuerzo y al coraje de aquel grupo de maestras y maestros rurales que trataron de acercar la educación y la cultura a los más necesitados en ese momento especialmente complicado y decisivo de la historia de España.

Una historia escrita con sencillez y ternura, y de la que se desprende un profundo amor por la profesión. Muy recomendable.

“En esta novela están los dos caminos que han marcado mi vida; está la experiencia que vi y viví al lado de mi madre. Es un testimonio literario, pero también muy real de lo que fue aquella España”. Josefina Aldecoa

SINOPSIS

Historia de una maestra es un relato en el que la protagonista rememora con serena lucidez la historia de su vida. Entregada a una profesión que la lleva de pueblo en pueblo, en condiciones casi siempre miserables, Gabriela vive su historia personal sobre el telón de fondo de un período decisivo en la historia de España: desde los años veinte hasta el comienzo de la guerra civil. El advenimiento de la República, con sus promesas de grandes cambios y su exaltación del papel de los maestros en la transformación de la sociedad española; la lucha contra la ignorancia y el caciquismo; la revolución de Octubre vivida en un pueblo minero: la violencia y el brutal desgarramiento familiar; la nostalgia recurrente de la única aventura de su vida, su primera escuela en Guinea… Todo ello va conformando la vida de una mujer testigo y protagonista de unos hechos que explican en gran parte los sucesos que vinieron después.  

JOSEFINA ALDECOA

Josefina Aldecoa (1926-2011) nació en La Robla, León. Estudió Filosofía y Letras en Madrid. Durante los años de facultad entró en contacto con un grupo de amigos que luego iban a formar parte de la llamada «generación de los cincuenta»: Rafael Sánchez Ferlosio, Jesús Fernández Santos, Alfonso Sastre, Carmen Martín Gaite e Ignacio Aldecoa, con quien se casó en 1952. En 1969 murió su marido y durante diez años permaneció alejada de la literatura, hasta que en 1981 apareció su edición crítica de una selección de cuentos de Ignacio Aldecoa. A partir de ese momento reanudó su actividad literaria y desde entonces ha publicado la memoria generacional Los niños de la guerra (1983); el libro infantil Cuento para Susana (1988); las novelas La enredadera (1984), Porque éramos jóvenes (1985), El vergel (1988), Historia de una maestra (1990), Mujeres de negro (1994), La fuerza del destino (1997), El enigma (2002), La Casa Gris (2005) y Hermanas (2008); los libros de recuerdos Confesiones de una abuela     (1998) y En la distancia (2004); y los relatos recogidos en Fiebre (2001).

OTROS FRAGMENTOS DE LA NOVELA

    «La amenaza del invierno ya estaba empezando a cumplirse. Se habían acabado los paseos a los bosques cercanos, la suavidad del sol de octubre que bruñe las hojas de los árboles. La primera nevada era el anuncio de muchos días grises y era también el aislamiento definitivo. A veces, durante meses, ni las cartas llegaban al pueblo, inaccesible para los caballos y los hombres.

    La escuela sería mi único recurso. Por entonces, ya empezaba a sentir esa profunda e incomparable plenitud que produce la entrega al propio oficio. Me sumergía en mi trabajo y el trabajo me estimulaba para emprender nuevos caminos. Cada día surgía un nuevo obstáculo y, a la vez, el reto de resolverlo. Los niños avanzaban, vibraban, aprendían. Y yo me sentía enardecida con los resultados de ese aprendizaje que era al mismo tiempo el mío.

    Nunca he vuelto a sentir con mayor intensidad el valor de lo que estaba haciendo. Era consciente de que podía llenar mi vida sólo con mi escuela. Cerraba la puerta tras de mí al entrar en ella cada día. Y las miradas de los niños, las sonrisas, la atención contenida, la avidez que mostraban por los nuevos descubrimientos que juntos íbamos a hacer, me trastornaban , me embriagaban. Leíamos, contábamos, jugábamos, pintábamos, nos asomábamos a mundos lejanos en el tiempo y el espacio; nos sumergíamos en mundos diminutos y cercanos que encerraban milagros naturales. Tras el descubrimiento de América, corría veloz el descubrimiento de la circulación de la sangre. Tras la solución de un problema aritmético, la reflexión sobre un poema. Y luego, por qué brillan las estrellas, por qué el hombre ha conseguido volar. Por qué, por qué…

    Yo me decía: no puede existir dedicación más hermosa que ésta. Compartir con los niños lo que yo sabía, despertar en ellos el deseo de averiguar por su cuenta las causas de los fenómenos, las razones de los hechos históricos. Ése era el milagro de una profesión que estaba empezando a vivir y que me mantenía contenta a pesar de la nieve y la cocina oscura, a pesar de lo poco que aparentemente me daban y lo mucho que yo tenía que dar. O quizás por eso mismo. Una exaltación juvenil me trastornaba y un aura de heroína me rodeaba ante mis ojos. Tenía que pasar mucho tiempo hasta que yo me diera cuenta de que lo que me daban los niños valía más que todo lo que ellos recibían de mí.»

 

 

 

“El secreto del agua”, de Tomás Martín Tamayo

«El mundo también se puede contemplar desde aquí. Nos pasamos la vida remando para llegar a la misma orilla de la que partíamos.»

El secreto del agua es la tercera novela del escritor extremeño Tomás Martín Tamayo, publicada en 2016. La trama de la novela nos traslada a un pueblecito de la Extremadura de los años de la posguerra. Allí, Antonio Godoy, un maestro del pueblo, encabeza la protesta contra la construcción de una presa, que acabará inundando la localidad de Encinares, al haberse construido en un lugar distinto al señalado para no anegar las tierras de los terratenientes locales.

    «Hasta los grillos callaron. La detonación estremeció el corazón colectivo de Encinares, y los perros, asustados, ladraron a la madrugada. Un niño con el sueño quebrado lloró, el mochuelo escondió la cabeza y varias palomas levantaron el vuelo, dormidas, sin saber adónde ir ni dónde posarse. En los corrales las bestias resoplaron temerosas y las gallinas comenzaron a picotear el suelo, nerviosas y ciegas. Poco a poco se fueron iluminando las casas. Se oyó el chirriar de algunos cerrojos, se abrieron puertas, ventanas y postigos, llegaron los primeros siseos y un reguero humano se dio cita en la plaza, camino de la única casa que permanecía a obscuras y de la que salía el ladrido lastimero de un perro. Eran las tres y si algo llama más que la campana de la iglesia, es un tiro en la madrugada, cuando los sueños zurcen los costurones del día y los cuerpos se relajan y buscan la placidez en la isla del descanso reparador.

    Todos se dirigieron hacia la casa de Antonio Godoy, el maestro, un cordobés asentado en el pueblo desde hacía más de veinte años.»

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La novela nos cuenta una historia de ficción, pero se basa en hechos reales. También algunos de los personajes de la misma están inspirados en personas que existieron de verdad.

El autor nació y creció en uno de esos pueblos de la Extremadura rural, y nunca ha perdido el contacto con ese mundo. Conoce bien el terreno que pisa y eso lo agradece el lector. Además, la historia se apoya en un gran trabajo previo de documentación. Martín Tamayo ha señalado que tardó cuatro años en escribir la novela y que en ella «hay mucho desahogo emocional, situaciones y personajes que llevaba dentro y que llamaban para salir. Yo suelo escribir de lo que me indigna y en toda mi producción literaria hay una denuncia de base, aunque la envuelva en el papel de la naturalidad».

Estamos ante una buena novela, bien escrita y bien documentada, y que se lee de un tirón. Muy interesante.

    «El secreto del agua es un texto con mensaje anclado en esta tierra de fronteras, guerras, aventuras increíbles y a un tiempo sendero de caciques y desgracias. En la trastienda de lo que uno lee en el texto de Martín Tamayo, parecen degustarse estampas del disfrute sensual de Reyes Huertas, pero sin caer en el bucólico caldo dulzón cargado de sensualidad del de Campanario. Por otro lado, aunque en un segundo plano, he presentido barruntos de Felipe Trigo y su Jarrapellejos, autor muy bien conocido por TMT del que custodia todos sus libros. Lo cierto es que en esta historia cercana que se nos cuenta, vemos todavía rebufos de aquella sociedad estamental pegada como una lapa al latifundio de la España meridional.

    En ese recorrido, tanto en lo costumbrista como en el de la ingeniería financiera, el autor se ha documentado y ha unido a su información de primera mano cual conocedor de lo popular, su sagacidad para atrapar modelos de vida privilegiados, expuestos aquí con innegable maestría».

Feliciano Correa

SINOPSIS

En la Extremadura de la postguerra, los terratenientes locales lograron que una presa se construyera al margen del proyecto inundando a un pueblo, Pajar de los Encinares. Un maestro exiliado capitaneó la protesta pero, aparentemente, se suicida con lo que la contestación a la presa desaparece.

Treinta años después, un hijo del maestro coge el testigo. Aclarar la muerte de su padre será su objetivo más importante, pero no el único.

Costumbrismos, intrigas, venganzas y asesinatos se dan cita en esta novela, que aporta una visión en pasado/presente del mundo rural con todas sus glorias y miserias.

TOMÁS MARTÍN TAMAYO

Natural de Campillo de Llerena (Badajoz). Maestro y escritor. Fue consejero de Cultura, Educación y Deportes de la Junta de Extremadura. Cofundador del Centro Democrático y Social (CDS) junto a Adolfo Suárez. Diputado autonómico independiente en dos legislaturas.

Tiene catorce libros publicados y una docena de premios literarios, figurando en antologías nacionales e hispanoamericanas. De su antología Cuentos del día a día se han impreso tres ediciones y de El enigma de Poncio Pilatos, se han agotado cinco ediciones, las tres últimas con el sello de la editorial Planeta, distribuido en los países de habla hispana. Colabora en El Mundo, ABC, Público y eldiario.es/Extremadura. Critico literario de El Confidencial. Tiene una columna fija en el diario HOY.

OTROS FRAGMENTOS DEL LIBRO

    «Encinares murió. Como Antonio, también fue víctima de aquel tiro en la madrugada.
    Con celeridad, las aguas del pantano escalaron hasta el molino del cerrillo, desde el que se divisaba el pueblo. El paisaje cambió, las encinas se retranquearon hasta desaparecer, el río perdió sus orillas y se fundió con unas aguas que lo engulleron. La carretera que cruza la presa llega hasta Los Riscos del Encinar y se bifurca bajando, mansa, hasta morir en la orilla. El pantano cambió su entorno y adquirió un bullicio diferente. Casetas en las orillas, tiendas de campaña, sombrillas, barcas, niños que reían, jóvenes que cruzaban apuestas para sumergirse y emerger a la superficie con algún resto del pueblo… Encinares pasó a ser un recuerdo lejano y sin eco. Los peces desovaban entre las paredes que fueron testigos del palpitar de muchos suspiros y una vida nueva surgió de la muerte del pueblo.
    El tiempo no ajusta sus pasos a nuestros ritmos emocionales y la naturaleza no se para a contemplar los anhelos que se difuminan como el paisaje. La vida fluye y continúa. Donde ayer había jarales, hoy se mecen los juncos, patos y garcillas desplazaron a perdices y sisones, la tortuga al águila culebrera y el agua vistió las piedras asoladas con su musgo verde.» 

    […]
    «Blas montó en el coche, miró la puerta y la fachada del convento y tuvo una sensación muy parecida a la de aquel día que, en la estación de Mérida, se despidió de su padre y de Inés. Su padre con aquel brillo en los ojos e Inés llorando. Ante la puerta del convento, Blas se dio cuenta de que estaba solo y de que en aquel caserón dejaba enterrado el último eslabón de su familia. La sensación de soledad quebró su entereza y lloró. El conductor miró por el retrovisor disimuladamente, arrancó y salió de la plaza. Al pasar por la puerta del Instituto Zurbarán, rememoró sus días de exámenes como alumno libre y a su padre, que lo esperaba en la puerta aún más nervioso que él. Después atravesaban el paseo de San Francisco y subían por la calle del Obispo hasta la plaza de España. En un bar cercano, pedían un bocadillo de calamares…»

 

Sonsoles Ónega en la Feria del Libro de Badajoz

La escritora Sonsoles Ónega ha presentado este sábado, 26 de mayo, su última novela, Después del amor, en la Feria del Libro de Badajoz.

Sonsoles Ónega en la Feria del Libro de Badajoz

Sonsoles Ónega se llevó el Premio de Novela Fernando Lara en 2017 con Después del amor. La periodista novela una historia real y descubre para el público a Carmen Trilla, una mujer valiente y fascinante de la Barcelona republicana. Se enamoró de Federico Escofet, capitán de caballería al servicio de la Segunda República. La historia arranca en una época convulsa en las relaciones entre Cataluña y España, no tan distinta a la de hoy. Ella se divorció, pero el capitán continuó con su matrimonio.

La escritora agradeció ayer en Badajoz el regalo de las hijas de la protagonista, que han querido mantenerse en el anonimato, pero confiaron en ella como escritora.

Ónega confiesa que con este quinto libro está sintiendo de verdad que el personaje ha calado entre los lectores. Lleva ya un año de gira por España y ayer, en cierto modo, debutó en Badajoz. «Siempre que vienes a una feria descubres a gente que te aporta un punto de vista nuevo de tu libro y ese contacto con los lectores es un disfrute que tenemos que aprovechar».

Además del relato sentimental, Después del amor, también requiere de un escrupuloso trabajo de reconstrucción histórica. La historia de Carmen y Federico transcurre en el precedente de lo que acontece ahora en Cataluña. En los años treinta del siglo pasado, un hombre muy importante al servicio del presidente Companys se enamora de una burguesa que lo tenía todo y todo lo dejar por amor. «Yo me he encontrado con este pedazo de historia y la he disfrutado muchísimo». Su deformación profesional le lleva a sentirse atraída por los marcos sociales y en esta novela, el contexto político es un personaje más. «He intentado desde la humildad y el vértigo retratar la España de los años treinta». Aquella década supuso un cambio para las mujeres. Con la caída de Primo de Rivera a finales de 1930 y con la proclamación de la Segunda República a mediados de abril de 1931, se abrieron fisuras a través de las que fluyeron las reivindicaciones feministas. «Yo no he vivido ese momento y no produce ningún pudor intelectual decir que casi no sabía nada de esa época. Tuve que empezar de cero». Después del amor transita por la Guerra Civil, tantas veces retratada. «Tienes el miedo a tratar temas que se han novelado muchas veces y asumes esa responsabilidad cuando te pones a escribir». Pero más que la Guerra Civil, en la vida de Carmen y Federico, la fecha clave es la del 6 de octubre de 1934, el día en que el presidente de la Generalidad de Cataluña, Lluís Companys, declaró la proclamación del Estado Catalán dentro de la ‘República Federal Española’. «Es un episodio no tan manido y no tan tratado de esta época».

Cristina Ónega desveló ayer que lo de escribir es anterior al periodismo. De niña, solía cogerle la máquina de escribir a su padre -el también periodista Fernando Ónega- para darle rienda suelta a su imaginación. «Me recuerdo antes escribiendo que haciendo periodismo. Aunque me gano la vida como periodista y me considero periodista, escribir es algo que siempre me ha gustado».

Lo ve como un proceso natural. La palabra y las historias son el material de trabajo tanto de escritores como de periodistas.

No falta tampoco en esta tarea la documentación. Y en este caso, a retrotraerse casi noventa años, Ónega ha consultado a muchos expertos. «Me considero una periodista que escribe y pregunta, pero creo que mi carrera literaria está empezando ahora a ganar lectores. Me gustaría continuar con esta doble tarea».

No duda de que el Premio Fernando Lara del año pasado fue un espaldarazo casi definitivo para consolidarse en la literatura.

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«Carmen viajaba en un tren desde Barcelona cuando un cruce de miradas cambió su vida para siempre. Era 1933, y Federico Escofet y Carmen Trilla —él, capitán del ejército; ella, una esposa atrapada en un matrimonio infeliz— tejieron una historia de amor que ni las habladurías, ni la guerra civil, ni el exilio lograrían deshacer, pero que dejó en los tres hijos de Carmen la huella del desarraigo.
Basada en hechos reales, Sonsoles Ónega novela la historia de una mujer valiente que reconstruyó su identidad en una España donde a las mujeres no se les permitía amar y desamar. Una inolvidable historia de amor clandestino cuyos protagonistas tuvieron que enfrentarse a todos los convencionalismos sociales.»

LEER EL PRIMER CAPÍTULO 

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Sonsoles Ónega (Madrid, 1977) ha desarrollado su carrera profesional en distintos canales de televisión.

En CNN+ y Cuatro hizo crónica de Tribunales, y desde 2008 es la corresponsal parlamentaria de Informativos Telecinco, canal para el que ha informado de los acontecimientos políticos más relevantes de los últimos años.

Autora de cuatro novelas, Después del amor es su quinta obra.

FUENTES

  • Diario Hoy

Carlos del Amor en la Feria del Libro de Badajoz

El escritor Carlos del Amor ha presentado este viernes, 25 de mayo, en la Feria del Libro de Badajoz, su última novela, Confabulación.

Carlos del Amor en la Feria del Libro de Badajoz

Casi recién aterrizado del festival de Cannes se presentó ayer en la carpa principal de la feria, el periodista Carlos del Amor (Murcia, 1974).

Desde que empezó a combinar su faceta televisiva con la literaria se ha convertido en un reclamo editorial. Confabulación (Espasa), representa su tercer libro y segunda novela.

En esta ocasión trae como protagonista a Andrés, un hombre de 40 años que descubre que padece de confabulación, más conocido como síndrome de Korsakoff, un grave trastorno de la memoria.

En psiquiatría la confabulación la sufren aquellas personas que rellenan las lagunas de su memoria con experiencias inventadas que en realidad nunca han ocurrido.

Andrés debe aprender a diferenciar lo que realmente vivió de lo que su mente ha inventado. La idea le surgió al escritor a partir de un reportaje que vio en la BBC sobre este trastorno.

Su creación literaria bebe mucho de su oficio. La trama está salpicada de referencias cinematográfica y se nota que detrás hay un periodista que trabaja con la actualidad. «Uno tiene que escribir de lo que sabe y de lo que tiene cerca. Voy a dos o tres festivales al cabo del año y me empapo de algo que después llega a los libros de forma natural». Del Amor se confiesa un escritor algo caótico en su forma de afrontar las aventuras literarias. Primero, cuenta, tiene que surgir una idea. Ahora, por ejemplo, está de barbecho.

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«Un hombre joven, tras un viaje de trabajo, descubre ciertas confusiones en su vida. Un suceso que ha protagonizado, un asesinato, no parece que tenga ninguna repercusión en su día a día. Entre el escepticismo y la incertidumbre, Andrés vadea como puede la situación. Una visita al médico le confirma que sufre una enfermedad: confabulación. Una especia de antimemoria: cuando su cerebro no guarda recuerdos, los fabrica. A partir de ahí, Carlos del Amor teje una novela en la que la vida real y la vida fabricada van cada una por su cuenta, pero quizá puedan confluir en algún momento. ¿Cómo se vive cuando desconoces qué te ha ocurrido de verdad?»

LEER EL PRIMER CAPÍTULO

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Carlos del Amor (Murcia, 1974) es periodista y su carrera profesional está vinculada al área de Cultura de los Servicios Informativos de RTVE. Su especial manera de enfocar la información en el Telediario le ha convertido en una de las voces más personales, reconocibles y seguidas del panorama periodístico.

Colaborador en varios programas de radio, en los que aporta una mirada diferente sobre la actualidad, ha cubierto los principales festivales de cine del mundo y entrevistado a numerosas personalidades de la cultura. Asimismo, ha publicado artículos en diferentes revistas, e imparte clases y charlas en numerosas universidades.

Debutó en la literatura con el libro de relatos La vida a veces, al que siguió la novela El año sin verano. Esta última ha sido traducida con gran éxito al italiano y al alemán.

FUENTES

  • Diario Hoy

Alejandro Palomas en la Feria del Libro de Badajoz

El escritor Alejandro Palomas ha presentado este miércoles, 23 de mayo, en la Feria del Libro de Badajoz, su última novela, titulada Un amor, con la que ha obtenido el Premio Nadal 2018

Alejandro Palomas en la Feria del Libro de Badajoz

Alejandro Palomas nos cuenta en su novela la vida de una familia en la que tiene una gran importancia Amalia, la madre de setenta y tres años a la que llaman sencillamente mamá. Amelia y sus tres hijos Enma, Silvia y el pequeño Fer vuelven a ser los protagonistas de esta novela, que también, como las anteriores, transcurre en 24 horas. Lo curioso de esta familia es que «es un poco la familia de todo el mundo», explicaba el autor. Es una familia pequeña y que tiene un sentido del humor muy peculiar.

Para el escritor catalán, el sentido del humor lo es todo en su vida y también en su ficción. Por eso, pretende llegar a sus lectores a través del humor y a través de la risa, «porque si llegas a ellos solo a través del drama es muy cansado», afirmó Palomas.

«En el reducido universo familiar de Amalia y sus tres hijos, Silvia, Emma y Fer, el engranaje se mueve al ritmo desacompasado de las emociones. Es una familia típica, y sobre todo, muy real. Un cosmos cocido al fuego lento de varias entregas que han atado a miles de lectores. Pero llega un día cumbre en sus vidas. Emma se va a casar y todos se sumergen en las tareas y los remolinos de organizar la mejor boda. La noche previa a la ceremonia, una llamada rompe la armonía familiar. Silvia, Emma, Fer y otros parientes se conjuran para poder celebrar a la vez el aniversario de Amalia, que coincide inevitablemente con la fecha de la boda. 24 horas de acelerón emocional que pondrán a prueba a todos y cada uno y al mismo engranaje familiar.
Un nuevo ejercicio de virtuosismo emocional. Una literatura que llega por el plexo y se inocua directamente a los sentimientos. Alejandro Palomas extiende su ya variada paleta de colores para dotar a sus personajes de los matices, sesgos y rasgos que los acercan a los lectores y éstos los reconocemos como a propios en sus particulares universos familiares.»

Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) es licenciado en Filología Inglesa y tiene un máster en poética por el New College de California. Ha compaginado sus incursiones en el mundo del periodismo con la poesía y con la traducción de importantes autores. Como novelista ha publicado, entre otras, El tiempo del corazón, El secreto de los Hoffman, El alma del mundo y El tiempo que nos une, que le han valido importantes premios como el Nuevo Talento Fnac, ser finalista del Premio de Novela Ciudad de Torrevieja y del Premio Primavera. En 2016, su novela Un hijo recibió el Premio Nacional de Literatura Juvenil.
Con sus novelas más recientes, Una madre y Un perro, dio arranque a una serie de personajes que han enamorado a miles de lectores. Su obra, llevada al teatro y próximamente al cine, ha sido traducida a quince lenguas.

Conferencia de Alejandro Palomas en la Feria del Libro de Badajoz

Màxim Huerta en la Feria del Libro de Badajoz

El escritor Màxim Huerta ha presentado este martes, 22 de mayo, en la Feria del Libro de Badajoz, su última novela, titulada Firmamento.

Màxim Huerta en la Feria del Libro de Badajoz

Firmamento es un novela que nos habla de la memoria y de la mentira. Según su propio autor: «Es una novela llena de riesgo, realmente luminosa y en la que he disfrutado muchísimo escribiendo. Una novela que tiene solo a dos personajes y que discurre en una única noche. Es una de esas historias que a todos nos ocurren, que duran muy poquito, pero que nos marcan toda la vida.»

Preguntado sobre la posibilidad de escribir novela negra, el autor valenciano afirmó que «no me sale la novela negra, es un género que me gusta como lector, pero no me interesa como autor. Mi novela es de amor y mentiras y todas las novelas, hasta las negras, tienen sentimientos: emociones, envidias, celos… Esa parte es la que más me interesa y eso es Firmamento

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«En un hermoso hotel a orillas del Mediterráneo, el escritor Mario Bellver busca cómo acabar la novela de otro. Un día, la llegada de Ana Monteleón, que inicia sus apacibles vacaciones, viene a corregir el rumbo del verano… y de su historia.

Bajo el cielo estrellado, a veces bajo el techo de la habitación, un juego amoroso se prepara. Se relatan los oscuros recovecos de dos personas muy diferentes que no saben cómo salir de sus vidas. Tan vulnerables como firmes en sus contradicciones.

En apariencia tan intimista como el diálogo entre dos amantes, o una obra de teatro en la que solo hubiera dos personajes. Firmamento se multiplica en cada página, creando un universo, el de Ana y Mario.

Una novela sencilla y deslumbrante, inquietante cuando se descubre la verdad.»

Leer primer capítulo del libro

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Màxim Huerta (Utiel, Valencia, 1971) es periodista. Tras licenciarse en Ciencias de la Información por la Universidad CEU San Pablo de Valencia, inicia su trayectoria profesional en radio y medios escritos de su tierra natal. Su salto a la televisión se produce en 1997, en Canal 9. Comienza a trabajar en Telecinco en 1999. De 2005 a 2015 forma parte del equipo de presentadores de El programa de Ana Rosa. Es miembro de la Academia de las Ciencias y las Artes de la Televisión.

Ha publicado las novelas Que sea la última vez…, El susurro de la caracola, Una tienda en París y La noche soñada (Premio Primavera de Novela 2014).

Conferencia de Màxim Huerta en la Feria del Libro de Badajoz