“Tostonazo”, de Santiago Lorenzo, «una novela sobre quienes hacen la vida posible y quienes la hacen imposible»

   «Yo soy de enero de 1993, y de Madrid. Mis padres me metieron en un colegio privado con la intención de que me relacionara con los alevines de las clases dirigentes, llamados a convertirse en dirigentes ellos mismos. A mis padres, el intento no les funcionó.»

Así comienza Tostonazo (2022), la última novela del autor de Los asquerosos (2018), una novela que, a pesar de ser publicada por una editorial independiente, se convirtió en todo un fenómeno editorial con más de 200.000 ejemplares vendidos.

Ahora, con Tostonazo, el escritor de Portugalete nos regala su novela más descarada y luminosa, la historia de un joven que se busca la vida y de camino la disfruta, aunque esté rodeado de gente con voluntad de impedirlo.

El protagonista de la historia es un joven sin oficio ni beneficio. Un chaval de 19 años, que iba para alcohólico pero que acaba trabajando de meritorio de producción, de chico para todo, en el rodaje de una película en Madrid. En este trabajo encuentra salida a sus problemas y se siente feliz. Hasta que aparece un tal Sixto, hermano y enchufado del productor, «un plomazo como la copa de un pino», un ignorante, que amenaza con echarlo todo a perder con sus descabelladas intromisiones en el rodaje de la película.

   «La noche del estreno hubo una fiesta, como es costumbre. Fue en una sala del centro. Permanecí poco tiempo, que tanto alcohol gratis, peligro. Salí a la calle para coger el metro. A dos pasos de la puerta estaban Sixto, su mujer y sus niñas. Con mucha dulzura, él atusaba el pelo de su hija para fijarle el pasador. En cuclillas, a su altura. La otra esperaba su turno para que también a ella se lo colocara papá, que lo hacía muy bien. La madre aguardaba para llevarse a las nenas a acostar, que ya era muy tarde. Ella sonreía, como si le gustara asistir a la ceremonia cotidiana del pasador. Sixto remató a la niña con un beso en la coronilla. Su hermanita pidió paso, que le tocaba ya. Olía a colonia infantil.
   Seguí mi camino. Se me hace complejísimo encontrarme en su área de ternura a un individuo especializado en cabronizarlo todo.»

Como no podía ser de otra manera, la película fracasa estrepitosamente y nuestro joven se ve obligado a buscarse la vida lejos del mundo del cine.

   «Cogí mi ciencia nueva y me la llevé para casa. A guardar. A metérmela por donde me cupiera. Nada de lo aprendido me iba a valer por aquel entonces para encontrar huequito en un rodaje nuevo. Venía de uno en el que, a efectos de prestigio, promoción y caché en el mercado laboral, francamente, mejor habría sido no haber estado.»

Y acaba en Ávila, para encargarse de cuidar a un anciano jubilado que acaba de perder a su mujer, el tío abuelo Paconio, un anciano insoportable y cascarrabias que acabará haciéndole la vida poco menos que imposible.

Pero el encuentro casual con un misterioso joven, Bertrand, traerá consigo un importante giro en su gris existencia y propiciará que acabe encontrándose a sí mismo. 

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Santiago Lorenzo ha escrito una novela que desprende fina ironía, y que supone una crítica mordaz de nuestra sociedad actual. Especialmente dirigida contra aquellas personas que nos están diciendo todo el tiempo lo que tenemos que hacer, investidas por una autoridad que no se sabe muy bien de dónde ha salido. Contra aquellos que, sin tener ni idea, de repente nos los encontramos mandando sobre nosotros.

Y todo ello escrito con una magnífica prosa y con un lenguaje gamberro, pero muy cuidado, en el que se mezclan palabras en desuso con otros términos inventados.

Una novela divertida y muy entretenida, y que se lee de un tirón. Muy recomendable.

«Esta es una novela sobre quienes hacen la vida posible y quienes la hacen imposible. Sobre sentirse diferente en un mundo de gente que quiere que todo siga igual. Un luminoso canto a la vida contra el aburrimiento. Leer esta novela es el mejor acto de resistencia.»

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SINOPSIS

Nuestro protagonista es un tipo sin oficio ni beneficio que se ve, de repente, trabajando como becario en el centro de las cosas: una película en Madrid. Un rodaje mangoneado por un ignorante cínico que manda sobre todos. Para olvidarse de la capital, se ve obligado a aceptar un trabajo en un lugar aparentemente peor: una ciudad de provincias, de esas de las que se dice que están muertas y en las que parece que nunca pasa nada. Sin embargo, allí es donde él descubre la amistad, la alegría de ser y la vida vivible.

   «Por lo que llevaba yo recopilado de su pasado a lo largo de varias semanas juntos, Pacomio no aprendió prácticamente a hacer nada, apenas folló lo justito, se aburría como una carta extraviada, nadie le quería, ganó menos dinero del que creyó merecer. No tenía qué mostrar para desmentir que había pasado por la vida como la luz a través de un vidrio, sin quebrarlo ni mancharlo. No podía aportar un diplomilla, un cajón reparado por él, una nota de amor, una medallita conmemorativa, una mención en un boletín. O un fracaso doloroso, que también cuenta y puntúa triple. Nada. 

   En vez de hacer por crecer, tiraba para abajo las consecuciones de los demás para intentar equilibrarse con ellos. Era su forma de equipararse con el resto. Aguar el vino ajeno para poder cotejarlo con el propio sin pasar demasiada vergüenza. Afearle sus logros al prójimo era su táctica para enrasarse con el común. Nivelaba su miseria pacomiesca a base de miserabilizar la vida de los otros. Es el comportamiento habitual de quien vive como un muermo porque le asustó echarle a los días un poco de borrasca, no fuera a ser que le saliera mal. Depreciaba lo de los demás porque así apreciaba sus logros. Creía que sus oquedades no eran producto del terror sino de la prudencia

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Tostonazo es una novela luminosa que habla de las sombras de este país. Una historia política y tierna. Sobre buscarse la vida y encontrar el brillo, lejos de los focos y de los cretinos. Leerla es rebelarse contra lo que toca y desenmascarar a los malos como lo que son, aunque ellos no lo sospechen: un aburrimiento.

   «Para mi sorpresa, algunas cosas en algunas ocasiones se me han puesto a favor, qué le voy a hacer. No sé por qué se ha dado así. Pero sospecho que ha sido porque siempre he tenido a Sixto y a Pacomio como modelos canónicos. Sólo que tomados a la media vuelta: han sido exponentes de cómo no hay que funcionar, de lo que no hay que hacer ni ser ni semejar. Siento, sin ironía, un hondo agradecimiento hacia ellos.»

SANTIAGO LORENZO

Santiago-Lorenzo-Foto-de-Cecilia-Díaz-BetzSantiago Lorenzo (Portugalete, 1964) vive en una aldea de Segovia. Allí busca leña, se hace cafés y churros, construye maquetas y, sobre todo, escribe.

Después de estudiar imagen y guión en la Universidad Complutense y dirección escénica en la RESAD, creó la productora El Lápiz de la Factoría, con la que dirigió cortometrajes como el aplaudido Manualidades, un título que daba pistas de su afición a la artesanía pretecnológica y a las maquetas imposibles. En 1995 produjo Caracol, col, col, que ganó el Goya como Mejor Corto de Animación. Dos años después se empeñó en estrenar Mamá es boba, la historia palentina de un niño algo alelado, pero a la vez muy lúcido, acosado en el colegio y con unos padres que, a su pesar, le provocan una vergüenza tremenda. La película pasó a la historia como uno de los filmes de culto de la comedia agridulce, y con ella fue nominado, para su sorpresa, al Premio FIPRESCI en el Festival de Cine de Londres. En 2001 abrió, junto a Mer García Navas, Lana S.A., un taller dedicado al diseño de escenografía y decorados con el que hicieron tanto muñequitos de plastilina para el anuncio del euro como la prisión que aparece en una de las entregas de Torrente. En 2007 estrenó Un buen día lo tiene cualquiera, donde volvía a elevar la historia de una persona para explicar un problema colectivo: la incapacidad, afectiva e inmobiliaria, para encontrar un sitio en el mundo (o un piso en la ciudad, para el caso). Harto de los tejemanejes del mundo del cine, decidió cederle sus ideas a la literatura. Desde entonces, todo han sido alegrías. Con Los huerfanitos, tres hermanos que odian el teatro pero que deben montar una obra para salvar sus vidas, la crítica se rindió a su talento y el público lloró de la risa y rio para no llorar. Al calor de ese aplauso, Blackie Books rescató en tapa dura y dorada la maravillosa Los millones, novela con un gancho cómico y un golpe más bien trágico: a uno del GRAPO le toca la Primitiva; no puede cobrar el premio porque carece de DNI. Lorenzo se volvió a adentrar en la precariedad tragicómica en Las ganas, donde Benito, un tipo más bien feo pero sobre todo desgraciado, lleva tres años sin sexo, por lo que desarrolla un síndrome de abstinencia que influye en cada una de las parcelas de su desdichada vida.

Y sobre todo con Los asquerosos, una novela pura, política y lírica; un éxito arrollador sobre un tipo que, como él, vive aislado en una aldea en medio de la nada, y que lleva vendidos más de 150.000 ejemplares.

Tostonazo es su última novela.

“Los mochileros”, de Antonio Ballesteros Doncel

Los mochileros, del pacense Antonio Ballesteros Doncel, es una novela que apareció por vez primera en 1971. Volvió a editarse en 1997 por el Departamento de Publicaciones de la Diputación Provincial de Badajoz, que volvería a reeditarla, esta vez en una edición bilingüe, en español y portugués, en el año 2000.

Como su propio título indica, la novela trata de la azarosa vida de aquellos contrabandistas legendarios, llamados mochileros, que cruzaban clandestinamente la frontera extremeño-portuguesa cargados con mochilas de unos 25 kilos de café portugués, portándolas en jornadas nocturnas a más de veinte kilómetros de distancia. En ocasiones las mochilas contenían mayores pesos, y el transporte se efectuaba también a mayores distancias.

Como nos cuenta el propio Antonio Ballesteros en la Introducción de su novela La última mochila, «de los 1.234 kilómetros de frontera hispano-lusitana, 235 están comprendidos entre los pueblos extremeños de Valverde del Fresno al norte, y Oliva de la Frontera al sur, componiendo las áreas lindantes de Castelo Branco, Portalegre y Évora una extensión de 19.978 kilómetros cuadrados frente a los 41.062 kilómetros cuadrados que mide la superficie total de Extremadura. En su recorrido fronterizo de Norte a Sur quedan poblaciones significativas donde tuvo especial relieve el contrabando, y que sin mencionar aldeas ni caseríos recordamos a Valverde del Fresno, Elías, San Martín de Trevejo, Cilleros, Zarza la Mayor, Alcántara, Cedillo, Herrera de Alcántara y Valencia de Alcántara, todas ellas en la provincia de Cáceres.

En cuanto a la provincia de Badajoz, en similares términos, destacan poblaciones como San Vicente de Alcántara, Alburquerque, La Codosera, Olivenza, Cheles, Villanueva del Fresno, Valencia del Mombuey, Higuera de Vargas, Oliva de la Frontera, Fregenal de la Sierra y naturalmente Badajoz, que por su capacidad ejercía un papel importantísimo sobre amplios territorios en ambos lados de la frontera, y donde algunas de sus barriadas como Las Moreras, Gurugú, Pardaleras y la Plaza Alta, fueron asentamientos habituales de contrabandistas tanto españoles como portugueses.

El contrabando con Portugal formó siempre parte consustancial de la propia vida de Extremadura, cuyos pobladores fueron principales clientes del comercio portugués abastecido de productos carentes en España, o bien por las significativas diferencias de precios entre uno y otro país, ya que Portugal por suavidad aduanera con el resto del mundo, contaba con productos mucho más novedosos y competitivos que los similares que circulaban por nuestros mercados, y muchos de ellos ni siquiera circulaban.

Actualmente, con la desaparición del imperio colonial portugués, caída de las fronteras y la integración de ambos países en la Comunidad Europea, el comercio ilegal ha quedado convertido en un tema de leyenda.

Su época de esplendor podemos situarla en la década de los años cuarenta, es decir, en la decena posterior a la Guerra Civil Española, donde la gran escasez de productos elementales provocó una alarmante situación social, hasta el punto de llamarse año del hambre el primer año oficial de la Victoria. Los alimentos fueron racionados a niveles mínimos y entre esa escasez agobiante, surgió el estraperlo, que consistía en vender los productos muy por encima de su valor real, fue en realidad una época que se especuló con el hambre y donde muchos oportunistas sin escrúpulos amasaron grandes fortunas.

Pero a medida que España equilibraba su economía, algunos productos alimenticios perdían interés, si bien el café torrefacto continuó su comercio convirtiéndose en el producto más emblemático del contrabando, y los mochileros suministraban la mercancía burlando a los vigilantes, a los intereses públicos con verdaderos riesgos personales. En su trabajo no empleaban medios sofisticados, únicamente usaban su astucia, la resistencia física y un exhaustivo conocimiento del terreno.

Operaban de forma autónoma, su código era anárquico, su ley la del más fuerte, y su mecánica sencilla, estaba generalmente a la altura de personas de poca formación procedentes en su mayoría del sector rural, y para quienes las perspectivas era vivir intensamente el presente, por eso deambulaban entre el juego, la bebida y la prostitución.

En su dinámica profesional rara vez solían trabajar en solitario, lo normal era que formaran grupos más o menos numerosos por cuenta propia, o bien contratados por mecenas que alquilaba sus cuerpos para transportar la mercancía.

A parte de las mochilas, que a veces sobrepasaban los veinticinco kilos de peso, portaban sobre el pecho un paquete del mismo género al que llamaban fiador, que solían salvar en el caso de arrojar las mochilas ante el acoso de los guardias, y esa muestra equivalía prácticamente al valor del jornal.

Como norma elemental las cuadrillas no causaban daños durante el trayecto para evitar denuncias justificadas, y si por circunstancias no previstas les cogía el nuevo día sin llegar al destino, escondían las cargas en algún lugar del monte para volver a recogerlas a la siguiente noche. En esos trances normalmente nadie delataba el contrabando en caso de descubrirlo por azar, porque entonces las venganzas estaban justificadas.»

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      Homenaje a los mochileros (Oliva de la Frontera), foto de Antonio Valero

Ballesteros era un gran conocedor de estas gentes de la frontera extremeño-portuguesa que dedicaron buena parte de sus vidas al contrabando. Para escribir esta novela se inspiró en vivencias personales de contrabandistas que conoció durante su niñez y juventud, cuando vivió en una finca, un lugar junto al emblemático Puente Ajuda, en Olivenza.

El más famoso de todos estos mochileros era un personaje de la zona de Olivenza apodado el Cuco, al que el autor trató mucho, cuando, ya retirado del contrabando, volvió a su primitivo oficio de carbonero.

    «Era hombre correcto, no por la educación de principio, sino como producto de esa escuela dura que la vida impone modelando a reveses. Sabía respetar porque le gustaba ser respetado, teniendo un mérito casi misterioso para hacer cundir el ejemplo en un gremio tan difícil de controlar como en el que se movía. Había llegado a ese borde de edad en que sería discutible llamarle viejo. Estaba sano y ágil para desempeñar trabajos manuales con la misma eficacia, o mejor, que otro hombre con veinte años menos. Su habilidad era indudable, y desde luego era intuitivo, perspicaz y resolutivo. No en balde desempeñó durante más de un cuarto de siglo la capitanía del contrabando, en una gran zona de la frontera entre Portugal y España.

    Los trozos de naciones comprendidos entre las cuencas de los ríos Tajo y Guadiana, no tenían para él el menor secreto. Conocía más ampliamente en profundidad la parte portuguesa que la española, aunque hubo veces que en sus incursiones se adentró hasta el mismo corazón de la Península.

   Su nombre era Nicolás, pero muy poca gente lo sabía. El que familiarizó, el que despertaba al pronunciarse las más distintas sensaciones entre las gentes de la frontera, fue el de el Cuco.» 

A través de los sucesivos capítulos de la novela, asistimos a los primeros pasos del Cuco como cuadrillero y a sus posteriores hazañas y peripecias, hasta convertirse, gracias a su astucia y habilidad, en el mochilero más famoso en buena parte de La Raya extremeño-lusitana.

Mostrando un gran conocimiento del tema, y un perfecto dominio de la pluma, Ballesteros nos adentra en la sufrida vida de estos personajes de leyenda, en sus difíciles condiciones de trabajo, en sus tretas y artimañas para evitar ser descubiertos por los vigilantes de uno y otro lado de la frontera o en sus férreos códigos de conducta.

Y todo ello salpicado con sentidas reflexiones sobre la vida o la libertad, y con magníficas descripciones de los paisajes rayanos en los que transcurre la acción de la novela.

   «Le imponía un poco comprobar que en aquella vida cada cual se las arreglaba como podía sin preocuparse de nada ni de nadie. Se desconocían los afectos y consideraciones; tan sólo privaban la dureza, la fuerza, la pillería, la astucia… El que consiguiera reunir todas esas facultades en mayor grado, sería admirado y respetado, porque con ellas podría arrollar. Eso lo veía claro, allí triunfaba el que más fuerte pisara sin dejarse ni siquiera rozar. Era un mundo crudo, un mundo espinoso. A pesar de todo no debía desanimarse, debía vencer su primer bache, porque eso pasa en casi todos los órdenes de la vida.»

Como nota curiosa, recogemos lo que, sobre la novela, escribe el maestro y escritor Arsenio Muñoz de la Peña, en su librito titulado Los viajes de Camilo José Cela por Extremadura: «A principios del mes de agosto del año 1971, estando yo pasando el verano en Béjar, recibí el envío de una novela escrita por mi excelente amigo Antonio Ballesteros y titulada Los mochileros. La leí rápidamente, y como me gustó de verdad, le hice una crítica para el diario Hoy, de Badajoz, y otra para El Adelanto, de Salamanca. Contesté a Ballesteros, agradeciéndole su obsequio y también indicándole que se la mandase a Camilo José Cela, de mi parte, pues él siempre había expresado gran interés por estos temas de los contrabandistas. Ballesteros lo hizo y muy pronto recibió una carta de Camilo, en la que, entre otras cosas, le decía lo siguiente: “Ese es el buen camino de la literatura y su futura preocupación debe ser, a mi juicio, el no apartarse de él. Enhorabuena por su labor. Su novela Los mochileros la he leído de un tirón y debo felicitarle por su eficaz sencillez narrativa, que hace vivir el turbio mundo de los contrabandistas con tanto realismo.

Cuenta más adelante en su libro Muñoz de la Peña que, en un encuentro, que se produjo en Calzadilla de los Barros con motivo de un homenaje póstumo que allí se ofrecía a don Antonio Rodríguez-Moñino, entre el futuro premio Nobel y Antonio Ballesteros, Cela le soltó al autor de Los mochileros: “Tu novela es buena, porque es sincera. Sigue esa línea. Eso sí, esos burros de los críticos, ante tu primera obra, dirán que escribes mejor que Cervantes. Ante la segunda, dirán que eres una mierda… No les hagas caso jamás…”»

Los mochileros, en fin, es una novela escrita con sencillez y realismo, y que se lee con ganas. Y, que, por cierto, leí gracias a dos compañeros con los que, circunstancialmente, compartí habitación y fatigas; uno, que fue contrabandista como el Cuco por las mismas zonas de La Raya; y el otro, buen lector, que había leído la novela y que me habló muy bien de ella.

  «Así y allí, quedó el Cuco. Viviendo cara al cielo, saboreando las mieles que proporcionaban el dinero honradamente ganado. Apurando hieles de los reveses que presentan mil eventualidades inevitables. Allí templó verdaderamente su alma con circunstancias que en este mundo nada se puede contra ellas. Allí comprendió la generosidad del alma de los hombres sanos en los que no había entonces calado. Aprendió las cosas muy distintas de como siempre las había visto, y a veces se dolía de que esa lección se la estuviera dando lo que tanto había despreciado, porque la consideró su cárcel: la tierra. Se dio cuenta que la forma de ser de las gentes del campo tenía su entronque en algo así como un amasijo de pena, alegría y barro, ese barro al que Dios inspiró alma como principio de vida.»

SINOPSIS

Los mochileros narra la vida de personajes que traficaron clandestinamente y de forma elemental entre Portugal y España. Por la manera de transportar las mercancías fueron conocidos con el nombre de mochileros, y las aventuras corridas por el protagonista dan idea de su forma de actuar. Hoy se han convertido en leyenda.

   «Los mochileros se colocan aparte de las mochilas, donde portan a veces hasta treinta kilos de peso, un paquetito con un par de kilos de mercancía sujetos a la parte posterior del cuello o en el pecho al que llaman fiador. El objeto es que, si en su recorrido tuvieran un asalto por los vigilantes de una y otra nación y se vieran apurados, lanzar las mochilas, que son los verdaderos estorbos para la huida, y salvar esa muestra que equivale prácticamente, al precio de un jornal.

   Trabajan en cuadrillas previamente contratados por un jefe aportante del dinero para la carga a veces, para eludir responsabilidades personales, no va con ellos, poniendo entonces la dirección en manos de un guía de su entera confianza. Pueden también trabajar unidos, pero por cuenta propia, esto es, cada cual para su bolsa, aunque buscando cierto amparo en los grupos, nombrándose entre ellos un guía que dirige la operación. Por fin, suelen darse con frecuencia operaciones de individuos en solitario, también por cuenta propia.» 

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     «A veces, por motivos circunstanciales, cargan en España mercancías con las que pueden especular en Portugal, llegando hasta la misma ciudad de Lisboa cuando las condiciones de comercialización son francamente favorables. Estas mercancías que ocasionan el doble negocio son muy variables, girando desde artículos de bisutería hasta planchas enteras de tocino de cerdo. Depende fundamentalmente de baches coyunturales en la economía portuguesa. Con estas cargas suele operarse de muy semejante forma, en lo que respecta al transporte y venta, a como se opera en el tráfico del café, dándose el caso de que importantes marcas lusitanas tienen como verdadera razón de ser el mercado con España, sin preocuparles grandemente el interior de su país. Casi toda su producción pasa la frontera a lomos de estos mochileros audaces, desparramados a lo largo de toda la frontera hispano-lusitana.»

ANTONIO BALLESTEROS DONCEL

ballesteros-RB7CzMI3r3tW1pmBXjjdR7O-624x385@HoyAntonio Ballesteros Doncel nació en Badajoz en 1931 y falleció en 2021, fue un abogado, concejal del ayuntamiento, ganadero, presidente del CD Badajoz, escritor con obras como Los Mochileros, Amor y tierra o La última mochila y articulista del Diario Hoy.

Ocupó importantes puestos representativos en la vida socioeconómica de Extremadura, siendo autor de numerosos trabajos en forma de conferencias, pregones oficiales, y colaboraciones en medios de comunicación, entre ellos revistas especializadas en temas agrarios.

FUENTES

  • Ballesteros Doncel, A. La última mochila. Badajoz, Tecnigraf Editores, 2003
  • Ballesteros Doncel, A. Los mochileros. Badajoz, Diputación Provincial, 2000
  • Muñoz de la Peña, A. Los viajes de Camilo José Cela por Extremadura. Badajoz, Institución Pedro de Valencia, 1982

“Por si se va la luz”, de Lara Moreno

«Dichoso aquel que renunció al mundo antes de que el mundo renunciara a él.»

En los últimos años han sido varios los escritores españoles que han vuelto la mirada a los problemas de la despoblación y del abandono del medio rural, a la realidad de la llamada España vacía o vaciada.

Como hiciera Jesús Carrasco en su celebrada Intemperie, también Lara Moreno se adelantó en 2013 a este fenómeno con su primera novela, Por si se va la luz, en la que nos ofrece una historia íntima, dura y llena de sensibilidad.

«A un pueblo casi abandonado, situado en algún lugar de este país, llegan Martín y Nadia, una pareja de treintañeros urbanitas que han decidido romper con todo para intentar sobrevivir lejos del complejo sistema urbano y neoliberal en decadencia en el que se han convertido las ciudades. Ambos se enfrentan al pequeño pueblo como si hubiesen retrocedido un siglo: hay luz eléctrica y hay agua corriente, pero no mucho más. Desde hace mucho tiempo lo habitan tan solo tres personas. La llegada de los nuevos habitantes traerá luces y sombras a la comunidad, hasta llegar a un sorprendente final.  La historia se estructura en dos partes: Invierno y Verano. Nada de tibiezas ni de etapas de transición; en este relato, aunque no lo parezca, todo es extremo: la enfermedad, el amor, el sexo, las convicciones. Un recorrido intimista hacia el interior, hacia el valor de la existencia desprovista de cualquier disfraz. Una novela que nos invita a reflexionar y zarandea nuestro estilo de vida y nuestras convicciones.»

  «Hemos traído cincuenta libros, todos por leer. Apenas un cuarto de la ropa que teníamos, contando en ese cuarto la de invierno, verano y entretiempo. Los únicos fármacos que nos acompañan son los parches anticonceptivos de Nadia, tenemos para seis meses. Luego no habrá más.»

En esta novela, que le ha valido a su autora ser elegida Joven Talento de Literatura Fnac, encontramos muy pocos personajes, aunque de una gran riqueza y profundidad. Nos encontramos ante una novela coral, aunque no todos los personajes tienen voz propia. En el texto se van alternando las voces de estos personajes en primera persona con la de un narrador omnisciente que complementa y da sentido al relato.

Escrita con un lenguaje poético, preciso y que llama a las cosas por su nombre, la novela es una propuesta atrevida llena de buena literatura que te atrapa desde la primera línea. Una buena novela que se lee con gusto.

   «Yo iba a dejarlo. Me estaba muriendo por dentro. Me estaba quedando sin tripas. Su miedo, su obsesión reconcomida con todo esto, la vida allí cada vez más difícil, más llena de soborno, y él planteándose este viaje, esta mudanza total y esta regresión. Lo externo lo cegaba tanto que no podía pensar en otra cosa que en reinventar su futuro tomando una de las opciones que le habían propuesto, y yo mientras, ajena y con los ojos cerrados para el mundo. Nunca se dio cuenta. Y al final vine. Y pensé, que esto acabe conmigo.»

SINOPSIS

En un pueblo casi sin gente, de repente vuelve la vida para mostrar que nada se acaba de verdad mientras haya un niño haciendo preguntas al mundo.

No se llevaron nada, o casi; ni siquiera el gusto por la aventura. Y cuando llegaron al pueblo, entraron en casa y se echaron encima de un colchón como si la noche no fuera a acabar nunca. Amaneció, y a la luz del sol descubrieron que había más vida allí: unas cuantas casas, unos huertos, hombres y mujeres que hablaban lo justo.

Despacio, Nadia y Martín fueron conociendo a Enrique, el dueño de un bar donde había poco más que libros y vino rancio, a Elena y Damián, dos viejos hechos de pura piedra, y a Ivana, que un buen día apareció acompañada de una niña, hija de todos y de nadie.

¿Qué sentido tenía aquel viaje, y aquella gente, y aquel ir viviendo sin imágenes, sin música, sin mensajes que contestar y solo algo de comida y sexo para aliviar los días? Quizá se tratara de llegar a viejos ahora que ya no quedaba nadie en las ciudades, quizá buscaran una manera de ser y de hacer algo digno en ese tiempo que aun les quedaba antes de que se apagara la luz. Quién sabe.

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  «Entonces, cuando es de noche y Martín posa su mano sobre uno de mis muslos, le pregunto: ¿hemos venido aquí a ser viejos? El menea la cabeza y pronuncia entre sueños: qué contaminada estás. Quiere decir que no soy capaz de asociar la tranquilidad con la vida, y que eso viene de mis urbanas raíces congestionadas. Prácticamente dormido, se vuelve hacia mí en la cama y hunde su mano en mi pelo: cuándo dejarás de resistirte? Resistirme, dice. No tiene ni idea.»

Como todos los grandes libros, Por si se va la luz no se anda con respuestas, sino con buenas preguntas. Lara Moreno es una mujer que empieza y tiempo le queda para decir lo suyo, pero con esta primera novela nos entrega ya literatura en mayúsculas.

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LARA MORENO

lara-moreno-1Lara Moreno nació en Sevilla en 1978 y creció en Huelva. Vive en Madrid, donde trabaja como editora e imparte talleres de escritura. Además de sus cuentos recogidos en numerosas antologías, ha publicado los libros de relatos Casi todas las tijeras (Quórum, 2004) y Cuatro veces fuego (Tropo, 2008), así como los poemarios La herida costumbre (Puerta del Mar, 2008), Después de la apnea (Ediciones del 4 de agosto, 2013) y Tuve una jaula (La Bella Varsovia, 2019), que, junto con sus poemas inéditos, conforman el volumen Tempestad en víspera de viernes (Lumen, 2020). En 2013 recibió el Premio Cosecha Eñe por su relato Toda una vida, y Lumen publicó su primera novela, Por si se va la luz, que obtuvo un importante reconocimiento por parte de la crítica y de los lectores. FNAC la incluyó entonces entre los autores revelación del año. Le siguió Piel de lobo (2016), una espléndida muestra de la madurez narrativa con la que Lara Moreno dejó de ser una promesa para convertirse en una de las voces más destacadas de la presente narrativa castellana. En la actualidad escribe su nueva novela, La ciudad, de próxima publicación en Lumen.

   

“Imaginar un pais, España en 2050”, un ensayo colectivo sobre el futuro de España

La Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia ha reunido a algunos de los escritores más relevantes del panorama literario actual en Imaginar un país, un ensayo colectivo sobre el porvenir de España. La obra se ha realizado en colaboración con el Instituto Cervantes y la editorial Espasa y acerca los hallazgos del proyecto España 2050 a la ciudadanía de un modo ameno y didáctico.

Los ensayos son obra de Jesús Carrasco, Elisabeth Duval, Espido Freire, Inés Martín Rodrigo, Sergio del Molino, Rosa Montero, José Ovejero, Lorenzo Silva y Manuel Vilas. La obra cuenta, además, con un prólogo de Antonio Muñoz Molina y unas palabras introductorias del Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa.

La ciencia, la historia y los recuerdos personales se mezclan en nueve textos fascinantes en los que los autores reflexionan de forma accesible y amena sobre los grandes desafíos que marcarán el futuro de nuestro país, como la educación, el cambio climático, el envejecimiento demográfico, la transformación tecnológica y la desigualdad.

Presentación del libro «Imaginar un país. España en 2050», de VV. AA.

En el acto de presentación del ensayo, que ha tenido lugar en el Instituto Cervantes, han tomado la palabra algunos de los autores de la obra, como Lorenzo Silva, Elisabeth Duval e Inés Martín Rodrigo. y también se han proyectado mensajes en vídeo de Rosa Montero, Manuel Vilas, José Ovejero y Jesús Carrasco.

Además, ha intervenido Diego Rubio, director de la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia de País a Largo Plazo de la Presidencia del Gobierno, quien ha subrayado que, «para entender el presente, es necesario proyectar a futuro los efectos de las decisiones que estamos tomando hoy», y «construir utopías que nos inspiren y marquen el camino, la dirección a trabajar para poder progresar».

«Por eso -añadió Rubio-, creamos hace tres años en Moncloa la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia, que reporta directamente al presidente del Gobierno y tiene el mandato de analizar la evidencia empírica para entender, precisamente, cuáles van a ser los retos y las oportunidades que España se va a encontrar en las próximas décadas, y a ayudar al país a prepararse para ellos».

Durante estos tres años, explicó, «hemos trabajado con más de 250 instituciones, desde la Comisión Europea hasta pequeñas asociaciones», así como «con más de 200 investigadores y académicos de todas las ramas del conocimiento». Pero «nos faltaba» hacerlo con «quienes han sido los padres de la idea de futuro: los escritores», de ahí la «especial ilusión que nos ha hecho que participen en este proyecto once de los mejores que tenemos en el panorama actual, uniéndose a nuestras reflexiones y especulación sobre el futuro».

Durante el coloquio, Inés Martín Rodrigo, encargada de moderar la charla, ha expresado el honor de formar parte de este proyecto, del que ha destacado la diversidad de sus autores, lo que ha permitido «enriquecer el texto». Lorenzo Silva ha destacado la libertad con la que han contado los autores y ha defendido la importancia «pensar qué será lo todavía no es, lo que podría ser» como un «motor de transformación» para el país. Por su parte, Elisabeth Duval ha recordado que «los futuros no están determinados y se harán o no se harán de una manera o de otra en función de decisiones políticas».

También se han proyectado mensajes en vídeo de Rosa Montero, Manuel Vilas, Jesús Carrasco y José Ovejero, quienes han destacado el valor que tiene «invertir tiempo, dinero, esfuerzo y talento en intentar pensar qué va a suceder dentro de unos años», y han señalado que «la ambición más noble de la política es querer transformar no solo el presente sino el futuro y por eso pensar en el año 2050 es un acto de responsabilidad».

LEER UN FRAGMENTO DEL LIBRO

SINOPSIS

Nueve ensayos esenciales para entender el futuro de España, escritos por los autores más importantes de la actualidad

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Los seres humanos no podemos predecir el futuro, pero sí podemos soñarlo, trabajar por él y hacerlo realidad. De la mano de algunos de los escritores más importantes de la actualidad, Imaginar un país aborda cuestiones fundamentales para el porvenir de los españoles y españolas, acercando los hallazgos del proyecto España 2050 a la ciudadanía de forma accesible y amena. 

La ciencia, la historia y los recuerdos personales se mezclan en nueve ensayos fascinantes en los que los autores reflexionan sobre el pasado y el presente de nuestro país para sumergirnos en un futuro posible que está en nuestras manos construir.

Textos de Jesús Carrasco, Elizabeth Duval, Espido Freire, Inés Martín Rodrigo, Sergio del Molino, Rosa Montero, José Ovejero, Lorenzo Silva y Manuel Vilas. 

“Los besos en el pan”, de Almudena Grandes

«Hay que ser muy valiente para pedir ayuda. Pero hay que ser todavía más valiente para aceptarla

Los besos en el pan es una novela de la escritora madrileña Almudena Grandes, publicada en 2015. La acción de la misma se sitúa en un barrio del centro de Madrid que se ve afectado por la crisis económica que castigó a España a partir de 2008. Los protagonistas son los ciudadanos de este barrio, en su mayoría pertenecientes a las clases medias y populares, que tratan de soportar las consecuencias de esta crisis con la mayor dignidad posible.

   «Los españoles siempre hemos sido pobres, incluso en la época en que los reyes de España eran los amos del mundo, cuando el oro de América atravesaba la península sin dejar a su paso nada más que el polvo que levantaban las carretas que lo llevaban a Flandes, para pagar las deudas de la Corona.»

Estamos ante una novela coral, conformada por pequeñas historias en las que las vidas de sus múltiples personajes se van cruzando entre sí.

La novela está escrita con una prosa simple y libre de artificios que resulta muy amena y fácil de leer y constituye todo un homenaje a estas gentes sencillas que supieron sobreponerse a las dificultades sacando lo mejor de cada uno.

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SINOPSIS

Hay que ser muy valiente para pedir ayuda, pero hay que ser todavía más valiente para aceptarla. Los besos en el pan, una conmovedora novela sobre nuestro presente.

   «Estamos en un barrio del centro de Madrid. Su nombre no importa, porque podría ser cualquiera entre unos pocos barrios antiguos, con zonas venerables, otras más bien vetustas. Este no tiene muchos monumentos pero es de los bonitos, porque está vivo.»

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    «Los mayores tienen menos miedo. Ellos hacen memoria de su juventud y lo recuerdan todo, el frío, los mutilados que pedían limosna por la calle, los silencios, el nerviosismo que se apoderaba de sus padres si se cruzaban por la acera con un policía, y una vieja costumbre ya olvidada, que no supieron o no quisieron transmitir a sus hijos. Cuando se caía un trozo de pan al suelo, los adultos obligaban a los niños a recogerlo y a darle un beso antes de devolverlo a la panera, tanta hambre habían pasado sus familias en aquellos años en los que murieron todas esas personas queridas cuyas historias nadie quiso contarles. Los niños que aprendimos a besar el pan hacemos memoria de nuestra infancia y recordamos la herencia de un hambre desconocida ya para nosotros, esas tortillas francesas tan asquerosas que hacían nuestras abuelas para no desperdiciar el huevo batido que sobraba de rebozar el pescado. Pero no recordamos la tristeza.»

¿Qué puede llegar a ocurrirles a los vecinos de un barrio cualquiera en estos tiempos difíciles? ¿Cómo resisten, en pleno ojo del huracán, parejas y personas solas, padres e hijos, jóvenes y ancianos, los embates de una crisis que «amenazó con volverlo todo del revés y aún no lo ha conseguido»? Los besos en el pan cuenta, de manera sutil y conmovedora, cómo transcurre la vida de una familia que vuelve de vacaciones decidida a que su rutina no cambie, pero también la de un recién divorciado al que se oye sollozar tras un tabique, la de una abuela que pone el árbol de Navidad antes de tiempo para animar a los suyos, la de una mujer que decide reinventarse y volver al campo para vivir de las tierras que alimentaron a sus antepasados… En la peluquería, en el bar, en las oficinas o en el centro de salud, muchos vecinos, protagonistas de esta delicada novela coral, vivirán momentos agridulces de una solidaridad inesperada, de indignación y de rabia, pero también de ternura y tesón. Y aprenderán por qué sus abuelos les enseñaron, cuando eran niños, a besar el pan.

ALMUDENA GRANDES

000002319_1_Almudena_Grandes_201709130930Almudena Grandes (Madrid, 1960-2021) se dio a conocer en 1989 con Las edades de Lulú, XI Premio La Sonrisa Vertical. Sus novelas Te llamaré ViernesMalena es un nombre de tangoAtlas de geografía humanaLos aires difíciles, Castillos de cartón, El corazón helado y Los besos en el pan, junto con sus libros de cuentos Modelos de mujer y Estaciones de paso, la han convertido en una autora imprescindible. La culminación de su carrera fueron las cinco novelas que forman sus Episodios de una Guerra Interminable. Adaptada ampliamente al cine y al teatro, mereció, entre otros, el Premio de la Fundación Lara, el Premio de los Libreros de Madrid y el de los de Sevilla, el Arcebispo Juan de San Clemente, el Rapallo Carige, el Prix Méditerranée, el Jean Monet, el Premio de la Crítica de Madrid, el Premio Elena Poniatowska, el Sor Juana Inés de la Cruz, y el Premio Nacional de Narrativa. Su fallecimiento el pasado noviembre de 2021 causó un hondo impacto y provocó una emocionante respuesta colectiva, de homenaje y reconocimiento, por parte de sus miles de lectores.

«Un hipster en la España vacía”, de Daniel Gascón

  «No hay la nube de contaminación de Madrid pero muchas tardes, cuando sopla viento del este, llega un olor fuerte. “Sopla el cerdal”, dice mi tía. Es el olor de las granjas de cerdos.»

Un hipster en la España vacía es una novela de humor del escritor, columnista y editor de la revista Letras Libres Daniel Gascón, publicada en 2020.

Se trata de una divertida parodia de la España actual, un retrato irónico del choque entre el mundo rural y el urbano.

El escritor zaragozano nos cuenta la historia del joven universitario Enrique Notivol, un chico moderno de ciudad que, tras varios desencantos, por culpa de un trabajo que no le satisface y de una ruptura amorosa, decide irse a vivir a un pueblo de la España vacía, La Cañada, Teruel, donde se instala en casa de sus tíos. Allí trata de llevar a cabo sus proyectos posmodernos y ecologistas, producto de su visión idealizada, que chocan con la realidad que se vive todos los días en el pueblo. Intenta poner en marcha un huerto colaborativo, un taller sobre nuevas masculinidades (al que sólo van algunas abuelas del pueblo), introducir el uso del lenguaje inclusivo, hace yoga en el corral, intenta encontrar cobertura para subir fotografías a su cuenta de Instagram en las eras del pueblo, ve estructuras heteropatriarcales dentro de los gallineros, reprocha a la gente del pueblo que utilizan mucho los vehículos contaminantes… Y en el transcurso de su adaptación, le van pasando aventuras disparatadas que ponen de manifiesto los grandes contrastes que existen entre las diferentes personas y las diferentes formas de vida del pueblo y de la ciudad, a través de personajes y de situaciones exageradas, llevadas al extremo.

   «JOSEFINA USÓN, ALGUACILA: Al tercer o cuarto día que llevaba en el pueblo se me plantó en el Ayuntamiento con un papel. Que tenía unas ideas para cambiar los pregones. «Se hace saber, por orden del señor alcalde, para que lo sepan todas y todos los y las habitantes, que han venido los y las comerciantes ambulantes», por ejemplo. Es muy distinto al «Se hace saber, por orden del señor alcalde, que ha venido el gitano». Ahora me lleva bastante más tiempo decir el pregón. Pero te acostumbras.»»

Un día, al bajar al bancal se encuentra con una pintada: “Forastero, gilipollas”, que el hipster cree que va dirigido a Mohamed, el marroquí que trabaja como pastor en el pueblo, y que, por cierto, está bastante más integrado que él. Otro, el mismo Enrique se salva de morir por un disparo gracias al libro de Sergio del Molino, La España vacía, que le detiene la bala. Pese a todo, parece que poco a poco va siendo aceptado por los lugareños, que acabarán eligiéndolo alcalde del pueblo.

Un hipster en la España vacía es una novela llena de humor e ironía, repleta de situaciones y peripecias surrealistas. Una sátira en torno a las profundas diferencias que separan a los urbanitas de los habitantes del mundo rural. Un libro escrito sin alardes, que entretiene y que se lee de un tirón… Y con una magnífica cubierta.

   «Pidieron que se retirase Lolita de las bibliotecas municipales de la zona. No estaba en varias, así que consiguieron que se comprara (en bolsillo) y se retirase después: toda una declaración de principios. Es un ejemplo de la vibrante sociedad civil que podemos ver en la España vacía.»

SINOPSIS

Enrique se instala en una casa familiar en La Cañada, un pueblo de Teruel, para alejarse del ritmo de la vida en la ciudad, montar un huerto colaborativo y olvidar a su exnovia. Hace yoga en el corral por las mañanas, busca quinoa en la tienda, intenta encontrar cobertura en las eras para alimentar su Instagram y monta un taller con sobre nuevas masculinidades. Es -aunque él no estaría a favor de la comparación especista- un pulpo en un garaje, pero se comporta como una especie de extraterrestre en el Maestrazgo o de Quijote moderno.

Para sorpresa de todos, encuentra su sitio, se enamora y se convierte en alcalde del pueblo, dispuesto a resolver algunos conflictos: problemas con las localidades vecinas, el rodaje de una película sobre la Guerra Civil que hace pensar a unos miembros de Vox que la revolución anarquista ha estallado en Teruel, el secuestro de Greta Thunberg durante la cumbre del clima o que una cantante estadounidense utilice en un concierto el traje tradicional de La Cañada, en un caso flagrante de apropiación cultural.

 «Qué bonito es despertar aquí. Un poco antes de las seis se oye el canto del gallo. No mucho más tarde llegan los primeros sonidos del pueblo que amanece: Tomás con la mula mecánica, Javier con la mula mecánica, Rogelio con el tractor, Paco con la mula mecánica.

   Me quedo unos minutos leyendo La España vacía en la cama. Luego, cuando suenan las campanas de la iglesia, salgo preparado, con una energía que no tenía en mucho tiempo. La sensación de estar haciendo algo importante de verdad, de encontrarme en armonía con la naturaleza, pero también conmigo mismo.»un-hipster-en-la-espana-vacia

Un hipster en la España vacía es una historia de aventuras y un retrato irónico del choque de la sensibilidad urbana y la visión rural. La Cañada es una galería de excéntricos dotados de una rara humanidad, pero también un microcosmos que refleja los debates centrales de la actualidad con una perspectiva reveladora.

   «La principal virtud de esta novela es aquello que, en este país donde goza de tanto prestigio la solemnidad pomposa y palabrera, muchos considerarán su peor flaqueza: su humildad, su falta absoluta de pretensiones. Gascón —lúcido analista de la política española— pergeña un retrato demoledor y exactísimo, además de hilarante, de la realidad de nuestro país; también un retrato compasivo: al fin y al cabo, el hipster del título no es más que un tonto entrañable, que es casi lo máximo que se puede aspirar a ser en esta vida.» Javier Cercas

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DANIEL GASCÓN

daniel-gascon-18070Daniel Gascón (Zaragoza, 1981) estudió filología inglesa e hispánica en la Universidad de Zaragoza. Ha publicado los libros de relatos La edad del pavo (Xordica, 2001), El fumador pasivo (Xordica, 2005) y La vida cotidiana (Alfabia, 2011), una memoria familiar, Entresuelo (Literatura Random House, 2013) y la novela Un hipster en la España vacía. Ha traducido a autores como Mark Lilla, Saul Bellow y Christopher Hitchens. Es el responsable de la edición española de la revista Letras Libres.

Tierra vieja”, de Antonio Pérez Henares

«No somos más que nadie, pero menos que nadie tampoco»

Tierra Vieja es la última novela del escritor y periodista de Guadalajara Antonio Pérez Henares, publicada en 2022. Se trata, sin duda, de su obra más personal y que está escrita desde el corazón.

En esta novela histórica, Pérez Henares, hijo, nieto y bisnieto de labradores, nos traslada a las fronteras de la extremadura castellana de los siglos XII y XIII y nos muestra la vida de la gente del pueblo, sencilla y trabajadora que, con una mano en la lanza y la otra en la estiba del arado, crearon y consiguieron el objetivo de perseverar en esa tierra, ensanchando los límites de Castilla y León.

   «En esto último era donde quería estar, y cuanto antes, el Juanillo y en lo primero andaban el Julián y el Valentín. Pero en realidad estaban todos en lo mismo. Con una mano en la estiba del arado y la otra en la empuñadura de una lanza. En no pocos casos, y dependiendo de la estación o la necesidad, era el mismo quien, según tocaba, estaba en las dos cosas. Labrar la tierra y combatir por mantenerla y ensancharla.»

Para escribir esta historia, el escritor alcarreño ha vuelto la vista a la tierra que le vio nacer, de la que se siente muy orgulloso, y considera que de esta manera ha pagado la deuda que tenía con las gentes y con los pueblos de estas tierras.

«Hay un canto a la tierra. Yo soy hijo, nieto, bisnieto de labradores. He visto segar a mano, arar con arado, con mulas. Una oda al respeto que se debería ofrecer a esta profesión y los lugares que algunos consideran, erróneamente, la España vaciada.

Tierra Vieja pone en valor la vida en rural ante una visión urbana sobre la tierra totalmente paternalista y soberbia. Desde la urbe dan lecciones de cómo se tiene que vivir en el campo, no hay respeto hacia gente que cuida todo un territorio», ha afirmado el escritor y periodista alcarrreño.

  «La vida del labrador era eso, un acabar para empezar. Cuando se salía de eras y se metía en los atrojes la cosecha, había que ponerse a preparar la nueva siembra. Parar lo que se dice parar solo se paraba por obligación o porque el tiempo no dejaba salir al campo. Entonces se aprovechaba para remendar lo que se había ido rompiendo y no se tuvo tiempo de componerlo, hacerse con aquello que se había echado de menos o limpiar un rincón o trasladar algo de sitio. La lluvia, además de ser bien recibida, proporcionaba aquellos ratos más sosegados y hasta había tiempo para quedarse apoyado en un quicio y a cubierto, y ver caer el agua. Fuera en las cuadras, en el zaguán o en la fragua, los días metidos en agua también servían para descansar por mucho que se aprovechara para poner una herradura, enderezar una telera del arado, zurcir un tirante de la yunta, repasar una collera o curarle a la mula un rasponazo. Y ver llover. Que era bonito ver llover bajo techado.»

Una historia escrita con una magnífica prosa y en la que utiliza un vocabulario muy rico, en el que abundan los términos propios de las faenas agrícolas. Apoyada en un gran trabajo previo de documentación histórica, refleja muy bien cómo era la forma de vida en los difíciles años de la Reconquista y repoblación de los territorios de la extremadura castellanaEn fin, estamos ante una buena novela, que se lee con ganas.

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SINOPSIS

España nunca quedará vacía mientras recordemos su historia.

Se han contado los relatos de los reyes, de los nobles, de las batallas y de los grandes guerreros, pero quienes repoblaron la tierra yerma fueron hombres y mujeres que, con una mano en la estiba del arado y la otra en una lanza, arriesgaron sus vidas por repoblar las tierras perdidas. Entonces, cuando una peligrosa tropa acechaba —y junto a ella la muerte— ellos dibujaron las fronteras que hoy heredamos.

   «Era una tierra vieja. Desde luego que lo era. Había sido roturada ya antes. Había sido hendida por el arado, descuajados los chaparros, desbrozado el arbusto, tirado el surco, sembrado el trigo y plantada la vid y la higuera. Pero luego, una y otra vez, habían llegado el hacha y el fuego. Había sido talada, arrancada la cepa de raíz y socarrada. Baldía de nuevo y vuelta a ser cultivada después para volver a ser arrasada hasta la entraña. Pero, aun así, algo había quedado en ella, algo que siempre pugnaba por rebrotar. Y los hermanos lo habían sabido hallar y ayudado a renacer.»

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   «—Nos la hemos ganado, Antonio. Nuestros abuelos, nuestros padres y nosotros. Es nuestra tierra. Nos pertenece.
    El Pequeño asintió a las palabras de su hermano mayor.
    El Antonio tardó en contestar. También lo hizo asintiendo con la cabeza a lo dicho por su primo, pero luego añadió con la boca:

     —Pero no, Jesús. Somos nosotros quienes le pertenecemos a ella.»

En esta novela de prosa evocadora y exhaustivo rigor histórico, Antonio Pérez Henares nos traslada, a galope entre el siglo XII y el XIII, a las fronteras de la extremadura castellana por las sierras, las alcarrias, el Tajo y el Guadiana. A través de sus personajes —cristianos y musulmanes, campesinos y pastores, señores y caballeros—, nos muestra la historia de los que sembraban y segaban, de los que levantaron las ermitas e hicieron brotar pasiones, amistades, rencores, pueblos y vivencias. Aquellos que dieron humanidad a la tierra y se convirtieron en la semilla de nuestra nación.

Esto es Tierra vieja y ellos, sus héroes

ANTONIO PÉREZ HENARES

perezhenaresAntonio Pérez Henares es autor, entre otras obras, de las novelas La tierra de Álvar Fáñez y El rey pequeño, de la Tetralogía Prehistórica, compuesta por NublaresEl hijo de la garzaEl último cazador y La mirada del lobo, así como de La canción del bisonte. En 2020 publicó Cabeza de Vaca, una recreación de la fascinante vida y epopeya de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, que obtuvo un gran reconocimiento de la crítica y los lectores.

Ejerce el periodismo desde los dieciocho años, cuando comenzó en el diario Pueblo. Fue director del Tribuna y director de publicaciones de Promecal. Ahora colabora puntualmente en un buen número de periódicos, pero hace un tiempo decidió dejar de participar en las tertulias televisivas donde había obtenido gran notoriedad.

“La colmena”, de Camilo José Cela, una de las grandes novelas españolas del siglo XX

    «La mañana sube, poco a poco, trepando como un gusano por los corazones de los hombres y de las mujeres de la ciudad; golpeando, casi con mimo, sobre los mirares recién despiertos, esos mirares que jamás descubren horizontes nuevos, paisajes nuevos, nuevas decoraciones. La mañana, esa mañana eternamente repetida, juega un poco, sin embargo, a cambiar la faz de la ciudad, ese sepulcro, esa cucaña, esa colmena…  ¡Que Dios nos coja confesados! »

La colmena es una novela del escritor español Camilo José Cela, Premio de las letras Príncipe de Asturias 1987 y Premio Nobel de Literatura 1989, publicada en Buenos Aires en 1951. En España no se publicaría hasta el año 1955, por oposición de la censura franquista.

Escrita entre 1945 y 1950, la acción de la obra se desarrolla en Madrid a lo largo de unos pocos días del mes de diciembre de 1942; concretamente de dos y de un tercero, tres o cuatro días más tarde, en el que se sitúa el final de la novela. Una ciudad, el Madrid de la inmediata posguerra, captada en sus aspectos más sórdidos y poblada por unos personajes en su mayor parte desgraciados.

Una novela sombría que, como dice el autor en la nota que precede al texto de la primera edición, «no aspira a ser más –ni menos, ciertamente– que un trozo de vida narrado paso a paso, sin reticencias, sin extrañas tragedias, sin caridad, como la vida discurre».

Estamos ante una obra coral con casi trescientos personajes, de los que solo una treintena cobran verdadera importancia. Con ella, el autor de La familia de Pascual Duarte quiso mostrar la triste y cruda realidad de aquellos difíciles años de la posguerra en España. Retrata una sociedad pesimista, mediocre y desesperanzada. Por eso los personajes, que, en su mayoría, suelen intervenir poco, están cuidadosamente seleccionados y sus vidas se entrecruzan, a semejanza de las celdas de una colmena.

Pese a su aparente sencillez, La colmena es una novela muy trabajada por su autor. Utiliza las palabras justas y un lenguaje muy cuidado, que oscila entre lo poético y lo vulgar, para producir el efecto deseado en el lector. En su mayoría de rechazo, pero de comprensión y hasta de ternura a veces.

Gitanillo

    «Al niño que cantaba flamenco le arreó una coz una golfa borracha. El único comentario fue un comentario puritano:

    ¡Caray, con las horas de estar bebida! ¿Qué dejará para luego? El niño no se cayó al suelo, se fue de narices contra la pared. Desde lejos dijo tres o cuatro verdades a la mujer, se palpó la cara y siguió andando […]

    El niño no tiene cara de persona, tiene cara de animal doméstico, de sucia bestia, de pervertida bestia de corral. Son muy pocos sus años para que el dolor haya marcado aún el navajazo del cinismo -o de la resignación- en su cara, y su cara tiene una bella e ingenua expresión estúpida, una expresión de no entender nada de lo que pasa. Todo lo que pasa es un milagro para el gitanito, que nació de milagro, que come de milagro, que vive de milagro y que tiene fuerzas para cantar de puro milagro.

    Detrás de los días vienen las noches, detrás de las noches vienen los días. El año tiene cuatro estaciones: primavera, verano, otoño, invierno. Hay verdades que se sienten dentro del cuerpo, como el hambre o las ganas de orinar.»

Estamos ante una de las grandes novelas españolas del siglo XX y probablemente la obra cumbre de su autor. Muy recomendable

La colmena es la novela de la ciudad, de una ciudad concreta y determinada, Madrid. […] No presto atención sino a tres días de la vida de la ciudad, que es un poco la suma de todas las vidas que bullen en sus páginas, unas vidas grises, vulgares y cotidianas, sin demasiada grandeza, ésa es la verdad. La colmena es una novela sin héroe, en la que todos los personajes, como el caracol, viven inmersos en su propia insignificancia”.

Camilo José Cela

En el año 1982, la novela fue llevada la cine con el mismo título por Mario Camus y contó con un extenso elenco de figuras del cine español así como con una cuidada ambientación.

Camilo José Cela escribe en el prólogo a la primera edición de la novela: «La Colmena no es otra cosa que un pálido reflejo, que una humilde sombra de la cotidiana, áspera, entrañable y dolorosa realidad (…) no aspira a ser más que un trozo de vida narrado sin reticencias, sin extrañas tragedias, sin caridad, como la vida discurre, exactamente como la vida discurre. Queramos o no queramos. La vida es lo que vive -en nosotros o fuera de nosotros-; nosotros no somos más que su vehículo, su excipiente como dicen los boticarios (…) Su acción discurre en Madrid, en 1942, y entre un torrente, o una colmena, de gentes que a veces son felices, y, a veces, no». (Filmaffinity)

SINOPSIS

La gran novela urbana de Camilo José Cela.

En el Madrid de los años inmediatamente posteriores a la Guerra Civil, los destinos de numerosos individuos de varias clases sociales y con diferentes actitudes ante la vida desfilan en una secuencia de breves y fascinantes viñetas narrativas. Con la ciudad como personaje, el conjunto es el retrato de una sociedad en la que el estraperlo, el hambre, la prostitución y el miedo conviven con efímeros destellos de ternura y humor. Publicada en 1951 en Buenos Aires debido a los problemas con la censura, La colmena, una de las obras maestras de Cela, constituye un hito fundamental de la narrativa española, que contribuyó a renovar de manera decisiva.

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       «Doña Rosa va y viene por entre las mesas del café, tropezando a los clientes con su tremendo trasero. Doña Rosa dice con frecuencia leñe y nos ha merengao. Para doña Rosa, el mundo es su café, y alrededor de su café, todo lo demás. Hay quien dice que a doña Rosa le brillan los ojillos cuando viene la primavera y las muchachas empiezan a andar de manga corta. Yo creo que todo eso son habladurías: doña Rosa no hubiera soltado jamás un buen amadeo de plata por nada de este mundo. Ni con primavera ni sin ella. A doña Rosa lo que le gusta es arrastrar sus arrobas, sin más ni más, por entre las mesas. Fuma tabaco de noventa, cuando está a solas, y bebe ojén, buenas copas de ojén, desde que se levanta hasta que se acuesta. Después tose y sonríe. Cuando está de buenas, se sienta en la cocina, en una banqueta baja, y lee novelas y folletines, cuanto más sangrientos, mejor: todo alimenta. Entonces le gasta bromas a la gente y les cuenta el crimen de la calle de Bordadores o el del expreso de Andalucía.»

La crítica ha dicho:

   «Uno de los escritores más radicales de todo el siglo XX. […] Los relojes corren a favor de Camilo José Cela, segundo a segundo, minuto a minuto, hasta marcar la hora exacta de su eterna maestría.» Alberto Olmos

   «El último gran escritor español, creador de fábulas, de lenguaje, de palabras, con una capacidad prodigiosa para expresarse.» Francisco Umbral

   «Ser escritor hasta sus últimas consecuencias implicaba, para Camilo José Cela, un completo haz de responsabilidades: desde el denodado esfuerzo por dominar el idioma hasta la hábil administración de una presencia social.» Darío Villanueva

CAMILO JOSÉ CELA

cela_camilo_joseCamilo José Cela Trulock. (Iria Flavia, La Coruña, 11 de mayo de 1916 – Madrid, 17 de enero de 2002). Escritor y académico español, galardonado con el Premio Nobel de Literatura.

En 1925 su familia se traslada a Madrid. Antes de concluir sus estudios de bachillerato enferma y es internado en un sanatorio de Guadarrama (Madrid) durante 1931 y 1932, donde emplea el reposo obligado en largas sesiones de lectura.

En 1934 ingresa en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Sin embargo, pronto la abandona para asistir como oyente a la Facultad de Filosofía y Letras, donde el poeta Pedro Salinas da clases de Literatura Contemporánea. Cela le muestra sus primeros poemas, y recibe de él estímulo y consejos. Este encuentro resulta fundamental para el joven Cela, que se decide por su vocación literaria. En la facultad conoce a Alonso Zamora Vicente, a María Zambrano y a Miguel Hernández, y a través de ellos entra en contacto con otros intelectuales del Madrid de esta época. Antes, en plena guerra, termina su primera obra, el libro de poemas Pisando la dudosa luz del día.

En 1940 comienza a estudiar Derecho, y este mismo año aparecen sus primeras publicaciones. Su primera gran obra, La familia de Pascual Duarte, ve la luz dos años después y a pesar de su éxito sufre problemas con la Iglesia, lo que concluye en la prohibición de la segunda edición de la obra (que acaba siendo publicada en Buenos Aires). Poco después, Cela abandona la carrera de Derecho para dedicarse profesionalmente a la literatura.

En 1944 comienza a escribir La colmena; posteriormente lleva a cabo dos exposiciones de sus pinturas y aparecen Viaje a La Alcarria y El cancionero de La Alcarria. En 1951 La colmena se publica en Buenos Aires y es de inmediato prohibida en España.

En 1954 se traslada a la isla de Mallorca, donde vive buena parte de su vida. En 1957 es elegido para ocupar el sillón Q de la Real Academia Española.

Durante la época de la transición a la democracia desempeña un papel notable en la vida pública española, ocupando por designación real un escaño en el Senado de las primeras Cortes democráticas, y participando así en la revisión del texto constitucional elaborado por el Congreso.

En los años siguientes sigue publicando con frecuencia. De este período destacan sus novelas Mazurca para dos muertos y Cristo versus Arizona. Ya consagrado como uno de los grandes escritores del siglo, durante las dos últimas décadas de su vida se sucedieron los homenajes, los premios y los más diversos reconocimientos. Entre estos es obligado citar el Príncipe de Asturias de las Letras (1987), el Nobel de Literatura (1989) y el Miguel de Cervantes (1995). En 1996, el día de su octogésimo cumpleaños, el Rey don Juan Carlos I le concede el título de Marqués de Iria Flavia.

FUENTES

  • Cela, Camilo José. La colmena. Barcelona, De Bolsillo, 2021
  • Cela, Camilo José. La colmena. Madrid, Cátedra, 2010
  • Diccionario literario Bompiani

«La forastera”, de Olga Merino

 «Me están echando el cerco, y no es el viento.»

La forastera es una novela de Olga Merino, publicada en 2020. Con esta obra, la escritora barcelonesa ha sido ganadora del premio Pata Negra y del Cubelles Noir, finalista del Premio Bienal de novela Mario Vargas Llosa y del VII Premio Ciudad de Santa Cruz de Novela Criminal y situada entre los mejores libros de 2020 según El PaísEl Periódico Forbes.

Confieso que no había leído anteriormente nada de esta autora y que llegué a ella por pura casualidad. Encontré una referencia a su novela en un artículo sobre libros de la España vacía o vaciada. Concretamente dentro de las últimas novedades que abordaban el tan cacareado problema de la despoblación y de la falta de inversiones por parte de las autoridades para mejorar las infraestructuras y servicios de estos pueblos que cada vez se van quedando más solos y vacíos. Lecturas que nos transportan a este territorio que hasta hace poco se conocía con el desafortunado término de España profunda.

La historia que nos ocupa está narrada en primera persona por Ángela o Angie, el personaje principal de la novela, una cincuentona que tras una mala experiencia en el extranjero regresa a la antigua casa familiar, en las afueras de una aldea perdida y casi vacía del sur de España buscando la paz y el sosiego. Allí, en compañía de sus perros, tratará de ir sobreviviendo bajo la mirada hostil de los lugareños, que la consideran medio loca.

    «Ellos no lo saben pero aquí estoy bien, con el huerto y los perros, las trochas y mis piernas. La cancela está siempre abierta. No les tengo miedo. Chismorrean. Saben que escondo una escopeta en la cámara del grano, una vieja Sarasqueta del calibre doce. Creen que estoy loca porque frecuento el cementerio, hablo en voz alta frente a la tumba de mi madre, bebo, me río sola y apenas tengo trato con nadie. Tampoco me corto el pelo desde que murió mi vieja. Que estoy mal de la cabeza, dicen. Si acaso estoy loca de puro cuerda. Yo conozco mi sombre y mi verdad.»

Hasta que la muerte del mayor terrateniente de la comarca la pone sobre la pista del pasado de su propia familia. Un pasado que hasta entonces le había sido ocultado y en el que los dramas y las muertes por suicidio parecen haberse convertido en una auténtica epidemia.

Según la información que proporciona la editorial, La forastera es un western contemporáneo en el territorio áspero de una España olvidada. Un relato estremecedor y emocionante sobre la libertad y la capacidad de resistencia del ser humano.

A mí me ha parecido una novela muy dura, como el propio paisaje en el que transcurre la mayor parte de la misma. Un paisaje que es descrito con enorme sensibilidad y belleza, y que puede ser considerado como otro personaje más de la historia. Una historia escrita con una prosa muy sensorial y utilizando un vocabulario muy rico y preciso en el que abundan los términos propios del medio rural y de las faenas agrícolas.

  «En el recuerdo, mi padre sigue junto a la ventana, desde donde observaba las calles del barrio sin asfaltar, buscando algún rastro del cerro y la campiña entre los bloques de pisos a medio construir, como un campesino fuera de lugar que aguarda la escampada para salir a desvaretar los chupones. En el fondo, aunque nos hubiéramos alejado tanto, nunca salimos de la aldea. Allí donde la ciudad perdía el nombre, seguíamos pegados al barro de las veredas.»

Una novela magnifica, que me ha evocado en algunos momentos durante su lectura al maestro Delibes o al extremeño Jesús Carrasco. Sin ninguna duda, uno de los mejores libros que he leído últimamente. Muy recomendable.

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SINOPSIS

Cuando lo has perdido todo, no hay nada que puedan arrebatarte. Un relato emocionante sobre la libertad y la capacidad de resistencia del ser humano.

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    «La muerte merodea por aquí desde siempre. La gente de estos predios lo sabe muy bien. Tal vez es la melancolía la que invita a desaparece. O la calima que empaña las cosas y tanto se le asemeja. He acabado por comprender bien el espíritu de estas tierras, como si me hubieran parido aquí. Conozco la soledad angustiosa del paisaje, la gama completa de los ocres, los verdes que juegan a ser azules allí donde se encabalgan las lomas.»

Tras una juventud de excesos, Angie vive retirada -casi atrincherada- en una aldea recóndita del sur. Para los vecinos es la loca que se deja ver en compañía de sus perros. Su existencia transcurre en el viejo caserón familiar, en un cruce continuado de dos tiempos: el presente y el pasado. Tan solo tiene a sus fantasmas y el recuerdo del amor vivido con un artista inglés en el Londres olvidado de Margaret Thatcher.

El hallazgo del cuerpo ahorcado del terrateniente más poderoso de la comarca lleva a Angie a desenterrar viejos secretos familiares y a descubrir el hilo fatal de muerte, incomprensión y silencio que une a todos en la comarca. ¿Es el aislamiento? ¿Son los nogales, que secretan una sustancia venenosa? ¿O acaso la melancolía de los húngaros, que llegaron hace siglos con sus baúles y violines? Angie sabe que, cuando lo has perdido todo, no hay nada que puedan arrebatarte.

OLGA MERINO

© Marta Calvo

Olga Merino (Barcelona, 1965) es licenciada en Ciencias de la Información y máster en Historia y Literatura Latinoamericanas en el Reino Unido. Trabajó en la década de los noventa en Moscú como corresponsal para El Periódico. De aquella experiencia surgió su primera novela, Cenizas rojas, que tuvo un gran éxito entre la crítica, así como los diarios recogidos en Cinco inviernos. A aquella novela le siguieron Espuelas de papel y Perros que ladran en el sótano. En 2006 obtuvo el Premio Vargas Llosa NH por Las normas son las normas. Actualmente es columnista de El Periódico y profesora en la Escola d’Escriptura de l’Ateneu Barcelonès. Sus novelas han sido traducidas al italiano, neerlandés, inglés, francés y chino. Con La forastera (Alfaguara, 2020), Merino ha sido ganadora del premio Pata Negra y del Cubelles Noir, finalista del Premio Bienal de novela Mario Vargas Llosa y del VII Premio Ciudad de Santa Cruz de Novela Criminal y situada entre los mejores libros de 2020 según El PaísEl Periódico Forbes.

“La venganza de las ratas”, de Víctor Chamorro, el caciquismo y el politiqueo disfrazados de honorabilidad en un pueblo perdido, pequeño e ignorante

La venganza de las ratas es una novela del escritor extremeño Víctor Chamorro, publicada en 1967. Fue la primera novela del franquismo que trataba de un caso de torturas por parte de la Guardia Civil en un pueblo usurpado, en el tiempo en el que ETA comenzaba sus actividades terroristas.

La novela, además de obtener el prestigioso Premio Urriza de Novela, se convirtió en un éxito de ventas, pero también, como reconoció su autor en más de una ocasión, le ocasionó graves problemas con la censura. «Una vez publicada, la novela le cuesta a mi editor que al año siguiente desaparezca el premio literario que patrocina, el Urriza. Y a mí me cuesta que la siguiente obra que tengo contratada con él, Las Hurdes, tierra sin tierra, tenga que pasar la censura previa, donde le pegan cuarenta estocadas. Entonces mi padre me dice que deje de escribir así y que no intente ganarme la vida con la literatura, porque estoy casado y voy a tener un hijo; que escriba como todo el mundo porque ya van detrás de mí. Y es cuando me meto a docente, para asegurarme unos ingresos más estables».

Todo el relato es un largo monólogo que nos expone la visión del mundo, de un mundo simple y patético, desde la mirada del protagonista que busca una explicación a lo que no la tiene: a la presencia del dolor sobre el mundo.

El protagonista, Jacobo, es el hombre con más fuerza y arrojo del pueblo, experto cazador, amante de la naturaleza, de la libertad y de la justicia, que acabará enfrentándose a las fuerzas vivas del pueblo.

  «Cuando volvió de la guerra, con diecinueve años, cinco heridas y seis medallas, despreció trabajar en Vallehermoso. Le tomaron por loco. El prefirió seguir siendo libre aunque no contase con un jornal fijo. Y a la sierra subió a ganarse la vida con la caza. El abuelo le había regalado una escopeta pesada como un trabuco, negra como el tizón, el caño atado con alambre y los gatillos por fuera. En la sierra era feliz sin darse cuenta; cada día más feliz. La naturaleza no sólo no le cansaba sino que, por el contrario, le maravillaba un poco más cada día. Era sabia. Si llovía era porque debía llover, si el sol caía sobre los campos, como plomo derretido, era porque así estaba escrito.»

Como expresa Pecellín Lancharro, en su conocida obra Literatura en Extremadura, «La venganza de las ratas es una novela de tipo objetivista, en la que el autor constata el estado de cosas existente en un pueblecito: Rincón (Hervás, muy probablemente). El aspecto documental se refuerza por la estructura de la obra compuesta en forma de crónica detallada casi minuto a minuto. No obstante, la consecución lineal se rompe frecuentemente con imágenes repescadas por la memoria y cuya aparición más o menos espontánea aporta cierta complejidad al discurso.

Casi puede decirse que la obra tiene un personaje colectivo: la gente de Rincón, dividida en pobres (que habitan en el miserable barrio judío) y “ricos”. El enfrentamiento entre ambas clases se polariza en torno a la figura de Jacobo, al que los primeros admiran y los segundos odian. Como en otras novelas de Chamorro, aquí no hay ni un maniqueísmo absoluto, ni un mínimo planteamiento ideológico. Por una parte, encontramos de un lado pobres obedientes a la voz de los señores y una gran masa irresoluta a causa del miedo o la costumbre. Por otro lado, hay entre los fuertes algunos personajes que defiende a Jacobo (el médico, el juez y hasta el cura: parte fundamental del grupo conservador). Jacobo mismo no tiene conciencia de clase, ni ninguna idea política. Se mueve tan sólo por un instinto de justicia. Muy joven, hizo la guerra en el bando nacional, volviendo del frente cargado de medallas. Cazador experto, conoce la sierra al dedillo y viviría muy bien de su escopeta si los ricos no destruyeran la caza.

Los avezados caciques del pueblo mueven los hilos hasta conseguir que Jacobo, intemperante y ya dado a la bebida, arruine su vida. Con el apoyo de los municipales y la Guardia Civil, le pegan una tunda que lo pone al borde de la muerte y la exasperación, todo porque puede que fuera a robar un simple paquete de tabaco. La figura desgarrada de la antigua bailarina nómada y hoy compañera siempre beoda de Jacobo, Casta, es el contrapunto de la rica, devota y repelente doña Inmaculada.

Un lenguaje poco cuidado, con abundancia de expresiones dialectales y una ortografía dudosa, restan méritos a la novela de casi trescientas cincuenta páginas».

La venganza de las ratas es una novela dura, de corte realista y éticamente comprometida, que supone una denuncia contra el caciquismo, la injustica, el abuso de poder y el politiqueo disfrazado de honorabilidad.

Verso

   «Ahora el recuerdo de su madre borró otros recuerdos. Sintió un estremecimiento y se echó a llorar. Al darse cuenta que estaba llorando se enfureció consigo mismo. Pensó en las palabras de su madre. Decía ella que había un cielo, un infierno y un purgatorio. Se avergonzó de pensar en esas cosas y escupió. Él no era hombre religioso. Después de la guerra pensó que lo único cierto era la realidad de cada uno. Y la realidad era un mundo de fieras que sin saber el por qué se destrozaban entre sí, como hormigas de distinto hormiguero, convirtiendo la tierra en un pozo de sangre. La realidad era que unos tenían pan y otros no. Que el que tenía incluso para hartarse no se preocupaba de el que no tenía ni para probar un bocado. Y después de todo esto venían los curas diciendo que había un Dios.» 

SINOPSIS

La venganza de las ratas es una novela dura, sombría, al tiempo que amable. No es una novela de tesis, ni costumbrista, ni de mensaje, ni es un drama rural. Es una simple novela. Chamorro, en el reducido territorio de un pueblecito, crea un mundo que vive y que se agita. Lo que ocurre en Rincón puede ocurrir, salvando diferencias de matices, donde se quiera, pues, en definitiva, el hombre será siempre hombre esté donde esté.

Jacobo, el personaje principal del relato, es un inadaptado. Un salvaje lleno de nobleza. Los honorables, desde el pódium de su intachable prestigio, aplastan a Jacobo. ¿No está ocurriendo esto a diario?

    «Es fácil la explicación. La gente se calla para evitarse líos pues en cuanto sale un valiente pues se destaca y los palos van a sus lomos. La culpa de lo que ha pasado esta mañana a Jacobo la tenemos todos que nos callamos por miedo siempre. Yo bien me sé lo que debimos de haber hecho esta mañana.

    Debimos de habernos metido todos en la taberna y habernos tirado a ellos. Y habernos quedado sin autoridades, pero somos más cobardes que la madre que nos parió.»

Portada

La venganza de las ratas es una novela realista, pero también nos atreveríamos a decir que tiene mucho de simbólica. El caciquismo, el politiqueo rastrero, la calumnia, el odio y el miedo, disfrazados de honorabilidad se enfrentan al hombre elemental que no es capaz de comprender el mundo que le rodea, que no conoce los resortes que gobiernan a ese mundillo.

El drama de La venganza de las ratas es el drama de nuestro tiempo (téngase en cuenta que la novela fue escrita entre agosto de 1966 y enero de 1967). La vanidad, el orgullo, la discriminación, la inmoral sumisión por el que manda, la envidia mezquina y el miedo son personajes con papeles principales en la eterna comedia de cada día.

Porque la acción de La venganza de las ratas transcurre en las 24 horas de un solo día. Y es tiempo suficiente para que se descorra el telón y salga a la luz toda la podredumbre contenida y oculta bajo una maravillosa túnica de oro.

VÍCTOR CHAMORRO

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Fuentes: Rebelión

Víctor Chamorro Calzón (Monroy, 1939; Plasencia, 2022). Licenciado en Derecho por la Universidad de Salamanca, se dedicó a la docencia en el Colegio Libre Adoptado de Hervás (Cáceres) y el Colegio Destino de Madrid.

Fue finalista del Premio Planeta en dos ocasiones: con El santo y el demonio (1963) y El adúltero y Dios (1964). Es autor de una monumental historia de Extremadura en ocho volúmenes y de libros considerados revolucionarios y transgresores: Las Hurdes, tierra sin tierra (1969), Guía secreta de Extremadura (1976) o Por Cáceres, de trecho en trecho.

Otras obras con las que ha obtenido galardones de ámbito nacional han sido: Amores de invierno, Premio Blasco Ibáñez 1966; El seguro, Premio Ateneo Jovellanos 1968, La venganza de las ratas, Premio Urriza 1967 o La hora del barquero, Premio Café Gijón 2002.

También destacó en su faceta como periodista, con colaboraciones en Diario 16El IndependienteABC El País, y fue ganador del Premio Dionisio Acedo 1988 de periodismo por su artículo Cráteres en la memoria. A su vez, ha redactado guiones para televisión y algunos libros de texto para docencia.

En los últimos años ha publicado Guía de bastardos (2007), Los alumbrados (2008), Pasión extremeña de 13 actos (2009) y Calostros (2010).

    «Entendemos que escribir presupone también –se quiera o no— una actividad política, aunque el propio escritor no lo pretendiese.» Víctor Chamorro

   

Esta es mi tierra – Extremadura por Víctor Chamorro, 1982

FUENTES

  • Chamorro, V. La venganza de las ratas. Barcelona, Terra, 1967
  • Pecellín Lancharro, M. Literatura en Extremadura, III. Badajoz, Universitas, 1983