“Feria, Faro de Extremadura”, de Francisco Croche de Acuña

   Feria, Faro de Extremadura, texto y fotos de Francisco Croche de  Acuña. Tríptico publicado por el Ministerio de Información y Turismo, en 1973.

«Madrecita, quien tuviera
la tierra que se divisa 
desde el castillo de Feria.»

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Feria ayer. V

Vistas de la calle Albarracín con el castillo al fondo, Feria, 1973

Esta fotografía de la calle Albarracín, en la villa de Feria, debió de ser realizada a comienzo de los años setenta del  pasado siglo.

Albarracín

     «Próximos a los escarpes rocosos, adaptándose al terreno en apretada articulación y caprichosa conjunción de sencillos volúmenes, con amplio dominio visual sobre la llanura se encuentra el Albarracín. Ocupa el extremo norte del conjunto urbano y lo limita el camino del Venero que transcurre por la ladera de la sierra. No es preciso advertir la clara procedencia arábiga de este término, que se une a otros topónimos como prueba del rastro de lo mudéjar y morisco por este lugar, pero que a la hora de buscar el sentido de su aplicación resulta de difícil interpretación. Sea por derivación del árabe al-barrán, que hace referencia al espacio exterior, que está fuera del poblado, es decir, parte del conjunto que está extrarradio del núcleo urbano, donde vivía el que no tenía vecindad; o aplicado como lugar, donde se cría y abunda el albarraz, hierba piojera, según el Diccionario de Autoridades, llamada así por el efecto que causa y es usada a tal fin, es lo cierto que fue aplicada para denominar todo el paraje en el que se desarrolló el tejido formado por las actuales calles de Ana Ponce de León, Albarracín y su travesía, que va a unirse al callejón del Venero. En tal sentido, como lugar o paraje amplio, fue utilizado este nombre antiguamente…»

Fragmento de La villa de Feria, T. II, página 28, de José Muñoz Gil

“Feria en el Catálogo monumental de España. Provincia de Badajoz”, por José Ramón Mélida

A principios del siglo XX se diseñó un ambicioso proyecto cultural: el Catálogo Monumental de España. Con él se pretendía inventariar y describir el patrimonio histórico-artístico y arqueológico de cada una de las provincias españolas con objeto de su publicación.

El Catálogo Monumental de España tuvo su origen en el Real Decreto de 1 de junio de 1900, que ordenaba la catalogación completa y ordenada de las riquezas históricas o artísticas de la nación. Por primera vez se comenzaba una recogida exhaustiva de información sobre los bienes culturales, con la fotografía como instrumento de documentación gráfica.

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MÉLIDA, José Ramón
Catálogo Monumental de España. Provincia de Badajoz : (1907-1910) / José Ramón Mélida
 Madrid : Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, [1925-1926]
    3 v. : il. ; 26 cm
   1-2. Texto -- 3. Láminas

Sin embargo, este ambicioso proyecto quedó inconcluso. Fueron iniciados los trabajos de catalogación de cuarenta y siete provincias y concluidos, entre 1900 y 1961, los de treinta y nueve, pero tan sólo los de diecisiete fueron publicados.

Ahora, gracias a una labor conjunta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y el Instituto de Patrimonio Cultural de España, los catálogos han sido restaurados y, con la ayuda de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, su contenido ha podido ser digitalizado y puede ser consultado en su integridad en Internet, en el siguiente enlace:

Catálogo Monumental de España (1900-1961)

Entre los catálogos que sí se publicaron se encuentran los de las dos provincias extremeñas: Badajoz y Cáceres, ambos realizados por José Ramón Mélida Alinari.

Mélida realizó el Catálogo Monumental de Badajoz entre los años 1907 y 1910. Le dedicó cinco volúmenes: dos de texto y tres de ilustraciones.

El arqueólogo madrileño debió de recorrer minuciosamente cada rincón de la provincia en el que detectó la presencia de evidencias monumentales que incluían edificios enteros, ruinas, yacimientos o inscripciones epigráficas aisladas. Se valió de la ayuda de los lugareños y estudiosos locales, así como de la tradición oral para acceder a aquellos parajes con interés histórico-arqueológico.

Este catálogo, tal como lo redactó Mélida, una vez restaurado y digitalizado, puede consultarse íntegramente en Internet a través de la imagen o del enlace siguientes: 

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 Catálogo Monumental y Artístico de la Provincia de Badajoz [Manuscrito]

En 1924, tres lustros más tarde de haber sido elaborado por Mélida, el catálogo de la provincia de Badajoz fue publicado por el Ministerio de Instrucción y Bellas Artes en tres volúmenes: dos de texto y uno de ilustraciones.

En el prefacio del tomo I de texto se expresa: «El autor ha tenido en cuenta las historias locales, al examinar sus testimonios retrospectivos; ha tenido también presentes las monografías y estudios anteriores de ciertos monumentos; y atento a que este Catálogo sea tan copioso como se desea ha procurado dar noticia, detallada cuanto le ha sido posible, de lo que ha logrado ver y conocer en sus excursiones y estancias en las varias regiones de la provincia, sin olvidar ni un momento que su misión es solamente de aportar y ordenar elementos sueltos, útiles a los investigadores que en todo o en parte se propongan trabajos generales o particulares de más empeño».

Alcázar de los Duques de Feria (Zafra)

Alcázar de los Duques de Feria (Zafra)

Mélida es también autor de parte de las fotografías que lo ilustran e incluye otras de diversa mano. En el prólogo de esta edición da buena cuenta de la importancia que concedía a la fotografía y de su dedicación a la misma: «Este volumen de láminas, indispensable complemento de los dos de texto, constituye por sí un catálogo gráfico escogido […] Al efecto reprodúcense aquí los monumentos más importantes o curiosos, los más o menos conocidos y muchos inéditos, habiéndose utilizado para ello en la mayoría de los casos las fotografías hechas por el autor, las que le facilitaron otros aficionados y varias que adquirió de profesionales, más algunos dibujos. Para la formación de tan numeroso conjunto gráfico no se reparó en que por dificultades para tomar el punto de vista conveniente, por falta de luz en los interiores y por otras causas, haya resultado alguna que otra fotografía con deficiencias que justificarán las que puedan notarse en ciertas láminas, pues lo esencial era llenar las exigencias de la obra».

Este catálogo puede consultarse también íntegramente en Internet a través de la imagen o del enlace siguientes en la Biblioteca Digital Hispánica:

Catálogo monumental de España. Provincia de Badajoz (1907 1910)

FERIA EN EL CATALOGO MONUMENTAL DE BADAJOZ.

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             Vistas del Castillo de Feria. Mélida

Como ya señalamos anteriormente, el Catálogo Monumental de Badajoz fue publicado, en 1924, en tres volúmenes: dos de texto y uno de láminas. Para su confección, José Ramón Mélida recorrió entre 1907 y 1910 cada rincón de la provincia en el que detectó la presencia de evidencias monumentales. El arqueólogo madrileño pasaría por la villa de Feria en algún momento entre 1907 y 1910. En su Catálogo aparecen dos monumentos de la localidad pacense, descritos y fotografiados, y varios objetos más, solamente descritos. Como señalamos en el punto anterior, este Catálogo, tanto en su versión manuscrita como impresa, puede ser consultado íntegramente en Internet.

VASO IBÉRICO

En el tomo I de texto, dentro del apartado Productos industriales ibéricos de la edad de hierro, incluido en el capítulo titulado Tiempos prerromanos, nos describe un vaso de cerámica ibérico, que se conserva en el Museo Arqueológico de Badajoz, en los siguientes términos:

     Vaso ibérico, de barro, falto de su cuello y con arranque de asas. Es de forma oblonda y de suelo plano. Altura, 0,135 metros. Procede de la dehesa El Álamo, sita entre Feria y Zafra.

Donación de don Francisco Sierra.

Pero es en el tomo II de texto donde podemos encontrar la mayor parte de la información recogida en el Catálogo, sobre la villa de Feria.

LÁPIDA ROMANA

En el capítulo III, titulado Épocas romano-cristiana y visigoda, bajo el epígrafe de Feria, nos da noticia de un fragmento de lápida de mármol, perteneciente a la colección del Marqués de Monsalud, hoy desaparecida:

      Fragmento de lápida de mármol blanco, de 0,18 metros de largo por 0,10 de ancho.

Colección del señor Marqués de Monsalud, en Almendralejo, que lo publica en el Boletín de la Real Academia de la Historia, (t. XLIII, 1903, pág. 248), diciendo:

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«Floren]tia [requiev]it en pace [sub die….. f]ebruarias era d….. [paz t]ecum.

Florencia descansó en paz el día….. de febrero de la era quinientas….. La paz del Señor sea contigo.

Hallada en la dehesa de Los Álamos de dicho término».

En el capítulo V. Épocas de la Reconquista y Moderna, bajo el título de Feria, nos describe el Castillo de Feria y la Iglesia Parroquial de San Bartolomé, además de varios objetos litúrgicos que se guardan en dicha iglesia:

FERIA

     Ganó esta plaza a los moros en 1241 el Maestre de Santiago D. Pedro Gómez Mengo.

El rey Enrique IV de Castilla dio en feudo el lugar de Feria a don Lorenzo Suárez de Figueroa, con el título de Conde, para premiarle sus servicios. Felipe II hizo merced de la villa, con título de Duque a su quinto Conde don Gómez Suárez de Figueroa. Después pasó este señorío al Duque de Medinaceli.

El recuerdo señorial que Feria conserva es su castillo.

CASTILLO DE FERIA

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 Castillo de Feria. Mélida

      Castillo. Dominando la villa por N.O. se levanta y extiende de N. a S. sobre una colina, en la que los peñascos forman defensa natural. Su planta poligonal irregular, por exigencias topográficas, tiende a formar un rectángulo. Constaba de dos recintos; a lo menos hay restos del primero, cortinas y un cubo por S.O. Lo que se conserva mejor es el segundo recinto en cuyo centro se eleva la mole cuadrada, altísima e imponente de la torre del homenaje, que por estar unida a dos cuerpos de fortificación que formando línea de E. a O. terminan en torres redonda la primera u oriental y cuadrada la segunda u occidental, dividen dicho recinto en dos, uno septentrional y otro meridional. Cortinas de 2,50 metros de espesor y torres cuadradas y cubos constituyen las líneas de defensa exterior. Mide el recinto, sin contar las torres salientes, 136 metros de longitud y 51 de altitud. Toda la fábrica es de mampostería. Cerca del ángulo de N.O. hay un aljibe cubierto con bóveda de ladrillo. La parte principal y mejor de la fortaleza es la gran torre de que se ha hecho mérito, casi cuadrada, pues sus ángulos están robados en arco de círculo y mide 0,20 metros de longitud, 17,40 de latitud y 40,00 de altura. Sus ventanas acusan cuatro pisos, no accesibles hoy por el estado de ruina en que se halla la fortaleza; pero debe haber en el interior interesantes cámaras que servirán para dar una idea de la vida señorial. Entre las ventanas que dan al oriente las hay góticas, bien características. Conserva en parte esta torre su almenaje. La fisonomía de este castillo parece ajustarse a la arquitectura del siglo XV, y debió construirlo el citado primer Conde de Feria, don Lorenzo Suárez de Figueroa, de quien hemos de citar otros recuerdos monumentales, especialmente al hablar de Zafra.

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                     Torre del homenaje. Mélida

IGLESIA PARROQUIAL

     Iglesia parroquial de San Bartolomé. Se compone de una nave y capilla mayor de menos altura, con ábside de tres lados; la nave cubierta con dos tramos de bóveda de crucería que forman cada una una estrella y una cruz entrecruzadas y el ábside, con bóveda también de crucería, en figura de estrella.

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 Portada de la Iglesia Parroquial de San Bartolomé. Mélida

La torre es un cuerpo cuadrado, adosado a la nave por su extremo opuesto al ábside. Debe datar esta iglesia ojival de fines del siglo XV o principios del XVI. Sus portadas corresponden al mismo estilo, y la mejor, que es la del lado de la Epístola, es de piedra de sillería, entre dos o pináculos florenzados se ve la puerta de arco rebajado por cuyas arquivoltas corre una faja de adorno en relieve, compuesto de un tallo con hojas y grandes flores, entre las que se ven figuras de centauros con flechas y lanzas, leones, dragones, aves fantásticas y en la clave, de busto, la imagen de San Bartolomé (?), correspondiendo cada motivo a un sillar o dovela. Encima, dentro de una hornacina en arco conopial florenzado y con un grumo por remate está la imagen de San Bartolomé, vestido tan sólo de una piel de león, en pie y hollando con los pies a la serpiente y amenazándola con la espada de fuego que esgrime en la diestra.

En la capilla de San Bartolomé, situada en el lado del Evangelio, hay otra efigie del titular, de talla policromada, del siglo XVII.

De igual época es el púlpito, de hierro, con adorno de roleos.

Los retablos son de estilo barroco, el mayor de dos cuerpos, y dorados.

En el ábside de lado de la Epístola hay el siguiente epitafio:

Sepulcro sin recortar

Se guardan en esta iglesia las joyas siguientes:

COPÓN

     Copón, de plata dorada y repujada. El pie adornado con las figuras simbólicas de Pelícano, Águila, Cordero y León, alternadas con querubines, y la copa de igual modo, en medallones con los emblema de tres cruces, dos azotes o flageladores, tres dados, tres clavos, espigas y racimos de uvas. De igual modo en la tapa aparecen símbolos de la Pasión: lanza y caña, escalera, corona de espinas, el gallo, alternados estos motivos con racimos de uvas y haces de espigas, y por remate lleva la cruz sobre el dragón. Siglo XVII, estilo barroco.

CÁLIZ

     Cáliz, de plata oxidada y dorada. La copa y el nudo adornados con querubines; el pie con la espada de San Pablo y flores de la pureza. Es de estilo barroco, pero de fines del siglo XVIII.

CUSTODIA

    Custodia, de plata dorada, con figuras de ángeles, adorantes, en el pie y querubines; en torno del viril rayos rectos y flameantes alternados. Altura, 0,65 metros.

CASULLA

    Casulla bordada en seda blanca con oro o pedrería; barroca.

JOSÉ RAMÓN MÉLIDA ALINARI (Madrid, 1856 – Madrid, 1933)

Melida.htm.jpgComo otros catalogadores, estudió en la Escuela Superior de Diplomática. Pasó casi toda su vida trabajando en el Museo Arqueológico Nacional, en el que entró en 1881 como aspirante sin sueldo en la Sección de Prehistoria y Edad Antigua. Poco después, ingresó por concurso de méritos en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, pasando a ser jefe de sección en el mismo Museo en 1884. Después de quince años como director del Museo de Reproducciones Artísticas (1901-1916), volvió al Arqueológico como director. Fue asimismo catedrático de Arqueología en la Universidad Central desde 1912 hasta su jubilación en 1916.

Su actividad en el trabajo de campo como arqueólogo fue muy activa. Se trasladaba a las excavaciones siempre que su trabajo en el Museo no se lo impedía, siendo las más importantes, entre las que dirigió, las de Numancia y Mérida, donde descubrió el teatro e impulsó su reconstrucción. Son numerosísimos los actos profesionales en los que participó, algunos de ellos con obligaciones de organización o como presidente: congresos de arqueología, exposiciones, conferencias, etc. Fue uno de los arqueólogos más importantes de los últimos años del siglo XIX y primera mitad del XX, reconocido internacionalmente y pionero en muchas cosas, como también lo fue Cabré Aguiló. Académico de la Real Academia de San Fernando (1899), de la de Historia (1906) –en la que ocupó el cargo de anticuario perpetuo–, San Carlos de Valencia, Buenas Letras de Barcelona y correspondiente de otras extranjeras. Le encargaron los Catálogos de las provincias de Tarragona (1907) –que no pudo hacer por motivos de salud–, de Badajoz (1907) y Cáceres (1914).

FUENTES

 

Feria ayer. IV

               “Panorámica de Feria”, Feria, [196-]

Esta fotografía se realizó, a finales de los años 60, desde la carretera N-432

    «El sol proyecta sombras oscuras bajo los almendros. Cada cierto tiempo se oyen disparos seguidos por el aleteo de las aves asustadas. Algunos parecen provenir del pueblo pero otros, más cercanos, se están produciendo en las lomas de la Sierra Vieja. Leva aún, encapuchado, sabe de dónde vienen las detonaciones. Piensa en los predios con aceituna que su primo tiene al pie de la cumbre del pico que llaman el Mirrio, el más alto de los próximos al pueblo y desde cuya cumbre se domina incluso la terraza de la torre del homenaje del castillo.

   Caminan sin prisa, deteniéndose con frecuencia para fumar o para beber de las cantimploras. Cualquier escusa es buena para perder un poco de tiempo en el inesperado paréntesis de libertad que les ha tocado en suerte. Hay jaras verdeando por las lindes y también flores de aliaga y de cantueso, pero ninguna de esas cosas llama la atención de los soldados. Tampoco el aroma del tomillo que menudea a su alrededor y que Leva aspira mezclado con el olor a cáñamo del saco que le cubre la cabeza.

    Llegan al pueblo por el Pilar de la Cruz, un collado, en el que adosado a una casa, hay un abrevadero en el que los animales paran antes de encerrarse en los corrales o de salir a los campos. Hacia el norte, la ladera se inclina en dirección a La Albuera, y por el sur es el pueblo el que ocupa la pendiente con sus casas blanqueadas. De ese lugar parten caminos hacia Burguillos y La Parra, y allí, la calle del Duque, que viene desde la iglesia, se retuerce para continuar subiendo hacia el castillo».

           Fragmento de la novela La tierra que pisamos, de Jesús Carrasco Jaramillo

Feria ayer. III

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  “Vista de la calle Albarracín con el castilo al fondo”, Feria, [195-]

    Esta fotografía, de una calle de la villa de Feria, debió de ser realizada a mediados del siglo pasado.

Albarracín

     «Próximos a los escarpes rocosos, adaptándose al terreno en apretada articulación y caprichosa conjunción de sencillos volúmenes, con amplio dominio visual sobre la llanura se encuentra el Albarracín. Ocupa el extremo norte del conjunto urbano y lo limita el camino del Venero que transcurre por la ladera de la sierra. No es preciso advertir la clara procedencia arábiga de este término, que se une a otros topónimos como prueba del rastro de lo mudéjar y morisco por este lugar, pero que a la hora de buscar el sentido de su aplicación resulta de difícil interpretación. Sea por derivación del árabe al-barrán, que hace referencia al espacio exterior, que está fuera del poblado, es decir, parte del conjunto que está extrarradio del núcleo urbano, donde vivía el que no tenía vecindad; o aplicado como lugar, donde se cría y abunda el albarraz, hierba piojera, según el Diccionario de Autoridades, llamada así por el efecto que causa y es usada a tal fin, es lo cierto que fue aplicada para denominar todo el paraje en el que se desarrolló el tejido formado por las actuales calles de Ana Ponce de León, Albarracín y su travesía, que va a unirse al callejón del Venero. En tal sentido, como lugar o paraje amplio, fue utilizado este nombre antiguamente…»

Fragmento de La villa de Feria, T. II, página 28, de José Muñoz Gil

“Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses” de Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros

Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros (Cáceres, 1899-1972) fue un gran conocedor y divulgador de la tierra de Extremadura, “región de historia, arte, tipismo y realidades, que fue largo tiempo ignorada de muchas gentes”, llegando a publicar numerosos trabajos de investigación histórica relativos a temas extremeños.

Dentro de esta gran labor de divulgación, la editorial Espasa Calpe publicó, en 1961, el libro titulado Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses, su obra más conocida y difundida. En 1981, la Caja de Ahorros de Cáceres reeditó la obra, con motivo del 75 Aniversario de la fundación de la misma. A través de sus 653 páginas y más de 600 fotografías, el Conde de Canilleros realiza un amplio recorrido por Extremadura, ofreciéndonos toda una serie de interesantes datos de carácter geográfico, histórico, artístico, monumental, arqueológico y social.

Panorámica de Feria retoque. 1

Muñoz de San Pedro fue un gran investigador y divulgador de los temas referentes a la gesta extremeña en América. Utilizó el título de un libro de García Serrano para subtitular su propia obra. Sobre este particular, escribe en los preliminares de la misma:

    «Un escritor de nuestro tiempo, Rafael García Serrano, tuvo la fortuna de encontrar un título definitivo para un libro suyo sobre una conquista americana: Cuando los dioses nacían en Extremadura. Nada más adecuado, como símbolo de la región extremeña, que ese título, pregonero de una gloria impar, de un monopolio en el nacimiento de aquellos auténticos dioses, superadores en realidades absolutas de las hazañas míticas de las olímpicas deidades helénicas.

    Extremadura, con sus terrenos primitivos, que le dan ancestral prestigio geológico y telúrico; con sus contrastes geográficos, con su tradición agrícola y ganadera, con sus remotas civilizaciones, con su historia gloriosa y sus tesoros de arte, tuvo su momento crucial y decisivo, su apoteosis universal, en la conquista de América. Aquí nacieron los dioses, todos los grandes dioses conquistadores del inmenso continente, desde Vasco Núñez de Balboa a Pedro de Valdivia, desde Hernán Cortés a Francisco Pizarro, desde Sebastián de Belalcázar a Pedro de Alvarado, desde Francisco de Orellana, el titán del Amazonas, a Hernando de Soto, el soñador del Misisipí…»

El Conde de Canilleros realiza una exhaustiva descripción de la región extremeña. En su obra, que está dividida en dos partes: la Alta Extremadura y la Baja Extremadura, hace un recorrido por todas sus localidades, comenzando por la provincia de Cáceres, que divide en trece comarcas, y continuando con la de Badajoz, dividida en catorce comarcas. Como expresa el propio autor:

    «Desde el feliz hallazgo de García Serrano, Extremadura será ya siempre la tierra en la que nacían los dioses. Y esta tierra, en una visión necesariamente compendiada, es la que vamos a recorrer, lector amigo, a través de sierras y llanuras, por ilustres ciudades históricas y campesinas aldeas labradoras, entre viejos castillos y modernos pantanos, atentos a un ayer único y glorioso, sin olvidar un futuro de infinitas posibilidades, que acaso pueda hacer el milagro de que la tierra en la que nacían los dioses sean el futuro paraíso de la patria []

   Queremos mencionar íntegramente la toponimia extremeña, todas las localidades, sin excepción. Muchos pueblos no aportarán más que su nombre o, si acaso, cualquier escueta noticia. Ésta es la Extremadura aldeana y olvidada, que también tiene derecho a figurar alguna vez en las páginas impresas, porque, además, no faltará alguien que cifre su ilusión en leer aquí cualquiera de esos nombres. La oscuridad que en ellos se encierra la compensarán crecidamente tantas ciudades y pueblos cargados de arte, de historia, de interés […]

   Nuestro propósito no es trazar rutas turísticas, sino adentrarnos en Extremadura, perdernos en sus confines e ir descubriendo lo que nos salga al paso, sea historia o leyenda, arte o tipismo, pretérito o presente… Captar las estrofas de este poema que es lo extremeño, en el que rimen la oveja merina trashumante y el recio castillo, la torre y el granero, el hidalgo y el gañan, la encina y el pantano, la sierra y la llanura, el sol y la espiga, el ayer y el mañana…» 

En fin, un trabajo magnífico, muy recomendable. Un libro que puede encontrarse disponible en el catálogo de algunas de nuestras bibliotecas públicas y también en alguna librería de segunda mano.

En este enlace puede accederse al libro, en formato digital, gracias a Biblioteca Virtual Extremeña

SINOPSIS

MUÑOZ DE SAN PEDRO, Miguel, Conde de Canilleros
  Extremadura : (la tierra en la que nacían los dioses) / Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros
  Madrid : Espasa-Calpe, 1961
  653 p. con 1 lám., 1 map. pleg.

Miguel Muñoz de San Pedro (1899-1972) prolífico autor de estudios históricos y literarios sobre Extremadura. Luchó con todos sus medios para divulgar la riqueza de su patrimonio histórico-artístico y literario.

El autor toma el título de su extenso libro, 653 páginas, Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses del escrito por Rafael García Serrano Cuando los dioses nacían en Extremadura.

Esta descripción histórico-geográfica de nuestra región, en la que menciona todas sus localidades, está dividida en dos: la Alta Extremadura y la Baja Extremadura.

Comienza por la provincia de Cáceres que la divide en trece comarcas, que no se corresponden con las regiones naturales. A continuación lo mismo hace con la provincia de Badajoz, pero esta vez la distribuye en catorce comarcas.

Finaliza esta obra con un colofón en el que el autor expresa su opinión de que con este libro ha querido realizar un recorrido por Extremadura “región de historia, arte, tipismo y realidades”. Hay que decir que lo ha conseguido con creces en un momento en que nuestra región era, en el mejor de los casos, ignorada y, en el peor, vilipendiada.

En efecto, está escrito en un momento en que escaseaban los estudios sobre Extremadura, recordemos que en aquel momento nuestra región carecía de Universidad, por la que tanto luchaba el autor de este libro. Con este manual pretendió divulgar la historia, el arte y las costumbres más características de la región. El libro se convirtió en libro de referencia tanto de intelectuales como de políticos extremeños y alcanzó una gran divulgación. Pues además de estar escrito en una bella prosa literaria también contaba las necesidades que acuciaban a su tierra natal.

La única crítica que se puede hacer a este ameno libro es que todas las ilustraciones están en blanco y negro, pero esto en vez de quitarle valor al libro lo que hace es convertirlo en un sobrio ejemplar. El blanco y negro está en la línea de la austeridad que, según la tradición, es una de las características de los extremeños.

García Rueda Muñoz de San Pedro en Extremadura tierra de libros

LA VILLA DE FERIA EN “EXTREMADURA, LA TIERRA EN LA QUE NACÍAN LOS DIOSES”

Dentro de la la Segunda parte de la obra, en su apartado VI, titulado La poderosa casa de Feria, encontramos información referente a la villa de Feria, ilustrada con excelentes fotografías de Luis Olivenza. De esta información destacamos:

     «Lo dice la copla, reflejando una realidad geográfica que evoca el poderío del linaje:

¡Madrecita, quién tuviera
la tierra que se divisa 
desde el castillo de Feria!

     Como a su homónimo el Médicis florentino, el gran prócer extremeño Lorenzo Suárez de Figueroa, primer conde de Feria, se le puede llamar Lorenzo el Magnífico. Tuvo por antecedente a su abuelo de igual nombre, maestre de Santiago, que asentó las bases del engrandecimiento, culminado en el nieto, de la poderosa casa de Feria, que impone sobre los ámbitos del distrito de Zafra el recuerdo de su grandeza.

     Aquí ya el suelo, en general, salvo los manchones de Barros, no es hondo y jugoso, sino duro y esquivo, para vencerle en constante lucha. Derivaciones de la orografía Mariánica, que alcanzan sus mayores alturas en sierra Vieja y en la de los Santos, dan diversos relieves al amplio secano, en el que impera la encina, alternando con los cereales, la viña y el olivar. En los llanos emerge la piedra pizarrosa; en la sierra, la caliza marmórea.

    Dos puntos centran complementariamente el recuerdo de los Suárez de Figueroa: Feria, que es el castillo, lo guerrero, y Zafra, que es el alcázar, lo señorial.

El castillo

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     El castillo de Feria, más o menos lejano, nos vigila en nuestro avance y nos atrae hacia su cumbre[…]

    Ya no queremos demorar el ir al castillo que simboliza el poderío guerrero de los Suárez de Figueroa. La villa que no fue ni puede ser otra cosa que el complemento indispensable de la fortaleza, tiene el orgullo de haber dado a condes y duques su nombre de Feria. Ellos le dieron a cambio, por armas heráldicas, las cinco hojas de higuera de los Figueroas, que timbran castillos, iglesias, conventos y palacios de tantas localidades, alternando muchas veces con el cuartelado escudo –primero y cuarto, mano alada con espada; segundo y tercero, un león–  de los Manuel, descendientes del infante de este nombre, hijo de Fernando III el Santo, apellido de la esposa del primer conde de Feria.

Los más salientes edificios de la villa son el sencillo y blasonado Ayuntamiento y la parroquia de San Bartolomé, de cuadrada torre y de una nave, cubierta con bóvedas de crucería, que puede datar de fines del siglo XV o principios del XVI. Una de las portadas de este templo, que tiene indudable empaque, se adorna de tallos, hojas, flores, centauros, leones, aves fantásticas y hornacina con imágenes, componiendo un conjunto bello y de interés.

    El castillo, en lo alto, es un hito señero de historia. En 1241 ganó a los moros este baluarte el maestre de Santiago don Pedro Gómez Mengo; pero era otro bien distinto, porque el actual fue obra del primer conde de Feria, a quien concediera Enrique IV en 1460 el condado, convertido por Felipe II, en 1567, en ducado para el quinto conde, don Gómez Suárez de Figueroa.

    Lorenzo el Magnífico, soberbio prerrenacentista, rico y poderoso, puso en sus vastos territorios la afirmación de su grandeza, hermanando los conceptos de defensa y señorío. El alcázar-fortaleza de Zafra tenía una complementaria red de baluartes, que aseguraba los dominios, formada por los castillos de Nogales, Benquerencia, Villalba de los Barros y Los Arcos, presididos por este de Feria.

   Los hoy deteriorados recintos se agarran a las rocas del cerro, con las torres redondas de su línea defensiva y la central mole cuadrada, altísima e imponente, de la del homenaje. Muros de mampostería, ventanas góticas y blasones, venciendo el dolor del abandono, se enpeñan en mantener firme una bella grandeza del siglo XV, en la cumbre desde la que se divisan tantos castillos, tierras y pueblos que fueron de la gran casa, la más importante de toda Extremadura, que tomó nombre de esta pequeña, campesina e histórica villa de Feria.»

MIGUEL MUÑOZ DE SAN PEDRO, CONDE DE CANILLEROS

20170627122448_00001Miguel Muñoz de San Pedro (Cáceres, 1899-1972). Abogado, historiador y literato, autor de numerosos libros, artículos y conferencias. Su actividad literaria, presidida por el estilo modernista, se reparte entre poesías y comedias: Lises de fuego y A través de la aurora (1923); Romance feudal (1935). Pero donde verdaderamente destaca es en la investigación histórica. Entre su ingente producción, dedicada exclusivamente a temas extremeños cabe destacar la biografía Diego García de Paredes, el Hércules y Sansón de España (1946); Don Gutierre de Sotomayor, Maestre de Alcántara (1949); El capitán Diego de Cáceres Ovando (1952); Diego García de Paredes, fundador de Trujillo de Venezuela (en colaboración con el H. Nectario, 1957).

Otras relativas a la conquista de las Indias son Vieja biografía de Don Pedro de Alvarado (1947); Relación del descubrimiento del reino del Perú, que hizo Diego de Trujillo (1949); Expedición de Hernando de Soto a Florida (1924); Tres testigos de la conquista del Perú (1954); Francisco de Lizaur; Informe sobre el lugar de nacimiento de Hernando de Soto (1962); y Doña Isabel de Moctezuma (1965); mereciendo especial atención sus estudios dedicados a los Pizarros: Las últimas disposiciones del último Pizarro de la Conquista, y Francisco Pizarro debió apellidarse Díaz o Hinojosa (1950); Doña Isabel de Vargas, esposa del padre del Conquistador del Perú (1951); Información sobre el linaje de Hernando Pizarro (1966); Informe sobre el nacimiento de Francisco Pizarro (1969); y La sombra de Doña Isabel de Mercado (1970).

Dentro de su labor de divulgación extremeña publicó Extremadura (la tierra en la que nacían los dioses) (1961); Cáceres (1969); y Badajoz (1971).

Otros trabajos suyos son: Recuerdos (sobre diversas personalidades conocidas por él y publicados en la revista Alcántara entre 1947 y 1972); Crónicas Trujillanas del siglo XVI (1952); La esposa de Donoso Cortés: los García-Carrasco y La ciudad de Cáceres: estampas de medio siglo de pequeña historia (1953); Coria y el Mantel de la Sagrada Cena (1961); Reflejos de siete siglos de vida extremeña en cien documentos notariales (1965); La Real Audiencia de Extremadura (1966); Cómo se hizo Cáceres (1966); La antihistoria extremeña (1969); y Broza, la Encomienda Mayor (1970).

Correspondiente de las Reales Academias de la Historia y de la Española de la Lengua (de ésta, el único representante en toda la región), Director del Museo Arqueológico y de Bellas Artes de Cáceres y Cronista Oficial de la ciudad, fue nombrado a su muerte Presidente de Honor perpetuo de los Congresos de Estudios Extremeños.

José Miguel Lodo de Mayoralgo  en Gran Enciclopedia de Extremadura

 

 

Feria ayer. II

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        “Vista de la calle Fontanilla”, Feria, [19–]

Esta fotografía, de una calle de la villa de Feria, debió de ser realizada en la primera o a principios de la segunda década del siglo pasado.

Fontanilla

«La calle Fontanilla es espaciosa. Su primera estructura no presentaba obstáculo alguno en su pavimento, salvo algunas viviendas ya dispuestas con calzadas. La diferencia de nivel entre ambas aceras, en su tramo central, se amoldaba a la caída del terreno. Su configuración actual con el barranco que la divide en dos espacios se efectuó en la década de 1980. Su nombre responde a la existencia de una fuente o fontana que existió junto a la casa núm. 12; lo cual viene a confirmar la gran preocupación que nuestros antepasados tuvieron por conservar cualquier manantío que pudiera aportar agua a la población, por muy escaso que éste fuera. Anteriormente, se le llamó la calle de Alonso Gómez […] En la casa número tres existió una bodega, edificada por doña Concha Leal, quien también construyó otra, destinada a la fabricación de aguardiente en Don Blasco; dicha bodega sirvió para establecer una taberna, célebre por su vino. En la actualidad se rotula esta calle con el nombre de Fray Pedro de Feria, en recuerdo de tan ilustre figura. Fontanilla se une con la calle Colegio por la travesía de Pilaritos, que antiguamente tomaba el nombre de “Bujero”, por vivir en ella un vecino apodado de esa manera.»

La villa de Feria, T. II, pgina 42, de José Muñoz Gil

……….

«En la calle del Duque la gente me mira al pasar. Saludo con la cabeza mientras siento sus ojos en mi espalda. En las rejas hay ya banderolas y estandartes. Todo está dispuesto para el Jubileo. En el que fuera el Rincón de la Cruz, una plazuela en la parte baja de la calle, ondea nuestra bandera sobre la columna de granito. Imagino los cantos de los zapateros, sentados en los escalones en pendiente. Rodeados de piezas de cuero y leznas que afilan en la piedra de molino que se levanta tras la columna.»

Fragmento de la novela La tierra que pisamos, de Jesús Carrasco Jaramillo.

………

«Primaveras luminosas de ventanas siempre abiertas
por donde entraba la brisa, ...
viejo barranco de piedra,
manantial de luz y vida,
trampolín de los veranos que atesoras nuestras risas.
La voz de cada vecino, de cada madre, …mil vidas pasarían por cada piedra
y jamás te olvidaría.
Por siempre en mi corazón, …mi casa,
en la punta abajo de la calle Fontanilla.»

                                                     Calle Fontanilla, poema de José Muñoz Fernández