“Extremeños en el nuevo mundo”, de Jesús Sánchez Adalid

En el año 2015, apareció, editado conjuntamente por la Dirección General de Turismo de la Junta de Extremadura y el Centro Extremeño de Estudios y Cooperación con Iberoamérica (Cexeci), el libro titulado Extremeños en el nuevo mundo. Se trata de una obra, con magníficas ilustraciones y con bellos textos del escritor extremeño Jesús Sánchez Adalid, que recoge la participación extremeña en el descubrimiento, colonización y evangelización de América.

La obra supone un paseo divulgativo por los aspectos más relevantes de la llegada al nuevo mundo de los extremeños, mostrándonos, además, información clave sobre los largos viajes por alta mar de nuestros paisanos. 

Según el propio autor este libro lo estaba «pidiendo a gritos la realidad para escapar del tópico y hacer algo más humano».»Es nuestra historia y hay que disfrutar de ella, sin olvidar lo malo para aprender de los errores», ha admitido el autor extremeño. En este sentido, escribe sobre la obra: «El descubrimiento, la conquista, la colonización y la evangelización de lo que entonces se consideró un “nuevo mundo” está ahí; pertenece ya a la historia como tantos y tantos hechos de la humanidad. Y es justo reconocer que hubo maldades, violencias y excesos de todo tipo. Pero también hubo hombres de buena voluntad, que pusieron precisamente en aquel momento los cimientos de lo que más tarde serían los sagrados derechos de todo ser humano. (…)

No se trata de justificar, sino de mirar hacia el pasado con un nuevo interés. Los hombres y mujeres que fueron a la gran empresa del Nuevo Mundo pertenecieron a todas las clases sociales: nobles, hidalgos segundones, labradores, pobres, pastores, acostumbrados a recorrer grandes distancias a pie, vagabundos, jóvenes sin porvenir… La mayoría de ellos eran de Andalucía y Extremadura; sobre todo porque Sevilla era el único puerto de salida hacia América y el sur de la Península había sido el último escenario de la guerra contra los musulmanes. Proseguía pues para ellos la aventura, la ocasión de nuestras hazañas semejantes a las de sus antepasados y aún mayores. Con el final de la Reconquista en el mismo 1492, con la toma de Granada, se originó una gran desocupación entre los jóvenes que orientaron sus porvenires hacia la guerra. El descubrimiento de la nueva ruta hacia Las Indias les abría la oportunidad de enriquecerse y continuar la lucha contra el infiel en lejanos territorios.»

Extremeños en el nuevo mundo es un libro de divulgación histórica, que pretende seguir profundizando en esa larga historia en común que Extremadura comparte con América y poner en valor a los extremeños que la protagonizaron.

SINOPSIS

En el recorrido que Sánchez Adalid realiza, bajo un poliédrico enfoque, a las aportaciones de los extremeños que se embarcaron en la empresa del Nuevo Mundo, relata detalles de gentes anónimas que se embarcaron en las carabelas con Colón así como de los grandes nombres que protagonizaron las grandes epopeyas como Cortés, Pizarro, Núñez de Balboa, Valdivia, Inés de Suárez o Hernando de Soto.

La evangelización tiene un apartado especial, centrándose en la importancia y relevancia que la orden franciscana tuvo, tomando como punto de partida a San Pedro de Alcántara y destacando a los Doce Apóstoles de Belvís de Monroy.

En este libro también hay espacio para otras historias, curiosidades y personas como Inés Muñoz, la extremeña que llevó el olivo y el trigo a Perú, o el arquitecto trujillano Francisco Becerra, autor de templos y conventos en México y maestro mayor de la catedral de Lima.

FRAGMENTO DEL LIBRO

Adalid ha recogido también en este gran trabajo de divulgación histórica la presencia de la mujer en el Nuevo Mundo, necesaria para vertebrar esa sociedad incipiente desde abajo, haciéndola más justa e igualitaria. Entre aquellas mujeres jugó un lugar muy destacado Inés Muñoz, la extremeña que llevó el olivo y el trigo a Perú. Sobre ella escribe Sánchez Adalid lo siguiente:

 Doña Inés Muñoz, la mujer extremeña, cuñada de Francisco Pizarro, que llevó el trigo y el olivo al Perú

    Una intrépida mujer extremeña formó parte del contingente de rudos hombres de aventuras que Francisco Pizarro llevó desde España a la conquista del imperio de los Incas. Se llamaba doña Isabel Muñoz, hija de hidalgos y mujer legítima de Francisco Martín de Alcántara, el hermano de madre de Pizarro. La animosa mujer embarcó en Sevilla, en el mes de mayo de 1530, en la nao en que viajó la expedición, soportando las incomodidades propias de una larga y penosa navegación hasta las Indias. Cruzó el Istmo y en Panamá embarcó nuevamente con destino a Tumbes y Cajamarca, dando en todo momento ejemplo de fortaleza de ánimo y resistencia física a los soldados y a su propio esposo. La circunstancia de haber agregado Francisco Martín el nombre de Alcántara a su apellido, nos hace pensar que así él como su mujer, la dicha doña Inés Muñoz, fueron naturales del pueblo de Alcántara, cabe el Tajo, en los términos de Trujillo de Extremadura.

    «Hallóse en todos los trabajos y peligros que pasaron en la conquista de este reino –escribe Cobo en el cap. XVI de su Historia de Lima–, con tan varonil pecho y ánimo, que no solamente los toleraba sin muestra de flaqueza, sino que alentaba y esforzaba a su cuñado y compañeros para que no desistiesen de la empresa, rendidos a las dificultades que se les ponían delante, de manera que podemos decir haber tenido esta gran matrona no menos parte en la conquista de este reino que le mismo Pizarro».

    Fue doña Inés la que, como una diosa Ceres Peruana, llevó a aquellas tierras los primeros plantones de olivo, que consumían la mitad de su ración de agua durante la interminable travesía por mar, y asimismo la semilla del trigo, con cuya harina se elaboraron las primeras hostias destinadas a las misas que se dijeron en Perú.

    En los Documentos Inéditos para la Historia de España, coleccionados por el Marqués de Fuensanta del Valle, se consigna a doña Inés Muñoz como la «primera mujer casada española que vino a estas Indias del Perú, y pobló en ellas».

    Cuando en junio de 1541 ocurrió la muerte de Francisco Pizarro y la de Francisco Martín de Alcántara por obra de los partidarios de Almagro el Mozo, fue doña Inés quien, «acallando los gritos de la desesperación y, dando muestra una vez más de su varonil entereza, se hizo cargo de los cadáveres del esposo y del cuñado, y a ambos dio apresurada sepultura, al amparo de la noche, ayudada de un español, de un indio y de un negro esclavo, en un hoyo de hacer adobes hallado en el patio de los Naranjos de la Iglesia Mayor en construcción.»

    Doña Inés hubo en su primer matrimonio con Francisco Martín de Alcántara un hijo que se llamó don Macabeo, el cual murió muy niño, y de su segundo matrimonio con don Antonio de Ribera, caballero de Santiago, otro que tomó el nombre y apellido de su padre, el cual murió al salir de la adolescencia.

    Viuda por segunda vez, anciana y sin hijos, doña Inés tomó la determinación de consagrar su cuantiosa fortuna a la Iglesia. Llevando a la práctica aquel propósito, y después de consultar al arzobispo don fray Jerónimo de Loayza, fundó el monasterio de la Concepción de Lima, asociando a sus iniciativas a doña María de Chávez, natural de Huamanga, hija de Diego Gavilán y de doña Isabel de Chávez, de los Chávez de Trujillo de Extremadura, viuda de un hijo de don Antonio de Rivera, su marido.

    Consta del acta de fundación –escribe Mendiburu en su Diccionario Biográfico–, otorgada el 15 de septiembre de 1573 ante el escribano Francisco de la Vega, que «la fábrica se construyó en las casas compradas a Lorenzo Estupiñán de Figueroa; que se había de seguir la regla de los frailes menores de la observancia de Castilla, confirmada por el Papa Julio II».

    Falleció doña Inés a los ciento diez años de edad, el día 3 de julio de 1594, hallándose desde algún tiempo en estado de ceguera. Por ello el arzobispo Loayza le había aconsejado que no pensase en ser religiosa, pero ella persistió en su intento y consiguió recibir los hábitos.

    Está enterrada en el muro izquierdo del presbiterio del susodicho convento. En su sepulcro se leen los siguientes versos:

Este cielo animado en breve esfera, 
Depósito es de un sol que en él reposa
El Sol de la gran madre y generosa
Doña Inés de Muñoz y de Rivera.
Fué de Hanan Huanca encomendera, 
De Don Antonio de Rivera esposa,
De aquel que tremoló con mano airosa
De Alférez Real la Real Bandera.
Fundó este, a María, gran Convento…

   Cobo, en su Historia de Lima escribe sobre la intrépida extremeña:

«Debe Lima a esta gran matrona no sólo el 
beneficio de la fundación de este
monasterio, sino otros muchos que de ella,
como su fundadora y madre, tiene
recibidos, que tanta parte tuvo con su
industria y trabajo en la pacificación y
población de esta tierra. A ella se debe el
pan de trigo de que se mantienen, a su 
segundo marido la abundancia de olivares
de que goza, y a entrambos junto otras
muchas frutas y legumbres que con gran
diligencia hicieron traer de España y
pusieron en su huerto, que hoy posee este
monasterio, donde se ve el primer olivo que
hubo en el reino, traído de España, y lo que
no es de menos consideración, el primer
obraje de lana de Castilla que hubo en esta
tierra, lo fundaron estos caballeros en su
repartimiento de indios del valle de Jauja,
al cual pertenece hasta hoy en el pueblo
llamado Cepallanda»

Olivos centenarios en el Parque Olivar de San Isidro de  Lima, procedentes de los primeros que llegaron a aquellas tierras de manos de Inés Muñoz 

JESÚS SÁNCHEZ ADALID

22894321_1464763953618817_2010764460934034265_nJesús Sánchez Adalid (1962) nació en Villanueva de la Serena (Badajoz). Se licenció en Derecho por la Universidad de Extremadura y realizó los cursos de doctorado en la Universidad Complutense de Madrid. Ejerció de juez durante dos años, tras los cuales estudió Filosofía y Teología. Además, es licenciado en Derecho Canónico por la Universidad Pontificia de Salamanca. Es profesor de Ética en el Centro Universitario Santa Ana de Almendralejo.

Su amplia obra literaria ha conectado con multitud de lectores, gracias a la veracidad de sus argumentos y a la originalidad de sus descripciones, sustentadas en una profunda documentación. Sus novelas constituyen una permanente reflexión acerca de las relaciones humanas, la libertad individual, el amor, el poder y la búsqueda de la verdad.

La obra de Sánchez Adalid se ha convertido en un símbolo de acuerdo y armonía entre los pueblos, religiones y razas, algo especialmente necesario en un mundo desgarrado por la intolerancia y el fanatismo.

Ha publicado con gran éxito La luz del Oriente, El morázabe, Félix de Lusitania, La tierra sin mal, El cautivo, La Sublime Puerta, El caballero de Alcántara, Los milagros del vino, Galeón, El camino mozárabe, Treinta doblones de oro, Y de repente, TeresaLa mediadora y En tiempos del papa sirio.

Es también autor de Tras los pasos del abate viajero, una obra de encargo institucional que fue presentada en 2014.

En 2007 ganó el premio Fernando Lara por su novela El alma de la ciudad; en 2012 el premio Alfonso X el Sabio de Novela Histórica por Alcazaba; en 2013 el premio Internacional de Novela Histórica de Zaragoza por el conjunto de sus obra; el premio Diálogo de Culturas y el premio Hispanidad. En 2014 su novela Treinta doblones de oro recibió el premio Troa Libros con Valores.

En Extremadura ha sido distinguido con la Medalla de Extremadura y el premio Extremeños de Hoy. Además, es académico de número de la Real Academia de las Artes y las Letras de Extremadura, cuya biblioteca dirige. También es patrono de la prestigiosa Fundación Paradigma Córdoba, cuyo fin esencial es recordar los ejemplos positivos de convivencia entre las tres religiones abrahámicas: judía, cristiana y musulmana, que ocurrieron en Alándalus, buscando con ello los principios y fundamentos del ecumenismo y del diálogo.

Sánchez Adalid ha colaborado en Radio Nacional, en el diario Hoy y en revistas Historia National Geografic y Vida nueva. Actualmente colabora con Canal Historia (The History Channel), Volcán Producciones y Zebra Producciones.

1 comentario en ““Extremeños en el nuevo mundo”, de Jesús Sánchez Adalid

  1. Lo trascendental de Doña Ines es que con sus doc. dejo sobre sobre la historia de la conquista, sobre gastronomía inca y española. sobre plantas andinas y sobre la cultura hispánica y colonial
    y lo ingrato muchos historiadores han omitido el aporte dejado, eso lo estoy haciendo reivindicando a una gran Dama Española con una concepción andina y sin sentido europeista

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